la última noche

Agosto 30, 2007

No se puede crecer sin esperanza  

Anoto esta frase en la parte superior derecha de la primera hoja de la pequeña libreta  azul que estreno hoy. Seguramente la he leído en un libro, pero no recuerdo en cuál, ni cuándo.

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Hoy estoy escribiendo este post en uno de los lugares más privilegiados que existen en Perth, un banquito de madera situado, digamos, al borde del agua. Concretamente, a un lateral del río que divide en dos esta pequeña ciudad; desde este banquito, que curiosamente suele estar libre siempre que vengo -como esperándome- se contempla la vista más hermosa de Perth: el río Tai, grande, vivo, tranquilo, peligroso, y al otro lado, la ciudad, la iglesia de St. Matthews, y el centro, con sus casas hechas en piedra marrón y gris, nunca demasiado altas –dos plantas la mayoría– y terminadas en picudos tejados que suelen dar techo a una pequeña buhardilla. En el cielo vuela lentamente alguna nube despistada y algunos patos juegan en el río, se zambullen, intercambian sonidos que no entiendo.

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Sheila, la señora que me ha alquilado una habitación estas vacaciones, me ha explicado que a este otro lado del río vive la gente más rica de Escocia. Y es que, con vistas al Tai, se encuentran abrigadas por el bosque, escondidas durante la noche y descubiertas a la luz del día, algunas casas. El otro día di un paseo por esta “zona rica de atrás” y pude comprobar que, además de tener agradables vistas, son unos chalets enormes, elegantes, cuidadísimos, de los de perro de raza en el jardín y coche aparcado de más de 30.000 euros.  

Han pasado algunas horas. Termino de escribir este post a las casi doce de la noche. Me acabo de despedir de Sheila. Mañana por la mañana me llevará a la estación de autobuses. De ahí llegaré a Edimburgo, y otro bus me llevará al aeropuerto, desde donde volaré a Madrid.

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Es la señora que me ha dado techo, comida y conversación en las últimas semanas. A sus 65 años, es una mujer increíble. No tiene grandes cosas y, sin embargo, es una de las personas más felices que he conocido. Simplemente, siempre está contenta. Su marido murió hace años y ahora sale con un hombre algo más joven que ella, pero no vive con él. “Prefiero conservar mi independencia, y así estamos a gusto”, me ha contado hace un rato cuando, por fin, me he atrevido a interesarme por ese hombre misterioso que duerme en casa dos días a la semana. Cuando le pregunté a Sheila cuánto debía pagarle por la habitación, me dijo: “Págame lo que tú consideres oportuno, si es que puedes”, y os aseguro que de dinero va bastante justa. Antes limpiaba casas y cuidaba ancianos, ahora vive de la renta de los estudiantes que acoge. La he invitado a Madrid, por supuesto, pero no creo que venga. Y es curioso: su inglés (y sólo su inglés) lo entiendo perfectamente. Por las mañanas, todos los días, cuando bajo a la cocina a prepararme el desayuno, ella me mira seriamente y me pregunta: “Are you happy?”, le respondo que sí con una sonrisa, y entonces me cede la cocina para que desayune tranquilo. Es una de esas personas que “regala” mucho y que jamás pide, ni espera, algo a cambio, sólo lo hace por el placer de dar y ayudar. Dice de mí que soy su estudiante preferido. Y se lo dirá a todos, pero me hace ilusión escucharlo, me pongo contento. Además, se interesa un montón por lo que hago. Cuando me pregunta algo, se nota que le interesa de verdad. Ayer me preguntó: “¿Por qué fumas?”, y yo no supe qué responder. Hoy por la mañana me sorprendió con una caja de parches de nicotina. Sí, es así de increíble.  

El verano se acaba, compañeras y compañeros, y con su final comenzaremos otra vuelta de noria más, que cantaría Chucho, y a la ciudad ya ha llegado el tráfico, el griterío, los problemas, los amigos, el trabajo, el molesto sonido de los móviles, las peleas en el metro (“¡¡¡PERO NO VE QUE NO CABE NADIE MÁS!!!”), el miedo a lo desconocido, las alegrías inesperadas, la inseguridad laboral y personal, las confidencias compartidas, las mentiras, las ilusiones, las sorpresas, los jefes, los retos renovados, los amores pasajeros… y, en medio de esa maraña de conflictos cruzados y sentimientos encontrados,  trataremos de ser lo más felices posibles, ¿verdad? 

Puede que Perth haya merecido la pena y puede que no. No lo tengo claro pero, ¿qué importa? Hoy es mi última noche en esta ciudad a la que no sé si volveré. De nada sirve preguntarse qué es lo que podría haber sido si hubiésemos hecho lo que no hicimos; si hubiésemos elegido otra de las muchas opciones que a veces nos brinda la vida… Además, ¡sin la tranquilidad encontrada aquí no me hubiera sido posible relajarme! ¡Ni leer En busca del tiempo perdido!  

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P.S. Gracias a Victoria, a Ian, y especialmente a Lola. Han sido mis salvavidas aquí.

Las pequeñas diferencias

Agosto 29, 2007

Desde el mismo instante en que pisé tierras escocesas he ido apuntando –en mi pequeña libreta, en el móvil, en una servilleta- las pequeñas diferencias que he podido descubrir en este país con respecto al nuestro, ese Estado “plural y democrático” que se llama España y que para unos es motivo de orgullo y para otros de discordia. Dado que me faltan sólo dos días para regresar a Madrid (¡ay Madrid!) y no creo que ya se me manifiesten más detalles diferenciadores, ahí van mis descubrimientos (igual vosotr@s podéis añadir otros tantos, enriqueciendo así el post de hoy jueves):

Aquí dependen de internet todavía más. Y TODO el mundo tiene un perfil o lo que sea en VIVO (espacio cibernético e interactivo que no sé lo que es ni me interesa)

Si eres peatón y deseas que el semáforo se ponga verde sin que te dé algo del aburrimiento, debes pulsar un botón  

Tiendas y comercios cierran a las 6pm (aproximadamente, incluida la taquilla de la estación de autobuses o de trenes) menos algunos supermercados que, sorpresivamente, están abiertos las 24 horas (pero no hablo del típico Seven eleven, aquí abren las 24h hipermercados como el Mercadona o el Carrefour) 

Como os he contado en otros post, raro es el día que no llueve en este país; sin embargo, ahorran el agua como si fuera bien preciadísimo y escaso: jamás se les ocurre fregar los platos sin utilizar un pequeño barreño, y me cuentan que las madres bañan a los tres niños sin cambiar el agua de la bañera 

Todo el suelo de mi casa es de moqueta. Sí, también el de la cocina y el del cuarto de baño. Sheila lo ve normal, no lo ve sucio.  

Absolutamente todos los establecimientos públicos, bares, tiendas, bibliotecas, museos, están perfectísimamente habilitados para los disminuidos físicos, no como en España. En cualquier restaurante, por cutre que sea, hay servicios de señoras, de señores y otros especiales para la gente que no puede caminar. Y los autobuses también están adaptados, por supuesto.    

Cuando uno se monta en un autobús debe decir “hola” al conductor, y cuando se baja darle las gracias y decirle “adiós”. El conductor hará lo propio. Esto lo copié hace unos años. Desde entonces, siempre saludo al conductor y le agradezco el viaje.   Aquí los conductores suelen ser muy amables.  

Los autobuses son más puntuales, incluso, que el Ave español. Digo los de línea, los de la ciudad. Hay un horario en cada parada. Pues bien: no sé cómo lo hacen, pero si marca que el bus llegará a las 5.13pm y a las 5.32 pm, llegá exactamente a esa hora, ni un minuto más tarde, ni un minuto antes. ¡En serio! 

Me parece que hay demasiadas adolescentes embarazadas 

Las copas las sirven con un dosificador equivalente al tapón de una botella de whisky (sé que esa es la equivalencia porque en Glasgow no usaban dosificador: directamente utilizaban como medida el tapón de whisky) De una botella de whisky llegan a servir, exactamente (me lo ha explicado un camarero), 35 copas. En España son 12 copas por botella. 

Un paquete de cigarrillos cuesta nueve euros. (Y no es que aquí sea normal ese precio. Quiero decir que los precios de las cosas están más o menos como en Madrid, menos el tabaco). Y fuma un montón de gente (yo diría que la proporción de adictos es mayor que en España) por lo que ¡está claro que una subida en el precio del tabaco no incentiva a dejarlo! 

Existe una ley que ordena que no se fume en ningún bar, restaurante o similar. Una ley de verdad, no como la de España.   Hay botellas de fanta de tres litros y botes de red bull (bebida MUY consumida aquí) de 33 centilitros.  Los paquetes de paracetamol y de ibuprofeno los venden como rosquillas –y  tirados de precio– en cualquier supermercado. Eso sí, el ibuprofeno es de 200 y no de 600, que es el que yo tomo en España. Lola, una chica que vive en Perth desde hace dos años, asegura que si vas al médico por cualquier dolencia, éste siempre te da paracetamol y te larga.  

En las casas, no existen las cafeteras. Utilizan un hervidor eléctrico MUY cómodo.  

Amanece a las cinco de la mañana.  

Hay conejos y ardillas en los parques.  

Las puertas de las casas permanecen gran parte del día abiertas (supongo que esto también ocurre en algunos pueblos de España, pero recordad que Perth es una ciudad y no en un pueblo). 

Las y los adolescentes suelen abandonar la casa de papá y mamá a los 16, 17 años. Ian, un escocés al que he tratado bastante este mes, se echa a reír cuando le contamos que en España es normal y no un caso clínico que un hombre o una mujer permanezca en su casa hasta bien entrados los 30. Claro que en realidad él se ríe por todo, tiene un sentido del humor envidiable.  

El verde de los parques, colinas, valles, campo es diferente al de nuestro país. Más vivo, más luminoso, más verde. Creo que por el norte de España el verde se parece al de aquí.  

Los Scottish people suelen hablar más bajo que nosotros. Y esto me gusta mucho. Salvo cuando se emborrachan.  

No sé si se emborrachan más que nosotros, pero sí distinto. Creo que no saben beber (habló el experto bebedor) 

Los libros son más baratos que en España.  

Hay papeleras especiales y exclusivas para las cacas de perro.  

Los autobuses sólo tienen una puerta, la delantera.  

Reciclan todo.  

Regalan condones en según qué discotecas.  

En los baños de esas mismas discotecas tienen espuma, fijador, laca, colonia, para uso y disfrute de los clientes.  

El limón es transparente (quiero decir que me pedí –me pidieron– varios vodka con limón y estaba riquísimo, pero era transparente y no color limón) 

Si le dices a un camarero “¿me puedes poner un poquito más de vodka, por favor?” a) no podrá creer lo que le estás pidiendo, b) pasará de ti c) se ofenderá. 

Desde las once bailan como locos (eso sí, han empezado a beber a las 8pm) 

Si estás solo en un pub o en una discoteca (como fue mi caso en Glasgow) es super normal que haya quien se acerque a donde tú estás y te pregunte “¿te importa que hablemos un rato?” o “¿quieres que te presente a mis amigos?” o “¿te importaría contarme sobre qué estás escribiendo en tu pequeña libreta?” o “¿por qué no vienes a bailar con nosotros a la planta de abajo?” (claro que igual en España ocurre igual: no suelo quedarme solo en los pubs o discotecas porque me da vergüenza encontrarme con algún conocido)

El sello de algunas discotecas es invisible a la vista humana.  

Existe la coca cola light “with cherry” (la compré por error) 

Las chicas no utilizan las medias, aunque haga muchísimo frío (me informan de que en pleno invierno llevan también las minifaldas y las piernas al aire) 

Si eres madre soltera el Estado te pone una casa (Sheila me ha explicado que algunas chicas se quedan embarazadas para tener casa gratis) 

Las vacaciones de verano para estudiantes –colegios, institutos, universidad- terminan el 14 de agosto.  

Hay cámaras de seguridad por las calles: tus movimientos, cual Gran Hermano, están vigilados.  

También hay cámaras en los autobuses.  

Venía yo en bus desde Edimburgo, medio dormido, cuando vi que un camión nos estaba adelantado ¡por la derecha! (aquí es lo normal, pero me sorprendió y por eso lo apunté)   

NOTA DE ÚLTIMA HORA: COMENTARIO DE VICTOR ALGORA EN EL POST DE MÁS ABAJO TITULADO “A SU HIJO NO LE GUSTAN LAS MUJERES”. GRACIAS, CHAVAL, POR EL DETALLE. TE SEGUIREMOS LA PISTA. MUCHOS, MUCHOS ÉXITOS…

Estoy en la cola del Tesco, un supermercado bastante amplio –el equivalente español sería un Mercadona o un Champion- que abre las 24 horas en Perth, pequeña ciudad centro escocesa en la que estoy viviendo (con frío) este mes de agosto. La señora que espera su turno delante de mí –unos 40 años, rubia con cortos tirabuzones, incapaz de combinar bien los colores- sostiene entre sus manos dos periódicos de exagerados titulares. Aún no los ha pagado, pero ya los está leyendo. Me fijo con disimulo y acierto a apuntar en mi pequeña libreta los nombres: Daily Mail y Daily Star. Son dos diarios sensacionalistas, simples ejemplos de otros tantos que existen en este país. Se parecen en cierta medida a un diario deportivo español: no demasiadas páginas, grandes y llamativos titulares, muchas fotografías a todo color, tipografía informal. El amarillismo más escandaloso entra, asimismo, por la vía de los sucesos, pues la mayoría de los periódicos “no serios” apuestan por los vasos comunicantes. Me explico: ayer, por ejemplo, el Daily Mail dedicaba media portada a una famosa y la otra media al problema de la vivienda.

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En la foto de esa primera página compartida aparecía Geri Halliwell. Tras dos años de ejercer de madre soltera, según contaba el periodista, la ex Spice Girls podría haber encontrado de nuevo el amor, pero lo cierto es que basándonos en las imágenes que se podían ver en el interior al menos yo nunca hubiera deducido semejante titular. En la página anterior a la del reportaje sobre Halliwell, aparecía la foto de un hombre sonriente de 44 años. Según contaba el diario, murió el pasado viernes tras ser atacado por una banda organizada de adolescentes, de los que alguno estaba en libertad vigilada. Hasta aquí, la narración de un suceso normal, pero si lo he destacado es porque ¡aparecía publicada la emotiva carta –escrita a mano- que la niña de 12 años le dedica a su asesinado padre! Este mismo periódico estaba atento a la actualidad internacional: otra página ocupaba la noticia de que Putin está pescando, y aparecía como ilustración una fotografía del presidente de Rusia sin camiseta. El periodista (¡es buenísimo!) hace mofa de la situación y le compara con uno de los vaqueros homosexuales de la premiada Brokeback Mountain 

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Con estos ejemplos trato de haceros ver cómo de sensacionalista puede resultar un periódico, y cómo de afortunados somos en España por el hecho de que no haya conseguido colarse (intentos los hubo, pero fallaron) este execrable amarillismo. Asimismo, y por extensión, también son afortunados nuestros famosos. Y cuánto, aunque digan lo contrario o, sencillamente, no quieran verlo. Bien podrían sentirse afortunados de que no exista este tipo de prensa en nuestro país. “El acoso aquí es bastante más salvaje que en España; a muchos famosos no les dejan vivir, salen fotos de ellos todos los días, cuentan sus vidas, sus separaciones, sus idas y venidas, por fascículos coleccionables; pero todo con una precisión que asusta. En España no han llegado nunca tan lejos; o sí, pero sólo con Isabel Pantoja”, me aseguró el otro día Lola, joven madrileña que llegó a esta ciudad hace dos años. Uno de los casos más claros es el de Kate Moss, puesto que los ecos han llegado hasta nuestro país en diversas ocasiones (a nadie se le olvida la escandalosa portada del Daily Mirror con la modelo esnifando cocaína) . Su popularidad es tan grande en Reino Unido que puede verse su foto cada día en varios periódicos (y no son fotos de archivo). Estos días, ella y su ex novio, Pete Doherty, están más de actualidad que nunca. Los paparazzi sorprendieron al novio en actitud más que cariñosa con una mujer, hicieron fotos y fue cuando la bella modelo, al verlas, decidió abandonarle. Lola me ha explicado que la crónica de la separación viene ocupando todos los días varias páginas de cada periódico: desde cómo Doherty, tristón,  recogía sus cosas de la casa que compartía con Kate, hasta cómo ahora ésta sale de fiesta por su cuenta, contenta y feliz en apariencia, y cómo el otro no deja de suplicarle, arrepentido, que vuelva con él. Y todo ello, obvia decirlo, ilustrado gráficamente con explícitas fotografías. Es como si en este país hubiera un buen puñado de paparazzis debajo de cada piedra.   

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Otro de los permanentes objetivos de la prensa del corazón británica es el de Angelina Jolie: ayer contaban que “a pesar de los rumores de ruptura con Brad Pitt” la atractiva actriz “está preparando un viaje a Etiopía con su pareja para adoptar su quinta criatura”. Sheila, la señora escocesa que me ha alquilado una habitación en esta lluviosa  ciudad, me ha contado que Jolie es una de las famosas más perseguida y más criticada. Según parece, aquí no cae demasiado bien, y muchos son los periodistas que aseguran que su relación con Brad Pitt es un montaje y que, realmente, no duermen juntos.  El otro día leí en la parte superior de un periódico: We´re your official Big Brother newspaper. Estuve a punto de gritar: “¡No puede ser! ¡no puede existir un periódico dedicado exclusivamente a la vida de los concursantes de Gran Hermano!” (en España existió, creo, una revista, pero no tuvo éxito y era semanal), pero me contuve, no dije nada, lo compré para este reportaje y luego me di cuenta de que en realidad no era un periódico de GH, sino que contenía un suplemento dedicado al programa de televisión. Aún así me pareció bastante grave la cosa. En el interior de este diario, Daily Star, sin duda sensacionalista (precisamente uno de los que lleva la señora de indumentaria dudosa que espera la cola del supermercado delante de mí) como el que más, venía de regalo un póster gigante de una tal Lucy posando sonriente en topless.

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Tiene las tetas tan grandes que desafían la ley de la gravedad y sonreía pícaramente, como pensando: “Cuánto dinero estoy ganando yo últimamente”. Pero la tal Lucy no se conformó con salir sólo en el póster. Aparecía también en otro lugar del periódico conduciendo con una amiga –ambas en topless- una moto acuática ¡en el Caribe! Me sorprendió mucho que la persiguieran hasta tan lejos y yo no supiera quién era. Sheila me explicó ayer que se trata de una famosa al alza en este país, pero que no es actriz ni cantante, ni siquiera comentarista de televisión. Que simplemente se dedica a posar semi desnuda para las revistas y spot publicitarios. Acepto que un paparazzi persiga a Penélope Cruz hasta las Islas Vírgenes para fotografiarla en top less (como ocurrió en 1999, cuando salía con un checo), pero que lo hagan con Lucy me parece, sinceramente, excesivo, una cosa de locos que no ocurriría en nuestro país.  

En este país Big Brother (GH) es todo un fenómeno. Lola me ha dicho que  aquí los ex grandes hermanos se hacen mucho más famosos que en España. Pero no habría hecho falta que me lo contara, puesto que efectivamente salen en todos los periódicos del corazón que he podido hojear en Perth. Lola me contó otra cosa que le parece importante: “También salen haciendo el amor bajo el edredón; quizá la única diferencia es que las familias de los concursantes no van al plató a pelearse”. En el ya comentado Daily Star aparece una foto –del pasado, sin duda- en la que un chico posa desnudo con otros hombres mientras todos se duchan. La noticia la  titulan así: “Ziggy´s gay secret! Photo. Photos that Hill horrify Chanelle”. Nunca se ha dado, que yo sepa, semejante outing en España y, efectivamente, las fotos no le gustarán nada a Chanelle, su novia, la concursante más famosa de la edición de este año.

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“¡Es tontísima! Entró en la casa autodeclarándose fan de Victoria Beckham y ahora la prensa habla de ella todos los días, y muchos la colocan en portada. Imita en todo a su idolatrada Spice Girl y de ella también cuentan que es anoréxica. ¿Tú crees que Victoria Beckham es anoréxica?”  Los Beckham son otros que sin duda entran en el ranking de los más populares de Reino Unido. En España sus movimientos también eran carne de cotilleo, pero la diferencia es notable: cuando se fueron de nuestro país a EE UU, nos olvidamos de ellos. Aquí, no. Al contrario: siguen todos sus pasos en Los Ángeles. “Incluso hicieron dos programas especiales en televisión, uno dedicado a David, y otro a Victoria, y así pudieron los espectadores seguir sus comienzos en América. Ahora son los paparazzis los que nos informan a diario”, añadió Lola. Y luego están las revistas, que son como mínimo tan numerosas y tan agresivas como las españolas. Sinceramente, creo que nuestros famosos se equivocan cuando dicen que el “acoso” en España hacia ellos está alcanzando cotas imposibles de soportar. En Reino Unido están bastante peor, aunque aún (todo llegará) no existan los programas de televisión estilo Tómbola (pero no existen sólo porque Carmen Ro no nació en Inglaterra y todavía no se le ha ocurrido a nadie el formato).  
Toca mi turno en el supermercado. La señora ya ha desaparecido con sus bolsas y sus periódicos. Le digo a la cajera que espere un momento, que he olvidado algo. Definitivamente, y aunque ya está acabado mi reportaje, creo que voy a comprarme uno de esos tabloides británicos… The Herald y, ya de paso, The Sun… Pero sólo para practicar inglés, ¿eh?

P.S. Os prometo que he intentado por todos los medios poner las fotos bien, darles la vuelta, pero no lo he conseguido. Perdonadme.

Sigo sin internet. He sacado una foto de las extrañas máquinas que han levantado todo el suelo que linda con la humilde casa de Sheila Anderson, pero no tengo el cable para ponerla aquí. Estamos sin TV, ni teléfono ni internet “por tiempo indeterminado”. Mi señora está desesperanzada. Entendereis que a mí lo del teléfono y lo de la televisión tanto me da, pero lo de internet es otra cosa. Hoy tenía que hacer cosas importantes (entre ellas actualizar con este post), así que he descubierto un sitio en Perth en el que hay wi-fi pero no enchufe: o sea, que mi sufrido ordenador portátil está a punto de morir. Voy, pues, con el post.

“¿Quieres ir a un concierto de Algora? A mí me encanta”, me dijo el amigo de una amiga. Aunque no sabía quién era el tal Algora, me fiaba del criterio de Joseba y, al fin y al cabo, me venía muy bien: por un lado tenía ganas de conocer a Joseba y, por otro, estaba trabajando en una crónica de la semana del orgullo gay. Y así fue como el viernes 29 de junio fuimos a la Plaza de Benavente a verle actuar. Es un cantautor homosexual que, con 23 años, una cara bonita y un novio huidizo que le ha hecho la portada de Planes de verano, su primer disco, se subió al escenario y gritó, orgulloso, “a mis padres, que son los más maricones de todos”, y su madre, que estaba en primera fila, no cabía en sí de gozo. El padre estaba a mi lado –bigote, semblante serio, indumentaria tradicional- y parecía un hombre formal, verdaderamente chapado a la antigua. Cuando terminó el concierto entrevisté a Luis en el backstage. Me explicó que es muy tímido y que por eso le cuesta mirar al público durante el concierto y, cuando le pregunté si no temía ser encasillado, respondió: “Jamás me he planteado hacer “letras de temática gay” (una de sus canciones -de las mejores, muy bonita, “Techno triste” se llama- dice mamá está impaciente, a su hijo no le gustan las mujeres y le sorprende bailando techno en su habitación con los ojos grises de andar despierto hasta tan tarde y otra -David- “con su polla entre mis piernas”) sino que, simplemente, escribo sobre aquello que me sale desde dentro o sobre lo que me ocurre en la vida –hizo una pausa y continuó hablando-. David es una canción de un adolescente que se enamora de alguien mucho mayor que él, pero también la podría haber cantado una chica; Techno triste habla de la incomprensión que alguien puede sentir por hacer cosas que no son demasiado normales, no por el hecho de ser gay” 

–Has dicho: “A mis padres, que son los más maricones de todos”, ¿crees que les habrá gustado que les dediques así el concierto? –le pregunté, pues sé de más de un padre y más de una madre que hubieran puesto el grito en el cielo ante semejante dedicatoria.

–Nunca les había dicho algo así, pero estoy seguro de que están encantados.

–Siempre te han apoyado en este sentido, ¿verdad?

–Por supuesto. Yo jamás he ocultado que soy gay. 

Hay muchos cantantes que ocultan al mundo y a sus fans que son homosexuales, por miedo al encasillamiento (yo lo entiendo perfectamente, ojo, no estoy juzgando), supongo, y por eso este chico moreno, menudo, con pantalones de pitillo y camiseta ajustada, me parece muy valiente. Y canta bastante bien. Todo un descubrimiento. Muy recomendable (gracias Joseba) si os gusta el electropop con toques melancólicos.  

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Y ahora… la sorpresa… HOY, MARTES, VÍCTOR ALGORA ACTÚA EN MADRID POR 7 EURITOS DE NADA (Y TE DAN UNA CONSUMICIÓN!!!). A las 21:30. Buho Real. C/ Regueros, 5. Metro Chueca / Alonso Martínez. Mi amigo Shhhhh va con Estrella, que  es su prima y mi compañera de piso. O sea: que también tenéis la oportunidad de conocer a Shhhh y a Estrella, ¡y ésta casi nunca se deja ver!    Ya me gustaría ir, pero me pilla un poco lejos. Y vosotros, ¿os lo vais a perder?

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Sólo falló cuando su cuerpo lo juzgo imprescindible, como su amigo Eduardo Haro Tecglen; y ahora ya no estará para siempre Francisco Umbral en su cita diaria con los lectores, primero en cualquier parte, luego en EL PAIS, después en Diario 16 y finalmente en El Mundo, cuya última página fue su sede… Como Haro, o como Vázquez Montalbán, no hubo un solo encargo que no cumpliera. De una raza antigua de periodistas o de colaboradores de prensa, Umbral sabía que lo que vale tu firma es por lo último que has escrito, y él escribía siempre, como si le estuviera esperando una urgencia como la que ahora, indefectiblemente, le ha dejado ya en la memoria y sin escritura. Agosto y sin Umbral para siempre. (publicado por Juan Cruz en elpais.es)

Y Pedro J. ha declarado…

“Umbral ha sido el mejor escritor de periódicos contemporáneo y probablemente el mejor de la historia del periodismo español. Él ha hecho de la columna un género literario y una cotidiana obra de arte. Para cuantos hacemos EL MUNDO es una pérdida sencillamente irreparable”

 Sed como la fuente que se derrama y no como el tanque que siempre contiene la misma agua 

     

Cuando hicimos la producción fotográfica con la actriz Marian Aguilera, la estilista que contrataron  no había trabajado nunca con nosotros. Se llama Mónica y es una chica bastante dicharachera y eficiente. Aunque fue contratada con muy poca antelación, logró traer  muchísimos trajes y complementos de cabaret que Marian lució con suma elegancia. Y, junto a tan anacrónico vestuario, Mónica trajo agarrado del brazo a un “ayudante”, como lo llamó ella. El ayudante, de nombre Sergio,  resultó ser un simpático actor y director de teatro lleno de inquietudes, entre las que figura como proyecto a corto plazo la adaptación teatral de Veronika decide morir, una novela de Paulo Coelho.

-          Me apasiona esa novela y la quiero llevar al teatro. Ya tengo el beneplácito de Paulo, le ha parecido buena idea y está siendo muy amable conmigo. ¿La has leído? –me preguntó.

-     No.

-     ¿¿¿QUE NO LA HAS LEÍDO??? –repreguntó, esta vez con los ojos muy abiertos, como platos.
-      Verás, es que leí El alquimista hace muchos años y sí, me gustó, pero no tanto. El mensaje aquel de “si deseas por encima de todo algo, el universo entero conspirará para que se haga realidad” me parece demasiado fantasioso. No me convence del todo y me parece que su autor pretende trascender en exceso. No sé si…

-     Me da igual lo que digas. Veronika decide morir te va a gustar. De verdad. Ya lo verás. ¿Me prometes que la vas a leer?

-     Te lo prometo.   

Luego ya charlamos de otras muchas cosas como, por ejemplo, sobre la vida en Madrid, el paro, los sueldos submileuristas y lo importantísimo que era para él (para mí no) que un piso tenga “mucha luz”. Por diferentes motivos,  la pareja formada por Mónica, la estilista, y Sergio, el “ayudante”, me había caído muy bien. Digamos que, ambos, tenían duende. “Haré todo lo posible porque os llamen otras veces, lo habéis hecho estupendamente”, les dije, y luego, terminada ya la producción, nos ahorraron el taxi llevándonos en su coche a Marian (a un concierto de noséqué en el Auditorio Nacional de Música) y a mí (a casa). Les prometí unas cervezas.  

Al día siguiente fui al Corte Inglés, me compré una edición muy barata de Veronika decide morir y me leí la mitad. Me estaba gustando mucho, pero, por cuestiones de trabajo o de azar, se interpusieron otros libros y lo abandoné.

Aproximadamente un mes más tarde, a finales de julio, contacté a Mónica y a Sergio y les invité a mi cumpleaños. “Sois la única pareja, porque una de mis tres reglas es que no pueden venir ni los novios ni las novias de mis amigos; pero a vosotros os conocí el mismo día y los dos me caéis igual de bien; las otras dos reglas son que no se pueden tirar al césped las colillas bajo ningún concepto y que no está permitido cantar el cumpleaños feliz, ¿vendréis?”

Y vinieron. Y me trajeron dos regalos, uno de los cuales era ¡Veronika decide morir!

Así que ahora tengo dos libros iguales, pero no me importa. Regalaré el que me compré en El Corte Inglés (a alguien de confianza: se nota que está leído hasta la mitad) y me quedaré con el de ellos, que además está firmado cariñosamente.

Ayer releí la primera parte y hoy me lo he terminado. Y me ha gustado bastante. Os cuento con cuidado algo sobre él, sin desvelar todo el argumento.  

El día 11 de noviembre de 1997, Verónika decidió que había llegado, por fin, el momento de matarse. Limpió cuidadosamente su cuarto alquilado en un convento de monjas, apagó la calefacción, se cepilló los dientes y se acostó. Así comienza esta especie de cuento “maravilloso” que hará las delicias de todos aquellos a los que encantó El Alquimista, la obra más celebrada del autor. En esta novela sobre la locura, que sólo a ratos y de refilón recuerda a Los renglones torcidos de Dios de Luca de Tena, puede leerse entre líneas el miedo a la muerte, un terror escondido y doloroso que se deja entrever en el profundo pensamiento de Veronika, la protagonista que, efectivamente, y pese a ser  una chica normal, inteligente, bien situada, guapa incluso, desea morir porque, precisamente, se ha cansado de vivir sin sobresaltos. Ya no existe la búsqueda de la Leyenda Personal de El alquimista, pero sí la visión personal del Paraíso (o el pleno sentido de la vida). Esta historia de amor y muerte se sitúa en Ljubljana, capital de la ex república yugoslava de Eslovenia; concretamente, en el sanatorio de Villete, donde Veronika ingresa tras intentar suicidarse, donde está convencida de que va a morir y donde su vida se cruzará con la de Eduard, un esquizofrénico entrañable con una capacidad asombrosa para deleitarse con la melodía de un piano.

Pretende su autor, utilizando a Veronika, reflexionar sobre el mundo en el que vivimos, un mundo que se presenta, como no podría ser de otra manera, construido a base de injusticias y de maldades. Otros personajes desgraciados compartirán confidencias, angustias y temores con Veronika, y sólo el inteligente Doctor Igor tendrá, si es que existe, la llave mágica de la felicidad. Aún a riesgo de parecer incompetente pues es sabido, como recuerda el narrador de la historia, que todos los hombres que osan investigar asuntos prohibidos necesitan cierto coraje y una dosis de incomprensión.

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The machines doing the new pavements..(sidewalk for fish! ) have dug up and destroyed my cable connection so i have no phone..(sad)..no tv (tough)..no internet!!1geez that is serious!! Este mensaje me lo ha mandado Sheila, la senyora que me ha alquilado una habitacion en esta ciudad. Y significa que se ha caido internet por tiempo indeterminado… es horrible! Asi que escribo desde la “library” de Perth, que cierra en menos de media hora. Si advierto esto es para que seais indulgentes con la falta de acentos y de otras letras y signos: este ordenador “publico” simplemente no entiende las mismas cosas que mi portatil.  Si actualizo este post en esta tarde aciaga es porque me acaban de llamar por telefono y asi me he enterado del nuevo cadaver del ministerio de Cultura

Rosa Regas ha dimitido como directora de la Biblioteca Nacional. Segun parece, el senyor Cesar Antonio Molina, “flamante nuevo ministro”, habia tenido el descaro de decirle que no habia hecho nada por la institucion. Toma ya. Ya nos gustaria a muchos que el haga con la cultura de este pais tantas cosas como ha hecho Regas con la Biblioteca Nacional. Como abrirla al publico, por ejemplo, y organizar toda suerte de conferencias, coloquios, debates y ciclos. Como uno que consistia en charlas sobre “los mejores libros de nuestra vida”, impartidas por diferentes y reconocidas personalidades de la cultura. Concretamente, yo asisti a la de la filosofa Amelia Valcarcel, y alli me presentaron a Rosa Regas, una mujer sin duda vivida, culta, amable, inteligente. No como otro que yo me se (repito que no me deja poner acentos). Una mujer que ya desde muy joven demostro luchar contra las circunstancias de su tiempo, una rebelde con causa que ya en los tiempos de Franco hizo huelgas de hambre para gritar NO! a las injusticias y a los que las provocaban. En fin… copio lo que escribi el dia que me entere de la afortunada eleccion de Zapatero con el nuevo ministro  “me acabo de enterar de que el nuevo ministro de Cultura es ¡Cesar Antonio Molina! me dio clase en la Carlos III y es lo peor: aburrido hasta decir basta, más carca que jaime de marichalar, se repetía más que el salmorejo de mi madre…. ¿cómo nos ha hecho esto Zapatero? pero es que además nadie NADIE nos explicábamos sus éxitos: al parecer fue director adjunto de El Mundo, cuando nos  dio clase era director del Bellas Artes y a mitad de curso nos dejó más colgados que Jesulín a Belén Esteban porque ¡le habían hecho director del Cervantes! Ultimamente, parecia bastante ligado al Grupo Prisa (le daban articulos y tal)…  si alguien tiene una explicación, que la dé ahora o que calle para siempre…

 

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El embrujo de Edimburgo

Agosto 23, 2007

Aquí estoy yo, dijo el sol. Y se hizo el verano en Escocia.

fringe-chinita-portada.jpg

Evidentemente, es una ciudad muy bonita, con encanto, mágica. Comienzo a escribir este post en Edimburgo, que estos días es una fiesta. La ciudad, sin duda una de las más bonitas del mundo, está coronada por un imponente castillo, que se yergue mayestático sobre una montaña en el centro mismo de la capital. Ahora mismo estoy un parque en el que, si alzas un poco la mirada, ¡oh sorpresa!, el castillo y la montaña te saludan desde lo alto.  El parque está lleno; la gente toma el sol y los más atrevidos incluso se han quitado la camiseta.

castillo-desde-el-parque.jpg     parque-2-ok.jpg   parque-mas-castillo.jpg  

Estos días, y durante el resto del mes, esta ciudad de marco incomparable celebra su Festival Internacional, (el 60ª aniversario además), y éste, lleno de conciertos, teatros, óperas, danzas, literatura, arte original y de vanguardia, justifica por sí mismo un viaje a Edimburgo, pronúnciese “Edimbara”, como dice la gente de aquí. Aunque, ya os voy advirtiendo que esta ciudad está prácticamente colonizada por españoles, altos, bajos, morenos, rubios y pelirrojos, guapos, feos, listos, tontos, de todas las clases y de todos los colores, pero españoles al fin y al cabo, y si os advierto esto es para que sepáis desde ya que no es éste el lugar más indicado de UK para aprender inglés. Pero sí para divertirse y para dejarse llevar por una ciudad que este mes más que nunca se convierte en única: amén del Festival Internacional de Edimburgo propiamente dicho, está el Fringe, fringe-royal-mile-primera.jpg que es el alternativo, el de variedades en las calles viejas cercanas al castillo. Artistas de lo más variopinto vienen de todo el mundo para realizar sus fantásticos shows ; fringe-chinita-con-chinito-contorsionistas.jpg   fringe-chicas-cantando.jpg  fringe-hombre-cuerda-cuchillo-antorcha.jpg   fringe-hombre-con-falda.jpg   hay de todo (pensad que son más de 1.500 los que lucen a lo largo del festival): mimos sofisticados festival-mimo-arbol.jpg  deminio-mimo.jpg (eso sí, reconozco que los de las Ramblas no tienen nada que envidiar a estos de aquí), malabaristas impresionantes festival-nino-con-fuegos.jpg, cuentacuentos encantadores,  bailarines glamourosos, músicos buenos cantante-negro.jpg y no tan buenos, espectáculos con los chinos más ágiles del universo fringe-chinos-bailarines-2.jpg, contorsionistas asombrosos, tragaespadas que dan miedo tragaespadas12.jpg, actores que se encuentran representando una dramática obra de Shakespeare, y otros que con la guitarra se bastan y se sobran fringe-guitarras-beso.jpg (y uno de ellos que nos dedica un beso). La mayoría son muy buenos. De hecho, no todo el que lo desee puede venir  aquí, sin más, y montar su espectáculo; previamente, el artista debe pasar unas pruebas que servirán para  que los organizadores decidan si “hay nivel” o no lo hay. Y encima ¡todo es gratis! (claro que si te gusta lo que ves lo suyo es depositar algo de dinero en los sombreros que los artistas disponen para ganarse el sustento)

Y, por si todo lo contado fuera poco, el ambiente es insuperable: la Royal Mile (la calle principal, la más celebrada) es una auténtica explosión de buen ánimo, todo el mundo está contento y tiene una risa a punto, y hay tanta gente y tanto arte que uno puede tardar –gustosamente, sin estrés- dos horas en caminarse la milla que es la Royal Mile, jalonada por tejados puntiagudos, casas grises y pequeñas y grandes iglesias, y ramificada en pequeñitas callejuelas “con encanto” calle-estrecha-y-bonita-edimburgo.jpg. Y luego están los anunciantes, que no son, ni mucho menos, unos comerciales habituales. Visten, desvergonzadamente, con los atuendos más cómicamente extravagantes que uno pueda imaginar, e invitan, publicidad en mano, llamando la atención inevitablemente, a conocer los múltiples espectáculos de la noche, pues casi todos los teatros y pubs -e incluso iglesias- de la ciudad tienen sus singulares propuestas para el turista y el aborigen 

anunciante.jpg      festival-royal-mile-tirados-suelo.jpg 

Pero la oferta artística de Edimburgo no queda, ni mucho menos, reducida al mes de festival. Museos no le faltan y exposiciones temporales, tampoco. Ahora mismo, concretamente, la National Gallery of Scotland (una de las mejores pinacotecas de Reino Unido) tiene sus columnas cubiertas de enormes latas de sopa de tomate coloreadas national-gallery-latas-warhol.jpg. Promocionan una completísima exposición dedicada a Andy Warhol, el genial artista creador del pop art (lo único malo: ¡la entrada cuesta 18 euros!). Sí, lo reconozco, me gusta Warhol y los he pagado, qué pasa. (y me he comprado una postal chulísima andy-warhol.jpg)Y es un exceso poder ver luego, justo detrás, en la auténtica exposición de la National Gallery (la permanente) a “La vieja friendo huevos” de Velázquez o el impresionante “las tres edades del hombre” de Tiziano Vecellio (pongo sólo dos ejemplos de un museo MUY recomendable y completamente gratis, cualidad esta que, curiosamente, hizo que apenas hubiera gente el museo).

Después de subir la Royal Mile hasta el Castillo, la bajé hasta el Parlamento que, por cierto, es moderno y feo a partes igualesparlamento1.jpg (¡algo feo tenía que haber!) . Por allí se encuentra también la “casa escocesa de la Reina” y Carton Hill, colina1.jpgmontaña que uno puede subir a pie (no sé si véis las cabecitas de la gente) y desde la que se contemplan unas vistas ALUCINANTES de toda la ciudad (yo la subí hace cuatro años y me costó mucho, por lo que esta vez la he visto desde abajo)

Por todo ello os aconsejo -a los que no hayáis estado por aquí- que, si sois capaces de ahorrar y renunciar un verano al sol de la costa y a los calamares de chiringuito, vengáis a Edimburgo: solos, con vuestros novios o vuestras novias, con amigos, con tu amante o con tu compañer@ de piso. Cierto que llueve de vez en cuando, y que por la noche hace frío, y que el cielo, la mayor parte del tiempo, abandona los deseados tonos azules por otros grises que tornan hacia el negro amenazante cuando uno menos lo espera; todo esto es cierto y mucho más, pero también lo es que es importantísimo, y muy urgente (aunque no sea necesario), para todos los que os guste viajar y conocer otros mundos, venir aquí en alguna ocasión (menos en invierno ¡a las tres de la tarde es de noche!), para que así podáis contemplar el imponente castillo que preside la ciudad, y pasear de aquí para allá recorriendo y perdiéndoos en sus calles medievales, empapándoos de todo, embriagándoos del mágico espíritu que hace a esta ciudad tan especial. Porque Edimburgo es más o menos como la gente cuenta, como yo os estoy contando con mayor o menor acierto, pero hay que verlo, es necesario estar aquí y abrir bien los ojos todo el rato para, de esta manera, entender que no siempre (más bien nunca) los textos y las fotografías consiguen hacernos sentir de verdad los lugares bellos.

Estaba yo en Glasgow, como sabéis, el sábado pasado. Eran las diez de la noche y llovía con fuerza. Dos jovencitas que no tenían más de 13 años serpenteaban delante de mí por una calle cualquiera. Las dos llevaban vestiditos finísimos de verano, de tirantes, pese a que el frío y la lluvia no habían sido una inesperada pirueta del tiempo (llevaba diluviando todo el día). Una de ellas apenas podía caminar sobre sus tacones altísimos, poco apropiados desde luego para una joven de su edad. La otra, directamente, había perdido los zapatos: paseaba descalza (sí, descalza, ¡en serio!). Me preocupé mucho porque se notaba que ambas habían bebido bastante, que no iban a conseguir mantener el equilibrio por mucho tiempo. “Ay Dios mío, ¿ahora qué hago?”, pensaba cuando, de repente, se adentraron en un Macdonals. Por supuesto, fui detrás de ellas. Como pudieron lograron llegar hasta los lavabos de señoras y allí que se escondieron, sin que se percatase de su estado ningún encargado de la hamburguesería. Se encerraron. Me pedí un helado y me senté en una mesa. Al rato –unos quince minutos-, una señora advirtió de que algo estaba pasando: en el servicio había alguien que no salía, y ese “alguien” hacía ruidos extraños, como de llanto mezclado con vómitos. Entonces fue cuando el encargo las descubrió y les espetó “¡¡¡FUERA DE AQUÍ!!!” de una forma tan severa y desalmada que de repente mi corazón se aceleró más que cuando corría por el Parque del Oeste. Las niñas salieron y se dispusieron a cruzar el pasillo, pero casi no podían mantenerse en pie ni, mucho menos, caminar. Estaban a punto de desplomarse cuando acertaron a sentarse en sendas sillas ante la atónita mirada de todos los clientes del restaurante. El encargado, fuera de sí, decidió llamar a la policía. Ésta tardó exactamente dos minutos en personarse en el lugar de los hechos. Los policías (dos, un hombre y una mujer) se sentaron en la misma mesa que las jóvenes y les hicieron algunas preguntas con tono suave, pero estas no querían o no podían hablar con ellos y sólo acertaban a continuar con el llanto entrecortado y a negar con la cabeza. Parecían angustiadísimas (imagino que estaban pensando en sus padres, en la que les iba a caer encima). Finalmente, dado que no querían colaborar, se las llevaron a la fuerza. Respiré tranquilo porque ya sabía que, tarde o temprano, las llevarían a su casa con su familia. Seguía lloviendo, pero ya eran las once. Me perdí por las calles a pasos lentos, mientras  pensaba, bastante preocupado, en mis sobrinitas.

Aquí es habitual ver a adolescentes absolutamente borrachos/as (ellas beben tanto como ellos) por la calle a partir de las ocho. En este país no existe el botellón, pero es normal encontrarte con casos parecidos al que yo vi cada fin de semana. Sheila (la señora que me ha alquilado una habitación este verano) me ha explicado que la mayoría de los jóvenes abandonan el “hogar familiar” no más tarde de los 16, 17, 18 años. No es extraño ver a niñas de 15, 16, 17 paseando un carrito con un bebé por la ciudad. Y no es que trabajen de canguros, es simplemente porque son madres. Según Sheila, muchas de ellas se quedan embarazadas a propósito porque el Estado les pone una casa. Sí, aquí las madres solteras tienen casa gratis.   

Post data 1. traté de hacer una foto de las chicas + los policías + el encargado (el cuadro era único) pero me dio mucho miedo que se enfadasen o me quitasen la cámara. 

Post data 2. Ana: lo que dices tú de Glasgow lo suele decir todo el mundo pero la mayoría (no digo tú, ¿eh?) no conoce la ciudad. Los que han vivido en Glasgow suelen dejarla estupendamente. ¡Y a mí también me encanta Edimburgo! 

Post data 3: Son las doce de la noche, acabo de llegar a casa, me he bebido dos pintas y media y mañana estaré todo el día fuera. Me levanto muy temprano porque voy a Edimburgo a pasar el día con gente de aquí. Prometo para la noche una trabajada crónica de Edimburgo y el FRINGE (fotos incluidas) pero ¡por favor dejad muchos comentarios!

joven-rasta.jpg 

En la taquilla de la estación de autobuses de Perth, un joven compra un billete para Glasgow. Despierta mi atención por su indumentaria: viste demasiado bien para ser de aquí. En lugar de utilizar cinturón, colorea sus pantalones una especie de pañuelo anaranjado, uno de cuyos extremos cae estilosamente por su pierna derecha. Sus trousers de tela a grandes cuadros son, sin duda, de su talla, pues le quedan perfectos –nada grandes, nada pequeños-, y combinan estupendamente con su jersey marrón claro. Debajo del suéter lleva una camisa blanca bastante moderna que saluda orgullosa por todos los extremos del jersey: por el cuello, por abajo y por las mangas. El chico es de un rubio-castaño lleno de rizos, y su cabellera esconde, graciosamente, una pequeña rasta. Tendrá ¿20, 21, 22 años?, me pregunto, mientras me fijo que en el lateral de la mochila porta una pequeña botella de agua de la que ya (antes de comenzar el viaje) se ha bebido la mitad. Lee un libro mientras espera el autobús, pero en este momento no consigo acertar el título. Me saluda con una fugaz mirada (estamos prácticamente solos en la estación), pero permanece serio porque, imagino, le da vergüenza sonreír ante desconocidos. Ya en el autobús, un señor bastante mayor se sube en la primera parada y, pese a que la mayoría de las plazas están libres, se sienta a su lado. El señor sólo tiene, si podemos decirlo así, media cabellera, y su pelo blanco está unido, a través de las patillas, a una cuidadísima barba también encanecida. Tendrá unos 75 años, pero sus gafas son rojas y modernas. El anciano y el chico de los tirabuzones dorados que esconden una rasta, no paran de hablar. Al contrario de lo que pudiera pensarse, el primero en romper el hielo y preguntar cualquier cosa ha sido el joven. Lo intento, pero conversan muy bajo y no consigo entender gran cosa, sólo adivino palabras aisladas de contexto que no me dicen nada. El parloteo dura hora y media sin interrupción: ríen, intercambian puntos de vista, asienten, exclaman, hacen gestos con el rostro; verdaderamente, se nota que están encantados el uno con el otro. Entonces pienso… pienso… pienso… Me parece que a veces los jóvenes deberíamos escuchar más y mejor a nuestros mayores, ¿verdad?, pues raro es el caso de un viejo que poco sabe y abunda el de un joven que, sin conocer nada, cree sin embargo saber demasiado.   

Post data: conseguí ver el título del libro por el reflejo de la ventanilla: Atomised, de Michel Houellebecq

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Está claro que la revista satírica El Jueves ha visto un filón en la Familia Real para disparar sus reducidas ventas. Desde que secuestraran publicación y se armara la que se armó, son ya varias las portadas dedicadas al “humor real”. Esta semana hacen mofa de la Reina y, nuevamente, de la princesa Letizia… ¡me da a mí que los de esta revista están un poco desesperados!jueves-sofia.jpg          jueves-letizia.jpg (recordad que en la revista Hola salía la bella princesa en bañador y que se dice, se rumorea, se comenta que susodichas fotos le han costado a la publicación 300.000 euros. afortunado sea el paparazzi que se encuentre a Letizia en biquini)

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Otra cosa: ¡Victoria Beckham tiene un blog! http://www.dvbstyle.com/news/index.html

Y también cuelga vídeos caseros! http://www.dvbstyle.com/vbtv/index.html

1. Me parece una ciudad bastante bonita. No entiendo hoy ni entenderé mañana por qué tanta gente opina lo contrario.

2. Tiene el parque más impresionante que he visto: con cierto aire encantado y vegetación coloreada en distintas tonalidadesparque-distintas-tonalidades.jpg, esconde un río furioso y embravecido de aguas turbias rio-embravecido.jpg, abrazado por espesos árbolesrio-arboleda-universidad.jpg, que hace que, en conjunto, el inmenso parque sea más sensacional si cabe. Predomina en él un verde vivísimo, reluciente, y entre la arboleda se escondían banquitos vacíos de gente en su mayoría. Nada que ver con el Retiro, ni con los parques de Edimburgo. Este del que hablo es selvático, daba un poco de miedo incluso. parque.jpgparque-4-colorido.jpgparque-5.jpg¡Ah! Hay ardillas, pero siempre desaparecían antes de que pudiera fotografiarlas.

3. “¿Qué es eso que asoma por allí?”, universidad-escondida.jpgle pregunté a una mujer que jugueteaba con su perro. Y así me enteré de que era la Universidad… ¡está escondida entre los árboles, en lo más alto, presidiendo todo el parque! universidad.jpg Claro, en un sitio como ese es mucho más fácil sacar una carrera.

4. Llueve mucho y bien. El sábado, concretamente, no escampó ni un solo segundo.

5. Es una ciudad auténtica, perfecta para vivir una temporada; no como Edimburgo, que tan “de postal” que es, queda irremediablemente reducida a un triste parque temático para turistas. En Glasgow no hay turistas y en las calles se respira verdad.

6. Existe una biblioteca en al que puedes leer cómodamente en un sofá (el hombre se tapa la cara porque me ha descubierto) biblioteca1.jpg

7. No hay españoles ¡ni uno solo encontré en todo el finde! Y así te ves obligado a hablar inglés.

8. En Glasgow están los cines más altos del mundo.cine-alto-ok.jpg

9. El centro es chulísimo: moderno, completo, bares delicados y elegantes, edificios eclécticos, calles con encanto, extrañas galerías de arte, miles de tiendas con ropa envidiable… calle-centro.jpgcentro-3.jpgplaza.jpgcentro-4.jpg

10. Los “glaswegians” (o sea, la gente de Glasgow) son amables hasta el punto de que a veces te cuesta trabajo creértelo - o sea, que dudas si te están tomando o no el pelo- (una señora de unos 50 años se dirigió a mi humilde persona para advertirme de que ¡llevaba los cordones de las zapatillas desatados!). Más ejemplos:

a)      Le pregunté a un hombre cómo llegar  a una calle y decidió acompañarme.

b)      Si estás solo en pub tomando una pinta –como fue mi caso- seguramente se te acerque alguien para preguntarte “¿te importa que hablemos un rato?” o “¿quieres que te presente a mis amigos?” o “¿te importaría contarme sobre qué estás escribiendo en tu pequeña libreta?” o “¿Por qué no vienes a bailar con nosotros a la planta de abajo?” (en serio, la gente es endiabladamente simpática en esta ciudad)

11. Efectivamente, y esto constituye otra razón de peso, me hicieron descubrir que el pub en el que me encontraba se ramificaba por arriba y por abajo logrando tres ambientes: dos salas arriba, con canciones de diferentes estilos (una, digamos, más propia para degustar exquisitos cócteles, moderna, más fashion, y la otra lujosa, amplia, con muebles antiguos más propios de un castillo que del concepto occidental de “pub”, enormes lámparas cuelgan del techo altísimo, mosaicos en el suelo, columnas repartidas proporcionalmente en el espacio), y otra abajo. Ésta era una discoteca y a las once de la noche ya estaba repleta de “glaswegians” saltando como locos al son de una altísima música. Huelga decir que ya habían bebido lo suficiente como para demostrar al mundo sus dotes de bailarines. En resumen: un sitio chulísimo en el que uno puede entrar a las cinco de la tarde y no salir hasta bien entrada la madrugada. Y del que, probablemente, no saldrás solo.

12. Sigo con el pub, y doy otra razón más: en los baños no sólo regalan los condones, que también, sino que hay botes y más botes a disposición de un cliente presumido: lacas, gominas, colonias, espumas de todos los colores, muchísimas. Además, y también en los baños, hay chupa chups, algo muy eficaz cuando uno liga y quiere quitarse el pestilente aliento a tabaco.

13. Por último, la razón más importante de todas: he sido muy feliz este fin de semana.

 Finde del puente de agosto. Madre mía. Creo que es éste cuando más gente está de vacaciones, ¿no? Los que se han ido aún no han vuelto y los que no han podido irse tratan de arreglárselas para escapar al menos el puente de agosto. Así que no creo que haya nadie conectado al ordenador. No creo que me lea nadie, precisamente, este fin de semana, ¿o quizás sí? 

Hoy me he leído un libro que se titula El niño con el pijama de rayas. Lo escribe un irlandés llamado John Boyne, un tipo prácticamente calvo que sonríe a través de sus gafas de monturas al aire. Resulta evidente que ha bebido del inglés Mark Haddon, autor de El curioso incidente del perro a medianoche. De hecho, cuando he empezado a leer El niño con…, dudé sobre si no sería el mismo autor el que escribió ambos libros.  

El niño con el pijama de rayas es uno de esos libros que consiguen entremezclar lo realmente vivido y lo profundamente soñado, lo alegre y lo triste, lo bonito y lo espeluznante. Un cuento que ha sido, según parece, un éxito de ventas. Y me lo creo: es uno de esos libros que suele gustar a casi todo el mundo (subrayo el casi porque sé, por ejemplo, que a Almudena Grandes no le ha gustado nada), a pesar de que puede resultar poco creíble en algunos aspectos –la profunda amistad que llega a crearse entre los dos niños protagonistas no me la creo del todo, podría haberla construido su autor de forma más explícita- y de que se nota que el autor no ha tratado con niños de 9 años demasiado –son más inteligentes que Bruno en mi humilde opinión, bastante más, y yo no tengo un hijo de 9 años pero sí 5 sobrinas y un sobrino de todas las edades-.

Es un libro que sin duda le encantará a mi compañera de piso –una chica normal- pues sé que le enternecerá la tierna historia de Bruno, un niño que a sus 9 años (ya lo he dicho), es absolutamente incapaz de entender la historia en la que vive inmerso su país. Por más indicios que se le presentan, su inocencia aún le impide comprender la crueldad a la que puede llegar el ser humano. Y no cuento más. A mí me ha gustado y pienso que a vosotros también os gustará. Se lee en media tarde: además de ser fino y tener la letra grande, es de lectura fácil, el típico libro que uno puede leer rodeado de ruidos, o en época de exámenes, o incluso cuando una preocupación que ronda por la cabeza debilita la concentración.  

Y ahora… sobre mí  

Hace unos 9 días… 

-     ¿Qué te vas a Escocia mañana? No lo sabía. ¡QUÉ SUERTE TIENES! (habla Alfonso, consultor en Málaga, supramileurista trabajador de unas 12 horas diarias -eso sí, acumula casi dos meses de vacaciones al año y un mes de cursos en distintas ciudades-, 28 años, un hombre tranquilo que sólo necesita para ser feliz un actimel al despertarse, que la gente hable sin gritar y que le dejen tomar un café al día en la tranquilidad de una cafetería; siempre viene a Madrid por mi cumpleaños; le gusta bailar hasta las 5 de la mañana, no hasta más tarde porque se cansa; es el mayor fan de Harry Potter: los ha leído todos varias veces en inglés y en castellano; es muy generoso: me ha regalado toda la colección de Harry Potter en inglés; un chico bastante culto además, y uno de mis mejores amigos)

-          Suerte tú, que te vas a París.

-          Sólo 6 días. Oye, ¿puedo ir allí a visitarte?

-          ¿Hablas en serio?

 -          Y tanto. Recuerda que viví allí y que siempre he querido volver.

-          ¡Sería estupendo! Podemos ir a Edimburgo un fin de semana, o a las Highland, como tú quieras, podemos alquilar un coche y…

-          ¿Edimburgo? ¡Tú estás loco! ¡Pero si eso está lleno de españoles! Vamos a Glasgow. Que mola mucho más.

-          Genial. Yo también prefiero Glasgow cien mil veces.  ¿Me prometes que no te vas a arrepentir? Mira que ya sabes que me hago ilusiones y luego…

-          Te lo prometo.  

Una semana más tarde… 

SMS de Alfonso: “Lo siento, Curro, me he gastado en París una fortuna y ahora estoy arruinado. No puedo ir a verte. Pásalo bien. Nos vemos pronto. Alf” (traté de convencerle, pero fue imposible. Así que me voy mañana a primera hora a Glasgow yo solo. En el albergue -”hostel”- que he reservado hay internet, según internet, valga la redundancia. si así es me conectaré alguna vez a ver si hay alguien! Sea como sea, pasadlo bien. Hasta el lunes)