perra vida (que se me había olvidado poner título, coño)
Noviembre 30, 2007
la verdad es que ayer por la noche, cuando entré en el blog, me quedé bastante sorprendido de las muchísimas visitas que había tenido mi último post. como comentó pablo, efectivamente, era todo nervios pues una sucesión de pequeños acontecimientos y nefastas casualidades se habían dado en mi vida. tiene también razón maxim con lo de la fiesta quince aniversario de la revista Vanidad: lo pasamos bomba, pero yo ya me llevé a la fiesta algunos problemas, bien almacenaditos en algún lugar de mi cabeza. la celebración tuvo lugar en la sala Wind, una discoteca subterránea que se halla en la plaza del carmen. la modernidad era tal que apabullaba, en serio. pero ahora, en este momento, mientras tomo a sorbos lentos un café con leche en taza grande, a estas horas, que son las siete de la mañana, no me apetece escribir sobre fiestas.
el post de ayer solo dio para once palabras (“No puedo con la vida. Hoy no estoy. Lo siento”) pero superó, con mucho, el número de entradas del resto de los textos de la semana. no entiendo nada, pensé, y luego pensé más tiempo, y llegué a una conclusión: a todos nos pasa. Lo escribió David, un niño triste que a veces deja un comentario desde Getafe, todos pensamos en algún momento eso de “no puedo con la vida”.
Yo normalmente soy optimista y, con esfuerzo y autoconvencimiento, he aprendido a relativizar las cosas. Cuando el otro día entrevisté a Guille Milkyway, de la Casa Azul, le pregunté que cuál era su momento más feliz. Primero rompió a reír, y a continuación me dijo que precisamente ésa, el momento más feliz, es la canción que más le gusta de su disco. “Es la más triste”, añadió, “porque al final explica cómo la felicidad no existe, sólo momentos efímeros. Y eso es durísimo” (esto no es literal porque aún no he trascrito la conversación, pero es lo que recuerdo que me dijo). Yo creo que tiene mucha razón y que es muy importante, en una sociedad como es la que vivimos (alienante, salvajemente consumista, egoísta, competitiva, loca) relativizar las cosas.
Sólo así podemos: 1. vivir entre continuos sobresaltos sin volvernos locos y 2. lograr que estos a veces difíciles sobresaltos no impidan que podamos disfrutar de los buenos momentos. Según pienso, habría que relativizar hasta la muerte.
La felicidad no existe, evidentemente, y por eso es tan triste esa canción de la que hablábamos Guille y yo el otro día, porque reflexiona sobre cómo sólo nos podemos aferrar a pequeños momentos felices pues, al fin y al cabo, como dice la letra, el momento más terrible es comprender que es imposible rebelarse contra el devenir, un devenir que, a qué negarlo, es más negro que un chocolate sin leche.
Preguntarnos, ¿de verdad es tan grave esto que me está ocurriendo?, ¿es tan dramático como para que lloremos entre hipidos y se nos venga el mundo abajo? Sé que hay un dicho que dice “mal de muchos, consuelos de tontos”. Sin embargo creo que a veces conviene fijarse en los que están peor que nosotros: esa limpiadora a la que a veces damos los buenos días y miramos de reojo cuando nos la tropezamos en el portal de casa entre fregonas, lejía y cubos de agua, esa chica que, siendo ecuatoriana, un océano la separa de toda su familia y de sus amigos, pues vive en un país que no es el suyo (esto se encargan de recordárselo todos los días) y que le es claramente hostil, una mujer que además tiene tres hijos, un ex novio que no quiere saber nada de ella y que comparte un piso lleno de humedades con otra familia que, si cabe, está peor que ella. Aún así, es capaz de devolver una sonrisa cuando somos amables con ella.
Para mí mucha gente es un ejemplo, un buen referente en el que fijarme cuando las cosas no salen como uno espera, cuando se puede crear una montaña de lo que minutos antes era un grano de arena, merced a una sucesión encadenada de malentendidos y conversaciones latentes que no se produjeron cuando deberían haberse producido. Siempre digo lo mismo: lo mejor es hablar las cosas, cuanto antes, cuando nos inquietan, cuando nos preocupa algo. No estoy de acuerdo con ese movimiento (conveniente para algunos, cruel sin más para mí) que viene de EE UU al que llaman honestidad radical, según el cuál hay que decir siempre la verdad y solo la verdad. Muchas veces es necesario callar algunas cosas, para no herir sensibilidades, y otras veces hay que decirlas con mano izquierda. Yo nunca diría a nadie: “Qué feo estás”, por ejemplo, porque me parece de muy mal gusto. Tampoco diría a un amigo que me viene ilusionado a enseñarme sus zapatos nuevos “lo siento, no me gustan nada, ¿cómo te has podido comprar algo así?”. Pero si tú, querido lector o lectora, fueses mi amigo y haces algo que me duele, te llamaré directamente para que puedas explicarte. Todo esto es lo que pienso hoy mientras escribo. Ya son las siete y media de la mañana del viernes y os doy los buenos días. Feliz fin de semana. C.
un día laborable, sin blog
Noviembre 29, 2007
No puedo con la vida. Hoy no estoy. Lo siento. C.
Desayuno en Tiffany’s
Noviembre 28, 2007
Hoy me he terminado Desayuno en Tiffany`s, de Truman Capote. Es un libro extraordinario: hacedme el favor de leerlo. Al fin y al cabo, en la edición bolsillo de compactos de Anagrama no llega ni a los ocho euros. Por menos de lo que cuesta una copa en una discoteca o pub de diseño, tendréis una pequeña joya literaria en vuestra librería.
Holly Golightly es la protagonista de la novela, una mujer de carácter alegre y desprejuiciado, un alma bella, alocada y bondadosa que vive con un gato al que no considera suyo hasta que lo pierde (“Nos encontramos un día junto al río, y ya está. Los dos somos independientes. Nunca nos habíamos prometido nada”), una chica que vive sin tener nada claro su lugar en el mundo (“Si encontrase un lugar de la vida real en donde me sintiera como me siento en Tiffany’s, me compraría unos cuantos muebles y le pondría nombre al gato”), sin ser capaz de conservar ninguna cosa (“a estas alturas –dice el narrador- seguro que ya ha perdido la medalla, que la ha abandonado en alguna maleta o en el cajón de algún hotel”). El narrador y protagonista, como probablemente le ocurre a todo lector o lectora –aunque sea platónicamente- no consigue evitar enamorarse de ella: “¡Es fantástico! –gritó ella-. Y de repente lo fue. De repente, mientras miraba el centelleo del multicolor cabello de Holly a la luz amarillo rojiza que filtraban las hojas, la amé tanto como para olvidarme de mí mismo, de mis autocompasivas desesperaciones, y contentarme pensando que iba a ocurrir una cosa que a ella la hacía feliz”. En la tarjeta de su buzón, ponía: “Holly Golightly. Viajera”. Es una de esas chicas que te encuentras solo una vez a lo largo de tu vida, tan divertida e ingenua que es imposible no quererla. Pero, mejor, que sea la propia Holly la que hable, ¿no? Así la conocéis un poco aquellos que no hayáis leído el libro ni visto la película:
-… Oh, no vayas a creer que es mi tipo ideal. Dice mentirijillas y siempre anda preocupado por lo que pueda pensar la gente, y se baña unas cincuenta veces al día: los hombres deberían oler, un poco. Es demasiado mojigato, demasiado prudente para ser mi hombre ideal; siempre se vuelve de espaldas para desnudarse, y hace demasiado ruido al comer y no me gusta verle correr porque corre de una forma un tanto ridícula. Si tuviese libertad de elegir una persona de entre todas las que hay en el mundo, chasquear los dedos y decir, eh, tú, ven para acá, no elegiría a José. Nehru se aproxima bastante más a lo que yo pido. O Wendell Willkie. Me conformaría también con la Garbo. ¿Por qué no? Tendríamos que poder casarnos con hombres o mujeres o… Mira, si me dijeras que pensabas casarte con un buque de guerra, yo respetaría tus sentimientos. No, hablo en serio. Habría que permitir toda clase de amor. Soy absolutamente partidaria de eso. Sobre todo ahora que ya me he hecho una idea aproximada de lo que es. Porque sí, quiero a José; dejaría de fumar si me lo pidiese. Se porta como un amigo, es capaz de provocarme la risa hasta incluso cuando tengo la malea, aunque ahora ya no me viene casi nunca, sólo a veces, e incluso esas veces no es tan espantosa como para que me dé por tragarme frascos de Seconal o por ir a Tiffany`s: llevo un traje a la tintorería, o preparo unas setas rellenas, y ya me siento bien, en forma. Otra cosa, he tirado todos los horóscopos. Debo de haberme gastado un dólar por cada una de las malditas estrellas que hay en el maldito planetario. Es un fastidio, pero la solución consiste en saber que sólo nos ocurren cosas buenas si somos buenos. ¿Buenos? Más bien quería decir honestos. No me refiero a la honestidad en cuanto a las leyes (podría robar una tumba, hasta le arrancaría los ojos a un muerto si creyese que así me alegraría un día), sino a ser honesto con uno mismo. Me da igual ser cualquier cosa, menos cobarde, falsa, tramposa en cuestión de sentimientos, o puta: prefiero tener cáncer que un corazón deshonesto. Y esto no significa que sea una beata. Soy simplemente una persona práctica. De cáncer se muere a veces; de lo otro, siempre. Oh, a la mierda con este asunto. Anda, pásame la guitarra, voy a cantarte un fado en un portugués perfecto.
Dicho lo dicho, ahora añadiré que esta noche hemos visto la película de Blake Edwards en la que se basa la novela. Claro, es bonita, entiendo que os guste pero, en mi opinión, el libro de Capote no tiene comparación porque
- Ella es (considerablemente) más atractiva según la imaginación de TC (ojo, no digo que no fuese guapa Audrey Hepburn, por supuesto que lo era, y muy atractiva, y tenía el necesario aire de duendecillo distraído y alocado que requería el papel, pero no han conseguido darle en el cine los infinitos matices que sí tenía en la novela; a parte de esto, no sé por qué, mientras lees la novela piensas mucho más en Marilyn que en Audrey)
- Él resulta mucho más interesante en el libro.
- A ella llegas a admirarla, quererla incluso, bastante más
-La historia, leída, es bastante más bonita, interesante, emotiva, circular.
-Los diálogos son verdaderamente divertidos en la novela (de hecho, mientras la leía, un montón de veces tuve que parar para poder reír tranquilamente)
-En la película se adivina en el carácter de él un punto agresivo, cruel incluso, casi violento que ni de lejos está en la novela.
-El final se lo han cargado. Es más romántico en la película, pero diferente al de la obra original, y el de ésta resulta más conmovedor. O a mí me lo ha parecido.
Pues eso. C.
P.S. Por cierto, el gato de la película es exactamente igual a la gata que vamos a tener Estrella y yo. Sólo que la nuestra es más pequeñita y sí tiene nombre.
Conociendo a Espido
Noviembre 27, 2007
Nadie puede encontrar Soria Moria por su propia voluntad. Se llega allí por azar, pero nunca cuando se marcha a la búsqueda de ella. Es el hogar de los elegidos, la tierra que la muerte no conoce.
Me encuentro en Nietzsche art & drinks, un local rectangular, alargado, repleto de fotografías modernistas que se encuentra en el madrileño barrio de Lavapiés. Hay una fiesta. Numerosos camareros se pasean con bandejas de diseño y nos ofrecen variados cócteles. Invita Cointreau. La protagonista de la velada es una mujer de aire misterioso, asustadiza y distante a primera vista, cercana y cariñosa al rato, divertida y elocuente en cuanto se la conoce un poco. Una escritora que ostenta el honor de ser la ganadora más joven del Premio Planeta. Entonces tenía 25 añitos y había publicado Melocotones Helados, su tercer libro. Como el lector ya sabrá, se llama Espido Freire. Hoy tiene 33 años y celebra la llegada a las librerías de Soria Moria (Algaida), su última novela, premio Ateneo de Sevilla 2007, la historia de Isabella y Dolores, dos adolescentes de la alta burguesía británica que viven en Tenerife a finales del siglo XIX, dos chicas que no tuvieron adolescencia porque vivieron en un tiempo en el que no estaba permitido tenerla, una época en la que la adolescencia, simplemente, no existía.
Espido, con un vestido muy elegante de Jesús del Pozo, azul, de corte romano, largo hasta los pies, los ojos marrones y brillantes, muy abiertos, me mira y me sonríe y, al momento, dice: “Donde tú quieras y cuando tú quieras”. Avanzamos, atravesando el local cuan largo es mientras apartamos a la turbamulta, la mayoría amigos que quieren besarla y felicitarla. Entre estos figuran gente tan diferente como Berta Dehesa y Carmen Ruiz (ambas ex actrices de Yo soy Bea: “No, ya abandonamos la serie”), Joaquín Pérez Azaústre (joven escritor cordobés) o los actores Eloy Arenas y Eloy Azorín (padre e hijo). Finalmente nos sentamos en unos cómodos sofás que hacen de la esquina el lugar más confortable del local.
¿Cómo va tu estado de ánimo? No estoy muy segura (ríe); Estoy contenta, claro, pues las opiniones sobre la novela que me van llegando hasta ahora son buenas.
Scott, en tu novela, dice: “No deseo pensar en el futuro porque, como las ondulaciones de la trinchera, quién sabe qué esconde”. Y tú, ¿miras hacia el futuro mientras vives? Sí, por supuesto, y aunque no mire hacia él con demasiado optimismo sí lo hago con una idea de lucha, de reto. Cuando se ponen las cosas difíciles, pienso: “No pasa nada, vamos a ver quién puede”. Yo siempre he tenido un punto depresivo, pero poco a poco he ido adoptando la tenacidad, la constancia que siempre me ha enseñado mi familia.
Mujer guapa, joven, con éxito, ¿por qué no ser optimista? Porque tengo una visión demasiado global del mundo como para alegrarme sólo por mi éxito. Y, al fin y al cabo, somos seres dramáticos: estamos condenados a morir, ¿no?
¿Qué cosas te dan miedo? Las rejillas, por ejemplo, les tengo fobia. Nunca puedo pasar sobre ellas. Siento un miedo irracional a determinadas pérdidas, de mis amigos, de mis gatas, aunque no tenga por qué pasarles nada.
¿Eres mujer de mantequilla o de hierro? Mi apodo en la universidad era La Dama de Hierro, con eso ya te he respondido. Sin embargo, en ocasiones tengo la sensación que doy la imagen de ser una mujer débil. No lo soy, no necesito protección ni busco a nadie que me proteja y me mime. Soy muy vasca.
¿Tienes, como Linda en tu novela, cierta tendencia a la melancolía?
Sí, siempre la he tenido. Creo que es una cuestión de carácter, de constitución. Me gustaría ser más alegre, y más vital, y muchas cosas más (ríe).
Te hago una pregunta que se hace Dolores: ¿Cuántas veces hay que verte para enamorarse de ti?He experimentado alguna vez, de forma muy halagadora, cómo alguien se enamoraba de mí de un flechazo. Eso sí, creo que más que verme hay que escucharme.
¿Y cuántas veces hay que escucharte para conocerte?Aunque quizás mi aspecto físico no dé esa impresión, creo que soy bastante transparente. Me sorprende que haya quien piense que soy misteriosa o distante. No es cierto, aunque me gustaría.
¿Es necesario cuidar la vanidad? No, la vanidad y el ego hieren constantemente a uno mismo y a los demás. Hay que cuidar las pequeñas coqueterías, que es bien distinto.
Cecily le dice a Dolores: Nunca serás admirada si lo que te mueve en la vida es despertar admiración. Hace falta un cierto desapego, una indiferencia que muy difícilmente puede ser fingida. ¿Estás de acuerdo con ella? Es una de las pocas frases de Cecily, una mujer terrible, que yo suscribiría. Yo creo que es la definición clásica de la elegancia, y al mismo tiempo de la sabiduría. Quien busca desesperadamente la sabiduría, o la belleza, o ser amado, no lo va a conseguir.
A Thomas y a Scott les miraban, cuando llegaron a Tenerife en el Siglo XIX, con sospecha, ¿a quién miras tú con sospecha? Aunque sea un tópico, he de decir que cada vez me gustan menos los políticos. También miro con sospecha a cierto sector de la prensa que, teniendo un poder infinito, muchas veces no atiende a las necesidades reales.
¿Qué o quién te cambió la vida? Una de ellas fue el hecho de que me descubrieran para la Ópera, en la adolescencia. Fue un antes y un después para mí. Y ya, de más adulta, mi estancia en Noruega, cuando viví allí por nueve meses. Cuando regresé tenía bastante más claro por dónde quería ir. De vez en cuando tengo el anhelo de regresar…
¿En qué momento te diste cuenta de que querías ganarte la vida escribiendo? La decisión la tomé con 16 años, pero tardé algo más en materializarla, porque no me lo creía del todo. No tenía ningún contacto, ningún escritor en mi entorno, todo el mundo me decía lo complicado que era…
¿Y en qué momento te diste cuenta de que podrías vivir de la escritura? Cuando me contrataron la primera traducción al alemán, a los tres meses de publicar Irlanda, mi primera novela. Fue cuando dije. “Esto está hecho” (ríe). Creo que ahí también se lo comenzaron a creer mis padres.
¿Te resulta fácil escribir? Sí, otra cosa es hacerlo bien. Pero escribir, en cuanto a la grafomanía, desde siempre.
¿Nunca has sentido el miedo al folio en blanco? Nunca he tenido un bloqueo. Siempre estoy pensando, de forma que ya lo tengo todo muy estructurado cuando me siento a escribir.
¿Cuáles son tus aficiones? Leer, me encanta el cine, ir al monte, la gastronomía, los animales. Tengo cuatro gatitas.
¿Eres extravagante? Ya me gustaría, pero no. Mi mayor extravagancia es que me gusta la moda, algo poco habitual entre escritoras.
¿Cuál es el tópico que más detestas de los escritores y las escritoras? Esa especie de halo de sensibilidad y de superioridad intelectual que se presupone muchas veces. Yo he conocido cactus con un mayor interés en el ser humano que algunos escritores o escritoras.
Tu mayor defecto es… La fuerza de voluntad,
Y tu mayor virtud… La vagancia. Pero por suerte la contrarresto con la fuerza de voluntad.
¿Crees en el cielo? No.
¿Quiénes son tus héroes en la vida real? Te respondo con una frase de mi padre. Cuando gané el Ateneo de Sevilla, le pregunté: “Papá, ¿tú estás orgulloso de mí?”, a lo que me respondió: “Yo estoy orgulloso de toda la gente que hace bien las cosas y que no hace daño a nadie”. Lo suscribo. Esos son mis héroes.
¿Cuáles son las cualidades que deseas en un hombre? El atractivo y la inteligencia.
¿Has encontrado el amor apasionado? Sí, pero como todos los amores apasionados duran menos de tres años.
Espido rompe a reír y yo con ella. Mientras, algunos de sus amigos me dedican miradas inquisitivas. Quieren estar con ella, lógicamente. “Vale, creo que hemos terminado, ahora los lectores de Osaca te podrán conocer un poco más, y quizás, con algo de suerte, alguno compre tu novela”, le digo, dando por concluida la entrevista. “¿Te ha gustado Soria Moria?”, me pregunta Espido, los ojos redondos como platos. “Mucho. Me ha gustado mucho”, le digo, y se lo digo de verdad. “Pues vamos a disfrutar de la fiesta”.
València
Noviembre 25, 2007


Van a dar las ocho de la tarde y me hallo en la A-3, autovía que une los trescientos y pico kilómetros que separan Madrid y Valencia. Conduce Paco, 29 años, informático de profesión, buen amigo, un chico al que me unen interminables confidencias compartidas y múltiples afinidades. El copiloto se llama Javier, íntimo amigo de Paco, un chico muy muy alto, muy noble, un hombre que no se toma la vida demasiado en serio, una persona de carácter extrovertido que suele hacer lo que está en su mano por agradar a los demás. Mientras yo escribo este post desde el asiento trasero, ellos hablan de muchas cosas (Ahora mismo de Gominolas, serie de Cuatro. Escucho el nombre de Kira Miró. Vuelvo a concentrarme en lo mío). A Javier no le gustan las prisas: sencillamente, prefiere ir a su ritmo. De hecho, hemos retrasado nuestro regreso a Madrid una hora aproximadamente, el tiempo que Javier ha necesitado para despedirse de su novia, una chica valenciana con la que sale desde hace algunos meses. Paco y yo esperábamos en el coche a que le diera el beso final mientras escuchábamos música, la misma que sonó en el concierto al que fuimos ayer.
Porque anoche estuvimos en la Greenpeace, sala que acogió el concierto de La Casa Azul, una banda de música que en realidad no existe. O sea: es una fantasía que ha ideado Guille Milkyway, líder del grupo, autor de las letras de las canciones, productor, intérprete, creador de todo, pero la banda era falsa: hasta el último disco, La Revolución Sexual, en la que Guille ha decidido por fin descubrir la verdad. Ya no hay modelos ni actores que den la imagen: ahora son androides bajo los dictados de Guille.
Si en el concierto de la Sol en Madrid la media de edad de los asistentes rondaba la treintena, en el de Valencia la mayoría no supera los veinte años. Entre ellos, dos de los protagonistas de Lo que surja, serie de internet creada con muy pocos medios pero con mucha ilusión que ahora ha dado el salto al deuevedé: uno de ellos, Jordi González (sí, se llama igual que el presentador), veintimuypocos años, un chico muy majo, casi, casi famoso en Valencia, nos explicó a Paco y a mí que en breve se podrá comprar el dvd en el Corte Inglés y la Fnac. “No he visto la serie, pero me han dicho que tú eres el guapo”, le dije. “¡Qué va!”, exclamó él. Luego me contó que, a diferencia de algunos de sus compañeros de serie, no es actor, ni quiere serlo. “Yo siempre lo he dejado claro”. Estudia comunicación audiovisual y pretende ser director de cine. No dudo que lo consiga, visto lo visto (todo lo que han hecho ya). Llevaba un dvd de su serie para regalárselo al cantante. Los demás, infelices mortales, si queremos ver en la tele los capítulos y tomas falsas de Lo que surja, tendremos que comprarlo.

También conocimos, al fin, a Guille, el autor excéntrico, un hombre muy tímido con barba imperfecta y melodiosa voz que no sabe expresarse bien pero que, a pesar de ello, cae muy bien a casi todo el que le trata. Por cómo es: sencillo, amable, de mirada sincera y cariñosa. Y, claro, por sus canciones, de letras alegres y emocionantes.




La marcha valenciana: muy divertida. Estuvimos en una discoteca en la que el chico del guardarropa buscaba los abrigos con una linterna y en la que un humo pestilente y un calor sofocante nos dio una fuerte bofetada nada más entrar. Hasta que nos acostumbramos, y entonces comenzamos a bailar y a pasarlo bien. Al menos cinco pantallas gigantes acompañaban con vídeos centelleantes la música, que fue house no demasiado bueno todo el tiempo (God is a good DJ). Unas reinas, que no sé si en realidad eran reyes, bailaban animadamente sobre una tarima.
Y si en Madrid es misión harto difícil la de encontrar un taxi con luz verde en la noche de los fines de semana, en Valencia esa misión deviene imposible. Las calles están vacías, las almas duermen o se esconden en locales y discotecas, no hay coches de alquiler ni libres ni ocupados. Llegué al edificio en el que me dan techo, un número de una calle que tenía cuidadosamente apuntado en un papel, gracias a la generosidad de alguien que se avino a llevarnos en su coche.



Hoy domingo nos han invitado a comer paella (no es sólo fama: la paella valenciana está muy muy rica) a casa de María, una chica de pelo corto que posee la belleza de una modelo y una marcha que ríete tú de esa amiga tuya que siempre cerraba todos los bares. Es una acogedora casa de campo rodeada de naranjos y gatos salvajes desde la que pudimos tomar el frío sol de otoño y respirar el aire limpio que sólo se encuentra en medio de la naturaleza.

También conocí a un animalito muy rubio, de meses, una gatita que ronroneaba entre mis brazos. Le ofrecí paella y se comió solo un muslo de pollo. Era el único de los felinos que no era salvaje, solo a ella parecía agradarle la presencia de los humanos. Y me la quisieron regalar. Por eso envié un mensaje a Estrella que decía así: “Hola aquí hay una gatita muy mona que no se separa de mi lado. Me dicen que, si quiero, me la lleve a Madrid…”. A los dos minutos tenía un sms en mi bandeja de entrada: “Curro, nuestra casa es demasiado pequeña para tener un animal”. Y es verdad. Porque no sé si os he contado que Estrella casi siempre tiene razón en las cosas que me dice. En este sentido es una persona muy sabia.
Mi agradecimiento para Paqui, para María y para Niki, valencianas ellas, italiano él, por haberme tratado como a un amigo sin serlo. A Javier, por haberme prestado su portátil para escribir este post y por enriquecer nuestro viaje. Mi agradecimiento para tres personas más: Lola, mujer a la que siempre he admirado en silencio por haber cruzado una y otra vez el charco de las transgresiones, Carlos, por interesarse siempre por mí cuando no tendría por qué hacerlo, y Nieves, un encanto de mujer-gato. Ellos son los que me han dado techo, calefacción y zumo de naranja.
Mañana es lunes, y los lunes no me gustan nada. C.
la fiesta de ayer (en imágenes)
Noviembre 23, 2007
El momentazo de la noche, que diría Boris (quien, por cierto, también estaba en la fiesta; le dije: “Ya me he leído tu libro, y me ha gustado”; “¿De verdad? Bueno, ya hablaremos…”, dijo él) lo protagonizó Naomi Campbell. Apareció, posó, y desapareció. No dijo ni mú. Ni siquiera “I love Spain”. Ná de ná. Y la escena, ella toda mona, vestidito arrugado, pulseras brillantes, pintada como una puerta, tacones altísimos, y los más de cincuenta periodistas corriendo detrás de ella (cámaras, alcachofas, fotógrafos, redactores…), fue la anécdota de la noche.
Se celebraba, en la embajada de Francia, la entrega de los premios de la revista Marie Claire, y me hizo mucha ilusión saludar a Carme Chacón y a Trinidad Jiménez. Ambas son de lo mejor del PSOE, en mi humilde opinión.
Indumentaria al dictado del último grito de la moda, cuerpos de impresión dignos de modelo de pasarela (de hecho, un alto porcentaje de los/las allí presentes lo eran), mucho, mucho famoso, bastante apariencia y demasiada gente despistada.
La más borde: Marta Sánchez.
La más guapa: Martina Kleim.
La más simpática: la reportera de Está pasando.
El más interesante: Nacho Escolar.
Os dejo unas cuantas fotos. Y ya os cuento más otro día…
(Naomi posa y sonrie)
(Naomi huye)
(otra super modelo internacional)
(Gonzalito felicísimo)
(mi acompañante y sin embargo amiga y yo)
(mi acompañante y sin embargo amiga y yo; de Marni ella; de H&M yo)
(Bibiana y su recién estrenado novio)
(el joven novio de Bibiana, II)
(Ana García Siñeriz con un bello ¿modelo? al que todo el mundo tiraba fotos)
(modelo y presentadora)
garitos para no dormir
Noviembre 22, 2007
Una historia de amor es como un niño pequeño. Si a éste le dices “malo, malo, malo” se acaba convirtiendo en un asesino. Esta frase la dice Marga (Emma Suárez) en Sobreviviré, la película de Alfonso Albacete y David Menkes, y la dice cuando llora entre suaves hipidos, deshecha ante la añoranza del tiempo que pasó junto a Iñaki (Juan Diego Botto). Su historia de amor –pensaba y decía Marga mientras lloraba- con él podría haber funcionado, y si no funcionó fue porque todo el mundo se empeñaba en repetirle una y otra vez la misma canción: su amor no era posible porque, simplemente, él era homosexual. Lo que la gente no parecía entender, sin embargo, es que ellos se querían, se querían mucho, se habían enamorado casi a primera vista, y se divertían juntos también. Por eso decidirán darse otra oportunidad. A ella le daba miedo que en su relación faltara la música, esa banda sonora que aviva el desayuno de Audrey Hepburn ante el escaparate de la lujosa joyería Tiffanys. Él dudaba mucho de sí mismo (“primero luchas para aceptarte tú, luego para que te acepten los demás, y luego sucede algo así y te descoloca”, dice). Pero lo intentaron, y cuando rompieron, lo volvieron a intentar, demostrando a todo el mundo y sobre todo a sí mismos que no les faltaba la emoción de la música de los que se aman, para ellos la misma casi de Desayuno con diamantes (preferida de Marga).
La película ya la había visto, en el cine, hace muchos años. Ayer la volví a ver con Estrella, que el año pasado compró puntualmente toda la colección de cine español de El País. Es una peli que, aunque quizás sea algo ñoña, me gusta. Y a Estrella también. Por lo que cuenta y cómo lo cuenta.
Y ahora os dejo una bonita crónica de una entrega de premios a la que fui el otro día. Besos y gracias por estar ahí. Por cierto, ayer me compré –qué de casualidades nos ocurren en esta vida- Desayuno en Tiffany`s, la novela de Truman Capote.
Garitos para no dormir
Hace ya dos veranos un cáncer venció la vida de Guillermo Martín, Guille para amigos y colegas, un guitarrista sensacional que encarnó como nadie el espíritu del rock and roll, un extraño músico sin enemigos que durante 20 años se subió ininterrumpidamente a todos los escenarios, tanto con grupos de renombre como Los Rodríguez o Desperados como con modestos grupos de versiones. Y nunca le importó el tamaño del local ni la cantidad de público. En su memoria se celebra la primera edición de los Premios de La Noche en Vivo: Los Guilles, entrega organizada por la asociación que agrupa 44 salas de conciertos de Madrid.

Por ello me hallo en Galileo Galilei, mítico espacio de música en directo. Presentan la gala Joaquín Reyes y Ernesto Sevilla, dos grandes del humor que se hicieron conocidos por La Hora Chanante (Paramount Comedy) y saltaron luego a La 2 de TVE, cadena en la que actualmente presentan con éxito de audiencia Muchachada Nuí. Hay un descanso y hablo con Ernesto Sevilla, un castellano manchego de fina ironía que se muestra bastante orgulloso de proceder de Albacete. “Estoy harto de que en todas las entrevistas me digan aquello de Albacete caga y vete”, me dice antes de que plantee la primera pregunta.
-Me han contado que en Castilla La Mancha vuestro programa dobla la audiencia. (aclaración: hago esta pregunta porque mi revista sale en Castilla La Mancha)
-Claro. Si no nos ven en allí, ¿dónde cojones nos van a ver?
-Dime una cosa, ¿la tele te ha cambiado mucho la vida?
-Bastante. Antes iba tranquilamente por la calle y ahora me llaman gañán, por ejemplo. ¡Una chica me dijo una vez que le hiciese el amor disfrazado de gañán!
-¿Hasta dónde te gustaría llegar?
-Lo que yo quiero es ganar dinero.
-Pero digo yo que ya ganarás bastante.
-Sí, pero quiero más.

Ahora tocan los Pereza, uno de los premiados, grupo madrileño de pop rock que acaba de sacar a la venta Aproximaciones, su quinto disco. Rubén y Leiva, componentes de esta banda de éxito ya incuestionable, nunca se han querido olvidar del sinnúmero de garitos en los que tocaban cuando casi nadie les conocía. Cantan algunos de los temas de su último trabajo y, una vez han terminado, comparten cañas con los amigos. Les abordo y hablo un rato con ellos. “Galileo es una sala mítica que a nosotros nos ha dado muy buenos ratos, por eso siempre nos gusta volver a tocar aquí. Además, es un honor participar en una entrega de premios que recuerda al gran Guille Martín”, me explica Rubén, el mayor. “Sí, nosotros comenzamos en esta sala y no queremos olvidarnos de ello. La Galileo supone el principio de todo. Además, estos premios, en memoria de Guille, para mí son mucho mejores que los Grammys”, añade Leiva, pantalones rojos muy ajustados, zapatillas converse y pelo estilo Doc, el científico loco de Regreso al futuro.

–Ahora estáis de gira con Aproximaciones. ¿Qué tal?
–El disco va de puta madre, al menos a nivel de conciertos, que es lo que más nos importa. Lo único malo es que yo me sigo poniendo muy nervioso, no me termino de acostumbrar. Cada día me da más miedo todo y, cuanta más gente hay, peor. –Me explica Leiva.
–Cada vez os sigue más gente. Decidme una cosa, ¿hasta dónde queréis llegar?
–Hasta el firmamento y más allá. –Dice Rubén, y en este momento aparece una ¿grupi? que lo acapara por completo, viéndose obligado a abandonar esta entrevista. Continúo hablando con Leiva.
-En vuestro último álbum le habéis dedicado una canción a las grupis.
-Sí, quisimos hacer un homenaje cariñoso a esas chicas de dieciocho años que dicen a su madre que van a dormir a casa de una amiga cuando en realidad se suben a un autobús y devoran carretera para intentar colarse en el camerino de un cantante. La canción no tiene ninguna connotación sexual, simplemente nos parece muy romántica la vida de las grupis.
-¿Cuánto te ha cambiado la vida en estos últimos años?
-Soy básicamente el mismo, solo que ya pago con tranquilidad la compra del supermercado y no me veo obligado a robar sobres de bacon (ríe).
-¿Qué les dirías a todos los que os tachan de ser demasiado “chulos”?
-Les diría que tienen razón.
Leiva se ríe de nuevo. Y es verdad: son chulos, lo saben y no engañan a nadie. Rubén, que sigue charlando animadamente con la chica que nos ha interrumpido, mira de cuando en cuando a su compañero y amigo e intercambia con él algún gesto de inequívoca complicidad. Les doy las gracias y me dirijo hacia Teté Delgado, actriz gallega de simpatía extraordinaria. “¿Pereza? Bueno, no digas nada, pero no, definitivamente no forma parte de mis grupos favoritos. Amaral tampoco. ¿Sabes? Es que yo soy muy clásica. A mí lo que más me gusta es el rock and roll clásico”, me cuenta la dicharachera Teté, que ahora se encuentra de bolos con Gorda, la obra de teatro que protagoniza junto a Luis Merlo. “Mañana voy a Melilla y ayer estuvimos en León, ciudad que me encanta. Y sí, es cansado viajar de una provincia a otra para subirte a los escenarios, pero a mí me gusta el espectáculo, y trato de pasármelo lo mejor posible esté donde esté, aprovechando el presente”.
En este momento me doy cuenta de que a mi lado se encuentra el actor Guillermo Toledo, camiseta gastada, vaqueros y tatuaje en el cuello, quien coquetea con una joven muy guapa (motivo por el que decido no interrumpirle). Más allá, entre la turbamulta, consigo ver a Lucía Jiménez (acompañada de un joven de pelo rubio que no cesa de mover el esqueleto y que de vez en cuando abraza a la actriz y la besa en la mejilla), a Ariel Rot, a Deluxe y, por supuesto, a otros muchos componentes de grupos minoritarios, muchos de los cuales son habituales de este tipo de salas. Porque, como dijo el cantautor Javier Krahe al recibir su premio, sin los garitos sería imposible divertirse demasiado.
P.S. Darle las gracias a Esteban, el chico de prensa que me invitó al acto, y a Paco Manzano, que me cedió generosamente unas cuantas fotos (entre ellas las dos que van en este post).
P.S.II. El finde, finalmente, vamos a Valencia Paco y yo. Vamos al concierto de La Casa Azul. Nos hemos acreditado y además le haré una pequeña entrevista a Guille. Edirgi, nos vemos un cuarto de hora antes en la puerta de la sala, ¿vale? Tú seguro que puedes identificarme a mí. Besos y gracias. C.
P.S. III. POR CIERTO, EN EL POST DE AYER, FINALMENTE, CARLA ANTONELLI DEJÓ UN COMENTARIO. por si alguien lo quiere leer.
transfobia
Noviembre 21, 2007
Qué extraordinaria es la conjunción del saber y la libertad (Amelia Valcárcel, filósofa y feminista, una mujer muy sabia con la que ayer tuvimos la inmensa fortuna de compartir una comida)
No sé si algún lector /a de este blog vio el “interesante” e “instructivo” debate en el que se enzarzaron el sábado pasado en el programa La Noria. Discutieron sobre transexualidad, y me quedé atónito, petrificado, no salía yo de mi asombro ante los desatinos de la mayoría de los tertulianos del programa. Pero no por las polémicas declaraciones del presunto psicólogo ése (no le pienso nombrar) que asegura que todo son trastornos psicológicos. Entiendo que la opinión del innombrable sirve para que la gente afirme desde sus casas ¡¡¡qué barbaridad está diciendo!!!!. Lo que me preocupa es lo que decían tranquilamente los tertulianos presentes, incluido Jordi González, presentador del espacio de Telecinco. La únicas que estuvieron bien: la mujer (transexual) allí presente (aunque no se expresara muy claramente la pobre) y Carmen Alcayde, que decía “no estoy de acuerdo, no estoy de acuerdo, yo no pienso así”. Dejar clara esa discrepancia con la mayoría de los contertulios ya era bastante.
“Pues si un hijo mío me dijera que es homosexual o transexual, lo aceptaría, claro, como también le aceptaría si lo meten en la cárcel; y le ayudaría en la medida de mis posibilidades” (Cuca García de Vinuesa). Esta frase ¡ganó un sonado aplauso!
“Lo que está claro es que la transexualidad es una aberración de la naturaleza” (doctor Cabezas, ya jubilado)
“Hombre, si tú hubieras nacido chica todo hubiera sido mucho más fácil” (Jordi González, en respuesta a una mujer trans que aseguraba que tal cosa no era una aberración de la naturaleza ni mucho menos) “Para entrar en un lugar, debes seguir unas reglas muchas veces; pues igual ocurre con la Iglesia, tiene sus propias reglas; son 2.000 años de historia que no se pueden cambiar así como así” (Cuca García de Vinuesa en respuesta a Carmen Alcayde, que apuntó que la Iglesia debería modernizarse para que los homosexuales y los transexuales pudieran realizar su derecho a ser cristianos y católicos)
“En Italia existe una diputada transexual; es inteligente, culta, divertida. Pues el otro día en el Parlamento entró en el baño de las chicas y la echaron otras dos diputadas, que pretendían que entrase en el de los chicos. ¿Hacemos baños para trans o qué?” (Paloma Gómez Borrero)
Si tu hijo va a la cárcel, querida Cuca García de Vinuesa, irá porque, probablemente, habrá hecho algo malo. Si tu hijo es transexual NO HA HECHO NADA MALO. Si la Iglesia no acepta a alguien que es bueno por unas reglas milenarias y obsoletas que sólo entienden ellos, es su problema, querida Paloma Gómez Borrero. NO ES PROBLEMA DE LOS TRANSEXUALES.
La transexualidad no es una aberración de la naturaleza, querido doctor Cabezas. Lo que tú dices sí es una aberración.
Si una chica que nació chico hubiera nacido chica, querido Jordi, las cosas serían más fáciles, evidentemente. Pero no es un problema grave, si no fuera porque la mayoría de la sociedad vive ensimismada en sus propios prejuicios. ¿O tiene algún problema Bibiana Fernández o Carla Antonelli?
No hace falta poner baños para trans, querida Paloma Gómez Borrero, sería suficiente con que mandáramos a otro planeta a las diputadas que echaron del baño de mujeres a la que, a todas luces, era una mujer.
Si estas perlas salieron de las boquitas de gente vivida, viajada y presuntamente culta, o al menos con acceso a los medios para instruirse, ¿qué no pensará cierto sector de la población? ¿es el mejor mensaje que podemos dar desde un programa de máxima audiencia?, ¿apostó La Noria por la normalización? Si la transexualidad es una putada, como repitieron ayer una y otra vez (y otra vez, y otra vez) casi todos los tertulianos (presentador incluido), la culpa la tienen los prejuicios sociales tan tremendos que existen y el rechazo tan salvaje que sufren estas personas por parte de las gentes presuntamente bienpensantes. Y desde luego el debate del otro día poco o nada ayudó a aumentar la aceptación de los hombres y las mujeres transexuales (que son eso, hombres o mujeres, simplemente)
Es una putada ser paralítico o tener síndrome de down
NO ES UNA PUTADA SER TRANSEXUAL.
O no tendría por qué serlo.
los muros de la irrealidad. ayer un cine, hoy un teatro
Noviembre 20, 2007
“Cuando te hagas actor famoso, no te olvides de nosotros, ¿eh?”, la advertencia se la hacía el viernes pasado, por la noche, a Javier Ambrossi, veintipocos años, buen actor, delgadito, sonriente siempre, un chico muy majo que hoy ha debutado en teatro (ya había hecho cine www.eltriunfolapelicula.com). La obra se llama El enemigo de la clase y se ha estrenado hoy en el Teatro Lara.
(foto: javier ambrossi, después de la obra, mientras abraza a una amiga)
Seis estudiantes de un instituto de barrio (un barrio de calles degradadas, basura, delincuencia) no tienen profesor. Acaban de echar (ya no podía más) a la última maestra que les dio clase. Nadie les quiere dar clase. Aburridos de ver pasar las horas sin un profesor al que hacer la vida imposible, se les ocurre una idea: cada uno dará una charla, una clase, y tratará de enseñar algo. De esta forma, y casi sin darse cuenta, explicarán a sus compañeros, y por extensión al espectador, por qué son como son, adolescentes de personalidades extremas que han descendido, cada uno a su manera, a los infiernos de la marginación, la agresividad y la intolerancia.
Marta Angelat, la directora de la obra, catalana de pro, visiblemente orgullosa de su trabajo, explica El enemigo de la clase maravillosamente: “En una primera lectura, el texto nos habla de muchas cosas: nos habla de la ineficacia de los sistemas educativos en vigor, de la violencia de una juventud insatisfecha, de la falta de estímulos de los adolescentes y, al mismo tiempo, de la imperiosa necesidad que tienen de ellos y, por supuesto, de la soledad y de las innumerables demandas reclamando atención que pasan desapercibidas para los adultos. Yo creo que además de una profunda denuncia social, es un retrato de la sociedad oprimida hecho a través de seis adolescentes que están pidiendo a gritos que se les muestre un camino. Seis patologías distintas. Seis futuros adultos que utilizarán la violencia en sus relaciones personales y en su relación con el mundo… Espero no dejar a nadie indiferente y conseguir que esos seis muchachos dejen una huella indeleble en todos aquellos que vean esta obra”
“Hicieron un casting como los de OT”, me cuentan, y eligieron bien, desde luego que sí, porque todos los actores, los seis (quizás Ayoub y Diego Fajardo los mejores) se meten en el papel con la habilidad que sólo tienen los buenos actores, y eso que hoy era el primer día (nervios, etcétera). Imaginad qué escuela tan fantástica van a tener por el hecho de meterse cada día en el mismo personaje: irán mejorando, seguro. Haré la prueba: iré a ver la obra antes de fin de año, otra vez, y en esta segunda ocasión lo haré pagando religiosamente mi entrada.
Bernabé Fernández es Mazas
Eloi Yebra es Bombilla
Críspulo Cabezas es Sapo.
Javier Ambrossi es Conectinpipol.
Ayoub El Hilali es Falafel
Diego Fajardo es Chanas
El Profesor es Jordi Soler (“renuncio a tratar con bestias como vosotros”, dice)
Luego han dado una fiesta muy divertida en el bar de al lado, y ha sido cuando Eloi Yebra y Críspulo Cabezas se han arrancado a cantar.
(fotos: críspulo y eloi)
crispulo y juan potau
¿Os acordáis de ellos? Sí, hombre sí, protagonizaron Barrio, la segunda peli de Fernando León. Cuánto me gustó esa peli en su día. A Críspulo Cabezas me ha costado muchísimo reconocerle: sigue siendo buen actor, pero está muy cambiado: ha crecido, se ha cortado el pelo, se le han perfilado los rasgos, ha mejorado con los años. Le conocí hace muchos años, unos ¿seis? ¿siete? Fue en una moraga en la playa, en la costa del Sol. Nosotros teníamos una pandilla, y todos los veranos hacíamos dos o tres barbacoas, en la playa por la noche. Pues a una de ellas invitamos a un grupo de gente que disfrutaban de unos días de agosto por la zona. Entre ellos estaba Críspulo, y hablé mucho con él y me cayó muy bien. Me hubiera gustado felicitarle, aunque, por supuesto, no se hubiera acordado de mí. No ha sido posible: no paraba de cantar, de bailar, de pasarlo bien, daba no sé qué interrumpirle. Por cierto, y ya como anécdota que ni siquiera viene al caso. En esa misma moraga, entre las amistades de Críspulo, había una chica rubia, con el pelo muy, muy largo, que nos dejó a todos impresionados de lo bien que cantó la canción de El Guardaespaldas. Años más tarde la vimos en OT: era Edurne, pero en aquel momento él era más famoso que ella.
Reconduzcamos. A los que vivís en Madrid: os la recomiendo vivamente. A los que vivís en provincias: harán gira después de reyes, estad atentos. Merece la pena porque, a veces, parece necesario recordar que vivimos en una burbuja demasiado pequeña como para entender la realidad existente en el mundo.
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“¿No se te ha hecho algo pesada? Yo creo que se podría haber contado lo mismo en mucho menos tiempo, que el director ha llenado múltiples huecos como ha podido, y que por eso se hace algo aburrida; ¿a ti no se te ha hecho pesada?”, es la opinión limpia de un amigo mío a la salida del cine Princesa. Hemos visto La Zona, una coproducción hispano-mexicana que aún podéis ver en la pantalla grande si os dais mucha mucha prisa (y no porque haya sido estrenada hace mucho, que no lo ha sido, sino porque no está haciendo taquilla y ya se sabe qué pasa con las pelis que no hacen dinero…).
Su director, el debutante (en lo que a largos se refiere) Rodrigo Plá, explica la película mejor que yo: “Es la historia de un asalto a mano armada y de la cacería de un hombre, pero sobre todo es la historia de una sociedad rota, dividida, la historia de dos mundos que se temen y se odian entre sí. ¿Qué hacer cuando la ineficacia y la corrupción de quién debe ejercer la justicia nos deja desamparados? ¿Qué hacer en un mundo donde algunos hombres, pocos, son impúdicamente ricos y la gran mayoría desesperadamente pobres? ¿Qué hacer con el terror del que se aísla detrás de un muro y con la frustración del que vive al otro lado? Al rodearse de muros, los residentes de La Zona prohíben a otros la entrada, sin darse cuenta de que el mismo muro significa el encierro para ellos
La peli plantea si es algo bueno sacrificar la libertad en beneficio de la seguridad (una seguridad que, evidentemente, nunca puede ser total, pues mientras exista una desigualdad económica tan bestial nunca habrá vallas infranqueables), y demuestra que no. Y lo demuestra porque el propio encierro (real y metafórico) provoca la inevitable pérdida del sentido de la realidad, y, consecuentemente, la inevitable deshumanización general de los que no ven más allá de sus propias narices porque, simplemente, lo han decidido así.
Alejandro, un muchacho muy joven, reside en La Zona, y será el único que entre en contacto con Miguel, un chico de 16 años que vivía “al otro lado” del reducto de riquísimas viviendas, el único superviviente de los tres ladrones que consiguieron acceder a una de las casas de tan “seguro” lugar para robar una casa. En intento de robo mueren, lo he contado ya, sus dos compañeros de fechorías, así como la adinerada anciana que trató en vano de defenderse. Los vecinos, al enterarse de tan horrible suceso, deciden tomarse la justicia por su mano cual Jodie Foster en Esa extraña que hay en ti (otro día daré impresiones sobre esta película), y buscan al que ellos creen que es el asesino. Miguel, el chico de 16 años, sufre muchísimo, pues sabe que sus posibilidades de escapar de La Zona sano y salvo son mínimas. Por eso, desesperado y asustado, confiesa su delito a Alejandro, y le pide ayuda.
Entre ellos se creará cierta complicidad, y Alejandro decide ayudarle (¿quién no hubiese hecho lo mismo?). Pero la mayoría de los residentes de La Zona, que ni siquiera están dispuestos a admitir opiniones sensatas de algunos vecinos que apuntan a que sea la policía la que tome cartas en el asunto, no lo podrán nada fácil.
A mí me ha gustado, me ha gustado mucho, y lo he pasado muy mal al final: me daba mucha, muchísima pena Miguel. Toda la peli tenía esperanzas de que lograra escapar de las garras de ese mundo absurdo y enormemente rico, falso e hipócrita que existía tras los muros de lo real. ¿Se salva Miguel?, ¿logra ayudarle Alejandro? Id a la próxima sesión del espectador, y la veis la peli por cuatro euritos de nada (dos cañas).
la revolución sexual
Noviembre 18, 2007
(alguien grabó una canción del concierto, y colgó el momento en youtube)
La pareja que está justo delante de mí, 1.85cm él, moreno, grande como un armario, 1.60 ella, castaña, pequeñita, muy mona, no para de bailar ni de reír ni de mirarse. Se saben todas las canciones de La Casa Azul, también las del La Revolución Sexual, último disco de este grupo muy muy pop creado por Guille Milkyway, un chico muy tímido al que se le suelen olvidar las letras de las canciones en directo. Estamos en la Sala Sol, un local mítico del centro de Madrid, y me acompañan Paco, Estrella y Patricia. Hemos venido con otros amigos de Paco, blogueros de pro, a los hemos perdido (luego los encontraremos) porque el enorme local está abarrotado. En el dintel de la puerta un cartel dice: “No hay entradas”. Paco se sabe todas las canciones de memoria, Estrella sólo Superguay, pero el resto se las inventa, y a Patricia se le nota que ha estado escuchando el disco repetidas veces durante la semana. Los tres saltan todo el tiempo, y cantan a gritos. Están visiblemente felices, pero lo cierto es que en esta sala, en este momento, mientras Guille canta sus canciones, todos estamos bastante felices. El abanico de público, para mi sorpresa, es amplio y diverso: muchas parejas, pandillas de amigos, gente pija, moderna, hippy, popera.
Ahora mismo, me pierdo yo solo por la sala, llego hasta la primera fila y le tiro fotos al cantante. También tiro fotos a gente que no conozco, y, cuando alguien me descubre, me mira con sorpresa primero y luego me sonríe, aprobando con un gesto mi atrevimiento. Una chica me devuelve una mirada que es exacta a la de Amélie Poulain.
En este momento hago fotos (primero tratando de que no se den cuenta, pero él sí se da) a una reportera de Aquí hay tomate, una chica muy simpática que es una de las que mejor lleva la alcachofa del programa. Está con un joven rubio (“qué guapo es, qué guapo”, dice Estrella; “No es rubio, Curro, ¿por qué dices que es rubio?”, añade Paco) que trabaja en La Noria, un chico cuya simpatía coincide con la de ella y que es ¿su novio? ¿su hermano? ¿su amigo? También ellos cantan, ríen, se miran. Ambos (o él al menos; “ya te tenemos fichado”, dice) me prometen que dejarán un comentario en este blog, para que así yo pueda tener sus mails.
Os dejo las fotos: en ellas aparece Estrella, mi compañera de piso, Paco, el informático generoso, Patricia, la chica alegre, blogueros amigos, muy muy majos, que también están en el concierto, Guille Milkyway, el cantante asustado, y otras personas que saltan y cantan por la amplia sala. ah, por cierto, ojo con la foto en la que sale Paco con una chica de rizos que se parte de la risa: no se conocen de nada.



















Hola. La una menos veinte. Se acaba el finde. Acabo de llegar del cine (inciso: me ha pasado algo horrible: venía caminando tranquilamente, `por una calle cercana a mi casa ya, mientras leía un reportaje sobre Warhol que sale hoy en El País Semanal, cuando me he dado un buen golpe con unos andamios, y me ha dolido un poco, pero lo peor no es eso, lo peor es que ahora tengo media frente roja!) y os lo iba a contar ahora, pero me he dado cuenta que este post, que es el del lunes, es ya demasiado largo como para incluir más temas. Así que me lo guardo y subo un comentario recién escrito en este post por Rus, y añado otro youtube, ahora sí, La Revolución Sexual, tema del que ella ha puesto parte de la letra. Ojo, no es del concierto del viernes en la Sala Sol, es de la presentación de la Fnac. Yo no pude ir, pero sí fue Paco quien, como ya os he explicado tantas veces, es cien mil veces más inteligente que yo y por eso sabe hacer vídeos con el móvil y colgarlos en youtube. Hasta mañana. C.
Por Rus
Helloooooooo!!!!!!Qué guay!!! No se le oye a él, solo al público,jajajaja!!!debió ser muy emocionante estar en la sala!!!!!Me chifla La Casa Azul y Superguay!!!!Aunque esta Revolución sexual suena fenomenal tb!!!!
Mira que he encontrado en la red…LA REVOLUCIÓN SEXUAL es el tema principal con el que Guille se ha inspirado para componer sus nuevos 13 temas de este segundo LP.
El término revolución sexual hace referencia al profundo cambio ocurrido en la segunda mitad del siglo XX en el mundo occidental en cuanto a la concepción de la moral sexual y el comportamiento sexual humano en general. Popularmente el término se identifica con una liberalización de las costumbres y una creciente igualdad entre los sexos partiendo de las décadas de 1960 y 1970. Ciertos autores piensan que la revolución no consisitió en una mayor variedad de comportamientos sexuales sino en la simple aceptación pública de actitudes y prácticas que eran considerados previamente tabú.
La revolución sexual fue un hito muy importante para el feminismo, ya que se demandaban derechos básicos para las mujeres como el aborto y la píldora anticonceptiva. Aparecerán los informes sexuales de Kinsey y de Masters & Johnson. Se abrirán debates en torno al poder de lo erótico, se plantean críticas y alternativas a la monogamia, se cuestionaran el placer vaginal y el machismo, así como la heteronormatividad. La revolución sexual abrió también el camino hacia la aceptación de la homosexualidad.
“”"Túuuuuuuuuuuuu,
que decidiste que tu vida no valía
Que te inclinaste por sentirte siempre mal
Que anticipabas un futuro catastrófico
Hoy pronosticas la revolución sexual
Túuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuu
que decidiste que tu amor ya no servía
Que preferiste maquillar tu identidad
Hoy te preparas para el golpe más fantástico
Porque hoy empieza la revolución sexual”"”