“negarles el derecho a nacer supone el grado máximo de violencia contra las mujeres”

Horror. No me da tiempo a nada y tengo mucho que contar. Voy muy rápido, en serio, así que sed indulgentes con el post de hoy. Me voy todo el puente a un apartamento que está muy cerca del mar. Me encierro sin teléfono y sin correo electrónico (¿lo soportaré?) para escribir un reportaje que requiere mi concentración, muy importante para mí y muy trabajoso. Me aíslo, para no caer en las tentaciones de los amigos y de las fiestas y de Madrid.  

Cuando las mujeres hayan desaparecido (Cátedra),  de Bénédicte Mainer, cuenta por qué en Asia hay cien millones menos de mujeres que de hombres, por qué en India supone un deshonor y una ruina traer a una hija al mundo, por qué existe la mayor proporción de clínicas de ecografías por habitante (paquetes de ecografía + aborto publicitados por cien euros, para más señas), por qué muchas mujeres cuentan que se han sometido a cuatro, cinco, seis abortos hasta que tenían la certeza de que el hijo que venía en camino era eso, un hijo, con o, un varón. Por qué todos los días se encuentran bebes (niñas) asfixiados por bolsas de plástico, o ahogadas o estranguladas. O por qué se practica también un infanticidio lento, consistente en dejar de darles el alimento necesario, o atenderlas debidamente cuando sufren de enfermedades. Y también explica las consecuencias de que las mujeres vayan desapareciendo: más prostitución, más violaciones (por la frustración sexual de los hombres), compraventa de niñas por el precio de un teléfono móvil.
 

Este libro impresionante, presentado ayer en el Círculo de Bellas Artes, y su autora, y sus datos, y su investigación, deberían ser portada hoy de todos los periódicos. No creo que lo veáis, sin embargo, en ningún sitio. No interesa. Parece que en este país  interesa el problema del terrorismo (¿cuántas portadas de periódicos dedicadas al problema del terrorismo en el último año?) y pocas cosas más. Nos engañan. Mañana estarán todo el día con la sentencia del 11-M. No me interesa porque ya me han cansado con sus manipulaciones, con sus intereses políticos, con sus mentiras.  

En la sala del Círculo, repleta, el único hombre era yo (y Raúl, el jefe de prensa de Alianza Editorial, y Juan, el novio de la chica que lleva la prensa de Cátedra). ¿Por qué? ¿Lo sabéis vosotr@s?

  Estaban: Amelia Valcárcel (la conocéis, ¿no?), Carmen Alborch, Soledad Murillo (Secretaria de Políticas de Igualdad del PSOE), Rosa Peris (directora del Instituto de la Mujer), Bénédicte Mainer (la autora), etcétera, y una maravillosa fotógrafa que me ha prometido pasarme unas cuantas fotos. Nos dieron canapés y vino blanco y fue cuando me pregunté: “¿Dónde está mi amiga Lola?” (se suponía que venía conmigo), y la llamé: “Curro, estoy en la quinta planta, ¿no me habías dicho que era en la quinta planta del Círculo? Estoy es una conferencia de Proust, pero no te veo (¿¿¿????) 

Llegó, tomamos un canapé y otra cerveza… y nos fuimos a golpe de taxi a  

 la super fiesta  

en la Galileo Galilei 

entrega de Premios La noche en vivo 

Y allí nos encontramos con Lucía Jiménez (con un ¿novio? rubio, alto, guapo, sonriente; ella: “¿mi idea de la felicidad?, tomarme una cerveza con los amigos después de un día intenso de trabajo), Guillermo Toledo (ligando), Leiva (de los Pereza: “mi idea de la felicidad es estar con mi novia y mi perro, tranquilamente”), Rubén, Rebeca Jiménez, Ariel Rot, Deluxe, Teté Delgado, Pablo Carbonell, Ernesto Sevilla (mi amiga Lola: “tienes que entrevistarles, son super conocidos, en serio, y además de Albacete, y te recuerdo que Osaca sale en Albacete, es que me encantan, son lo más, ¿de verdad no los conoces? Ay Curro estoy tan contenta, me lo estoy pasando tan bien, es que me encanta, me encanta, me encanta, ¡ahora tocan los Pereza!”; y no, no les conocía, y le hice unas cuantas preguntas y me tomó el pelo todo lo que quiso: “la diferencia es que ahora me llaman gañán por la calle, ¿te parece poco?”).  

Esteban (el chico de prensa que me invitó ayer a tan magno evento;`no pongo su foto porque, tonto de mí, olvidé la cámara en casa): haré una crónica en condiciones de los Premios de La Noche en Vivo, en su debido momento. Gracias, chaval, por ser tan simpático, por no dejar de sonreír y por las cuatro copas, y nos vemos el martes en la sala Clamores.  

A los demás: pasadlo bien, disfrutad el puente cuanto os dejen, y escribid algo en este humilde blog. C.

sure looks good to me

Octubre 30, 2007

 Hallábame yo ayer a eso de las ocho de la tarde en la librería del Corte Inglés de Princesa, decidido a comprarle un cuento a la hijita de una amiga, cuando reparé en tres enormes montañas de libros blancos que, ordenados perfectamente unos encima de otros, figuraban bajo un cartel que rezaba “los diez más vendidos”.  

Es sabido que en las listas de súper ventas confluyen a veces intereses comerciales /editoriales /empresariales variadísimos, por lo que no siempre puede uno fiarse del susodicho cartel. De quien sí me fío es de una confidente que tengo, una chica con gafas, dependienta ella, que me informa, cuando quiero saberlo, de cuántos ejemplares han vendido en el Corte Inglés de Princesa de tal o cual libro. Teclea en el ordenador y luego me dice “Curro, de este libro se han vendido 69 ejemplares”, por ejemplo (perdón por el número: es el primero que me ha venido a la cabeza).

Y hete aquí (que diría Maruja Torres) que las altas torres blancas de las que hablaba antes, efectivamente, estaban ahí porque “los está comprando mucha gente; no sabes cuánta. Se nos han agotado y todo”. “¿De verdad, me lo estás diciendo en serio?”, le pregunté. “Y tanto, no sabes lo desesperada que está la gente” (mi dependienta-confidente dixit).  

¿Sabéis cuál era el libro? Jesús de Nazaret, de Joseph Ratzinguer. Amén.

                                                           

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Luego estuvimos en un concierto (o un ‘showcase” en directo) que se suponía iba a ser “muy íntimo, para amigos”, pero que luego llenó el enoooorme anfiteatro del Colegio de Médicos. La protagonista: Alicia Keys, que presentaba su nuevo disco, As I am (sale a la venta el 13 de noviembre). La historia es que en el auditorio no cabía un alma, había amigos por todas partes, en las escaleras, sentados en las butacas, de pie, en las ventanas, por los laterales, sentados en el suelo… por lo que llegamos a la conclusión de que Alicia tiene más amigos que el de los Donut. Y cómo son los yanquis: antes de que la bella, espectacular Alicia, que nos ha tenido a los allí presentes media hora esperando con la cara de tontos, saliera a cantar y a tocar el piano, nos advirtieron: si tiráis fotos, si interrumpís, si  hacéis cosas extrañas, lo sentimos querido público, pero el equipo de Alicia Keys interrumpirá la sesión y se la llevará. Luego ya apareció Alicia, radiante, y tocó el piano y cantó (maravillosamente, eso sí) tres o cuatro temas del que será su nuevo disco. “Pocas veces tengo la oportunidad de estar en un entorno tan íntimo”, dijo Alicia (evidentemente se había aprendido un guión, y no sabía qué otra cosa decir, porque íntimo, lo que se dice íntimo, no era). Lo curioso es que había dos fornidos guardaespaldas, cuadrados como armarios empotrados, inmóviles, que, a un lateral del escenario, vigilaban todos los movimientos del público (“a mí uno de ellos me mandó callar cuando le decía algo a mi hermana”, me contó una chica que había estado sentada en primera fila). Sin embargo, mereció la pena ir a escuchar a Alicia Keys, un descubrimiento para mí, el único “no amigo” de cuantas personas había en la abarrotada sala del Colegio de Médicos.

Y a la salida fue cuando conocimos a Iñaki, un chico que había intentado colarse sin éxito, un estudiante de Filología Inglesa que en realidad quiere ser periodista. Y entonces, ¿por qué estudias Filología?”, le pregunté ya en el metro, cuando quedaba sólo una parada para que cada uno siguiésemos nuestro propio camino, una vez que él me había acribillado a preguntas. “Es que no pude entrar en la pública, y por eso comencé Periodismo en la privada, pero no era lo mismo; no me gustaba nada, y abandoné. Pero yo quiero ser periodista, claro, y cuando tenga la diplomatura en Filología pretendo estudiar segundo ciclo de Periodismo, pero en la pública, por supuesto. ¿Tú qué crees? Lo que pasa es que también me gustaría ser actor, estudio arte dramático por las tardes, por eso no puedo hacer prácticas”, dijo, con unos ojos, verdes, enormes, muy abiertos, que expresaban la duda del que desea hacer muchas cosas y aún no ha decidido del todo por cuál de ellas hará la apuesta de su vida.  

p.s. por cierto, compré el cuento, y se lo leí a la hijita de mi amiga, y le gustó mucho. Se titula “Laura aprende a volar” (editorial Hotel Papel)

Tengo la sensación de que he dado un importantísimo paso adelante y de que ahora soy más independiente. Ya he pasado por la etapa de mi vida en la que me abría camino y me adaptaba a un país diferente en el que partí de cero. Ahora, tercer año de Channel nº4 y finalista del premio Planeta 2007, creo que estoy en un momento maravilloso y que he subido un escalón enorme. Sí, me encuentro definitivamente guapo. Es un momentazo.

(Boris Izaguirre) 

sábado, 11.53 am. Con la lección de la vida y de la trayectoria de Boris bien aprendida, con la ilusión de un periodista que aún espera aprender mucho de sus entrevistados, con las galeradas de la novela en la bolsa para que sean convenientemente dedicadas, con un ejemplar de Música para camaleones en la mano (es uno de sus libros preferidos, y quiero que me lo firme también, pues sé que Capote no podrá hacerlo), con las preguntas bien pensadas (hay dos teorías, más o menos: quienes defienden que en una entrevista hay que improvisar y sólo improvisar; y quienes defendemos que es necesario estrujarse mucho la cabeza, y pensar a solas con un lápiz y un papel durante el tiempo que haga falta, para así estructurar bien las preguntas y no caer en tooooodos los tópicos del mundo; obvia decir que luego, por supuesto, los que nos acogemos a esta teoría siempre dejamos un importante hueco para la improvisación) me voy en un taxi a recoger a Boris Izaguirre, un coche que nos llevará al estudio fotográfico en el que nos esperan la estilista, el maquillador y el fotógrafo.  

Y estoy algo nervioso, pero es que yo soy una persona muy nerviosa, siempre lo he sido. Ahora no sufro de nervios tanto como cuando era estudiante y estaba a las puertas de un examen de la facultad, con los folios de los apuntes enteros subrayados y el pulso  temblando, siempre estudiando hasta el último momento, siempre dudando de mí mismo y de mis conocimientos.  

Cuando yo trabajaba en una editorial, la jefa de prensa, una mujer que me enseñó muchas cosas, se ponía algo atacada cada vez que se enfrentaba a la presentación de un libro, y acumulaba muchísimos años de experiencia. Observándola, comprendí que siempre sufriría de nervios, que nunca conseguiría estar tranquilo ante los retos de la vida.  

Hoy estoy nervioso porque me voy en media hora y porque deseo que todo salga muy bien, y lo espero, aunque no tengo la seguridad de que así sea. En este tipo de producciones, uno nunca tiene la certeza de que irán bien las cosas hasta que ya todo está terminado: cualquier cosa puede fallar en el último momento (desde un cólico nefrítico del maquillador a un problema sobrevenido con la ropa prestada o con la grabadora, por poner sólo dos ejemplos).  

Pero, bien mirado, qué grande es Boris y qué contento estoy de poder estar hoy con él.  

Os cuento más esta noche.

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domingo, 10.03 am.

Hola a tod@s. Estoy un poco desesperado porque tengo que redactar hoy la entrevista de ayer y porque tengo otras cosas importantes pendientes que dejar listas hoy domingo. Mañana os cuento cómo fue todo con Boris, y cuelgo alguna foto, pero os adelanto que, como esperaba la mayoría, todo salió maravillosamente. Comimos en un Vips y hablamos durante más de una hora y Boris ahora me cae mejor aún que antes: superó todas mis expectativas.  

Y ahora os cuento una cosa que ha pasado que no me ha gustado nada. Ayer me extrañó, al mirar las estadísticas del día, que algunos visitantes de nosolocurro.com llegaban del blog de Arcadi Espada. No entendía nada, pues yo jamás, nunca, había entrado en éste, y por eso, antes de irme a hacer la entrevista entré en la página del susodicho pero no descubrí el motivo de tan insólitas visitas en mi humilde blog. Acabo de entrar para seguir investigando y he averiguado que alguien ha suplantado mi identidad y, haciéndose llamar por mi nombre, ha dejado varios comentarios en plan “hola, mi blog cada día tiene más visitas, pasaros a leerme…” o algo parecido, y a continuación, el suplantador o suplantadora copiaba mi perfil o el post que escribí hace unos días titulado “la vida pesa y pasa”.  

Me he quedado muy preocupado porque, evidentemente, yo jamás haría algo así. El que así ha actuado creo que lo ha hecho de buena fe, porque quizás le gusta este blog y quizás quería promocionarlo pero, por favor, si me lees en este momento, te pediría que no lo hagas nunca más. Si este blog crece, o si quieres recomendarlo a alguien con tu nombre y no con el mío, pues bien, vale, y te lo agradezco, pero no es algo que me preocupe y desde luego, como he dicho antes, yo jamás iría por el blog de nadie, mucho menos por el de Arcadi, publicitándome. Me parece bastante ridículo y además no me deja en muy buen lugar. El problema es que yo he descubierto este caso, pero igual la suplantación se ha producido en otros lugares sin que yo sea consciente de ello.  

Te lo pido por favor, lector o lectora, no lo hagas más.  

Y ahora me dispongo a ordenar un poco la casa, a comprar los periódicos, y a trabajar.  

Feliz domingo.

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lunes, 07.23am

De buena mañana escribo para saludaros, desearos buen comienzo de semana, y contaros un poco, muy de pasada, cómo fue la entrevista con Boris. Le recogí en la puerta de su casa, en el portal de un edificio enorme de ladrillo rojo sito en “la parte multicultural” del Barrio de Salamanca (Boris me ha explicado que este barrio tiene una parte en la que conviven más culturas y en la que no todo el mundo es tan pijo). Él apareció con un gorro y con cara de sueño, y un taxi nos llevó al estudio. Le maquillaron, se probó distintas ropas, le hicieron unas fotos fantásticas (el fotógrafo, que era la primera vez que trabajaba con nosotros, es buenísimo, amén de amable y simpático) y luego nos fuimos él y yo, los dos solos, a comer a un Vips cercano.  

Estuvimos hablando durante dos horas. De todo: de amor, del Hombre De Su Vida y de cómo le conoció y de cómo sintió y vio estrellitas cuando eso ocurrió, de su familia, de Caracas, de Crónicas, de su madre, de sus hermanos, de Fran Lebowitz, de los ricos, de Gemma Nierga, de de los gays, de los heteros, de sexo, de literatura, de la fama, de la pasión, del placer, del tamaño del pene, de sus sueños, sus miedos, sus comienzos, sus metas, su vida, de la vida. Y de muchas más cosas. Cada pocos minutos alguien se le acercaba y le felicitaba cariñosamente. Otros querían hacerse una foto. Y él, siempre, siempre, sonreía, daba las gracias tres veces y decía “qué monos” cuando se iban. Tiene claro, así me lo ha explicado, que su vida privada sólo existe de puertas para adentro de su casa, y que luego, desde que sale por el portal, asume una disciplina, la disciplina que impone la fama, “una especie de dictadura que no puedes controlar y que lo mismo te elige que lo mismo te abandona cuando menos lo esperas”. Porque él es muy famoso, evidentemente, pero lo lleva bien. “Es un error no asumirlo”, me dice, y luego continúa hablando, de todo, sin guión, sin tabúes, sin mirar el reloj ni una sola vez.  

También estuvimos hablando algunos minutos de Música para camaleones, pues es uno de sus libros preferidos, y también es de los míos. Me lo llevé, pero no me lo quiso firmar pues, con razón, no le pareció bien hacer una cosa así. Pero sí me firmó las galeradas de su libro, una novela que me está gustando mucho, verdaderamente (si no no lo diría, en serio), pero que aún no me he terminado.  

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Y esto es todo lo que puedo contar, de momento, de mi encuentro-entrevista con Boris, un intelectual atípico que vive feliz con su marido, y que sabe disfrutar de las cosas.   luego la camarera nos hizo una foto    

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y ahora solo me queda descubrir si Social Studies, de Fran Lebowitz, está traducido al español 

Iba a ir yo ayer a la V edición de los premios Vogue de Belleza, cuando me mandó Esther, una periodista que trabaja en telecorazón, el siguiente e-mail: CURROOOO!!! Me parece muy buena fiesta la de Vogue, pero hay una mejorrrrrr que es a la que voy esta noche, ROCK IN RIO… ¿te apuntas? deja la pereza fuera y nos vamos de concierto!!!”, y no lo dudé ni un segundo: cambié la elegancia de Ana García Siñériz por el arte de Rosario Flores, a la belleza de Nuria Roca (a la que le iba a entregar el nuevo Sexologies, que ya está en los kioskos –véase foto de la portada al final del post- con la entrevista que le hice) por la androginia de Bimba Bosé y a la modelo Martina Kleim por una pareja que ha provocado los suspiros de más de un/una periodista y de un/a fotógraf@ allí presente: Cameron y Almudena Fernández. “¡Cómo van a ser de guapos los hijos de estos dos!”, ha exclamado una chica que estaba a mi lado. Vale, en esta foto admito que salen impresionantes;    

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De hecho, él creo que merece, aunque es más aburrido que un día sin pan, lo de ser el modelo más conocido internacionalmente (con permiso de Mark Banderloo) pero, ¿y ella? Sinceramente, a mí no me parece tan guapa. Lo es, supongo que lo es, pero de cerca me ha parecido, digamos, muy artificial. Claro que a artificial no hay quien gane a una tal Marisa, toda recauchutada, de la que se dice, se rumorea, se comenta que es novia de Joaquín Cortés (ella: “No, por favor, no tenemos nada pero nada, ¿eh?, sólo somos amigos, ¿sabes? Es que me molesta que digan lo que no es, por eso me enfado”).  

Pues eso, que ayer estuve, algo desganado por causa del resfriado, en la fiesta de presentación de la primera edición española de Rock in Rio, “el mayor festival de música, ocio y entretenimiento del mundo”, dice en la nota de prensa. Y hubo un menú elaborado por Ferrá Adriá y fuegos artificiales. Y más cosas, pero ya las tengo que guardar para mi crónica.  

Ahora os cuento otra fiesta, la del cumple número cien de la revista Zero, que tuvo lugar el otro día con un sarao por todo lo alto en el Círculo de Bellas Artes. Una bella y enorme sala repleta de antiguas columnas convertida en discoteca. Barra libre, abundantes canapés, música pegadiza y artistas. Destacó la Terremoto de Alcorcón, que se hizo conocida parodiando a grandes como Madonna y ahora hace giras por todo el mundo. “La semana pasada dimos una conferencia en Amsterdam y la que viene vamos a Nueva York. De aquí iremos a Mexico, donde estaremos de gira de dos semanas”, nos contó a un amigo y a mí mientras descansaba, tras su actuación,  en una escalera escondida del Círculo (ojo a su acompañante de escenario).

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   Es una mujer original a la que le han preguntado cien mil veces si es un hombre, y hay quien cuenta que en su vida diaria, fuera de los saraos y los escenarios, es una chica rubia de pelo liso, muy fino. “¡Eso es un rumor falso! Ya me lo han dicho otras veces, pero no te lo vayas a creer. Es mentira. ¿Acaso tú has visto alguna vez a una folclórica rubia? No, las folclóricas no podemos ser rubias, somos morenas”. Antes de charlar con este exceso de mujer en las escaleras, hice lo propio con otros tantos famosos que estaban en la fiesta.

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Paco Clavel, con uno de sus atuendos más divertidos y extravagantes, me explicó que él no se sentía discriminado por el hecho de ser homosexual: “Hombre, siempre hay alguien que te mira raro, pero en general no me siento discriminado, a pesar de que yo he roto todos los cánones preestablecidos en una etapa muy difícil. Eso sí, nunca se puede bajar la guardia porque gente intransigente la hay por todos lados”. A Clavel le podéis escuchar, yo me enteré el otro día, en Guirigay, su programa, que se emite los sábados y domingos a las cinco de la tarde en Radio 3. Y en estas que vi a ¿Tamara? ¿Ámbar? ¿Yurena? y  con la diva de los cutrefamosos que me fui (así es la vida de un sufrido cronista social).

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“Tamara, perdón, Yurena, ¡que he visto por ahí a Richy Bastante, ese niño de lengua afilada que tanto te insultó por los platós de televisión!”, le informé. “Me lo han dicho nada más llegar y me voy a marchar ya,  pues la verdad es que no tengo ganas ningunas de verle. En realidad he venido porque yo fui portada de Zero, como sabrás. Para mí era un compromiso estar aquí, pero definitivamente me voy. Estoy retirada de todo lo que tenga que ver con los medios de comunicación y entregada a mi pub de Malasaña”. “Espera, mujer, tampoco es necesario que salgas huyendo por culpa de un niñato que sólo tiene 19 años. Pasa de él”, traté de tranquilizarla, al tiempo que le pregunté si la seguían insultando por la calle: “Gente maleducada va a haber siempre. Es inevitable, y más en una ciudad tan grande como es Madrid. Pero lo importante es que ahora estoy muy tranquila, a gusto conmigo misma, encantada de la vida”. No estaba (entre otras cosas, supongo, porque no pegaba ni con cola en la fiesta) esa madre coraje y sufridora que suele acompañarla a todos lados. Y de Tamara-Ambar-Yurena me fui a hablar con un mocoso –o mocosa, tanto me da- repelente: Richy Bastante (bienaventurados aquellos de vosotros que no sepáis quién es: eso significará que aún no hemos perdido del todo la cabeza en este país).

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–¿Quién es ese? Yo desde luego no me llamo así. ¿No ves que soy una mujer? Ahora me llamo Nova.

–Lo cierto es –dije yo– que no me he dado cuenta. Antes ya eras un chico muy femenino que se maquillaba con toda la naturalidad del mundo

–¿Acaso no ves la tele?, ¿es que no me has visto en Dónde estás corazón? Pues salí la semana pasada.

–Perdona pero, ay, yo no sigo tu vida. Estoy seguro que puedes entenderlo. Oye, ¿sabes que está por ahí Tamara o Yurena?

–Yo no sé quién es esa persona.

–Mira, bonita, si me vas a tomar el pelo dejamos de hablar pero ya, que yo tengo trabajo y mucho que divertirme todavía en esta fiesta.  

Y lo cierto es que Nova reculó, porque se dio cuenta de cuánto estaba metiendo la pata con su engreimiento desmedido. Entonces me contó que, efectivamente, ahora es mujer y que lleva casi un año de terapia hormonal, entre otras cosas. Estaba ya en plan “por dios que algún amigo me libre de esta mujer” cuando, de repente, ¡vi a Pedro Zerolo! Y yo, cuando veo a Zerolo, lo dejo todo para reunirme con él.

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Es un hombre que siempre está contento, ya sabeis, el hombre para el que la lucha contra la homofobia es una guerra y cada día supone una batalla.

 –¿Qué tal estás?

–Encantado, disfrutando de esta magnífica fiesta. Y de forma más general te puedo decir que estoy plenamente feliz, tanto que a veces me corto y pienso que no debería subrayar tanto mi felicidad para no parecer idiota.

–Pero digo yo que también habrá momentos duros, ¿no?

–Momentos duros los da la vida siempre, pero mi ánimo es optimista y me encuentro bien con este país, conmigo mismo y con Jesús, mi pareja, con quien acabo de celebrar más de diez años de relación y dos de matrimonio.  

–Hace algunos años te pregunté si teníais pensado adoptar un hijo, y me dijiste que sí, ¿cómo va la cosa?

–Yo estoy intentando quedarme embarazado, pero no me quedo (bromea), así que tendremos que adoptar. El problema es que Jesús trabaja mucho, y yo también. Pero seguiremos buscando el momento adecuado.

Pedro, que es un luchador nato, tenía graciosamente recogido su pelo con un moño. “Es que la noche está lluviosa y los que tenemos el pelo rizado sabemos muy bien que con el agua se encrespa muchísimo. Nada mejor que un moño en estos casos”. Y, por último, justo antes de abandonar la grabadora y dejarme llevar por las profundidades del alcohol, la música, la fiesta en definitiva, conseguí felicitar a Miguel Ángel López, el director de Zero. Como Zerolo, es un hombre muy válido y muy inteligente, lo ha demostrado, pues ha sacado adelante a una revista que ya ha cumplido cien números.

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Le pregunté si él creía en que la igualdad real de los homosexuales ya se daba en nuestro país, y me dijo que “evidentemente, no. Sólo el quince por ciento de los homosexuales ha salido del armario. Con este dato ya te he contestado, pero además ten en cuenta que no en todos los entornos ha desaparecido la homofobia. España se ha colocado entre los cuatro países del mundo con la legislación más avanzada y se está produciendo una transformación en la sociedad. Pero si me preguntas si se ha alcanzado la igualdad total, te diré que no”. Así de rotundo se muestra Miguel Ángel, que estaba visiblemente orgulloso de haber alcanzado el número cien con una revista que ha llevado a portada a gente tan dispar como Zapatero o Boris Izaguirre, Rajoy o Jesús Vázquez. Enhorabuena, desde aquí, a los compañeros de Zero.  

Y ahora, para terminar, os recuerdo que mañana sábado entrevisto a Boris Izaguirre, y os pido que penséis alguna pregunta interesante para él y que me la digáis (coño, que yo tengo que pensar unas 50, y la única que  me ha sugerido una pregunta ha sido Ave); os dejo también la portada de Sexologies de este mes, en la que sale Nuria Roca.

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Pues eso: chicos y chicas: gracias por lo de ayer –ya sabéis por qué- y que paséis un feliz fin de semana (yo, humilde periodista y ocasional cronista social, voy a trabajar todo él MUY a mi pesar).  

la vida pesa y pasa

Octubre 25, 2007

Tuve que pasar un fin de año en China (en realidad allí no fue fin de año) para darme cuenta de que prefiero el calor al frío. Antes, hace algunos años, yo solía decir: “Prefiero el invierno y no el verano, porque siempre te puedes abrigar más, o poner más mantas encima”. En Shangai o, peor aún, en Pekín (dígase Beijing) hacía tantísimo frío que me puse para dormir (en un “maravilloso” hostal de 5 euros) todos los jerseys que llevaba en la maleta y un gorro de lana en la cabeza. Tan mal lo pasé que me dije: “Nunca más dirás que prefieres el frío al calor”.  

El frío ha llegado a Madrid, y no nos lo esperábamos, o al menos yo no me lo esperaba. El frío me quita las ganas de hablar, me da sueño, me causa desgana o apatía, a veces. El frío me resfría y consigue que sólo quiera estar sin hacer nada debajo del brasero, y eso, por suerte o por desgracia, no me lo puedo permitir.  

Estaba yo el viernes pasado por la noche en una discoteca de Centro, cuando cometí el gran error de enviar un sms a una persona que, evidentemente, ya no quiere saber nada más de mí. Venía a decir algo como “por favor, sólo te pido que me respondas a este mensaje y que me digas que estás bien. ¿Recuerdas el pacto que hicimos?”. Mi amigo Paco, que es informático y cien mil veces más inteligente que yo, al leerlo (se lo enseñé antes de pulsar la tecla enviar) me dijo: “No lo mandes, Curro, ni-se-te-o-cu-rra”,  y por un rato le hice caso y no lo envié. Pero luego, al ir solo al baño, me engañé a mí mismo diciéndome “¿qué tiene de malo?”. Y lo envié.  

Nunca recibí respuesta, ni siquiera un “que te vaya muy bien” o some thing like that, y por eso ahora me arrepiento de haber enviado el mensaje. Yo me suelo arrepentir de algunas de las cosas que hago. Por eso me sorprende sobremanera cuando escucho a la gente decir aquello de “yo no me arrepiento de nada”. Yo sí: muchas cosas que he hecho en mi vida  las haría de otra forma o, simplemente, no las haría. Yo creo que el rechazo por silencio, ya sea de una pareja o de un amigo, es el más duro que existe, y por eso yo nunca desaparecería sin decir nada.  

Ayer por la noche estuve haciendo una entrevista a una chica estupenda que está hecha polvo porque el verano pasado la abandonó su novia, con la que salía desde hace varios años. El primer día que llegué de Escocia, viernes por la noche, me la encontré por la calle y, nada más verla, en el momento mismo en que me saludó, supe que su pareja y ella lo habían dejado, por cómo me miró y por cómo de mal noté que estaba. Ayer, cuando le pregunté que a qué se parecía el dolor que sentía, me dijo: “Salvando las distancias, yo creo que es parecido a una muerte; porque esa persona ya no está en mi vida, ya no sé nada de ella, y eso es muy duro, ¿sabes?”.  

La vida pesa y pasa, y mientras tenemos que aguantar que un ex presidente del Gobierno afirme que la única familia válida es la suya y nada más que la suya, o, lo que es lo mismo, que mi amiga, la chica de la que hablo en este post, no sería tan buena madre como otra que esté casada con un tipo como él; La vida pesa y pasa, y mientras tenemos que aguantar que a un niñato xenófobo le dé el aire, agreda a una adolescente extranjera y luego los vecinos digan que la culpa de todo la tenemos los periodistas; o que un presidenciable asegure que el problema del cambio climático no es para tanto, pues su primo Manolo (o como se llame), científico él, le ha comentado que se están exagerando muchísimo las cosas; o que Antena 3 haga una entrevista a los McCann y nadie les pregunté por qué había sangre en el coche que alquilaron al mes de la desaparición de su hija; que lleguen a mi correo electrónico imágenes tan duras como las que se ven en el siguiente enlace http://www.petatv.com/tvpopup/video.asp?video=fur_farm&Player=wm&speed=med (advierto que pueden herir la sensibilidad).

Tenemos que aguantar todo eso y mucho más, y seguir luchando sin decaer porque, como alguien dijo, no se puede mirar para atrás ni para coger aire. Porque ya se sabe que la vida pesa y pasa. Y porque, definitivamente, el Frenadol no sirve para nada.

El pájaro de la felicidad

Octubre 24, 2007

Hola, maldito bastardo: ¿Has pagado ya la fianza de tu abuela? ¿O es la de tu madre? Espero que sea la de tu abuela porque tener una madre con casi sesenta años no me molaría nada. Te pregunto esto porque por ahí dice la gente que tu madre es una ladrona de mierda y que por eso la echaron de TVE, pero a mí me la come ya que te he escrito esta carta para decirte que me tienes hasta las pelotas y que el próximo fin de semana, como te vea en Morgana te voy a destrozar la cara de nena que te han puesto, así que más te vale no salir de tu puta casa, ¿me has entendido, bastardo?  Esta nota despiadada, esta infamia, este cruel mensaje anónimo, lo leía Gonzalo Miró sobre su madre cuando estaba en el colegio. Ella se enteró del libelo cuando se citó con un profesor, preocupada por los avances de su hijo, quien no había querido contarle nada. Entonces, la Miró se echó a llorar. Lo cuenta Diego Galán en su libro Pilar Miró. Nadie me enseñó a vivir (Plaza y Janés).

Corrían los tiempos en que ella, la mejor directora de cine que ha tenido este país, estaba encausada por un presunto delito continuado de malversación pública. La culpa la tenían unas facturas que aseguraban que había gastado dinero de TVE en ropa para uso personal. Dos años de proceso en los que fue cuestionada, sufrió insultos por la calle, críticas de todo tipo en periódicos y semanarios, y en los que sintió la tristeza de quien es negado por alguno de sus supuestos amigos. Finalmente fue absuelta, pero no olvidaría nunca la tremenda vergüenza de saberse enjuiciada por tribunales, periodistas y gente de la calle. “La opinión pública me repudia, los medios de comunicación me detestan, los políticos me atacan, la televisión yo creo que está de puta madre y la radio lo va a estar […]. Pero todo se ha convertido en una gran mierda irreversible. Debo de haberlo hecho mal, sin duda”, llegó a escribir.

Fue Pilar Miró una mujer valiente y de talento, que luchó contra su propio tiempo, valerosa, mandona para algunos, brillante, y frágil, muy frágil. Y no llevaba demasiado bien el paso del tiempo: Durante el rodaje de la película [La petición] me han caído ya treinta y seis. Me hago mayor, por no decir vieja. Empieza a asustarme la edad, se acercan los cuarenta, qué horror, qué miedo a la soledad, al desamor, al desengaño, a la soledad, al fracaso, a la vejez, a la soledad, a la muerte, a la soledad…, escribió en uno de sus diarios, a los que tuvo acceso Diego Galán para escribir la biografía de la cineasta. Siempre tuvo claro que quería tener un hijo, y lo tuvo. El 13 de febrero de 1981 nacía Gonzalito Miró, y la prensa del corazón de la época llegó a ofrecerle suculentas cantidades de dinero por una foto exclusiva. Pilar no lo aceptó, y finalmente fue ella quien repartió entre las revistas algunas fotos caseras con su bebé. Jamás quiso revelar públicamente el nombre del padre de su criatura. En privado sí lo hizo, pero me consta que en alguna ocasión llegó a pronunciar nombres diferentes. Ni siquiera sabemos si el padre de Gonzalito es consciente de serlo, pero imaginamos (es un suponer) que éste sí sabe quién es su padre. Si él, su propio hijo, no ha hecho nada por contactarle, o por quererle, ¿quiénes somos los periodistas para desvelar algo que no nos concierne? Además, cuidadito, que el novio de la duquesa de Montoro ya ha interpuesto demandas millonarias contra todo el que se ha atrevido a dar iniciales y a nombrar a algunos de los posibles ascendientes.

El domingo 19 de octubre de 1997 un ataque a su delicadísimo corazón mató a Pilar Miró. Cuenta Diego Galán que fue el propio Gonzalito, que tenía 17 años, quien encontró a su madre derrumbada en el descansillo de la escalera interior de su casa. Le hizo el boca a boca pero no sirvió de nada. Con 57 años dejaba el mundo de lo visible y acaparaba todas las portadas de los periódicos. Pero ya no había críticas, toda la tinta y todas las palabras eran elogios y aplausos para esta mujer culta, heterodoxa e incorrecta, que se había puesto el mundo por montera (“si hay que actuar como un hombre, seré un hombre”). Si fue feliz o no, si logró cazar a ese pájaro maravilloso de la felicidad del que habló Pío Baroja y que dio título a una de sus películas, o si simplemente alcanzó un pájaro corriente, aletargado, que se le escapó dejándole en las manos unas cuantas plumas de la cola,  es algo que no sabremos nunca, pero sí que tuvo la seguridad de vivir la vida que eligió, algo que, por aquel entonces y sobre todo para una mujer,  no era demasiado fácil.

(por el décimo aniversario de la muerte de Pilar Miró)

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Las explicaciones de Xavier M. M., el chico de 21 años que agredió a una adolescente extranjera en un tren (véase vídeo en el post de ayer), ante los periodistas: “Es que todo lo que estáis diciendo es mentira, ¿eh? Porque yo nunca he tenido nada de racista. Simplemente iba borracho y punto, nen, que yo no sé lo que pasó. En la tele no se han dicho nada más que mentiras, qué pasa que se dice lo que se quiere o qué? Lo único que iba borracho, porque yo racista no soy”

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Por cierto, ayer por la tarde me llegaron las galeradas de Villa Diamante, el libro con el que Boris Izaguirre ha quedado finalista del Planeta. Creía yo que sería un libro de unas doscientas páginas como mucho, una novelita como la de Jaime Bayly, cuando descubrí que había dos tomos. “Qué bien y qué detalle, me han mandado también la de Millás”, pensé. ¡Qué va! ¡El libro de Boris me ha llegado en dos partes de casi 300 páginas cada una! ¡Oh, Dios mío! Recordad que la entrevista es el sábado que viene, por lo que estaré encantado de que alguien de este blog sugiera a lo largo de estos días alguna pregunta para el carismático presentador

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No se es español a tiempo parcial. España además de un deber, es una pasión y un sentimiento hondo. No se es español por horas o a tiempo parcial, aunque no siempre estemos pensando en España. (Bien es verdad, Santiago, que lo solemos hacer menos de lo necesario). El ser español lo impregna todo, así de poderosa es nuestra nación. Si llegase a estar en peligro, sería tu propia entidad individual la que estaría en riesgo. (del libro que acaba de publicar José María Aznar en la editorial Planeta, Cartas a un joven español) 

Hijos de homosexuales. No sé, y creo que nadie lo sabe, qué pasará cuando un niño o una niña no puedan llamar padre ni madre a quienes se dicen sus progenitores pero que en muchos casos no lo van a ser. ¿Qué idea del mundo y de la realidad van a tener unos niños así criados? ¿La de que todo es posible? ¿La de que las leyes pueden dar satisfacción a todos los deseos?
(del libro que acaba de publicar José María Aznar en la editorial Planeta, Cartas a un joven español)

mulas // xenofobia

Octubre 23, 2007

Escenario: cárcel de mujeres de Brieva, sita a siete kilómetros de la capital abulense, prisión, para más señas, en la que estuvo Roldán. Nos encaminamos hacia la biblioteca, una sala rectangular de unos sesenta metros cuadrados con las paredes llenas de libros y repleta de sillas en las que las presas, educadas, comedidas, serias, expectantes, esperan. Detrás de mí está un libro que me recomendó hace muchos años mi amiga Silvia: Opiniones de un payaso, de Heinrich Böll.

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Unas 30 presas, mujeres mayores, jóvenes, la mayoría extranjeras, todas con zapatillas de deporte y una expresión dura en el rostro, hacen preguntas a Lucía Etxebarria, escritora. Tienen los ojos tristes, pues son transmisores, al fin y al cabo, de miradas encerradas. (Una de ellas, la primera de la izquierda, la que está junto a la librería, me mira todo el tiempo y me sonríe, toma notas, se nota que está ilusionada). Terminadas las preguntas, el director del centro, un hombre de mediana edad, pelo cano y anillo en el dedo anular, un señor que lo explica todo muy bien, nos cuenta que, efectivamente, más de la mitad de las presas de la cárcel de Brieva, una de las tres únicas cárceles de mujeres que hay en España, son extranjeras que han hecho de “mulas” para los narcotraficantes, chicas más o menos jóvenes que llevaban una vida miserable en Colombia (es un decir) a las que ofrecieron cruzar el charco, gratis, con un kilo de droga. “A cambio vivirás en España y ganarás un millón de pesetas”, les dijeron. Pero la pasma descubrió la coca en sus maletas, y por eso están hoy en la cárcel de Brieva, donde tendrán que pasar unos siete años, más del doble de la condena dictaminada contra Farruquito, por ejemplo, o la condena de alguien que ha matado a una persona “sin tener intención de” (muchos homicidios imprudentes) o más o menos el mismo tiempo que muchos de los que han matado a una persona con intención de hacerlo. Porque, señores y señoras, así está la ley penal en España.

Pero sigamos con el director: nos enseña el módulo de “las buenas”, presas que nos sonríen y nos saludan de forma educada mientras pasamos, mujeres que charlan tranquilamente de sus cosas; están libres (o sea, vagan a su aire a lo largo y ancho del módulo) hasta las 21 horas, que es cuando tendrán que ir a la celda. En Brieva todas las celdas son iguales: una litera, un inodoro, un espejo, un armario, una ventana y una tele (la tele está al menos en la celda que estamos viendo; es de la presa. “Antes les dejábamos la luz sólo hasta la 1, ahora no la cortamos en toda la noche porque, en realidad, ¿qué más nos da a nosotros?”, dice el director). “¿Pueden elegir compañera de celda?”, le pregunté, pues para mí desde luego no sería nada fácil compartir habitación con alguien con quien, simplemente, no congeniara. “Por supuesto, siempre y cuando no hagan nada malo. Algunas piden estar juntas porque son amigas, otras porque son novias…”. Hay otros tres módulos en la cárcel de Brieva. Uno de ellos es para las drogadictas. “Arman mucho ruido, gritan en exceso, pues sus problemas con las drogas las llevan a estar demasiado nerviosas, ¿Qué si hay droga dentro de la cárcel? No debería, y ya me gustaría decirte que no la hay, pero lo cierto es que, a veces, la pasan”. Otro de los módulos es el de las consideradas peligrosas. “Han agredido a un funcionario, o a otra presa… Ahora mismo son sólo quince, y éstas nunca, nunca, pueden salir de su celda acompañadas, siempre lo hacen solas”.

En la cárcel de mujeres de Alcalá Meco, en la que estuvimos el año pasado, estaban bastante peor. Las celdas eran mucho más pequeñas, agobiantes, cuatro paredes de hormigón que en mi memoria no tenían ni ventanas. Le pregunto al señor director si en la cárcel de Brieva hay enfermas mentales o esquizofrénicas y nos explica que “no debería, porque las enfermas mentales deben estar, lógicamente, en centros psiquiátricos; pero lamentablemente sí las hay. Existe un problema de falta de centros, pero lo que sí es verdad es que ninguna de las presas ha delinquido en un momento de delirio o por su psicopatía”.A la salida, le pregunto a la asistente social que cuál es el caso más extraño que tienen, o sea, que cuál ha sido el delito cometido menos típico. No sabe qué contestar porque, me repite, la mayoría están dentro por delitos contra la salud pública. Estos delitos, si las drogas estuviesen legalizadas, no existirían, y por tanto se acabaría la masificación y las condiciones infrahumanas en las que conviven en la cárcel de Alcalá Meco, por ejemplo (cierto y verdad es que en la de Brieva están mucho mejor, es más grande, tienen más espacio).

No sé si sería bueno legalizar las drogas (a bote pronto me parece una buena solución, pues se acabarían las mafias y los problemas de adulteración, entre otras cosas, y el Estado tendría mucho más dinero para gastar en otras cosas) pero, desde luego, me parece una brutalidad que tengan encerrada ocho o nueve años a una niña de 18 que simplemente aceptó meter en su maleta un kilo de droga, y que lo aceptó a cambio de la promesa de una vida mejor.

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p.s. el que quiera leer la simpática crónica de merylspider, una chica divertidísima y muy generosa que acudió ayer a la charla en el Palacio de los Serrano de Ávila, y que luego vino a tomar un vino a la taberna con nosotros y las organizadoras del acto, que entre en el blog vecino (o sea, en el de lucía). también puede hacerlo aquel o aquella que desee ver alguna foto con merylspider, lucía, las organizadoras, en susodicha taberna abulense, o quien desee poner cara y ojos a un periodista de la Cope (con rasta y piercing!), Daniel Rodríguez, unos 25 años, un chico muy alegre que se plantó en el Palacio con un regalo para Lucía.

p.s. tengo un resfriado horroroso, horroroso, que diría la María Barranco de Mujeres al borde de un ataque de nervios. ¿alguien cree en los poderes curativos del Frenadol?

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Ocurrió ayer en un tren de Barcelona. Un skin llamado Sergi Xavier, 21 años, agredió a una adolescente ecuatoriana. Porque si, porque le dio por ahí, o porque odia a la gente que viene de otros países.

 

No es para tanto, no es para tanto, la renovación de El PAÍS (ahora acentuado) no ha sido para tanto, es lo primero que he pensado al comprarlo esta mañana, tras mirarlo por encima. Y es que le han dado mucho bombo, oiga. Luego, a medida que he ido deteniéndome en las páginas, leyendo las noticias, los reportajes, las crónicas, observando las fotografías, he ido cambiando de opinión. Creo que el periódico ha cambiado bastante, sin duda para mejor.  

Cambia la letra, abandonando la clásica Times por una más moderna que me gusta más. ¡Yo la quiero para mi blog! Y, entre otros cambios de diseño, ahora las columnas de la contraportada llevan la foto del articulista. También incluyen ahora la foto de todos los que colaboran en Opinión, sección que ha ganado espacio e importancia con el cambio. Cambia el orden de las secciones, y Madrid (como las otras comunidades) vuelve a tener un cuadernillo central independiente. Las fotos son más grandes, y por tanto todo es más vistoso.  

El reloj que regalan hoy está chulo, aunque me amigo Paco diga dice que es muy feo, y, aunque ya lo tengo en mi muñeca, por las noches tendré que esconderlo para poder dormir: un sonoro tic tac va con él inseparable, y yo prefiero los relojes silenciosos. ¿Será acuático?  

Y el País Semanal (un acierto haber vuelto a llamarlo así) nos presenta hoy una estupenda entrevista hecha por Juan José Millás a María Teresa Fernández de la Vega, en la que la vicepresidenta cuenta cosas de su vida, como que tomó conciencia de las injusticias sociales cuando siendo adolescente le decían en casa “haz la cama de tu hermano”. Primero protestaba, pero luego la hacía porque sabía que si no la haría su madre, que estaba mal de la espalda. Cuenta de la Vega que estuvo a punto de casarse y que rompió con su novio una semana antes de la boda. Millás, en un momento dado, le viene a preguntar por qué no ha cuajado ninguna de sus relaciones en una pareja estable, con hijos y todas esas cosas. “Estable…, hijos… No se han dado las circunstancias, pero yo no he sentido ahí una frustración ni que se me haya creado un vacío especial, porque el vacío afectivo se produce cuando no hay afecto, y yo, la verdad, no puedo quejarme de los afectos. Me siento completamente privilegiada en cuanto a los afectos. Soy una persona con muy buenos amigos, como una especie de familia reducida, con una relación muy intensa, muy buena. Tengo además un hermano con el que mantengo una relación extraordinaria… No ocurrió, y eso, el que yo no tenga cargas familiares, me da más facilidades a la hora de aceptar compromisos. Un compromiso de esta naturaleza exige mucha dedicación, y yo, en este caso, no he tenido que sacrificar nada ni a nadie… si yo tuviera tres niños pequeñitos o sufriría de no poder verlos, porque desgraciadamente no resulta fácil para las mujeres conciliar y compatibilizar todas las responsabilidades a las que tenemos que hacer frente”.   

Cuenta además que en Barcelona, adonde fue a vivir con 23 años y una oposición recién sacada, vivió la mejor época de su vida. “Era a principios del 74. Descubrí lo que era la independencia, la libertad personal, la responsabilidad también de tener un trabajo. Y no tener que rendir cuentas de lo que hacía a nadie. Tenía entonces una relación personal importante, pero bueno, allí fue donde se rompió, porque la libertad fue más poderosa que la idea de quedarme sujeta a una relación que yo veía que me asfixiaba. Entonces allí conocí a gente maravillosa, me metí en la política, todavía en la clandestinidad. Conocía a personas extraordinarias que me enseñaron muchísimo…”. Le pregunta Juan José Millás en qué consiste, hoy, ser de izquierdas: “En defender valores tan concretos como la solidaridad y la justicia social. Consiste en hacer que los países crezcan económicamente, pero también en hacer partícipes de los beneficios de esa riqueza al mayor número posible de ciudadanos. Consiste en hacer que los derechos humanos, cuyo reconocimiento es ay universal, sean una realidad universal. Consiste en que las oportunidades, al igual que los derechos, sean también universales. Consiste en desterrar la idea de que la injusticia es una cuestión de mala suerte. Los millones de hombres y mujeres que padecen miseria no tienen mala suerte, son víctimas de una situación injusta. Y la justicia es un asunto de hombres y mujeres que creen en la igualdad esencial de todas las personas, que creen que todos tenemos el mismo derecho a ser dueños de nuestra vida, con independencia de la raza, de la religión, del lugar de nacimiento, o del sexo”.  

Si Juan José Millás no le ha preguntado por María Escario, supongo que ha sido por respeto. Pero creo que se ha equivocado, pues hubiera sido una formidable oportunidad de desmentir bien desmentido un bulo que lleva años circulando por la red (¿recordáis el de la mermelada, la niña, el perro y Ricky Martin? Pues igual), una mentira creada por la derecha más peligrosa como vehículo de desprestigio de una mujer que ha demostrado ser fuerte, y trabajadora, y honesta, por la mujer que tiene más poder hoy en España, como dice el periódico, pero que no tiene autoridad (poder y autoridad son cosas diferentes) pues en este país hay quien sigue tratando de denostar, ridiculizar incluso, a una persona llamándola lesbiana, o metiéndose con su atuendo, o con sus arrugas, o con su delgadez, con su físico. Y esto no es justo.

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(añadido de última hora) Ernesto Ekaizer, periodista bastante riguroso de El País, ha contado hoy en las páginas de éste algo muy divertido: una disputa entre el Rey y Esperanza Aguirre, y todo porque ésta se puso a defender a Losantos en una comida con su majestad (“no sé si os va a gustar lo que voy a plantear, pero creo que se debe dar un trato humano a Federico Jiménez Losantos”), a lo que, según cuenta Ekaizer, el Rey, algo soliviantado ante el insólito arranque de la dama de hierro madrileña, espetó: “¿Cómo? Es a mí a quien tiene que dar un trato humano. ¿Pero esto que es?”. Y luego añadió: “Le he dicho a Rouco Varela que recen menos por mí y la monarquía y se ocupen más de la Conferencia Episcopal que controla a la [cadena de radio] Cope”

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Mi opinión sobre Las 13 rosas, la peli que acaba de estrenar Emilio Martínez Lázaro. En un país en el que casi nadie lee libros, y menos de Historia, es de celebrar la aparición de películas que traen consigo la recuperación de episodios casi olvidados en las mientes del imaginario colectivo, un rescate a tiempo del injusto olvido que parece apoderarse de muchos de nosotros. Recupera Las 13 rosas la tragedia colectiva de una de las dos Españas irreconciliables aún a día de hoy, la de los vencidos en el Madrid de 1939, reelaborando en la ficción la agónica angustia de cuantos no tuvieron otro remedio que huir a otro planeta, o esconderse muy bien, o engañarse a ellos mismos para engañar a los demás sin ser descubiertos, o casarse sin amor, o dejarse torturar para no traicionarse a sí mismos, o, simplemente, morir, como fue el caso de las 13 mujeres republicanas cuya historia rescata dignamente Emilio Martínez Lázaro con esta triste película de un final demasiado, excesivamente triste. Y éste ha sido el error de su director, el de tratar de potenciar de un modo espectacular la ya de por sí tragedia, dándole al desenlace un toque dramático innecesario, tratando de potenciarlo con una música demasiado exagerada, y con el llanto histérico de una madre que corre desesperada detrás del coche de su hija que va a morir (Luisa Martín, soberbia por otro lado, protagoniza esta secuencia que no ocurrió en la realidad y que, por tanto, ha sido inventada buscando las lágrimas del espectador), y con los abrazos desesperados de las jóvenes (unas niñas siempre, siempre, maquilladas) minutos antes de que vayan a ser fusiladas. La historia, ya de por sí dramática tal y como ocurrió en la realidad, no necesitaba de aditamentos que le dan un toque melodramático que le resta credibilidad una vez que, vista la película, nos paramos a racionalizarla en la soledad de nuestros pensamientos. Y para muestra un botón: mi acompañante lloró más de lo que yo le había visto llorar nunca antes. Si a todo esto añado que, en mi modesta opinión, la primera parte del filme no está bien hilvanada, y que hay personajes que poco o nada aportan a la historia (el de Fran Perea, por ejemplo), puede parecer que estoy diciendo que no es una buena película, pero lo que en realidad opino es que podría haber sido mejor. Id a verla y llevad, eso sí, dos o tres paquetes de kleenex.

¿dónde está wally?

Octubre 19, 2007

No voy a los toros porque me gustan los toros [Davidelfín]  

 ¿Está loca la gente animalista?, ¿por qué desde según qué medios se ridiculiza constantemente a los que defendemos los derechos de los animales?, Y, si esto es así, ¿por qué, entonces, el único post animalista que he puesto hasta la fecha ha sido de los más leídos y comentados?, ¿será porque mi blog es modestamente independiente y no está enlazado a la web de la COPE?, ¿por qué si los papás de un niño de 3 años no tienen que pagar por su  trayecto del Ave Madrid-Sevilla, yo tengo que pagar por mi perro, que va enjaulado y en el pasillo?, y, peor aún, ¿por qué si digo que esto último no lo veo lógico se me echan encima un montón de personas y me gritan “CÓMO TE ATREVES A COMPARAR UN NIÑO CON UN PERROOOOOO”?, ¿acaso estoy yo haciendo semejante comparación?, ¿acaso yo soy un simplista?, ¿por qué la gente no se entera los proyectos contra el maltrato animal y la tauromaquia que el partido de Los Verdes presenta a los medios?  

Y es que hoy, mientras comíamos en el restaurante del Congreso de los Diputados, me preguntaba Joan Oms, de Los Verdes: “¿de cuántos de los tres proyectos que hemos presentado en los tres últimos meses has tenido noticia?”  Obvia decirlo: de ninguno.  

Marta Tafalla, filósofa que da clases en la Universidad Autónoma de Barcelona, una mujer pelirroja, melodiosa voz, vegetariana, y animalista convencida, me contaba desalentada que más de uno y más de dos la toman por loca en su universidad. ¿Por qué? Por defender los derechos de los animales (inciso: recomendación de Marta Tafalla: un cuento llamado “Diario de Estrellas”, lo escribe un polaco llamado Stanislaw Lem. Ha abierto su charla con el argumento del cuento, y parece maravilloso –y por eso luego, en la comida, lo he anotado bien–. No sé vosotros, y no sé dónde ni cuándo ni con qué pretexto, pero sí sé que lo leeré).  

Los Verdes, junto a intelectuales, artistas, muchísimas asociaciones animalistas, y periodistas, han llenado hoy por la mañana la sala de columnas del Congreso de los Diputados.  

A ver, Curro, ¡organización!, que suele decir uno de mis amigos. Es que me voy por las ramas. Como tengo mucho que contar y tengo muy poco tiempo pues acabo de decidir que voy a hacer un mini resumen de lo expuesto por cada ponente; pero que no se me enfaden los señores diputados por resumir tanto, que uno hace lo que puede, ¿eh? El que desee ampliar información que entre aquí: http://www.verdes.es  

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Francisco Garrido (diputado de los Verdes, sevillano, en confianza le llaman Curro) “Existe un gran vacío en el reconocimiento de los derechos de los animales, y por eso es necesaria la existencia de una ley de mínimos que los reconozca. Es necesaria además la modificación del tipo del Codigo Penal referente al maltrato a los animales, pues tal y como está tipificado no se están cumpliendo las condenas… también habría que modificar la Constitución, para así constitucionalizar el bien jurídico de los derechos de los animales….”  

Joan Oms (diputado de los Verdes)“¿Hasta cuándo se van a tolerar espectáculos públicos basados en la tortura y en el maltrato? Por eso estamos trabajando en una ley marco de los derechos de los animales, para que no sigan quedando impunes, por ejemplo, gente que maltrata a un pobre perro como el de Cádiz [Joan Oms se refería a un perro abandonado que callejeaba por la localidad de El Cuervo y que, hace unos días, fue agredido por unos desalmados que le dieron una brutal paliza; el perro se escondió debajo de un coche. Y no quería salir, lógicamente. Mirad la foto perro-escondido-debajo-del-coche.jpg]. Hasta que no consigamos tener esta ley, no viviremos en democracia”   

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Lucía Etxebarria (escritora por todos y todas conocida. Entended que con ella me extienda algo más; y no porque sea mi amiga, que lo es, sino porque su intervención ha sido, simplemente, brillante –son muchas las personas que se lo han dicho, en serio–). Yo tenía diecinueve años y era una chica muy mona y muy bien plantada. Por la noches trabajaba de camarera, y por el día estudiaba periodismo. En la Universidad conocí a un señor mayor que estaba intentando sacarse la carrera de periodismo porque así se lo exigían en el periódico para el que trabajaba, en el que ejercía, entre otras cosas, de crítico taurino. Debía tener unos treinta y pocos años, pero a mí me parecía un abuelo, no tanto porque los hombres de treinta me parecieran viejos en general, sino porque este iba siempre vestido con chaquetas, lucía la típica tripilla de señor mayor y además hablaba como si se hubiera tragado el Quijote, con un verbo rimbombante y pasado de moda. Al señor se le metió entre ceja y ceja que me tenía que llevar a los toros y yo, más por la insistencia de él que por convencimiento mío, acepté.
Me presenté a la cita vestida de Ava Gardner, con un traje de lunares muy ceñido, el pelo recogido en un moño y los labios pintados de rojo locomotora. Pensaba que así había que vestirse para ir a los toros. No sabía nada de la fiesta, excepto que los de Gabinete Galigari decían que les gustaba. Al señor se le desmesuraron los ojos de contento cuando me vio, me tomo del bracete y me llevó al tendido, lleno de críticos como él, tipos engominados que me dedicaron todo tipo de piropos más o menos subiditos de tono.
Comenzó la fiesta. Estábamos en el tendido cero. A los veinte minutos me puse a llorar ante el surtidor de sangre que, casi, casi, me salpicaba, y me fui de allí. El crítico me siguión, y sus se me quedaron grabadas a fuego candente, como al toro la marca del ganadero en la piel: “Me has puesto en ridículo”

Las corridas de toros vulneran varios artículos de la Declaración de Derechos del Animal, ratificada por la UNESCO y por la ONU, que afirma “ Ningun animal será sometido a actos de crueldad para diversión del ser humano”. 

 De esto hace 20 años. Si miro hacia atrás son, evidentemente, muchas las cosas que han cambiando en este tiempo. Por eso estoy convencida que dentro de 20 años no existirá la mal llamada fiesta nacional. Es que forma parte de la tradición, dicen algunos. A ellos les respondo que también formaba parte de la tradición el combate de gladiadores, y a día de hoy no lo podemos concebir. Si tuvieran que mantenerse todas las tradiciones… ¡aceptaríamos la extirpación del clítoris! Sí, en muchas sociedades es tradición.

Es que es arte, dicen otros. Pero lo cierto es que, al ser el arte subjetivo, ¿qué pasaría si alguien dicen que es arte degollar a una persona?Es que el toro no sufre, dicen otros. ¿En serio?, ¿alguien puede creerse que no sufre un animal que chorrea sangre, que está reventado por dentro, y que debe aún de someterse al suplicio de que le banderilleen? La espada del matador acaba de inundar de sangre los pulmones. Según el reglamento taurino “el toro será sometido al castigo apropiado” . El matador da instrucciones al picador para que “castigue” al toro, es decir, para que le rompa los músculos del cuello y de la espalda. El picador busca el sitio de un anterior puyazo y sigue barrenando, moviendo circularmente la pica, que se introduce unos 40 cm en el cuerpo del animal y le destroza los músculos. Y de ahí el espectacular chorro de sangre que me hizo abandonar, llorando, el ruedo.  

A mí me gustan mucho las corridas, por supuesto, pero no las de toros. Y lo que más me molesta es que enciman se paguen con mis impuestos porque ya que no hay dinero para guarderías públicas, por ejemplo, al menos me gustaría poder tener derecho a que NI UN SOLO CENTIMO DE MI DINERO VAYA A APOYAR ESTA SALVAJADA.No me gustan los toros, y no puedo entender que se la Consejería de Educación de una Comunidad afirme que “Para dar impulso, desarrollar y fomentar la fiesta de los toros, consustancial a nuestra cultura, concederá subvenciones a Municipios que realicen acciones dirigidas al apoyo y fomento de las actividades taurinas”[Lucía contó muchas más cosas, y dio un montón de datos sobre las subvenciones y la pasta que se gasta con dinero público, pero la chica que tenía al lado empezó a hacerme muchas preguntas, y charlé con ella, y perdí el hilo] 

Alberto Vázquez-Figueroa. Escritor. Yo quisiera hacer hincapié en todos los animales, hasta en los más pequeños. Porque no olvidemos que muchos, muchos animales están muriendo por sed. Los animales son también los conejos, las liebres, los ciervos, los topillos que viven en el campo… y LES ESTAMOS ROBANDO SU AGUA, señores, día tras día… porque todos los días aparecen muertos millones de topillos… estamos matando a los animales silenciosamente… y por eso yo acuso desde aquí al Ministerio de Medio Ambiente de ser culpable de lo que está ocurriendo… y es que existe un informe medioambiental que iban a poner en marcha y, ¿saben lo que pasó?… pues que la ministra dijo que no, que no se ponía en marcha, y todo porque perjudicaba a muchas empresas… ella es la culpable….  

Ruth Toledano. Poeta y periodista. Tiene un perrito muy mono y muy pequeñito, tan, tan pequeño que le dejan entrar con él en la Fnac. Va al mismo peluquero que yo, a Julio, un buen amigo (”¿conoces a Julio?, ¿en serio?, Es lo más!”). Escribe en El País [por cierto, aprovecho para hacer un inciso: comprad todos El País este domingo… ya sabéis que se renueva… se va a acentuar… el País Semanal vuelve a llamarse País semanal… cambios de diseño, orden de secciones… renovarse o morir ¿quién dijo eso?] Yo estoy muy ilusionada y contenta, aunque todavía, claro, la conciencia animalista es incipiente… el problema está en que no nos permiten ver lo que está sucediendo… si la gente conociera lo que está sucediendo… sería diferente, la calle sería un clamor… pero NO NOS LO PERMITEN… no se sabe qué pasa con las granjas peleteras, con los visones… con las perreras… de continuo en este país se ejerce la crueldad contra seres que están viviendo un auténtico holocausto… porque la única diferencia es que los humanos tenemos voz, los animales no tienen voz, sólo la que nosotros les ponemos, porque mi voz es la de una gata, una burra, una gallina, una mona, una rata… y esto no es palabrería, si nos dejaran ver las imágenes que tienen escondidas, no sería yo la que hablara, sería muchísima más gente… Los medios de comunicación siguen censurando por intereses económicos y empresariales… estamos hablando de biocidio y de genocidio… como ciudadana exijo que se me escuche y confío en que un Gobierno que se dice progresista, y que lo ha demostrado en otros aspectos, no dé la espalda a los derechos de los más débiles e inocentes… 

Jorge Riechmann. Poeta y escritor. Un tipo muy inteligente. ¿De quién es el mundo?, ¿a quién le pertenece?… habría tres respuestas… a) de los inversores, b) de la gente o c) de la gente pero también de los animales, de los osos, de los elefantes, de las plantas, los insectos, los anfibios, de los seres humanos y no humanos futuros, de los que vendrán cuando nosotros ya no estemos aquí… ¿tienen derechos los animales? Sin duda los tienen si es que los tienen los humanos… Es necesario superar muchos prejuicios… 

Isabel Pisano (periodista, escritora y vidente ocasional) dio otras razones para la abolición de los toros, y Marta Tafalla dio un acertado enfoque filosófico al tema. Pero ya no puedo contar más, tengo que ir terminando y no quiero dejar de mencionar a Kepa   

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Kepa Tamames, de ATEA (asociación para un trato ético para los animales) un hombre comprometido que publicó el año pasado un libro titulado Tú también eres un animal (MR Ediciones; por cierto, la frase de Davidelfin de arriba del todo, junto a doscientas frases más de personas famosas, las podéis leer en su libro, por otro lado muy recomendable). Recuerdo que el día de la presentación, en la Fnac, hará unos 7 meses, Kepa explicó maravillosamente qué derechos deben tener los animales: “Todos no, lógicamente. No tendrán derecho al voto, como tampoco lo tiene un niño de dos años” [y pongo este ejemplo porque yo creo que explica muy bien los ridículos ataques de mucha gente; somos animalistas, no somos gilipollas] ¡Ah! Otra cosa, si alguna vez leéis el libro o cae en vuestras manos o qué sé yo: id al final y leed las dedicatorias. A mí nombre va una (gracias Kepa), y plasma una anécdota MUY divertida que nos pasó a ambos mientras el libro estaba aún sin publicar.  

Otra foto tomada a la salida del Congreso de los Diputados (para que sigamos jugando pues, obvia decirlo, con el título del post os invito a que descubráis dónde está Lucía en esta y en la foto de arriba, y dónde está Ruth Toledano)

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No puedo contaros ya nada más. Os dije que hablaría de cine, pero se me ha hecho tarde. Ya veis, me ha salido un post más largo que el editorial de los domingos de Pedro Jota. Pasadlo bien el fin de semana. El lunes contaré mi opinión, definitivamente, sobre las cuatro últimas películas que he visto en el cine.  

Las trece rosas [sólo adelantaré que nunca había visto llorar así al alegre acompañante que vino al estreno conmigo anoche]. 

Quiéreme. 
 
El Orfanato 

Esa extraña que hay en ti.

quiéreme

Octubre 18, 2007

Lo primero: Gracias de mi parte y de parte de Estrella a tod@s los que escribisteis algo ayer, que fuisteis muchos. Estrella, que está mucho mejor, no daba crédito cuando leía todos vuestros comentarios. “Curro, pero si la mayoría no me conoce de nada. Es increíble, estoy muy sorprendida, llevo todo el día emocionada, ¡esto de los blogs es mágico! Muchas, muchas gracias por el post, se lo he dicho a mi padre, no te importa, ¿no?…”  

Lo segundo: una conversación que tuve ayer por teléfono.  

–Hola L. [me dirijo, vía móvil, a la jefa de prensa de la editorial Planeta; he llamado millones de veces, pero siempre comunicaba, pues anda por el mundo estos días, imagino, enloquecida y algo estresada, que su móvil debe echar humo; ya se sabe que el fallo del premio mejor pagado de nuestro solar patrio trae una enoooooorme rueda de entrevistas, promoción, gira a lo largo y ancho de la península, televisiones, radios, diarios, reportajes, y el encargado de coordinar y organizar todo ese lío es, lógicamente, el departamento de comunicación; pues L. es la jefa de dicho departamento, y me ha llamado tras enviarle un sms en el que decía algo así como “S.O.S. necesito hablar contigo; estoy desesperado”], verás, me llamo Curro y, ¿sabes? Es que yo tengo cerrada una entrevista, una producción cuidada para un bonito reportaje de ocho páginas, con Boris Izaguirre, y la tengo cerrada desde hace mucho, mucho tiempo, que hará unos seis meses desde que le propuse esto, cuando le entregué, a través de una amiga que me hizo el favor y le asaltó cual fan histérica en una fiesta en el Ritz –presentaban la temporada de Mujeres Desesperadas él y la otra, ay, cómo se llama… bueno da igual- una carta y una revista, precisamente en la que salía Jesús Vázquez, que yo sé que a él le iba a gustar esa entrevista, y luego, él aceptó, pero se olvidó todo, ya sabes cómo son estas cosas… más tarde, el pasado verano, estaba yo en Escocia y volví a la carga, y casi me arruino en sms, de tantos que le envíe al pobre Boris. Yo lo gestioné directamente con él, bueno, en realidad primero hablé con Rubén, su marido, y no lo hice a través tuya porque ¿cómo iba yo a saber que Boris iba a quedar finalista del premio si ni siquiera sabía que se había presentado al concurso? Y, ahora, así, sin comerlo ni beberlo, me he encontrado con un problema… Sí, claro, por supuesto que le voy a preguntar por su libro, y lo voy a citar bien citado en la introducción, ¿cuándo crees que podréis enviármelo? Es que no me gustaría preguntar sin haber leído la novela… claro que esto es si finalmente hacemos la entrevista porque ¿sabes? es que hoy le he escuchado en La Ventana, y hablaba él con Juanjo Millás y Gemma Nierga y comentaban que se iban a hacer inseparables por la de tiempo que van a tener que pasar juntos, que han bromeado con hacer un programa de televisión y se han autodenominado Batman y Robin y todo…. Y por eso, que yo por supuesto me alegro mucho de que Boris haya quedado finalista pero ¡por dios L. no me dejes sin entrevista! Es que para mí es muy urgente, aunque tú no lo veas tan importante… Verás, es que lo que me asusta no es la entrevista en sí, que yo he hecho entrevistas en taxis, en aeropuertos, en condiciones meteorológicas adversas, por teléfono cuando ha hecho falta, lo que me preocupa, digo, es que esto es una producción con sesión de fotos de profesional y estudio alquilado, con estilista que busca ropa cara para el personaje, y de verdad L. que ya se nos echa el tiempo encima y, si Boris nos deja plantados, aunque yo sé que él no tiene culpa de nada y que las circunstancias sobrevenidas son las circunstancias sobrevenidas, ¿qué vamos a hacer? Es que cambiar fecha no es tan fácil porque, claro, Boris tiene programa en Barcelona de lunes a viernes, ¿no?, y además es que Boris no es sustituible fácilmente, que llevo casi un año queriendo hacer con él la entrevista, tan grande es y tantas cosas tiene que contar…

–Curro, a ver, un momento, tranquilo, para, ¿cuándo habéis quedado en hacer la entrevista y cuándo pensáis publicarla?

–Uhm… el sábado 27 a las dos de la tarde, es que yo sé que él no tiene más hueco que ese, porque creo que entre semana vive en Barna, ¿sabías esto? por el programa… y la publicación… no sé… tendría que hablar con producción, pero yo creo que no será antes de Navidad… L., es que además, se me ha presentado la oportunidad de ver a Al Gore ese día en Sevilla, pero yo prefiero ver a Boris, ¿eh?

–Vale, pues has ganado. No hay ningún problema. La promoción del Planeta comienza en noviembre… pero como lo vais a hacer antes y lo publicáis después… Mira, estoy todavía en Barcelona, pero mándame un mail a l****** y no te preocupes, cuento con tu entrevista, y te mando el libro en cuanto se pueda y la cubierta y…

–¡Qué bien L.!

 Por cierto, siempre se me olvida contaros una cosa. Ahora está en los kioskos el número de Sexologies en el que sacamos a Mónica Estarreado, ¿sabéis quién es?  

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La conocimos hace años por El Super, y pronto el cine la reclamó para En la ciudad sin límites (gran película, por cierto), de Antonio Hernández, película por la que recibió buenas críticas. Ahora podemos verla a diario como Cayetana de la Vega, una de las protagonistas de Yo soy Bea, la serie de Telecinco de mayor audiencia de la actual parrilla televisiva.   El día de la entrevista daban las dos menos cinco de la tarde y llegó con falda corta y camiseta y el móvil en la mano. Aparcó su coche en un santiamén y luego dijo: “Estoy muerta de hambre, ¿podemos picar algo antes de las fotos?”. Le pareció perfecta la primera taberna que encontramos, donde eligió un montadito de lomo y una caña. Se lo comió a toda prisa, y a continuación pidió un café en vaso de plástico. “Es para poder llevármelo al estudio y que así no tengan que esperar”. Luego, durante la sesión de maquillaje, lo mismo charla sobre Isabel Pantoja (“me mucha pena lo que le está pasando”) que sobre los libros de Alessandro Baricco (Seda es uno de sus preferidos). Mónica Estarreado es una mujer guapa, con un pelo muy negro, brillante y ondulado (“de pequeña lo tenía liso como una tabla de planchar”) que casi le roza la cintura. Sus ojos, también negros y brillantes, lo recorren todo con viveza y una especie de desazón. Cuando hablas con ella te atrapa su pasmosa naturalidad, porque Mónica no mide las posibles consecuencias de sus palabras, simplemente responde a las preguntas con la rapidez mental de los que son muy inteligentes, con una espontaneidad sincera que no suele encontrarse en la mayoría de las actrices de su edad. Dos días después de la primera cita, la contacté algo nervioso: “Mónica, recuerdas cuando estábamos hablando y se cayó la grabadora? Pues bien, dejó de grabar ¡no se grabó la última media hora!”. “No te preocupes, son cosas que pasan, ¿tomamos algo tranquilamente la semana que viene?”, me respondió. “No puede ser, tengo que entregar ¡en tres días!”. “Déjame que piense. Si puedes venir mañana al rodaje, ningún problema”. Y fui, por supuesto. Grababan unas secuencias un restaurante de la Casa de Campo, y cuando el realizador gritó “¡corten!” ella abandonó por un momento a Cayetana de la Vega para darme un beso y decirme, amabilísima, que “ya sólo falta una secuencia” para que pueda estar contigo. Cuando terminó, se cambió de ropa, abandonó el vestido de Cayetana y se colocó en un periquete, para estar cómoda, unos pantaloncillos floreados y una camiseta. Su novio, Luis, un chico muy mono, de ojos claros y redondos, gritó desde lejos ¡Mónica! y luego se acercó y le preguntó si quería  comer, serio y atento, con los ojos muy abiertos, como con mucho amor. De Mónica gusta su franqueza, su desenfado, su manera relajada de moverse y hablar de cualquier cosa. Una chica que se declara “poco ambiciosa”, y que está más a gusto que un arbusto haciendo Yo soy Bea.

En el post de mañana jueves daré mi opinión sobre las tres últimas películas que he visto en el cine:

Quiéreme. Fui ayer al estreno.

El Orfanato. Sí, sí, ya la he visto.

Esa extraña que hay en ti.