Nuria y el sexo
Septiembre 30, 2007
Puedo contar con orgullo profesional que he sido la primera persona (sin contar, obviamente, a su marido, a la editora, a algún amigo íntimo) en leer Sexualmente (editorial Espasa), el libro que Nuria Roca presenta ante los medios de comunicación, creo, el próximo cuatro de octubre. El otro día, mientras desayunábamos Nuria y yo en una cafetería del centro de Madrid, me preguntaba, extraordinariamente interesada, qué me había parecido. Cuando le respondí, siendo absolutamente sincero, que es ameno, muy, muy divertido, a veces tierno, y le dije además que creo que va a ser un éxito aceptable y que va a sorprender mucho a la gente, una expresión de gratitud y sosiego le dibujó el rostro a través de una tierna sonrisa. “Ha sido muy duro, ¿sabes? Yo he sufrido mucho porque, mientras escribes, ¿cómo tener la seguridad de que llegarás a la meta?”.
Antes, mucho antes, hará unos 15 años, era una jovencita estudiante de Arquitectura que buscaba dinero incluso debajo de las piedras para poder hacer realidad la ilusión de un viaje de fin de carrera. Así, fue a un concurso de la tele ya que “aunque perdieras, ganabas 50.000 pesetas como mínimo”, pero no perdió, al contrario, participó tres días, los suficientes para que un cazatalentos se fijara en su potencial comunicativo y le ofreciera hacer televisión y, por tanto, olvidarse de los complicados diseños de los edificios. Nuria aceptó el reto como si de un juego se tratara, y sólo comenzaría a tomárselo en serio años más tarde, cuando la cadena de programas por ella presentados era tan larga y variada (Informativos, Waku Waku, La selva de los famosos, UHF, Nada personal, Nos pierde la fama, Factor X…) que no le quedó otro remedio que aceptar la realidad de su auténtica profesión.
Pronto la veremos de nuevo en Cuatro, pero ahora va a reservar un tiempo considerable para la promoción “en cuerpo y alma” de Sexualmente, que sale a la venta muy pronto con la nada desdeñable cantidad de 14.000 ejemplares en la primera edición. Una apuesta editorial importante para un libro que, sin duda, dará mucho que hablar. Y es que la imagen que de Nuria tiene la mayoría de la gente (todos los que no la han escuchado en el Consultorio Seximental que tenía en el programa de radio de Pablo Motos, en M80) suele ser la de una presentadora algo mojigata, una chica cándida que ha roto muy pocos platos en su vida. Y nada más lejos de la realidad, pero ya se sabe que a veces los famosos no son como en realidad creemos, y desde luego Nuria lo va a demostrar, con creces, a todo el que desee leer su libro, una suerte de “anécdotas sexuales” contadas en primera persona, reales o imaginarias, entre las que se intercalan las opiniones siempre atrevidas sobre asuntos sexuales de la presentadora. Y así es como, en clave de humor, lo mismo habla de la incompatibilidad entre la convivencia y el deseo sexual (todos tenemos nuestras miserias y tarde o temprano quedan en evidencia al estar permanentemente bajo el mismo techo… el deterioro de una relación queda reflejado en cómo el hombre va variando su forma de hacer pis… la convivencia es la muerte del deseo) que de las diferencias existentes, según ella, entre el placer, el gusto y el gustito (el placer tiene que ver con el final de las cosas… para que algo te dé gusto, o gustito, no es necesario que haya un final especialmente brillante… El placer tiene una meta. El gusto, o gustito, es el camino. En el sexo matutino no hay que tener muchas expectativas… haces lo que poco a poco te vaya pidiendo el cuerpo a medida que se vaya poniendo a tono. Sin excentricidades, un misionero correcto, sin demasiada ostentación, sin orgasmos múltiples, ni fuegos artificiales, ni pasión desatada, ni falta que hace. A las ocho de la mañana no tienes el cuerpo para fiestas, así que yo lo único que busco es que me dé gusto, o gustito. Así paso el día mejor, más contenta y capaz de hacer más cosas), o de cómo de importante es el tamaño (Habitualmente a las mujeres los penes no terminan de gustarnos hasta que vamos teniendo experiencia y acabamos por acostumbrarnos a sus formas, texturas, colores, tamaños… Si tengo que ser sincera, a mí los penes pequeños no me gustan nada. Lo siento si alguien se siente dolido, pero el tamaño para mí sí tiene importancia), o de la virginidad (es como la muela del juicio, que no sirve para nada y en cuanto empieza a molestar hay que quitarla de inmediato para no volver a recordarla nunca más. La virginidad no es algo que se tiene; es algo que se padece), o de la fidelidad (es antinatural… Es cierto que al principio, cuando el enganche sexual es desorbitado, la fidelidad es algo inevitable… ¿Y luego? Pues te aguantas, porque nunca más a lo largo de toda tu vida volverás a sentir la piel de otro cuerpo rozándote, ni otros labios que te besan, ni otras manos que te tocan. Punto y final. Ya has estado con todas las personas que tenías que estar y no volverás a estar con ninguna otra. Que te enteres. Hasta el último día de tu vida. Nunca más. Se mire como se mire, la fidelidad es una putada).
¿Comprendéis ahora por qué aseguro que dará mucho que hablar? Y esto es sólo un mínimo adelanto de un libro que no pierde fuelle a lo largo de sus casi doscientas páginas. Ella misma explica en el último capítulo que, aunque algunas de las historias no hayan pasado y algún personaje sea inventado, todas las preguntas que te hayan surgido sobre mí mientras lo leías tienen como respuesta un SÍ. Y añade, por si aún quedara duda alguna: Quédate con lo que has leído en este libro, porque la que sale aquí soy yo. Así es como pienso y así es como soy.

Más tarde, le pregunté a Nuria si su marido, Juan, un hombre bastante atractivo que guarda un increíble parecido físico con Hugo Silva (“también me han dicho que me parezco a Imanol Arias, y a Javier Bardem, y a uno de los Estopa”), no se ha enfadado por alguna de las cosas que cuenta en el libro, pero me aseguró que no. “Qué va, se lo ha tomado con un gran sentido del humor”, me dijo, algo que me confirmó él mismo posteriormente, horas más tarde, cuando tuve la oportunidad de conocerle. Mucho más estilizada que hace unos meses, y aún muy bronceada por el sol del verano y de la playa (“siempre he conservado mucho el moreno”) viste con una camisa larga y unos vaqueros que esconden unos altísimos tacones. Cuida su imagen con infinidad de cosméticos (“Uso 6.500 cremas por lo menos, mascarillas, para el pecho, los brazos, la tripa… ¡me paso unos 20 minutos con cada parte del cuerpo! ¿Que si sirven para algo? Sí, claro, las cremas ayudan mucho”) y dos sesiones semanales de gimnasio (“me obligo a ir, aunque lo odie, porque los resultados se notan bastante”), y en su libro, con el que ha tratado de quitar trascendencia al sexo, cuenta en tono de humor toda suerte de “experiencias sexuales” que “no necesariamente” le han ocurrido a ella. Es una mujer cuya belleza, tan universal como la de un paisaje en el ocaso, refulge gracias a una simpatía natural. Como un don de Dios (o de la Diosa, o de la ciencia, o del Todo Único Creador).
vámonos de fiesta ///la increíble confesión de Sanchez Dragó a Ana Botella
Septiembre 28, 2007

Vamos de fiesta, que no todo va a ser leer libros, oiga. Os cuento dos en las que estuve la semana pasada. Las dos tuvieron lugar la misma noche, que comenzó de lo más literaria: fiesta Cosecha Eñe (Revista para leer que premia cada año un relato) en la azotea del Círculo de Bellas Artes. Vistas impresionantes, escritores por aquí (Luisgé Martín, Fernando Marías, Vicente Molina Foix…), escritoras por allá (Luisa Castro, Paula Cifuentes…), y una ganadora: la argentina Patricia Suárez, que estaba encantada con Madrid, con el premio y con el recibimiento: “Estoy un poco nerviosa, pues no esperaba encontrar tanta prensa, escritores famosos, este lugar tan bonito –aclaro al lector que desde lo alto del Bellas Artes se contemplan unas vistas imposibles al corazón de Madrid–, ni un recibimiento tan cálido”. Me contó Patricia además que, pese a que ella tiene más de 40 libros publicados, las cosas son bastante diferentes en Buenos Aires. “Allá, con los escritores, no sucede como aquí, en el sentido de que la fama no lleva aparejada una importante retribución económica. Hasta los más reconocidos tienen que trabajar en otras cosas para poder vivir; allá no existen casos como el de Arturo Pérez Reverte, por ejemplo”.

Quizá por ello es por lo que recibió la noticia del premio con cierta incredulidad: “¡Pensé que me llamaban para reclamarme una deuda!y luego que me querían vender algo, hasta que me dijeron que tenía que ir a España a recoger los 3.000 euros”. Seguro que ya intuís en qué gastará esta escritora el medio millón de las antiguas pesetas que se ha embolsado. Tras esta entrevista, avivada por la generosa barra libre con la que nos invitaron a los allí presentes, saludé afectuosamente a Luisgé Martín, escritor al que admiro muchísimo (si alguien no intuye el motivo de mi admiración, que lea, por favor, Los amores confiados, novela editada por Alfaguara). Luisgé, de quien lo único que no comprendo es que no le guste Capote, iba acompañado de su joven marido, con el que ha estado en Islandia este verano. Y sin poder presenciar la entrega de premios propiamente dicha, nos fuimos al Teatriz, un restaurante muy chic sito en el pijísimo barrio de Salamanca. Allí se celebraba Gala 30º Aniversario de Antonelli, firma de éxito de “joyas que visten”, según palabras de su propio creador. Y hasta tan conocido restaurante se acercaron multitud de caras conocidas.
El primero con el que hablé fue con Asdrúbal, quien ¡me llamó chismoso! y todo porque le pregunté educadamente: “¿Podrías responder con algo más de dos palabras?”. A lo que repuso: “Ya sabes cómo soy. Lo que pasa es que tú eres muy chismoso”. El caso es que me da a mí en la nariz que el ex de Bibiana Fernández, que llevaba los vaqueros más modernos que uno pueda imaginar, y unas muy fashion gafas de sol, y un reloj naranja chulísimo, se lo pasa pipa últimamente. Logré saber que ha estado en Venecia este verano. “Divino, muy bonito”, acertó a decir de la ciudad de los canales y de las góndolas. El cubano, que me cae bien, sonríe, pero no cuenta más de sus vacaciones. Le digo que me gusta mucho su reloj, y me contesta, pícaramente: “Ya te lo regalaré”. Me muestro escéptico.
Entonces fue cuando apareció Espido Freire, la escritora más joven de cuantas y cuantos se han embolsado los cientos de miles de euros del Premio Planeta. Espido, mujer de estupenda figura, ojos saltones que expresan sorpresa y pelo castaño muy cuidado que le cae hasta la cintura, lucía un corpiño rojo y una falda larga de jean La saludé con dos besos y luego me contó que está “agotada” porque acaba de entregar la segunda parte de Mileuristas (y le dije algo que ya apuntó por aquí Parcerito: el libro debió llamarse submileuristas, pues son muchos mis amigos los que no sobrepasan la deseada barrera de los mil euros mensuales), ensayo que reflexiona sobre los problemas laborales y económicos de los jóvenes de hoy. “Tres libros en un año es demasiado, la verdad, no puedo seguir a este ritmo”. Ya que la excusa de la fiesta eran las joyas, le pregunté si se considera una mujer de gustos caros. “Me gusta lo bello, todo lo que sea bonito, no necesariamente lo caro. Me interesa mucho más la forma, la originalidad, y el espíritu que hay debajo de las cosas. Si abres mi armario encuentras cosas caras, cosas de Zara, cosas de rastrillo, cosas que me han regalado algunos amigos diseñadores…”. Antes de que comenzara el acto en sí (presentado por la modelo Mireia Verdú), y antes del espectáculo de flamenco-fusión que ofreció la compañía Malucos-Danza
, disfrutamos de una cena a base de exquisitos canapés.
Fue cuando me encontré a Helen Lindes, que es imagen de la firma. La ex Miss España, sin novio en estos momentos, algo sosa en apariencia, nada creída a primera vista, tiene unos enormes y profundos ojos verdes con clara vocación hipnótica. Recién instalada en la capital, asegura que Madrid es la ciudad en la que mejor se vive. “En los últimos tiempos he estado trabajando en Nueva York, Londres, París, Milán, Sydney… y tan bien como aquí no me he sentido en ningún sitio”. Ahora quiere enfocar su carrera hacia la interpretación, como desean todas las modelos en realidad, y por eso se ha matriculado en Arte Dramático y en Publicidad. Le pregunté cuál era su facultad y me dijo: “Prefiero no decírtelo”. ¿Será el CEU? Y de guapa a guapa me crucé con Sonia Ferrer, presentadora del programa Gente, radiante recién casada con un prestigioso cirujano italiano de 41 años, Marco Vricella , “maravilloso en todos los aspectos”, dice con el brillo feliz de ojos de cualquier persona enamorada. Con él ha disfrutado este verano una larga luna de miel por las playas de Bora-Bora. Sin embargo, su apuesto esposo no estuvo en la fiesta del Teatriz. “Él huye de todo esto, no le gustan las cámaras, ni los saraos, ni nada que tenga que ver con todo esto”, me explicó la también actriz. Y fue cuando vi a lo lejos a Deborah Ombres, la drag queen más famosa, y me fui a charlar con ella. “Estoy haciendo cosas al margen de la tele, radio, sigo con el espectáculo del Gula Gula, voy a sacar un disco…”, me dijo, y es que, aunque yo aún no le había preguntado por la tele, “todo el mundo” le pregunta a cada minuto cuándo va a salir de nuevo por la pequeña pantalla.
–Pero dicen que la tele engancha.
–El que tiene mono de tele es por dinero. Como yo no tengo aspiraciones de comprarme una casa en la Moraleja ni nada de eso, y me conformo con el cubículo en el que vivo, pues no necesito la tele para nada.
Sea cierto o no, la verdad es que a esta ocurrente, a veces sarcástica y siempre provadora drag (”he estado de vacaciones en Berlín, y me ha encantado; mañana mismo me iría a vivir allí. Y sí, he estado allí con muchos hombres, recuerda que me llamo Deborah Ombresss, en plural, no en singular, ¿entiendes?”), se la echa de menos por los platós de televisión. Debajo del personaje se esconde Javier Díez, de 31 años, un hombre que vive en un modesto piso de La Latina y que goza del anonimato que, evidentemente, no tiene Deborah.
Por el restaurante también vagaron actrices como Paca Gabaldón (a la que volví a felicitar por su obra de teatro), Pilar Punzano o Inma Isla (Yo soy Bea), directores de cine como Juan Carlos Falcón o viejas glorias como Paquita Rico o María Rosa. La verdad es que fue un sarao bastante divertido.
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añadido del viernes por la tarde: la increíble confesión de Sánchez Dragó a Ana Botella
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la divertida anécdota de ayer por la noche
Shhh!: “Qué cartera más chula Curro!”
Curro: “Sí, me la regaló Alfonso por mi cumple. Es de Dolce&Gabbana”
Shhh!: “Pero… si eso no es una ‘D’… es una ‘P’, Curro!!
Curro: “Ay, coño! Que es de Purificación García, es verdad!!!
(para que veáis lo que me interesa la moda en general y las marcas en particular!)
gabinetes de crisis
Septiembre 27, 2007
Ayer una persona –me da a mí que es mujer, pero no estoy seguro- dejó un comentario en este blog por primera vez. Se hace llamar Milena, tiene un problema y decía sufrir de nervios, por eso se tomó un poleo de menta con una amiga, mientras entre las dos trataban de buscar soluciones. Lo que aquí contó me pareció muy bonito, y al ser uno de los últimos comentarios del día, posiblemente mucho@s de vosotr@s no habéis podido leerlo. Permitidme pues que lo reproduzca ahora en grande en el post de hoy. Milena nos explicó lo siguiente:
“En la vida hay momentos en que tienes que decidir entre dos caminos a seguir.
Puede ser que no te des cuenta del momento exacto en el que con una decisión u otra estás condicionado el resto de tu vida.
Yo hoy he decidido entre dos caminos concretos en mi vida. Esta mañana.
Tales decisiones requieren un gabinete de crisis.
Mi gabinete de crisis hoy ha estado formado por una de mis mejores amigas y por mí. Nos acompañó un descafeinado (después me enteré que ella ya venía de gabinetes de crisis anteriores y que era su tercer café) y yo un inofensivo poleo menta porque ya eran bastante los nervios.
Puntos del día: Mi problema. Mi decisión ya tomada para resolver semejante problema. Su parecer.
Terminado tan importante debate ha llegado su recomendación final y fulminante para salir de momentos críticos: “Tienes que leer LA LADRONA DE LIBROS”.
Ella la tenía recién comprada y estaba deseando leerla. ¿Por qué?
Y ahí es donde entráis vosotros. Y esta página magnífica a la que acudiré más de una vez. Gracias”
No sabemos cuál era el problema de Milena, ni cuál fue su decisión, ni quién es ni dónde vive o a qué se dedica, pero ¿qué importa? Al fin y al cabo, es ésta y no otra la magia de Internet. Desde aquí le agradezco enormemente su anónimo comentario y la animo a que nos siga contando sus cosas cuando le apetezca.
Dicho lo cual supongo que ya más de una y más de dos sabréis que Público agotó ayer todas las existencias habidas y por haber. Además de que regalaban la fantástica película de Fernando León Los lunes al sol (ojo, hoy regalan Fahrenheit 9/11, de Michael Moore, y hay quien habla muy bien de este documental), y de que sólo cuesta 50 céntimos, era algo muy novedoso, por lo que a las diez de la mañana ya costaba encontrarlos. Una amiga (con la que también montamos un “gabinete de crisis” a eso de las doce de la mañana, en una cafetería de Sol, lo que me ha llevado a preguntarme ¿cuántos gabinetes de crisis habría en España a esa misma hora?) me dijo “es como el 20 minutos pero en grande”. Sea o no sea, lo que sí es verdad es que me gustó mucho y que el timón lo dirige alguien muy inteligente (Nacho Escolar, que planteó en su primera opinión impresa la pregunta ¿es posible acabar con ETA cuando basta la determinación y el odio de un solo hombre para romper un delicado proceso de paz que tantos equilibrios había costado poner en marcha?) y que los colaboradores son buenos y me gustan: Gran Wyoming, Enrique Meneses, Lorenzo Silva, Labordeta, Javier Ortiz, Espido Freire, Manolo Saco, Javier Sádaba, Magda Bandera…
Me alegro por ellos, y me alegro también de haber visto entre las fotos de la plantilla del periódico la de Miguel Ángel Rubio, un tipo brillantísimo al que conocí años ha en un curso gratuito de la comunidad de Madrid en el que nos enseñaron a hacer radio. En el letrerito que puede leerse junto a su foto pone “responsable de cultura y editor audiovisual”, y de aspecto está tal cual era cuando le conocí, con sus gafas, su barba cuidadísima, su sempiterna sonrisa (de verdad, siempre estaba riendo), sus zapatillas de deporte, su camiseta y sus vaqueros gastados. No era íntimo amigo mío, ni mucho menos, pero nuestro trato era correcto y sincero. Digamos que nos llevábamos bien. Y que yo le admiraba secretamente. Porque era uno de los que mejor locutaba, por sus ideas, geniales y ocurrentes siempre, porque era muy válido. Hacía además unos guiones fantásticos. Un día, una de esas noches en las que nos encontrábamos todos los estudiantes del curso para tomar algo, finalmente quedamos tomando cervezas hasta las tantas Miguel Angel, Lola y yo.
Charlamos de muchas cosas, de la vida, del futuro, de los jóvenes y nuestros problemas, de nuestras inquietudes o nuestras ambiciones. Recuerdo que Miguel Ángel, como nosotros, tenía miedo al paro forzoso, a no encontrar trabajo y, por tanto, verse obligado a abandonar Madrid y regresar a Asturias. Hoy Miguel Ángel está dentro de un periódico puntero, y yo me alegro mucho por él, como cada vez que conozco la noticia de que algún antiguo compañero o compañera periodista ha encontrado un hueco en algún medio.
Feliz jueves.
público
Septiembre 26, 2007
Cuando a Marcel Proust le preguntaron cuál era su idea de la felicidad, respondió: “Vivir cerca de todos aquellos que amo, con los encantos de la naturaleza, una cantidad de libros y partituras y, no lejos, un teatro francés”. Cuando yo le pregunté exactamente lo mismo a Zusak Markus, un joven escritor australiano de 32 años, un hombre tranquilo, verdaderamente encantador y enormemente satisfecho, orgulloso incluso, de sí mismo y del libro que ha escrito (La ladrona de libros), me aseguró que él, para ser feliz, necesitaba algo así como (cito de memoria, aún no he trascrito la entrevista) vivir cerca del mar, tener tiempo para escribir sin ser interrumpido, estar cerca de su mujer y de su hija. “Entonces, eres una persona feliz”, le dije acto seguido, puesto que me acababa de contar, causándome gran sorpresa, que vive en Sidney muy cerca de la playa (le encanta hacer surf), que tiene una niña de un año y que está casado. Hoy se va a Barcelona a continuar con la promoción del libro (“no entiendo a otros escritores que se quejan cuando van de promoción, yo estoy encantado, me pagan todo, me sacan incluso los billetes de avión, me llevan de aquí para allá…”) y cuenta que ha estado tres años escribiendo La ladrona… Ha hecho un buen trabajo, una novela excepcional, muy bonita y muy triste (quizás la combinación entre la crueldad y la belleza sea uno de los ejes conductores del libro), y él lo sabe perfectamente, se ha dado cuenta, y por eso está tan contento.
Estuvimos hablando durante una hora en el Hotel de las Letras, sito en la Gran Vía, y antes de que apareciera Markus, me encontré al periodista de El País Juan Cruz que estaba, asimismo, haciendo una entrevista a un hombre que yo no conocía. Se me quedó mirando, o a mí me pareció que me miraba, como si me conociera, pero eso era imposible, pues ya se sabe que en todo caso yo le podía conocer a él (de haberlo visto alguna vez en la tele, o en una foto, etcétera) y, por tanto, cabía la posibilidad de que yo le mirara, pero no al revés. El caso es que fui a saludarle, como si le conociera, y él fue muy amable y se comportó como si también me conociera. Le expliqué lo sensacional que me había parecido el libro de Markus y que me disponía a entrevistarle, que le estaba esperando. Y él me dijo: “Sí, ya me han hablado muy bien de ese libro”. Pues eso, Juan Cruz, un tipo que llena las páginas de El País de letras –escribe mucho y en muchas secciones-, el mismo que firmó la entrevista a Javier Marías el pasado domingo en el EP[S]. Es un buen periodista, en mi opinión, y no sé si un buen escritor porque no he leído ninguna de sus novelas. En mi modesta opinión, eso sí, la entrevista a Marías del pasado domingo fue un exceso. Y lo fue porque Marías quedaba encumbrado a un genio de la literatura, una especie de escritor milagro de los que ya no existen. Y no creo que tenga edad ni obra, todavía, como para ser considerado un genio tan alto. Y además me parece un exceso que a un colaborador (ya sabéis que Marías tiene reservada con celo, cada domingo, la última página de El País Semanal) lo lleven a portada y lo promocionen de esa manera. En otro orden de cosas….
Una obra de teatro horrenda, homófoba y muy aburrida (los esfuerzos por reírse quedaban frustrados incluso entre los amigos de los actores que la protagonizaban) titulada “Al salir del armario” (¡si alguien ha visto la película del creador de La cena de los idiotas que se manifieste!) me impidió ir, al elegirla como opción de la noche de ayer, a la fiesta de presentación del nuevo periódico que, si no estoy mal informado, sale hoy a la calle con el precio de 50 céntimos. La fiesta, que tuvo que ser un fiestón, fue en el Telefónica Arena, un recinto enooorme en el que se hacen las mejores celebraciones de Madrid (la del día 1 de enero, por ejemplo). Se llama Público, lo dirige Nacho Escolar (un hombre bastante brillante de poco más de 30 años que es hijo de Ignacio Escolar, director del 20 minutos) y sobre él se han dicho toda clase de rumores: desde que es un periódico pagado por el PSOE para que le haga campaña hasta que se estaba nutriendo de un plantilla de redactores llena de submileuristas. A mí me parece una aventura increíble la salida de un nuevo periódico, y desde luego yo sí lo voy a comprar. Ya iremos hablando más cosas de este periódico de vocación marcadamente progresista, pero se me está haciendo muy tarde y quiero contaros…
que ayer me hicieron ¡una entrevista y unas cuantas fotos! En realidad es para un reportaje sobre jóvenes y vivienda, que saldrá publicado en la revista Tiempo. Ya os avisaré cuando salga, porque ayer cerraban pero no me ha quedado claro cuando sale. El caso es que fue gracioso, porque el fotógrafo se puso a hacerme fotos en la Gran Vía y la gente miraba, como preguntándose ¿”quién coño es éste y por qué le hacen tantas fotos”?
Buenos días a tod@s, un saludo afectuoso, y, aunque ayer no pudiera responder a nadie porque llegué pasadas las 00h a mi casa, os aseguró que agradecí mucho todos y cada unos de vuestros sin duda generosos comentarios. Me voy, no sin antes compartir con vosotr@s la dedicatoria de Markus, por si a alguien le gusta leerla.

P.S. AH! YA LO ÚLTIMO. ¿Recordáis el post de más abajo titulado Un idealista irreductible? Sí, sí, el que dedicaba a Pepe Ribas, autor de Ajoblanco y libertad, el que fue un joven arriesgado que en los 70 fundó y creó la revista Ajoblanco… Pues Pepe, el autor del libro, dejó ayer un comentario en el citado post. Por si alguien quiere leerlo. Gracias a ti, Pepe
El poder de las palabras
Septiembre 25, 2007
a menudo deseo que todo esto acabe, Liesel, pero entonces, no sé cómo, haces algo como bajar al sótano con un muñeco de nieve
Hoy me siento el periodista más afortunado del mundo. Ayer pasé toda la tarde, desde las dos hasta las diez, con un libro, un cuaderno, un boli y un subrayador naranja. Primero, hasta las seis, en un banco del parque, después en otro de la calle Princesa y, más tarde, cuando pasadas las ocho se iba definitivamente la luz del sol de este incipiente otoño, me acomodé en uno del metro más cercano. Esta tarde tengo contratada una entrevista con Markus Zusak, un australiano de talento que goza de una sensibilidad generosa, un joven de poco más de treinta años que ha escrito la novela más emocionante de cuantas he leído en el último año. Lo es tanto, que a veces, imbuido de la intensidad de las palabras, tenía que interrumpir la lectura para poder respirar. Zusak, al que conoceré hoy y al que seguramente le preguntaré “¿puede usted contarme cómo le ha salido desde dentro una historia tan triste repleta de pequeñas historias tan bonitas?”, está en Madrid promocionando La ladrona de libros (Lumen), un cuento de más de 500 páginas verdaderamente conmovedor. Una recomendación segura, un éxito inevitable. El niño del pijama de rayas es un chiste malo al lado de esta obra impresionante que engancha irremediablemente desde la primera página en la que La Muerte, que es la narradora –una Muerte cercana, amiga, que teme incluso a la Vida- se presenta y comienza a contarnos la historia, la de una niña alemana (“un pálido saco de huesos de pelo rubio y ojos castaño oscuro, la ladrona de libros que da título a la obra) cuyas pesadillas, provocadas por la muerte de su hermanito casi en los propios brazos, sólo irá disminuyendo bajo la música del acordeón –un acordeón que esconde secretos imposibles de contar ahora- de su padre adoptivo, el hombre de gran corazón (si vives en la Alemania nazi y un judío te salva la vida, probablemente la experiencia te haga mejor persona), y por los sueños compartidos con un joven y agradecido judío al que esconden en el sótano de su casa bajo la dictadura nazi, un hombre muerto de miedo que saca fuerzas de flaqueza para hacerle algún regalo de cumpleaños a la pequeña. Primero le escribe un cuento con dibujos que habla de él, bastante cortito (más tarde, le escribirá otro, el definitivo), y lo escribe sobre unas páginas arrancadas, previamente blanqueadas con pintura y convenientemente secadas, de un ejemplar de Mein Kampf, el libro que escribió Hitler y que, paradójicamente, es el único que tiene en sus manos. Ahora soy yo quien os regalo la primera página del cuento que a su vez Max regaló a Liesen en la imaginación de Markus Zusak, y os animo vivamente a que vayáis a la librería y compréis La ladrona de libros (confiad en mí y me lo agradeceréis). No he contado nada de la historia y, al mismo tiempo, he contado mucho porque, a veces, muchas palabras son demasiadas e innecesarias.
P.S: Ah! lo olvidaba! Hace años, cuando no tenía dinero, yo, como la ladrona de libros, también he robado algunos. Eso sí, siempre en grandes almacenes.
sábado por la noche
Septiembre 22, 2007
En un ratito -25, 30 minutos- me voy a la Fnac porque, con motivo de la Noche en Blanco, hemos organizado un coloquio sobre multiculturalismo e integración del inmigrante en Madrid. Una mesa en la que un actor marroquí llamado Hicham Malayo –protagonizó la muy recomendable película Sud Express-, un intelectual marroquí llamado Abdelhamid –es el fundador de Atime- y otro hombre llamado Antumi (ignoro su nacionalidad, lo siento) acompañarán a mi adorada Lucía Etxebarria en el transcurso de una charla amable e interactiva. Será, como sabéis, a las nueve y media de la noche. Algo más tarde, a las once, iremos (mínimo Shhhh y yo, aunque supongo que se apuntará alguien más) a disfrutar del concierto que el joven cantautor Víctor Algora (recordad que le dediqué un post) ofrece en el espacio escénico DT, sito en la calle Reina (metro Gran Vía). Y luego… ¿cómo saber dónde iremos luego? Eso sí, os digo desde ya que la Noche en Blanco del año pasado fue bastante caótica: largas colas en todos los museos, escuchar jazz en el Bellas Artes era misión cuasi imposible, la gente esperaba desesperada horas y horas para ver ¡el Banco de España por dentro!, en la terraza de la Casa de América te clavaban una pasta por una simple caña y la calle Fuencarral, que hoy está repleta de barras y de ánimo jubiloso, la descubrimos cuando ya estaba todo cerrado y sólo quedaba gente muy pero que muy borracha y miles de vasos de plástico tirados por el suelo. Como novedad de este año informo de que todos los pubs y discotecas están abiertos hasta las siete de la mañana… ¿significa eso que tomar copas, ligar y bailar se considera ya como parte de la cultura española? Vivan los vasos comunicantes. Eso sí, no seré yo el que los cierre: mañana no sólo tengo mucho trabajo sino que es la fiesta de cumpleaños de Allegrita, una niña monísima que acaba de cumplir cuatro añitos.
Y en otro orden de cosas…
Ayer estuvimos en el Libertad 8, un emblemático café que ofrece al público madrileño la posibilidad de disfrutar de conciertos, cuentacuentos y muchas cosas más, donde tuvo lugar la presentación de una autobiografía muy recomendable: Adolescencia en Barcelona hacia 1970, de Laura Freixas. Cuando hablo de mí, hablo de ti, decía Víctor Hugo, y algo así ocurre con el libro de Freixas, en el que, aunque cuenta su historia, pretende reflexionar sobre nuestra historia o, al menos, sobre la de una generación que vivió otras circunstancias más adversas quizás, diferentes seguro, a las que vivimos hoy. Leyendo libros como el de Laura, que se lee de un tirón, y de forma amena, divertida, que se quiten todos los de los sesudos historiadores o los fascículos coleccionables que a partir de mañana ofrece El País y que, para qué negarlo, pocas veces los leemos. Laura, que escribe maravillosamente, explica cómo era el pequeño mundo gris, cerrado y sin horizontes en el que vivía en Barcelona para así hacer la radiografía de una época, y vuelca en el texto sus pensamientos, análisis personalísimos de la situación de la mujer en los 70, del movimiento obrero, de la alta burguesía catalana, de la literatura, del franquismo, de su entorno familiar, universitario…
Dice Laura que lo que más echa de menos de aquella época, de los 70, es la complicidad entre los desconocidos, y no me extraña. ¿Cómo puede haberse perdido algo tan importante? Hoy en día la gente sólo confía (y es un decir) en su pareja o en su familia, en algún amigo íntimo a lo sumo, pero en nadie más. Las miradas cómplices no se entienden, están prácticamente perdidas (sirven, en todo caso, para ligar en la oscuridad de una discoteca). Y esto por no mencionar la amabilidad de los extraños en la que confiaba la Blanche Dubois de Un tranvía llamado deseo.
Contaba ayer Laura que con una autobiografía no cuentas tu vida, sino que la creas, y puede que tenga razón, pues ya se sabe que muchas veces, hasta que uno no se analiza demasiado (y escribir es una forma de autoanalizarse) no llegamos a conocer ciertas parcelas de nuestra vida, algunos pensamientos íntimos y auténticos que duermen escondidos en algún lugar de nosotros mismos: nuestra verdadera identidad, en suma. Cerró la charla Laura Freixas asegurando que ya, al fin, y después de tantos años, había descubierto la suya. “Por fin me siento en mi casa. He descubierto mi identidad y mi habitat”, aseguró, y luego nos invitó a tomar una copa y unas tapas en su casa, un piso envidiable sito en un quinto del mismito corazón del madrileño barrio de Chueca.
Por eso, porque Laura ahora está a gusto consigo misma, porque ha encontrado su identidad, no comparte ya tanto aquella opinión de Proust de que la vida verdadera, la vida entendida por fin, la vida plenamente vivida, es la literatura. “Creo que es una opinión que se tiene cuando una/o no está viviendo plenamente, como era mi caso hace unos años (antes de dar un giro a mi vida) y era el caso de Proust en los últimos años de su vida, cuando se encerró en su casa, enfermo, para escribir”, me ha explicado Laura.
Me ducho y me voy, pues antes de la Fnac he quedado para tomar una cervecita con mi amigo Paco, los dos solos, para contarnos nuestras cosas más privadas de la semana, y así abandono definitivamente por hoy este ordenador que me tiene harto, en el que llevo tecleando todo el día. Pero antes vuelvo a recomendaros este libro que publica la editorial Destino y, asimismo, os dejo unos extractos (dios mío, ¿está bien utilizada la palabra extracto en este caso?) de Adolescencia en Barcelona hacia 1970.
El miedo de la mujer. “Se nos inculcaba el miedo a todo. No eran sólo los sensatos consejos de no hablar con desconocidos, no aceptar caramelos en los parques, evitar calles oscuras; era algo más, algo que iba mucho más allá del sentido común y la prudencia. Era un principio general, que confirmaban –al modo de esas “profecías que se autocumplen”- las mujeres adultas que veíamos a nuestro alrededor y en las que buscábamos nuestro futuro retrato: mujeres comodonas, apocadas, que vivían la feminidad como una minusvalía. Era aquello un sonsonete a veces explícito, otras tácito, presente siempre, una voz incansable susurrando: las mujeres no pueden; las mujeres no saben; las mujeres tienen las de perder; las mujeres necesitan el amparo de un hombre… Si dabas un paseo sola te podían violar, o al menos atracar (un hombre puede defenderse); si perdías la virginidad, nadie se querría casar contigo; si intentabas ganar dinero lo más probable era que terminaras arruinándote (a una mujer todo el mundo la engaña); si te separabas, te quedabas sin vida social (a una mujer sola nadie la invita), sin un duro (los hombres no pagan las pensiones), sin ayuda con los niños (los hombres se desentienden) y sola para toda la vida; si ibas en coche te podían dar un mal tanto (un hombre conduce con más seguridad), y lo mismo si ibas en barco, en bicicleta, en globo, a pie o en patinete (mejor no ir). Conclusión: había que agenciarse a un hombre, como fuera. Y por si lo dudábamos, ahí estaban, como espantapájaros, lúgubres, desvaídas, desairadas, las solteronas”
El descubrimiento de la libertad
comenzamos a recorrer Europa en Interrail, fumar porros, tener un amante sueco o marroquí, conseguir becas, escribir libros, lanzarnos en paracaídas, dormir a la luz de la luna, bajo una higuera, en una isla del Dodecaneso, ir la teatro, hacer un doctorado en Oxford, visitar museos, parques de atracciones, playas nudistas, la ópera de Sydney, hacernos amigos lituanos, portugueses, congoleños, dar conferencias en Estados Unidos, comprarnos un palacio en ruinas en un pueblo perdido de Soria, acampar en el desierto y ganar premios. Entre otras cosas. Tan inesperada era nuestra libertad, tan nueva, tan soñada, que la euforia que nos produjo el disfrutarla todavía nos dura”
Nuestras abuelas lo tenían peor
Hace setenta años, cuando no había guarderías (mi abuela iba a la compra con el niño de la mano y la niña en brazos, y subía luego los cinco pisos con los dos niños más la cesta llena), ni pañales de usar y tirar, ni fregona con palo (se fregaba el suelo de rodillas), ni lavadora: una vez que estando mi abuela hospitalizada, mi madre llevó las sábanas a lavar a máquina en una lavandería, mi abuela, cuando volvió, declaró que aquello era una guarrada y las lavó otra vez a mano, como entonces se hacía: poniéndolas a remojo en el lavadero y frotándolas luego enérgicamente con una pastilla de jabón.
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Breve añadido del domingo: recomiendo vivamente la lectura de El lunes no llegaba nunca, un reportaje sobre el director de cine Manuel Toledano (su vida, sus proyectos inconclusos, su triste final a los 32 años, su familia, su pareja…) que firma Rafael Ruiz hoy en El País Semanal EP[S]. Emocionante, maravillosamente escrito, completísimo, cuidado al máximo, triste. Desde aquí, ahora en público, mi más sincera enhorabuena a su autor, por el tierno homenaje esperanzado que ha regalado al director de Cuernos de Espuma y a la gente que lo quería.
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He desayunado este lunes con una carta muy bonita de mi amiga S., a la que llevo más de un año sin ver y a la que tengo gran estima. Comparto con vosotr@s la parte que se puede compartir. Me parece alucinante que según quién se siga acordando de mí después de tantos años. No tendré pareja, pero tengo amig@s de verdad. Feliz lunes.
Supuse que mi postal estaría al llegarte, y me pareció una coincidencia maravillosa que la recogieses al poco rato. Es chulo, ¿eh?
Pues he estado tres semanas con mi amor en Frankfurt, Kassel y Berlín, de las ciudades alemanas. Luego Praga. Después Budapest. De ahí a Viena. De Viena a Amsterdam y luego vuelta a Frankfurt para coger el avión de vuelta.Así que he visitado cinco países distintos, a mi ritmo. Perdiéndome por calles con nombres impronunciables o desconocidos y practicando algo los idiomas de la escuela. Las visitas a museos han abundado. Ver a Klimt en vivo y en su Viena natal me resultó excitante. He podido disfrutar de baños termales al lado del Danubio, cuando estuve en Budapest. He navegado en barco por los ríos que erosionan media europa y, en suma, he gozado. De un país a otro nos hemos movido con el Interrail. Y el viaje, que era mitad mochilero mitad romanticón -quiero decir que lo mismo comía un día un bocata sisado del bufet del desayuno, que dormía en un hotelito mejor que bueno, que me tocaba en una pensión cutre al máximo- el viaje se ha llevado la mitad de mis ahorrillos. Por ello, y porque no hay otra, mañana vuelvo a trabajar y no me apasiona. Pero es el precio que debo pagar.
Man at his best
Septiembre 20, 2007
Se dice, se rumorea, se comenta que las elecciones generales tendrán lugar el día dos de marzo o el nueve de este mismo mes, y algunas lenguas autorizadas –por su contacto directo con los políticos y por su ingente experiencia en estos asuntos- hacen sus apuestas por el día nueve (sí, el nueve, porque hace mejor tiempo y porque así Zapatero agota la legislatura al máximo, y no importa que sea un día después de Internacional de la Mujer Trabajadora). Sea un día, sea otro, lo que está claro es que a fecha de hoy no se sabe quién va a ganar. La gracia es que yo, hasta hoy, no me había parado a pensar que ¡igual gana el PP! Y ha sido cuando una amiga periodista, bastante inteligente, me ha dicho “Curro, que gane el PSOE no está nada claro, ¿eh?”
Me contaba hace dos días otra periodista a la que conocí por accidente, una chica muy divertida que trabaja “en el PP, qué pasa” (como ella misma me dijo, riendo, eso sí) que Rajoy es bastante de centro. Loco me quedé con semejante aseveración y fue cuando repuse: ¡Anda ya! Y me lo aseguró: “No tiene nada que ver con Zaplana ni Aceves, te lo digo yo. Créeme”. En cualquier caso, el ambiente está bastante enrarecido: ¿Habéis visto las dos últimas portadas de El País? Hay quien asegura que el principal periódico progresista le ha declarado la guerra a Zapatero. ¡Qué fuerte me parece! Lo confieso: estoy muerto de miedo. Habrá que esperar…
Y mientras tanto… hablemos de teatro

¿Recuerdan aquella durísima, sobrecogedora película, obra maestra del cine negro, titulada ¿Qué fue de Baby Jane? Pues ya tiene adaptación teatral (Tras las huellas de Bette Davis) y, tras unos meses por provincias, ha llegado al Muñoz Seca de Madrid. Charlotte y Aline son dos hermanas que conviven en una vieja y desvencijada mansión, donde se martirizan mutuamente porque se odian, se envidian, se detestan. Es la misma historia que cuenta la película, pero planteada de forma paralela al propio filme. Una obra que trata de demostrar que ni siquiera el bien y el mal son blanco y negro, que siempre existe una infinita escala de grises, un escondite para la sorpresa. A sus dos protagonistas les dan vida Nati Mistral y Paca Gabaldón.

Natividad Macho, que así se apellidaba Nati antes de robarle el pseudónimo a la Nobel de Literatura Gabriela Mistral (”me lo cambié porque las bromitas hubieran sido frecuentes”), es una de esas grandes indiscutibles de los escenarios y, evidentemente, hoy vuelve a estar soberbia. Si no fuera tan f**** (censurado) ¡sería estupenda! Cuenta que se lleva fatal con las nuevas tecnologías –no tiene teléfono móvil- y que no tiene miedo a la muerte pero sí a cómo morir. Viuda y sin hijos “porque Dios no me los quiso dar”, dice sentirse “sola”.
–A los 78 años, ¿aún sigue existiendo la ilusión por ser actriz? –le pregunté cuando, terminada la representación, y una vez sus amigos la habían felicitado, tuve ocasión de hablar con ella. (Inciso: había cubriendo el estreno cuatro personas de agencias. Charlé con una de ellas, una jovencísima chica con gafas, cámara de profesión; pues bien, la chica, que tuvo que estar con su compañera esperando dos horas a que terminara la obra para luego esperar a que Nati se cambiara y saludara a sus amigos para luego entrevistarla, me contó que era ¡becaria! os prometo que me pareció demasiado grave que una ¡becaria! que, según me contó, lleva 15 días trabajando en Europa Press, salga con la cámara sola junto a una redactora también ¡becaria1 Jamás se ha visto nada parecido en Efe, o Telecinco (hay muchos redactores-becarios, pero no cámaras, por lo que al menos no van becario + becario. Es el colmo de la explotación, oiga, porque además, no sé si lo sabéis, en Europa Press es de los sitios que menos pagan a los becarios. Me enfadé muchísimo. Pensad que eran casi la 1 de la mañana y que, desde luego, eso no creo que sea legal ni mucho menos).
–¡Por supuesto!, la ilusión es lo último que debe perderse, sin ilusión no puedo hacer nada, mucho menos actuar. Eso si, a mi edad, termino muerta. Estoy de pie todo el santo día, con lo doloroso que es eso. Ahora lo único que hago es dormir, dormir mucho para luego venir a trabajar descansada. No me da tiempo para nada más. Fíjate, estoy como si acabara de salir de una ducha, pero bueno, muy contenta de que ya, digamos, hayamos parido.
No había visto nunca actuar en directo a Nati Mistral y, lo reconozco, quedé impresionado. No sólo por Nati, que lleva 50 años subiéndose a los escenarios con la fuerza del que ama su oficio por encima de todo (”es una profesión muy sacrificada. El actor tiene que dejar todo por su trabajo, incluyendo a la familia: Hay mucha soledad”), sino también por Paca Gabaldón, una mujer de voz ronca y penetrante que, probablemente, muchos de ustedes recordarán por su papel en ese culebrón interminable de emitía hace unos años Telecinco, llamado El Súper. “Lo que más destacaría de Charlotte Duvalier es la hipocresía que hay en ella, se pasa mintiendo todo el rato hasta que se desenmascara en el minuto final”, me contó Paca sobre su personaje, y luego se quejó de la acogida que había tenido la obra por parte del público del estreno: “Ya llevamos cinco días representando ante gente normal, que compra su entrada en taquilla, y he de decir que hemos recibido mucho más calor que esta noche”. La actriz, al hacer de parapléjica y tener que arrastrarse por el suelo durante la actuación, está acumulando mucha tensión en los hombros y en las cervicales, por lo que acude a sesiones de fisioterapia para recuperarse. “Nunca pensé que podría agotarme tanto”.
Al Muñoz Seca acudió Rupert, el impresentable peluquero de los shows televisivos (amén del peor peinado de cuantos se recuerdan), y contó que, ojo al dato, Rocío Jurado le habla en sueños y, así, le ha pedido desde el cielo que vaya a la procesión de la Virgen de Regla. “He tenido varios sueños con ella, y le pido a la gente que cuando tenga algún problema le pidan una solución a Rocío Jurado poniéndole unas rosas blancas, que eran sus preferidas”. No me quedó otro remedio, como comprenderán, que pasar de él, y así fue como tropecé con una actriz muy simpática: Ángeles Martín.
¿Recuerdan a esta chica que presentaba hace algunos años un programa concurso llamado Sin vergüenza? ¡Esa! Cuando le pregunté por el trabajo descubrí que está enfadadísima, y con razón me parece a mí: “Tenía un proyecto en teatro maravilloso, Las maestras se llamaba la obra, de Miguel Murillo, con el productor Salvador Collado, y, cuando faltaban quince días para los ensayos, que ya me sabía el texto y todo, va y me dice que no se hace, que no hay subvención y que, por tanto, no hay obra; así de jodida es nuestra profesión. Me han salido sarpullidos, calenturas, de todo –dice medio en broma, medio en serio-, piensa que he dicho que no por esta obra a cuatro proyectos, cuatro, y ahora, pues eso, que no se hace. Pero, claro, a mí nadie me había avisado de que dependíamos de una subvención, y me lo podían haber dicho para que yo decidiera si arriesgar o no, ¿no crees? Pero bueno, tengo otro proyecto, una película muy bonita en al que interpreto a la dueña de un bar, una mujer muy controladora, que es lo que me gusta a mí, controlar, por eso soy actriz”, me cuenta Ángeles Martín, y de vez en cuando interrumpe la frase para echarse a reír, tan buen sentido del humor tiene esta chica.
Otros rostros conocidos que no dudaron en apoyar a su amiga Nati Mistral fueron el actor Paco Valladares -, la actriz Encarnita Polo, la bailarina María Rosa, Marili Coll o periodistas del corazón como Josemi o Jesús Mariñas. Teatro del bueno, MUY recomendable para todo el que sepa disfrutarlo. P.S. Sil_, a ti, que sé que te gusta el teatro: no te la pierdas.
Y en otro orden de cosas: hoy ha tenido lugar la presentación a la prensa y, por tanto, al mundo, de la revista Esquire, versión española. Una ola de satisfacción y alegría me invade siempre que nace una revista o un periódico, o una nueva televisión, etcétera. Para mí es una buena noticia, y por eso lo cuento. Además, la declaración de intenciones está muy bien. Dice Andrés Rodríguez, director y editor de la publicación, que “los hombres y mujeres que trabajamos en Esquire creemos en una revista de cintura para arriba” y es que “la mayoría de las revistas masculinas en España se piensan casi exclusivamente bajo dos parámetros: sexo y consumo”. Smart (elegante), ironic (irónica) e irrevent (irreverente), son las señas de identidad de esta versión española de la emblemática revista norteamericana. Se presume que es una revista dirigida a los hombres, pero yo pienso que no es verdad: la he estado leyendo y no encuentro el porqué de semejante afirmación. ¡Qué tontería! Eso es como lo de que los programas del corazón sólo lo ven las mujeres, marujas para más señas. Ya…
Y a este respecto declara Icíar Bollaín dentro de la revista lo que sigue: “El hombre es tan cotilla como las marujas, pero más disimulado. Es más, creo que el estereotipo de la mujer cotilla es un mito”. “Tenemos motivos para sentirnos superiores: parimos, enfermamos menos… y muchas heroicidades más”
Destacar el reportaje de Woody Allen, cineasta que se autodefine como “un ejemplar bastante raro”, un trabajo muy, muy completo, en el que el periodista que lo firma, un tipo con grandes gafas pasadas de moda y melenita, que responde al nombre de Javier Ocaña, trata de responder a la siguiente pregunta: “¿Cómo un director de cine de inmensas minorías, nunca de mayorías, pasa a convertirse en un personaje famoso y reconocido incluso por el más perdido de los españoles, informativamente hablando?”, y la responde muy bien.
También hay un reportaje bastante trabajado de José Angel Mañas sobre el escritor nipón Haruki Murakami.
Y no os aburro más. Mañana os contaré sobre el estreno de la película de Antonio Mercero, que tiene lugar en la Gran Vía en, exactamente, una horita. C.
p.s. las fotos del teatro son de Dolores de Lara, una fotógrafa muy buena que es, además, muy generosa.
Un buen escritor de segunda (por José Luis Sampedro)
Septiembre 19, 2007
Cuando yo era pequeñín a veces exclamaba “¡ay si yo llegara a ser un buen escritor de segunda!” porque genios, los auténticos genios, hay muy pocos, y de primera clase no hay demasiados, por mucho que se empeñen en decir otra cosa los críticos amigos de escritores. Yo hoy tengo 90 años y el orgullo de haber conseguido aquel sueño que tenía cuando era muy jovencito. Hoy me creo un buen escritor de segunda. ¿Que cuando comencé a nacer como escritor? En Aranjuez. Antes, allá por 1933, oposité al Cuerpo de Aduana. Obviamente, yo no tenía vocación de aduanero, pero a los 16 me trasladé a estudiar a Madrid y a los 18 ya era funcionario público. El Madrid de 1933 era una vorágine cultural, política, de pensamiento multidisciplinado. No imperaba el pensamiento único y desde luego yo creo que las personas se relacionaban más, aunque no contáramos con tantas tecnologías. Hay veces que pienso que los humanos acabarán hablando por teléfono móvil incluso estando en la misma habitación. Como iba contando, en Madrid, aunque tuve que estudiar muchísimo y tenía muy poco dinero, sólo diez pesetas para mis gastos semanales, que era lo que me daba mi padre, en Madrid, decía, comencé a leer la poesía de Antonio Machado, e iba al teatro, al cine, leía revistas de humor… En aquella época todo era educativo y el ansia de saber, de conocer, el ansia de libertad, era importantísima.
Más tarde me hice funcionario, con todas las letras y todas las ventajas que conlleva el hecho de serlo, y me mandaron a Santander. En esta ciudad leí la poesía de Juan Ramón Jiménez, de Gerardo Diego, Cernuda, Cervantes, Unamuno… éste, Miguel de Unamuno, para mí es el hombre más estimulante de cuantos pensadores han existido. La violencia de su pasión por la realidad profunda no la encuentro superada por ningún otro pensador. Y así fueron pasando los años y la guerra se nos echó encima. Ya saben aquello que dijo un hombre muy inteligente, con bastante razón, de que “la guerra es demasiado importante como para dejarla en manos de los militares”, y quizá por eso yo me pasé toda la guerra leyendo un libro. Fue un diccionario español y recuerdo que comencé por la A y llegué hasta la S. Cuando una palabra me llamaba la atención por cualquier cosa, la apuntaba en una libreta que también llevaba en la mochila. Y esa fue mi guerra, y cuando se acabó me instalé en Madrid y así fue como entre 1941 y 1947 me casé, tuve una hija, comencé la carrera de Económicas y la terminé, murieron mis padres y me leí Guerra y paz, de Liev Tolstói, el grande, inalcanzable novelista.
Es impresionante, y muy asombroso, la facilidad con la que el escritor ruso aborda a la condesa, disculpen que no recuerde su nombre. El tío se la carga a los 2\3 de novela y en lugar de explotar la muerte, tal y como hubiéramos hecho los novelistas malos, los personajes se enteran unos por otros por casualidad. Tolstói es sin duda el genio de los novelistas. Cuando terminé economía fue cuando comencé la disidencia fuerte a la economía actual, basada en el mercado. Éste es necesario, por supuesto, pero entregar las riendas de la vida al mercado me parece una locura. Antes, cuando yo estudiaba, los manuales comenzaban explicando cuáles eran las necesidades humanas para, a continuación, detallar los productos necesarios para llevarlas a cabo. Hoy no ocurre así, hoy se inventan primero los productos y luego se crean, si es necesario, las necesidades.
A veces pienso en cuánta razón tenía Machado cuando dijo que “las sociedades no cambian mientras no cambian de dioses”. El dios de esta sociedad es el dinero y en tanto no cambiemos de dios los falsos valores humanos siempre estarán por encima de los verdaderos. Mi última novela es un canto a los pequeños porque yo siempre he estado al lado de los pequeños. Por eso defiendo las termitas, yo confío en las termitas que se están comiendo el edificio, no éste en el que estamos, sino el metafórico del capitalismo. Hoy tengo 90 años. Hace unos cuantos, cuando ya había perdido todo y pensé que me iba a morir solo, resucité. A cierta de edad uno ya no vive por algo, vive para algo, y yo vivo para alguien [en este momento, justo cuando va a comenzar el turno de preguntas, su pareja actual, bastante más joven que él, con los ojos llenos de chispas, evidentemente llena de amor por este anciano entrañable de pelo cano y sabiduría honda, sube al estrado; él le ha pedido que lo haga porque no oye bien y ella, cual traductora de un idioma a otro, y una vez ya arriba, va susurrándole al oído las intervenciones del público, pero la mayoría no son preguntas, son agradecimientos sinceros al autor, una eminencia en literatura; a José Luis Sampedro ya no le queda demasiado tiempo de vida, y no porque esté enfermo, que no lo está, al contrario, goza de una salud mental y física asombrosa, si no le queda demasiado es porque tiene 90 años, que ya son años; mucho menos le queda para concluir esta conferencia, dada ayer ante una abarrotada, emocionada, sala de la Biblioteca Nacional –la organizadora me explicó que nunca antes, durante el ciclo, había acudido tanta gente- en la que no había jóvenes; no estaba la nueva directora, y comprobé, cuando terminé el acto, cuánto aprecio le tienen los trabajadores a Rosa Regàs, de la que hablan maravillosamente; en fin, os saludo y dejo terminar de hablar a Sampedro].
Se me ocurre contarles, ahora que ya estamos terminando, que según pienso, la visión de la libertad no es igual en pobres que en ricos. Los pobres quieren la libertad para que no les obliguen a hacer lo que no quieren hacer, para no tener que sufrir; el rico la quiere para hacer lo que le dé la gana, obligar a otros a hacer lo que no desean, y así, haciéndose más rico todavía, hace sufrir al pobre. Hace unos días, los que estábamos en una mesa redonda comenzamos a pensar qué pondríamos en nuestro epitafio. Termino esta charla con la que se me ocurrió a mí: “Que ustedes lo pasen bien”.
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Patricia, una chica canaria que antes estaba muy presente en mi vida y que ahora también lo está, pero menos -¿qué podemos hacer sino vencernos cuando el teléfono no nos gusta demasiado y las aguas, los continentes casi, nos separan?- me dedica la página de ayer de su fotolog http://www.fotolog.com/chispatri, y no lo merezco. Me siento muy afortunado de que alguien tan fascinante, de que una persona tan loca, tan apasionada, tan increíble -porque Patricia es todas estas cosas y mucho más- siga acordándose de mí y de los momentos compartidos, después de tanto tiempo. Hoy comienzo la jornada con una sonrisa melancólica que me hace sentir bien. Buenos días.
doscientos euritos para el niño y la niña
Septiembre 18, 2007
La bella Carme Chacón nos ha anunciado hoy a los jóvenes que, si no ganamos más de 22.000 euros al año, el Gobierno nos ayudará con 210 euros mensuales a pagar el alquiler. No sé demasiado sobre el proyecto, pero es de esperar que hayan pensado que no es lo mismo alquilar una casa en Madrid, donde un cutre estudio no baja de los 700 euros, que en Cuenca o Murcia, por ejemplo, donde uno, por ese mismo dinero, puede tener un apartamento de diseño digno de salir en una serie de televisión. Y supongo que el Ministerio de Vivienda habrá contemplando, asimismo, que no es lo mismo ganar 22.000 euros al año en Madrid, donde una caña, por ejemplo, te cuesta mínimo dos euros (eso si no estás en la latina o en una terraza de moda, que en estos sitios la cerveza no baja de los tres o cuatro euros), que hacerlo en Cádiz, donde seguramente encuentres bares de cañas a un euro.
Luego he visto en el telediario un total de Rajoy en el que bufaba, como siempre que Zapatero idea cualquier cosa, y más interesante me ha parecido lo que ha dicho un señor con gafas, bastante feo, de IU: “Es imperdonable que el Gobierno no haya llevado a cabo una política eficaz de vivienda desde el primer mes”. Sacaron lo de los minipisos, que era una idea estupenda, y la gente conservadora y su partido de cabecera se lanzó a la yugular de Trujillo. Por Dios ¡llegaron a sacar en El Mundo el número de metros del despacho de Trujillo! Recuerdo como si fuera ayer esa rueda de prensa en la que la también bella ex ministra de Vivienda defendía como podía su propuesta.
Y la idea era buena: 25 metros no son demasiados, qué graciosos, eso ya lo sabemos, pero iban a ser pisos nuevos y sólo de jóvenes y con lugares comunes de lavandería (a lo Melrose Place) e iban a alquilarse de modo temporal, y venían a conformar una solución bastante práctica para todos los que vienen a trabajar un año o dos a Madrid, o a estudiar o a cualquier otra cosa. Hay muchísimos estudios de 25 metros que se alquilan en Madrid (estos los he visto, supongo que también los habrá en otras ciudades) por mucho más de lo que iban a costar los oficiales, y además están tan viejos que cuando los ves se te cae el alma a los pies (humedades, roturas, etcétera). Según leo en este momento, con la nueva medida para combatir la locura de la vivienda, si compartes piso, como es mi caso, se prorratea la prestación. O sea, que me darían 105 a mí y 105 a Estrella. No lo veo muy lógico, la verdad, porque resulta evidente que el piso, mientras más habitaciones tenga, más caro te va a salir.
A mí el problema de la vivienda me parece tan gordo y tan escandaloso que esta medida de doscientos euritos para un sector muy concreto de la sociedad me produce risa (por no decir llanto).
Hay tantas cosas que decir aquí y tengo tan poco tiempo que me siento impotente. Me tengo que ir a una charla de José Luis Sampedro en la Biblioteca Nacional. Sólo añadiré que yo, si no fuera por los altísimos precios de alquiler hoy en día, soy uno de esos locos a los que no les importaría en absoluto estar toda la vida en alquiler. Y me angustia muchísimo la idea de la vivienda, para qué negarlo. No sé en otras ciudades, pero en Madrid está muy, muy chungo, y, obvia decirlo, no se atisban demasiadas esperanzas en el horizonte.
Pero… en fin… menos da una piedra, ¿no? Y vosotr@s, ¿qué opináis?
Aproximaciones
Septiembre 17, 2007
que yo nací para estar en un conjunto para sonar mi canción por todo el mundo
descuidando novias, clases y curros
planeando el asalto al mundo

Aclaro desde ya que el nuevo disco de los Pereza, sobre quienes versa este post, lo acabo de escuchar por primera vez -me lo regalaron ayer- y ni siquiera he terminado todas las canciones. Mi primera impresión: me gusta, aunque quizás no tanto como el anterior. Animales ha sido, en la modesta opinión de alguien que no es demasiado entendido en música, un disco muy bueno. Con Aproximaciones se les reconoce, por supuesto, se nota a la primera que son ellos, y continúan el mismo camino, aunque quizá bajan un pelín según me ha dicho mi improvisado medidor de calidad musical. Tanto me gustó Animales en su día que lo recomendé cuanto pude, y les entrevisté, y fui a verles a la Riviera, donde habían colgado el “no hay entradas”. Hará un año, y me decepcionaron. Me sabía los temas de memoria y acudí al concierto animadísimo. “¡¡¡No somos un grupo de rock, no somos un grupo de pop, somos un grupo de hijos de putaaa!!!”, gritaron al respetable (edad media: 15 años –y eso que en la entrada ponía ‘no se permite la entrada a menores de 16’-; perfil mayoritario: chiquillas que casi hubieran dado, en ese momento, una mano por un beso de Leiva y/o Rubén), y ofrecieron un espectáculo que, simplemente, no entendí: el punto de chuletas que yo ya conocía me hacía gracia, pero ese día me parecieron demasiado macarras, intercambiaron discursos políticos que no venían a cuento, uno de ellos llevaba una camiseta que rezaba “ser hetero también mola” y se pasaron el 80 % del concierto sin camiseta y, digamos, haciendo el ganso. No son los Stones, pero ellos iban como si lo fueran, por si así me entendéis mejor. Y vale que la pujanza de su éxito es incuestionable, y que muy atrás quedaron los tiempos de tocar en un sinnúmero de innombrables garitos con 50 personas pero…
(Inciso: ahora escucho por tercera vez una canción muy bonita, que engancha, melancólica incluso, triste, romántica… escribo lo que me da tiempo… tengo personalidad adictiva… y tú eres mi sustancia preferida… corriendo por mi sangre noche y día… al principio abriste un mundo nuevo, ahora eres las pilas… lo necesito para levantarme cada mañana… para quitarme la coraza… difícil dejarte llevándote tan dentro… ahora me encuentro mendigando un beso… por eso he escrito una canción desesperada)

Pese a lo aquí por mí contado, y llamadme contradictorio si queréis, los Pereza me caen bien, y me gustan. Y os iba a contar un cotilleo de Leiva, algo que nadie sabe, pero no puedo. Mis labios están sellados. La chica que me lo contó, a la que esta tarde le he pedido permiso para publicarlo, me ha mandado un sms que decía: “Ni se te ocurra”. Os dejo unas cuantas preguntas y respuestas de la conversación que mantuve con ellos pues, aunque no sea actual, igual hay alguien ahí detrás al que le gusta leerlas.
¿Qué queda de los chicos madrileños que se conocieron un día por casualidad y decidieron formar un grupo?
Rubén. Somos los mismos. Nos criamos en un barrio y sabemos bien que nuestro mundo es ése. Tenemos exactamente la misma ilusión que al principio, sabemos que estamos en el camino.
Tres discos en el mercado, cada vez más y más ventas, ¿eh?
Leiva. Somos un grupo de carrera. Nunca hemos buscado dar el pelotazo, sino ir poco a poco. Con Animales, nuestro tercer disco, nos hemos superado. Y todo es nuestro, las letras, la composición…
P. Además de jovencitas quinceañeras, ¿os sigue más gente?
Rubén. Por supuesto. En los conciertos vemos a gente de todas las edades. Claro, cerca del escenario siempre se colocan las fans más jovencitas, pero luego te encuentras con todo tipo de público, roquerillos, pijos, gente mayor tomando una birra en la barra… [estoy de acuerdo con Rubén: yo creo que había de todo, aunque Paco, que vino conmigo, opine lo contrario. En concreto, me llamó la atención lo de los pijos]
¿Lleváis una vida normal ahora que os conoce tanta gente?
Leiva. Somos un grupo con la popularidad bastante controlada. A Estopa, El Canto o Amaral, cuando salen a la calle, se les echa la gente encima. A nosotros no. Estamos en una posición muy cómoda porque hay gente que nos felicita por la calle y hay otra que no tiene ni puta idea de quiénes somos. Nadie nos da el coñazo ni tampoco tenemos miles de fans histéricas ni nada de eso. Además, nos encanta que la gente nos reconozca. [no sé si hoy día responderían lo mismo: yo creo que ahora son más famosos que antes, hace un año, que fue cuando les hice la entrevista]
Decidme algo bueno de la piratería. Yo creo que, en cierta manera, os ha conocido mucha gente gracias a las mantas y al ADSL.
Leiva. La piratería es una putada. Es una lástima que después de estar dos años componiendo canciones, grabando, vomitando tus sentimientos, te encuentres tu disco fotocopiado que se vende por dos duros y que, además, suena mal. Lo que pasa que la gente no se entera y piensa que la piratería sólo perjudica a las grandes discográficas y a gente como Alejandro Sanz. Pues no. Perjudica a muchísimos grupos de jóvenes que están intentando empezar en el mundo de la música y que no encuentran el respaldo por parte de las grandes discográficas. Como éstas lo que quieren es vender, pues sólo apuestan por grupos que hagan trabajos rápidos y rentables, chavalas guapas que bailen bien. Los grupos jóvenes son los que más jodido lo tienen. La gente dice que el rock está muy mal, ¡y una mierda!, date un paseo por los locales de tu barrio y encontrarás 80.000 grupos de rock cojonudos.
Rubén. Nosotros no vivimos de las ventas, perdemos aproximadamente un 40 % a causa de la piratería, ya que reunimos miles de espectadores por concierto y eso ni de lejos se refleja en las ventas.
¿Cuál es el último disco que habéis comprado?
Leiva. El último disco de Quique González, La noche americana, que es una pasada.
¿Hasta qué punto habéis tenido que someteros a las presiones de la discográfica para alcanzar el éxito?
Leiva. Siempre, siempre hemos hecho lo que nos ha dado la gana. Para nosotros esto es muy importante, que quede muy claro. La compañía fichó a Pereza como tal, ya sabía cómo éramos. Del primer trabajo vendimos mil discos, del segundo quince mil y del tercero llevamos cuarenta mil. Hemos ido ganando seguidores poco a poco, haciendo la música que queremos y las canciones que nos gustan. Nadie jamás nos ha dicho lo que tenemos que hacer. Qué chungo si llegara ese día… Estamos aquí para incordiar.