Alfonso, un chico de 29 años al que me une una sólida amistad forjada desde los primeros cursos de colegio, me regaló hace dos años Harry Potter and the Goblet of Fire, Harry Potter and the Prisoner of Azkaban, Harry Potter and the Chamber of Secrets y un cuarto Harry Potter de cuyo nombre no es que no quiera acordarme sino que no consigo recordar. Cada vez que hablo con él –normalmente por teléfono, porque Alfonso, aunque en este momento y durante algunas noches duerma en la cama de mi minúsculo salón, no vive en Madrid- me pregunta: “¿Has leído ya los Harry Potter que te di?”. Según Alfonso, leer todos los Harry Potter en inglés es uno de los métodos más eficaces para aprender inglés. “Y además es divertido, los libros están genial. A mí me sirvió muchísimo, Curro, en serio; ahora, cuando en la empresa me hacen test para comprobar mi nivel de inglés, no tengo casi fallos”, suele explicarme Alfonso. Pues bien: leer todos los Harry Potter en inglés es el primero de mis propósitos para 2008.  

Otro sería leer todo Proust. Por el camino de Swann es la única de las entregas que he leído de En busca del tiempo perdido, serie de siete novelas que escribió uno de los hombres más recordados de la literatura. Leer a Proust no es fácil, o al menos a mí no me resulta fácil. Yo no puedo leerlo en el metro, por ejemplo, ni mucho menos con la tele puesta. Pero sí en la biblioteca, con un cuaderno al lado y un lápiz. Por el camino de Swann me gustó, me gustó mucho, comprendí la diferencia oceánica que existe entre escribir bien y la “elevación” que uno puede sentir mientras lee, precisamente cuando hay algo que escapa de las páginas impresas y trasciende de ella, una cosa extraña que hace que te eleves.  

Otro de mis propósitos es alquilar todas las semanas un clásico de cine. En la devedeteca, un videoclub que se encuentra en martín de los heros y que los tiene todos.   

Telefonear a mis padres con razonable regularidad.

Dejar de fumar.

Ir a correr al parque al menos tres veces por semana. No me gustan los gimnasios, pero cierto y verdad es que me gustaría ponerme en forma, cuidarme más.
 

Trabajar mucho y bien.  

Desconectar el móvil mínimo un día a la semana. Todo un día sin móvil, 24 horas… (puede ser el sábado o el domingo). Yo, hombre de contradicciones,  soy un poco movilfóbico (cuasi enfermedad psicológica que provoca con cierta frecuencia un rechazo espontáneo e interno a responder la llamada del celular cuando, iluminado, canta la cancioncita politono o sonitono elegida) y, al mismo tiempo, movildependiente (cuasi enfermedad psicológica que provoca en uno un tremendo malestar, una inquietud irracional cuando, por cualquier circunstancia, se ve obligado a separarse de su celular). Qué contradicción. O no. Es cierto que es más cómodo lo de ahora, según se mire y cómo. Lo es el hecho de poder contactar a tus amistades, o a la persona que tanto te gusta, sin el molesto filtro de la madre que se enrolla como una antigua persiana, o de la abuela que no oye y que te pregunta por cinco veces “¿quién dices que eres”? para luego explicarte que tu amigo ha salido, o del padre que no te gusta porque, simplemente, es un cretino. Pero también es verdad que no hemos sabido controlar el invento, que el aparatito se nos ha ido un poco de las manos, ¿verdad?

Y en este sentido también me propongo bajar el número de sms enviados.  

No alterarme por las cosas que yo me sé. Sí, precisamente esas que me revuelven las tripas. He de aprender a que, simplemente, no me afecten pues, al fin y al cabo, no tendrían por qué afectarme.  

Comer una pieza de fruta al día.  

Tengo otros propósitos, muchos, que no puedo contar aquí. El último publicable (y quizás el más importante) sería tratar de ser razonablemente feliz incluso en el estado de inevitable infelicidad al que los humanos, pobres trágicos mortales, estamos avocados.

hemos pasado ya el ecuador de las fiestas (¡milagro!) y ahora vuelvo a desaparecer (lo siento) hasta después de reyes. nada me gustaría más que leer, a mi regreso, algunos de vuestros propósitos de año nuevo. Va, así queda todo aquí escrito y, supongo, resultarán más fáciles de llevar a cabo.

A mí me encanta la nochevieja y siempre celebro la entrada de año. La Nochebuena no tanto, pero la nochevieja… ¡viene siempre cargada de enormes dosis de buen rollo! Ahora ya sólo me queda agradeceros todos y cada uno de los comentarios por vosotros escritos en el anterior post y, por supuesto, desearos un 2008 repleto de éxitos amorosos, selectas e interesantes amistades, proyectos divertidos y/o inquietantes para cada cual y, por supuesto, el mínimo de salud necesario para vivir bien. Alegría de vivir, que decía el cantante. Feliz 2008.  

Sobre mí

Diciembre 21, 2007

¿De qué tiene miedo? De dragones y gigantes que puedan vencerme.

No, en la vida real… Hablo de la vida real.  

Permítame formularlo de otro modo. De todas sus experiencias, ¿cuál ha sido la más alarmante? La trágica muerte de mi hermano. Y la de mi abuela. Los dos murieron en una antigua casa que tenían mis padres, un piso enorme de un edificio muy antiguo en el que vivíamos papá, mamá, mi hermano, mis tres hermanas, mi abuela y yo. Mi abuela tenía muchos nietos, pero ella no ocultaba sus sentimientos: todo el mundo sabía que sus preferidos éramos mi hermano y yo. Aunque su debilidad por nosotros podría estar relacionada con el hecho de que él fue el primero que tuvo y yo el último, en realidad creo que éramos sus preferidos porque nos unían extrañas afinidades. Y eso que mi hermano y yo no nos parecíamos en nada. O sí, porque ahora, cuando lo pienso, me doy cuenta de que éramos mucho más parecidos de lo que yo pensaba. En realidad compartíamos una sensibilidad casi exacta por las cosas y por las personas, y por el cine. Él escribía poesía, y yo escribo crónicas, entrevistas, cuentos. Él también iba al cine una vez por semana. La verdad es que si me detengo a pensarlo unos minutos me doy cuenta de que mi hermano y yo nos parecíamos mucho, muchísimo. Si nos diferenciamos en algo es porque él era cien mil veces mejor persona que yo, y esto no lo digo por decir, lo digo porque es la verdad. Sólo que le costaba demasiado trabajo vivir. En cuanto a mi abuela, era una mujer fuerte, física y psíquicamente. Divertida y cariñosa como un bondadoso y travieso muchacho. Los últimos siete años de su vida no pudo hablar, lo que la desesperaba bastante. Sin embargo, esta circunstancia no impedía que yo la entendiera perfectamente. Cuando me quería contar algo no parábamos hasta que yo conseguía entenderla. Conmigo se partía de risa, en serio. Muchas veces, cuando yo le explicaba cosas que me habían sucedido rompía a reír como si fuera una adolescente que atraviesa la edad del pavo. ¿Cosas futuras? Me dan un poco de miedo algunas (ojo, no quiere decir que no desee que ocurran): que mi amigo Paco se eche pareja para siempre. O pensar en el día en que Estrella abandone Madrid. Que disminuyan progresivamente las visitas de mi blog y yo no conozca el motivo. ¿Sabe? Algunos días me preocupo por muchas cosas a la vez. Mi trabajo, por ejemplo. A veces me pregunto: ¿Me abandonará el periodismo y tendré que reinventarme dedicándome a otras cosas? Que me desprecie alguna de las personas que necesito, o que a Lola le surja una oportunidad laboral en otro lugar de España distinto de Madrid. Que mi familia no comprenda mi forma de entender la vida.     

¿Qué cosas sabe hacer? No demasiadas. La pregunta es muy amplia, poco concreta, pero le contaré lo primero que se me venga a la cabeza. Desenvolverme en un encuentro con todo tipo de personas. Sacar temas de conversación incluso con la persona más tímida del mundo. Contar anécdotas de forma divertida. Dejar las cosas claras cuando es necesario. Guardar un secreto. Escuchar. Esto es muy importante: sé escuchar, y conversar. También sé escribir, periodísticamente hablando, razonablemente bien. Sé contar mentiras piadosas y beneficiosas para todos sin que se me note. Gestionar diferentes asuntos al mismo tiempo. ¡Ah! Soy muy veloz escribiendo sms, nadie puede ganarme.  

¿Y qué cosas no sabe hacer? Bailar. Dividir no sé, y restar me cuesta demasiado trabajo. Mentir sobre cosas importantes. Montar muebles para la casa comprados en Ikea, o hacer agujeros en la pared. Decir que no, me cuesta mucho decir que no a alguien que me haya pedido algo por favor.  

¿Qué cosas le gusta hacer? Esconderme en la cama a las nueve de la noche de cuando en cuando. Leer un libro con el móvil apagado. Escribir en un banco del parque (en verano) o en uno del metro (en invierno). Comprar varios periódicos los domingos por la mañana. Estar solo. Me gustan las bibliotecas, y mi preferida es la del Ateneo de Madrid, sólo que cuando voy tengo que entrar disimuladamente, con decisión, haciéndome pasar por socio. Estar con mis amigos en cualquier contexto, por supuesto. Hablar con ellos durante horas. Los típicos tópicos: cine, arrastrar la suela del zapato por el mundo, la música. Otra cosa que me encanta es celebrar el año nuevo por todo lo alto.   

¿Tiene usted algún lema? Creo que sí. Sería “optimismo inteligente”. En realidad es el título de un libro que leí hará unos diez años, un ensayo que por entonces me recomendó encarecidamente una amiga. Del mismo no recuerdo sino que lo escribieron un hombre y una mujer, y el título. Yo creo que expresa muchas cosas. Entiendo que si estamos condenados a vivir en esta jungla de promesas rotas que es la vida no podemos hacerlo sino con optimismo inteligente. Es la única manera de no estar todo el tiempo con el ceño fruncido.  

Hace algún tiempo trabajó usted en una agencia de noticias, ¿qué me dice? Aprendí muchísimo. ¿Sabe? No es por presumir, pero le contaré una cosa. Hicimos una prueba de redacción unas doscientas personas. Más tarde, los preseleccionados tuvimos que pasar por una entrevista. El jefe de la selección, un hombre de mediana edad cuyo pelo parecía cubierto por fina nieve, un prominente cargo de la susodicha agencia, me dijo:   

     –He de decirle que su redacción ha sido valorada como una de las tres mejores. Enhorabuena, señor Cañete.   

    En la agencia tuve que hacer de todo (cultura, espectáculo, sucesos, investigación) pero lo que recuerdo con mayor horror fue la cobertura del juicio en la audiencia contra los asesinos de Sandra Palo, una chica con problemas mentales que no sólo fue violada, vejada, maltratada, atropellada por un coche una y otra vez. A continuación, los asesinos, cuatro niñatos psicópatas (tres de ellos menores de edad), la rociaron con gasolina y la quemaron. Tengo en mi memoria archivados con calidad fotográfica momentos del proceso en los que la madre de Sandra Palo, una mujer que lleva lógicamente destrozada desde que su hija murió, perdía el control de sí misma y se deshacía, literalmente, en gritos y sollozos. Con este juicio fue cuando razoné por primera vez que el ser humano puede llegar a ser tan maligno como el propio diablo. Y que, por eso, hay que volar por la vida con una chaqueta antibalas.    También tuve que cubrir ruedas de prensa de políticos de Ferraz y de Génova, y me quedé espantado con los trapicheos que se traían unos y otros con sus periodistas de cabecera. Cubrí incendios, malos tratos a mujeres, navajazos en plena calle, escándalos financieros, estrenos de cine y de teatro. Y la pasarela Cibeles, en la que me divertí, aunque no sea un apasionado de la moda.   

¿Dónde más ha trabajado? He dado clases particulares desde los doce años. Me recorrí durante meses todas las calles de Sevilla haciendo buzoneos para una empresa. De adolescente cuidé niños, pero reconozco que esto no lo volvería a hacer. Solo me entiendo bien con los niños que ya han cumplido los ocho años y antes, si estoy solo con ellos, me pongo hiper nervioso, incluso cuando son buenos. En Escocia fui kitchen porter durante casi medio año. ¿Qué no sabe lo que es ser kitchen porter? Consiste básicamente en fregar a mano los enormes cacharros que se utilizan en las no menos grandes cocinas de los restaurantes. En el que yo presté mis servicios, concretamente,  pertenecía a un hotel, un cuatro estrellas en el que se celebraban muchísimas bodas. Eso era lo peor, cuando había boda. También teníamos que pasar todos los platos por gigantescos lavavajillas. Y había que limpiar, al final del día, toda la cocina. Sin duda, el peor trabajo de cuantos he conocido. Pero no me arrepiento: a mi compañero de trabajo, un veinteañero con problemas mentales, le cogí mucho cariño. Era un tipo generoso. Recuerdo que un día me invitó a una pinta. Cuando terminamos de trabajar, me preguntó, con los ojos muy abiertos y  su habitual tartamudeo: Do you want a beer? Yo respondí que sí, y él se puso super contento. De mi trabajo en el Queen Hotel también guardo buenos recuerdos de mi cheff, un hombre de unos cuarenta años rebosante de salud y simpatía. Conmigo guardaba todo tipo de favores. Supongo que, simplemente, yo le caía bien. Gracias a él descubrí lo buenos que están los bocadillos con chorizo y mayonesa. He trabajado en más sitios, pero no quisiera aburrirle. Fui durante un año pasante en un despacho de abogados. Sí, por increíble que resulte, estuve a punto de hacerme abogado.  

Dice que antes de estudiar Periodismo estudió Derecho, ¿Por qué lo hizo? Mire, yo hasta los veinte años más o menos andaba igual de perdido que ET el extraterrestre en el planeta tierra. Simplemente, miraba la vida pasar. No tenía formado un criterio de las cosas propio porque ni siquiera me conocía a mí mismo. Y por eso estudié Derecho, cosa de la que me arrepiento profundamente.   

¿Ha trabajado en algún otro sitio como periodista? Colaboré, antes de estudiar la carrera de Periodismo, en un diario de provincias. Recién llegado a Madrid trabajé como redactor en la página web de wanadoo. He organizado y llevado la prensa de varios eventos musicales y estuve en el gabinete de comunicación de una editorial de prestigio. He publicado, mientras estudiaba, sin cobrar un solo euro, en todas las gacetas universitarias habidas y por haber. Hoy, además de escribir para algunas revistas, trabajo para una escritora de la que me empapo como una esponja y para una asociación feminista que me ha enseñado, por ejemplo, cómo de importante es tomar conciencia de lo que significa el nacer con un sexo que marca la pequeña diferencia y sus grandes consecuencias.   

¿A qué aspira en la vida? No tengo grandes aspiraciones. Yo solo pretendo poder vivir con lo que ahora mismo tengo. Si me dijeran: “¿Firmarías un documento en el que conservarías de por vida tus actuales trabajos y tus selectas amistades, sabiendo que no seguirías evolucionando en tu carrera?” Contestaría, sin dudarlo, con otra pregunta: “¿Dónde hay que firmar?” Y es soy consciente de que, a pesar de los nervios y de todos los tomates en los que me meto, soy muy afortunado: mi vida me divierte, tengo amigos en los que puedo confiar ciegamente, mi trabajo me gusta mucho porque me permite seguir aprendiendo y vivo en el centro de Madrid, lugar en el que quise vivir desde que tomé conciencia de la vida.  ¿Sabe? Simplemente, yo no soy de esas personas que se quedan en zapatillas acurrucadas en el sofá con la mantita y el mando de la televisión.   

 ¿Y por qué no tiene pareja?¡Ya me gustaría! Pero no es una cuestión que me preocupe. Soy de los que pienso que el ochenta por ciento de las parejas que existen se sostienen por un intercambio de necesidades: mucha gente siente por dentro un terrible miedo a la soledad. Yo tengo tendencia a la melancolía, pero no soy una persona que no pueda estar sola. Todo lo contrario: me siento cómodo conmigo mismo. Claro que no podría vivir ni cinco minutos si no tuviera un solo amigo. Me considero bastante individualista, aunque sea políticamente incorrecto decir algo así. Algún día tendré pareja, pero será atípica. Simplemente, iremos a nuestro aire.  

¿Cuál es su espectáculo preferido? Observar con cuidado los increíbles y variados comportamientos humanos.  

¿Ha pensado alguna vez en el suicidio? Truman Capote, en una autoentrevista que publicó en su libro Música para camaleones, un encuentro novelado consigo mismo cuyas preguntas me han servido de inspiración para completar esta sección de mi blog, se hizo esta misma pregunta. Respondió: “Desde luego. Como todo el mundo, menos el tonto del pueblo, posiblemente”. Luego añadió: “Yo no tendría el valor de hacer lo que él hizo (se refería al escritor japonés Yukio Mishima, que se suicidó)”. Yo no estoy de acuerdo con mi admirado Truman: no es que no tenga valor, simplemente es que me gusta la vida. Y no le doy más que el valor que para mí tiene: la importancia justa. Por eso estoy completamente a favor, por supuesto, del aborto, pero también de la eutanasia, incluso por encima de los supuestos de enfermedad terminal y dolores insoportables y progresivos. Entiendo esta vida como una posibilidad que se nos brinda, no como una obligación que pueda devenir tormentosa. Jamás compartiré la idea de “en esta vida hay que sufrir para luego alcanzar la felicidad en otra mejor”. Hay que sufrir, claro, pero no todo el tiempo.  

Pero, ¿cree en Dios o, al menos, en algún poder superior? Me encantaría. Pero no tengo fe verdadera. Yo creo que en el momento en que uno duda un poco ya no tiene fe verdadera. Y conozco a muy pocas personas que no duden sobre si Dios existe y todo eso. Siempre he considerado super injusto que unas personas tenga fe y otras no. Vivir con fe me parece más fácil o, cuanto menos, más esperanzador. ¿Le he contado que mi abuela, católica cristiana de toda la vida, me confesó antes de morir que había perdido toda su fe? 

Si existiera una vida futura, ¿en qué le gustaría reencarnarse? No lo tengo muy claro pero me parece que no eligiría ningún ser humano. Ser persona es a veces demasiado complicado. Quizás en un mono feúcho que viva en la selva. Cualquier animal que pase desapercibido estaría bien. O en un perrito cuyos dueños sean una idílica y rica familia con chalet de gran jardín.  

Si le concedieran uno de sus deseos, ¿cuál eligiría? Ya se lo he explicado todo en otra respuesta: tener la seguridad de que no me faltarán nunca mis amigos y de que podré seguir dedicándome al periodismo.   

¿Qué es lo que más valoras de las personas? Admiro a la gente que vive y deja vivir, sin juzgar ni esperar demasiado de los demás. No soporto a aquellos que esperan odiosas y egoístas contrapartidas por los favores realizados.    

Ocho años ha (más o menos), en el curso de una noche de barbacoa en la playa, una de esas fiestas de verano con fuego, salchichas, rones y whiskis bajo la luz de una luna enorme, conocí a Críspulo Cabezas.   ¿Os acordáis de él? Sí, hombre sí, fue uno de los tres chicos protagonistas de Barrio, el super éxito de Fernando Leon, una película que contaba las penas y desventuras de unos adolescentes de un barrio periférico de Madrid, unos chicos que, aunque no veraneaban porque sus familias no se lo podían permitir y aunque envidiaban carniceramente a los privilegiados que sí iban a la playa en agosto, se conformaban con charlar y mirar a los coches pasar desde lo alto de un puente de autovía. Esa película me gustó mucho (por si alguien aún no la ha visto)  

Aquella noche en la que le conocí, Críspulo (todo el mundo le llamaba Pilo), independientemente de la edad que tuviera, que no la sé, era un jovencito de aire adolescente. Han pasado muchos años y el otro día estuve charlando un ratito con él. Es uno de los actores de la muy recomendable El enemigo de la clase (no me cansaré de pediros que vayáis: podéis verla en el teatro lara de Madrid hasta el próximo domingo y en lastimute.com se consiguen las entradas tiradas de precio), obra de teatro que vi el viernes pasado por segunda vez. La primera fue el día del estreno. Cuando empezó la función no había leído casi información sobre la obra, y por eso no me había fijado en los nombres de los actores. Yo creía conocer solo a Javier Ambrossi, joven actor del que ya os he hablado porque es muy bueno y porque tiene un futuro prometedor (siempre que lo encuentro le digo lo mismo: ¡cuando seas un actor muy muy famoso, que lo serás, no te olvides de los primeros que nos fijamos en ti!). El caso es que Críspulo también actúa en el Enemigo de la clase. Es sapo, un chico que traduce sus problemas familiares y mentales en un odio irracional hacia los inmigrantes. Mientras veía la obra aquel día me pregunté varias veces “¿será Críspulo Cabezas?”, y es que me costaba mucho reconocerle: está muy cambiado, irreconocible casi, y desde Barrio, aunque sé que ha hecho muchas más cosas, yo no le había visto (ni en la ficción ni en la realidad). Sigue siendo buen actor, pero ha crecido, se ha cortado el pelo, se le han perfilado los rasgos, ha mejorado con los años.  El viernes pasado, a la salida del teatro, Javier Ambrossi nos presentó a los actores en el bar del teatro Lara. Entonces, le dije a Críspulo:  

    -Hace muchos años coincidimos en una barbacoa que organizamos mis amigos y yo. Tú tenías una pandilla y nosotros os invitamos. Recuerdo que estaba Edurne con vosotros, se pasó toda la noche cantando la canción de El Guardaespaldas. Pero entonces el famoso eras tú, ella todavía no había sido seleccionada para OT. De hecho, OT ni siquiera existía. ¿No te acuerdas?

   -¡Hostias! ¡La Butiplaya! ¡Qué fuerte! 

Cuando ese verano terminó los “madrileños” (así les llamábamos nosotros a él y a sus amigos) nos prometieron que regresarían el verano siguiente, pues, nos explicaron, a sus padres y a ellos les había encantado la zona.  Pero nunca, nunca volvieron. Reconozco que Críspulo me cayó muy bien y por eso le deseo desde aquí un 2008 repleto de proyectos inquietantes (por cierto, también tiene un grupo de música).  Os dejo dos fotos: una de aquel ya famoso verano, mientras jugamos al voley playa (había dos fotos más: una muy buena en la que estábamos él, mi amiga Sandra –una chica de belleza mulata por la que Críspulo se pasó suspirando toda la noche- y yo, que he estado buscando para colgar y que no encuentro y otra horrible en la que estamos todos recién salidos del agua –nos bañamos por la noche- y que no pienso poner aquí), y otra del otro día. me ha hecho gracia el antes y el después. ya sabéis aquello de “la vida pesa y pasa”.                 

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y esta otra que va a continuación la pongo sólo y exclusivamente porque es de la misma barbacoa en la que conocimos a Críspulo. La he encontrado mientras buscaba la otra y ¡me ha hecho mucha gracia verme tan moreno y tan jovencito! Estoy con mi amiga Josune.

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Más cosas 

Éste es el post del jueves.

El viernes me voy de vacaciones (ya sabéis: navidad, navidad, dulce navidad…) y voy a desconectar hasta fin de año, día en el que pondré una bonita lista de buenos propósitos para el nuevo año. Yo no salgo el día 31, pero sí el día 1. Ya tengo las entradas. Es una fiesta increíble: unas 8.000 persona, en el Teléfonica Arena de la Casa de Campo y organiza Space. Carísima, una locura: 60 euros la entrada con una sola copa. Pero es la mejor fiesta del año con gran diferencia, al menos para mí y para Paco. Los encargados de pinchar la música son los mejores DJ del mundo. La fiesta comienza a la una del día uno de enero, y dura catorce horas. Así que el viernes pondré el último post hasta el día 31, que será el último del año.  

El post de mañana viernes será especial para mí, y pasará a partir de mañana a ocupar mi perfil (espero que me dé tiempo a redactarlo, claro). Espero que os guste.  Y como no quedan días voy a hacer un resumen de tres noticias que me han llegado esta semana y que me han hecho muy feliz.  pongo también una foto de cada protagonista.

mi amiga Maru, cordobesa, 29 años, muy mona, una chica con la que compartí muchos años de amistad verdadera y auténtica, me llamó el otro día: “Curro, estoy embarazada”. En los últimos años no hablamos nunca, o casi nunca, pero ella sabe y yo sé que nos queremos mucho, y por eso me alegró que me llamara para contármelo. 

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 la segunda noticia vino de la mano de mi amigo Fernando, 28 años, guapo, inteligente, deportista, un tipo muy brillante que siempre ha tenido inquietudes intelectuales. Nos hicimos inseparables en BUP y nos pasábamos papelitos en las clases. Todo lo que él escribía parecía ir en verso. Luego estudiamos Derecho juntos, compartimos clases, apuntes, nervios, exámenes, cigarrillos entre clase y clase. Jamás se nos ha acabado la conversación a mí y a Fernando. ¿Y cuál es la noticia?, os preguntaréis algunos. Pues que desde hace dos días es NOTARIO. Ha superado la última prueba después de 6 AÑOS encerrado estudiando en su dormitorio. Cuando me enteré sentí un feliz escalofrío. Pocas cosas en la vida podrían alegrarme más. Le dije:

    -Fernando, dicen que en la vida las únicas cosas importantes son salud, dinero y amor. Tú ahora tienes las tres pero es que, además, ¡sabes que el dinero ya nunca te va a faltar!

   - (Fernando reía, estaba emocionado) Pero, ¿sabes lo que ha sido más increíble para mí? Ver mi cuarto y saber que no voy a tener que estar ahí más tiempo encerrado. Nunca. Eso y ver la cara de mis padres.

   Jamás dudé que Fernado aprobaría la oposición. Es la más dura que existe, durísima, pero sabía que él la sacaría porque sé de su fuerza de voluntad y de lo inteligente que es y de cómo estudia. Sin móvil, sin interrupciones, sin descansos. Es un fenómeno, en serio. Con Fernando sí que llevaba tiempo sin hablar, años, pero también somos amigos. Por eso me dijo: “Que sepas que eres una de las personas a las que más ganas tenía de contárselo”.   (Lo gracioso es que Maru y Fernando fueron novios en su día, y les presenté yo)

curro-canete-y-fernando-cazorla.jpg(Fernando y yo en la sierra de Cazorla. Fuimos de camping un fin de semana. Si no se nos ve, mirad la sierra, que es maravillosa)

La tercera noticia nos la da Estrella. El otro día apareció por casa con unos panchitos del Día y unas cervezas. Luego abrimos una botella de vino de la cesta de navidad que le ha regalado su empresa. Me dijo:
   -Es que hoy estoy muy, muy contenta. Ha sido un día muy bueno.

A Estrella la han ascendido en su empresa, le han hecho contrato indefinido, le han reconocido su condición de licenciada en Ciencias del Trabajo y le han subido considerablemente el sueldo. De submileurista a supramileurista. Pero no sólo eso: su jefa le ha redactado un informe en el que la dejan por las nubes: siempre agradable con todo el mundo, organizada, eficiente, responsable. Por todo eso Estrella nos va a invitar a cenar hoy jueves a mí y a Paco, que es su primo.   

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Ya veis qué cosas. Besos muchos y hasta mañana. Recordad que el post de mañana viernes será especial para mí! C.   

ayer, cuando iba yo a ver una bonita sucesión de cortos que estrenaban en el cine Capitol, la noche siguió un camino propio. Para bien. Paco, El Amigo, estaba “atribulado”, si es que podemos decirlo así. Y nos fuimos a cenar a un japonés. Invitó él. ¿Qué comimos? Ni idea. Por favor mirad los platos. Sin duda, una cena inolvidable. C.

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Esta mañana a las nueve y media…  

sms (Curro): ¿Qué tal estás? Confírmame que estás vivo y bien. Yo no me he levantado tan fatal como pensé que me levantaría. Menos mal, con el día que tengo…    

sms (Paco) Vivito y coleando! Stop. Cansado pero sin querer morirme. Stop. El pescado crudo anula las resacas? Stop. Qué noche! Cambio y corto!

——–

y ahora pongo otra foto. la imagen corresponde a “Paco, atribulado” bebiendo un extraño chupito japonés… pobre!

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the winner is…

Diciembre 17, 2007

Lunes por la noche. Ya conocemos las candidatas a los premios Goya. Comentaré las que más candidaturas han conseguido.

todo apunta a que va a arrasar El Orfanato. Sinceramente, a mí no me dio casi miedo. Mi sufrida acompañante cabeceó durante algunos minutos (claro que la pobre trabaja de noche y las sesiones de día se le hacen, a veces, duras de llevar) y yo, si bien estuve con los ojos abiertos como platos durante todo el filme, no pasé “demasiado susto”, que diría un malagueño de pro. Y una película que pretende asustar y que luego no asusta no es una buena película de miedo, en mi modesta opinión. Y no es que yo no sea miedica, que lo soy. Mucho. Por ejemplo, cuando cometí el error de ver por primera vez El Exorcista luego estuve seis meses, seis, durmiendo con la luz de la despensa encendida y la puerta de mi cuarto abierta (hace unos quince años mi cuarto daba a la cocina y en la cocina de esa antigua casa hoy derruida existía una despensa). Cuando, pasados unos años, adulto ya, cometí el segundo error de verla de nuevo (ya se sabe que el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra), volví a quedar aterrorizado, y tuve varias pesadillas. A ver, no digo que El Orfanato sea una mierda, ya sé lo de la impecable factura, lo de que Belén Rueda borda su papel, lo de que hay algunos sobresaltos bien conseguidos. Pero a mí no me convenció el guión, lo siento, pues según mi punto de vista no está demasiado elaborado ni estructurado ni logrado. Todos los que habéis hablado de esta peli en este mi modesto blog lo habéis hecho en buenos términos: Davidmo, Mana, Edirgi, … (no recuerdo si alguien más), así que quizás sea super buena y yo tuve un mal día. Eso sí, me reconoceréis que no le llega ni a la suela del zapato a Los otros o a Tesis, por poner dos ejemplos. ¡Tesis sí que es una gran película!  

Las 13 rosas. Si yo votara, que no va a poder ser, quizá votaría por esta película. Recupera Las 13 rosas la tragedia colectiva de una de las dos Españas irreconciliables aún a día de hoy, la de los vencidos en el Madrid de 1939, reelaborando en la ficción la agónica angustia de cuantos no tuvieron otro remedio que huir a otro planeta, o esconderse muy bien, o engañarse a ellos mismos para engañar a los demás sin ser descubiertos, o casarse sin amor, o dejarse torturar para no traicionarse a sí mismos, o, simplemente, morir, como fue el caso de las 13 mujeres republicanas cuya historia rescata dignamente Emilio Martínez Lázaro con esta triste película de un final demasiado, excesivamente triste. Y éste ha sido el error de su director, el de tratar de potenciar de un modo espectacular la ya de por sí tragedia, dándole al desenlace un toque dramático innecesario, tratando de potenciarlo con una música demasiado exagerada, y con el llanto histérico de una madre que corre desesperada detrás del coche de su hija que va a morir (Luisa Martín, soberbia por otro lado, protagoniza esta secuencia que no ocurrió en la realidad y que, por tanto, ha sido inventada buscando las lágrimas del espectador), y con los abrazos desesperados de las jóvenes (unas niñas siempre, siempre, maquilladas) minutos antes de que vayan a ser fusiladas en aquel funesto 1 de abril de 1939. La historia, ya de por sí dramática tal y como ocurrió en la realidad, no necesitaba de aditamentos que le dan un toque melodramático que le resta credibilidad una vez que, vista la película, nos paramos a racionalizarla en la soledad de nuestros pensamientos. Y para muestra un botón: mi acompañante lloró más de lo que yo le había visto llorar nunca antes. Si a todo esto añado que, en mi modesta opinión, la primera parte del filme no está bien hilvanada, y que hay personajes que poco o nada aportan a la historia (el de Fran Perea, por ejemplo), puede parecer que estoy diciendo que no es una buena película, pero lo que en realidad opino es que podría haber sido mejor.  

La de Gracia Querejeta (Siete mesas de billar francés) no la he visto pero conozco a más de uno que sí lo ha hecho y que me ha contado que no vale demasiado.  

Oviedo Express, según se dice, se rumorea, se comenta en todos los mentideros cinematográficos, es mala malísima. O sea: inaguantable. Por favor si alguien la ha visto y guarda una opinión distinta de la cinta de Gonzalo Suárez, que hable ahora o que calle para siempre.  

La de Icíar Bollaín, Mataharis, tampoco la he visto. Pero, sintiéndolo mucho por esta directora a la que admiro,  me han hablado francamente mal de su película. Parece que esta vez ha fallado. Con lo increíble que fue Hola, ¿estás sola? Ésta es una peli que me encanta y sin embargo, si no recuerdo mal, no se llevó ni un solo Goya.  

Estoy deseando ver La soledad, de Jaime Rosales, película independiente que se ha colado en la candidatura de mejor película. Puede sorprender, dicen, por eso quiero verla cuanto antes. Recordad que la sorpresa-revelación del año pasado, AzulOscuroCasiNegro, fue una de las mejores películas del año (si no la mejor). Pero también sorprendió en su día Martín Hache o Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto, dos de las pelis que más me gustan del cine español. Por cierto, ¿alguien se había enterado de que José Luis Garci ha estrenado una película? Pues sí, la ha estrenado (aunque nadie se haya enterado) y se llama Luz de domingo. Alfredo Landa, que creo que está que bufa, ha sido nominado. Supongo que se le habrá pasado un poco el enfado.   

Me ha alegrado la nominación de Álvaro de Luna y me ha enfadado que haya sido tan poco nominada REC, de Jaume Balagueró. No la he visto, ojo, pero estoy convencido de que es buena, y por supuesto mejor que El Orfanato. ¿Nadie vio en su día Los sin nombre? Yo sí, hace muchos años, y aún cuando la recuerdo me da miedo. Creo que Balagueró es un gran director, uno de los mejores de su generación. Os lo confirmaré cuando vea la película, suceso que espero tenga lugar pronto, siempre y cuando sobreviva a esta agónica semana “pre-vacacional” 

Y vosotros, ¿por cuál película votaríais?

cables y teléfonos

Diciembre 16, 2007

Este fin de semana han estado en Madrid mi madre y mis hermanas y ¡qué os voy a contar! que no sea deciros que me ha gustado mucho verlas, estar con ellas. Mi hermana la pequeña (la pequeña de las tres, pero mayor que yo, ojo) nos dio una noticia mientras comíamos en una nada bonita pizzería repleta de azulejos que hay en la Plaza del Dos de Mayo. A los dos minutos, a mi madre se le llenaron los ojos de lágrimas, y luego a mi otra hermana, y luego a mí. Porque no nos lo esperábamos, la verdad es que no. No es que sea un drama ni nada de eso, simplemente ha sido una de esas cosas que no te esperas y que te causan un poco de tristeza, nada más. Luego se asumen y todo regresa al cauce de la aparente normalidad. Seguro que entendéis que no cuente nada más, al fin y al cabo no es mi historia sino la de mi hermana. ¿Sabéis? A veces echo mucho de menos a mi familia y lamento vivir en otra ciudad. Paradójicamente, cuando llevo una semana viviendo con ella, un impulso de huida se apodera de mí.

El caso es que estoy bastante enfadado en estos momentos, y no por el frío anulador de sentidos que se ha apoderado de Madrid en estos últimos días. Tampoco por el hecho de que haya ido a tres librerías a comprar, sin éxito, el libro de Manuel Vázquez Montabál Un polaco en la Corte del Rey Juan Carlos. El causante de que ahora mismo, en este momento, esté rabioso es un cable que me he comprado por quince euros. Os cuento: la semana pasada me compré un móvil nuevo, un nokia muy moderno que me costó solo cuatro euros más que susodicho cable. Éste lo he comprado hoy porque no conseguí durante toda la semana pasada pasar los contactos de un celular a otro celular. Pensaréis: es muy fácil: los pasas del teléfono a la tarjeta sim y de la tarjeta sim al nuevo teléfono, y listo. Pues no, porque en mi móvil hay unos mil  contactos, y no quiero perder ninguno. Por eso hoy he ido a una tienda especializada: quería que me vendieran un dichoso cable con el que, según me aseguraba el otro día un buen amigo, podría transportar a mi portátil no sólo los números sino también los mensajes. Lo de guardar los mensajes para mí es muy importante, en serio. Y lo de los contactos también: nunca se sabe cuando los puedes necesitar. Y sí, me he comprado el cable y he entrado en nokia.es y he seguido los pases que la gentil dependienta de phone house me ha explicado “para que no tuviera problema alguno”. Pero sí lo he tenido. Y por eso estoy enfadado: llevo DOS horas, dos, tratando de pasar los malditos contactos al ordenador. Al final, cuando pensé que lo había conseguido, después de que se colgara el sistema por lo menos cinco veces, mi gozo ha caído a un pozo. Copio los nombres y los números de teléfono (seleccionar todo, copiar) y luego pego en una carpeta que he llamado “contactos móvil”. Pues bien ¡se copian los nombres pero ¿y los números?! ni rastro de ellos. Y por favor que nadie me diga que utilice la opción “copia de seguridad” porque ya lo he intentado. Total que ahora tengo dos teléfonos, un cable y un nuevo programa instalado en mi ordenador pero ¿de qué me sirven? La verdad es que estoy un poco desesperado. Besos. C.

exceso de vanidad

Diciembre 13, 2007

mirad qué super chula es mi nueva tarjeta 

tarjetapara-post2.jpg

Se me ocurrió cuando vi el rompedor y originalísimo diseño del último cedé de La Casa Azul (creación de Gregorio Soria junto a Guille Milkyway). Decidí inspirarme en susodicho formato, tanto me había gustado. Como, evidentemente, yo no me manejo demasiado bien con el amplio abanico de posibilidades del photoshop, Paco ha sido el que me ha hecho la tarjeta. “¿Te gusta esta letra?”, me preguntaba hace un rato en su piso de Príncipe Pío. “Uy no, no, no”, decía yo. Hasta que hemos dado con las que más nos gustaban a los dos. A mí no me cobra porque soy su amigo, pero creo que ya os conté que también hace cuadros warholianos muy chulos por encargo, a un precio bastante más bajo de lo que os cobrarían en una tienda especializada.  

Entonces, ¿Os gusta?     

Ayer estuve en una fiesta que daban en La Boite, discoteca MUY de moda del centro de Madrid. Era una fiesta vedada a los periodistas (o sea, que no se podía ir como periodista ni hacer fotos ni hacer entrevistas), un “regalo” que les hace cada año a los famosos un grupo de comunicación (DYP comunicación, concretamente) que organiza por lo menos la mitad de los eventos sociales de Madrid. Y por eso, y aunque podría hacerlo, no voy a contar nada de quién estaba, ni de lo que vi, ni lo voy a publicar. A veces resulta sorprendente cuánto puede llegar a cambiar un famoso cuando se encuentra en un contexto relajado, lejos de cámaras y periodistas.

Sí os cuento cómo fue, porque aún no lo he hecho, la fiesta de Vanidad, que fuimos hace unas semanas.   

Exceso de Vanidad 
 

Nació en noviembre de 1992 y, por eso, hoy celebra sus primeros quince años de vida. Lugar: sala Wind, conocida discoteca subterránea del centro de Madrid hoy convertida en poco menos que una gran pasarela: espectaculares modelos, conocidas unas, desconocidos otros, todos de belleza y modernidad apabullante, vestidos a los últimos y variados gritos que dicta la moda. ¿Fashion victims? Puede. ¿Obsesionados con el culto al cuerpo? Quizá. ¿Apasionados de las últimas tendencias? Seguro.

maxim-y-olga-liggeri.jpg(Màxim Huerta y Olga Liggeri)

Por este motivo están en la fiesta de la revista Vanidad, publicación mensual que, como opina la actriz Elena Anaya, “es moderna, de vanguardia pero fácil de leer” o, como afirma su directora general, Olga Liggeri, “una revista excitante que trata de hacer las cosas sin reflexionarlas demasiado”.

marian-aguilera.jpg(Marian Aguilera)

Marian Aguilera, actriz de belleza lunar y larga melena pelirroja (recogida en esta ocasión) a la que podréis ver muy pronto en la nueva temporada de la exitosa serie Los hombres de Paco, no paró de bailar en toda la noche. Reconozco que siento debilidad por esta joven actriz. Cuando conseguí hablar con ella, me explicó que la moda le divierte “a ratos” pero que no le preocupa “no ir a la última. Un día trato de ir a la moda y otro me pongo lo primero que encuentro en el armario”. Cuando le pregunté por su opinión sobre la vanidad, me dijo: “La vanidad no hay que cuidarla, en todo caso hay que localizarla para así aligerar y quitar un poco de hierro a momentos en los que uno se ha dejado por completo. Sobre la revista, te diré que me parece la más moderna y que tiene más personalidad que otras en las que siempre sale lo mismo”. Marian estrena el próximo 11 de enero la nueva y esperadísima película de Mario Camus.

pablo-rivero2.jpg(Pablo Rivero)

Otro actor que no quiso perderse la fiesta fue Pablo Rivero. Le conocéis, seguramente, por Toni, hijo mayor de los Alcántara, papel que interpreta en la serie Cuéntame desde hace ¡nueve temporadas! Con varios estrenos pendientes, ahora tiene en cartel Villa tranquila, una película de Jesús Mora, y está a punto de rodar Mentiras y Gordas, la nueva película de Alfonso Albacete y David Menkes, dos de los directores más divertidos del solar patrio. Cercano y simpático, moderno como el que más, este chico de tierna mirada a través de sus penetrantes ojos azules, fue uno de los más buscados de la fiesta (aunque le examiné con disimulo, no hablé con él esa noche porque me dio corte). 

mario-casas.jpg(Mario Casas)

Mario Casas (también de Los hombres de Paco), Pepón Nieto, la joven actriz Dafne Fernández, Elena Ballesteros, David Delfín, Bimba Bosé o Blanca Romero fueron otras de las caras conocidas que lo pasaron de lo lindo en la sala Wind. Happy Birthday, Vanidad.  (ah! también estaba Màxim Huerta, pero eso ya lo sabéis)

Son las diez y media de la noche. Estrella está en su fiesta de empresa. Me hace mucha gracia lo de las cenas de empresa porque yo no tengo ninguna. Me voy a dormir ya. Me encanta acostarme tempranito, leer un rato corto en la cama y luego dormirme. Pasadlo bien el finde. Besos. C.

daniel zamora

Diciembre 12, 2007

Daniel Zamora, el Quinto Rodríguez, se suicidó el pasado jueves 29 de noviembre, como muchos sabéis. Alguien colgó en youtube, para despedirle, un vídeo. Escribió lo que sigue:   Mi más sincera despedida para Daniel Zamora, y un homenaje al recuerdo de Julián Infante y Los Rodriguez, es solo un “hasta luego” como decían ellos!!Hoy tocarán juntos en el cielo porque “nadie se va del todo” y seguramente existe aquel lugar…Querido Daniel, Buena Suerte y Hasta LuegoEspero no molestar a nadie con éste video.

Mis saludos desde Colombia…

Javier Galvis (less)     

¡Qué putada!

El pasado 28 de noviembre, Daniel “Pato” Zamora se quitaba la vida. Aunque Dani escribía y la fotografía era algo más que una afición, la historia del rock en español lo recordará por haber sido el bajista de una de las bandas esenciales de los años 90, quizás la más influyente: Los Rodríguez. Para recordar a Dani Zamora, aquí va nuestro modesto homenaje, con textos de los otros tres Rodríguez: Andrés Calamaro, Ariel Rot y Germán Vilella. Incluimos también una singular autobiografía escrita hace un tiempo por el propio Dani.

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EL PATO RECORDADO

Texto: Andrés Calamaro.

Daniel, El Pato, Zamora, oriundo de Palafrugell, consideraba entre sus influencias vitales a Julio Cortazar, Les Luthiers y a los pilares de la cultura catalana: Salvador Dalí, el arquitecto Gaudí y Michael Laudrup (literalmente)… Incluso se sonreía satisfecho si yo me acordaba de enumerarlos en los conciertos.

Pero Daniel era lector patafísico, presumía de coleccionar momentos bizarros que grababa de la TV, y compartía con sus compañeros. Los dos éramos los encargados de amenizar los kilómetros recorridos con VHS jugosos, que incluían pornocracia, la histórica mesa redonda de los Fernandos, cine clásico y música de la buena.

Todos aquellos que siguieron a Dani a través de su página virtual recordarán siempre el picante sentido del humor del Pato, así como su ternura para recordar a sus amigos y a los buenísimos momentos que compartimos en Rodríguez… Músico de talentos varios, completísimo en la guitarra de nylon y virtuoso en el bajo, se puso el uniforme de rockista para tocar rock y, sobra decir que, fue el bajo en nuestras principales giras y grabaciones. En las maneras de vivir, en los rockanrolles de la música y la vida, encontró la pasión, encontró el amor, y también le tocaron cartas (naipes) mal dadas, malos tragos que siempre escondía detrás de un sentido del humor agudo y subersivo.

Voy a recordar a Daniel cada vez que escuche a Frank Sinatra, siempre voy a recordar sus preferidas: “Second time around”, “Cycles”, “Call me”… También guardo una seleccion de contenidos visuales varios que me regaló para un cumpleaños en forma de “delux VHS box”.

Trágicamente se enfrentó a los riesgos de amar y algunas de sus heridas nunca se cerraron… No siempre hay premio para los talentosos, no siempre hay trabajo… Y Daniel, hace apenas días… horas… rompió el laberinto anímico y eligió no pertecer más a este mundo. Ya lo extrañamos, lo echamos de menos, a Daniel. Un camarada para cantar y para reír. Nunca pudo sobreponerse a las pérdidas, a las ausencias y a las malas noticias.

Hoy quiero abrazarme con los que quedamos, para recordarlo y brindar, en la distancia, por los tiempos mejores, por los buenos viejos tiempos… Y quizás nos ayude a entenderlo la siguiente frase del rumano Cioran: “Cada vez que el tiempo me martiriza, me digo que uno de los dos va a estallar, que no es posible continuar indefinidamente en ese cruel enfrentamiento”. O esta otra, que Daniel habría aceptado también: “Es real todo lo que procede de la emoción o del cinismo. Lo demás es ‘talento’”.

Recordemos a Daniel Zamora con una lágrima y una sonrisa, ¡¡que se lo merece!!

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TAN SOLOS (publicado en la revista efe eme)

Texto: Ariel Rot.

Dani Zamora, el Pato, my friend, ya no tenía problemas de salud. Se había recuperado heroicamente de un cáncer y se sentía orgulloso de su fortaleza física (y sexual) y de haberle ganado la batalla a ese enemigo que se había instalado sin permiso en su cuerpo.

El problema de Zamora era otro, exceso de conciencia y lucidez, sensibilidad extrema, incapacidad para el engaño y sobre todo para el autoengaño.

Zamora veía el mundo tal cual es, sin anestesia ni cristales deformantes (en quince años nunca lo vi drogarse ni medicarse), un lugar de mierda habitado por zafios, payasos y cretinos; y la vida, un viaje en el que en el mejor de los casos podías morir de una manera rápida y poco dolorosa. Su visión certera y ácida de la realidad asustaba, la visión de uno mismo bajo la mirada de Zamora asustaba, por eso no tenía muchos amigos ni compañeros de viaje. A veces no era cómodo estar con Zamora pero seguramente mucho mas incomodo era ser Zamora.

En los últimos años mantuve una relación intensa con Dani, disfrutaba de sus mails psicotrópicos, sus maravillosas creaciones, libros, cómix, viñetas, canciones, agudos comentarios o simples conversaciones telefónicas. A veces cuando venía a Madrid se quedaba en casa hasta muy tarde, incluso a dormir. Cargaba con su guitarra con cuerdas de nylon (odiaba las de  metal) y tocaba de una manera única versiones de Sinatra orquestadas en seis cuerdas por él. Me quedaba embobado escuchándolo y me hacía sentir un niño de pecho al lado de su complejidad armónica y altísimo nivel musical.

Zamora muchas veces se iba, desaparecía, tocaba fondo y volvía con fuerzas para tirar un poco más.

Esta vez no, esta vez no va a volver y para mí desde hace cuatro días el mundo es un lugar más frío, más absurdo, más cabrón y sobre todo más solitario.

Te voy a extrañar mucho, amigo, de verdad, ya sabes que a ti no puedo mentirte.

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NOS VEMOS, PATO

Texto: Germán Vilella.

Querido compañero, hasta pronto.

El tiempo pasa rápido y antes de darnos cuenta haremos con Guille ese trío que nos propusiste hacer hace un par de años. En el Mas Allá no habrán mánagers ni discográficos/editores ni ninguno de los otros muros contra los que se estrelló tu Talento. Seguro que ya estáis componiendo y, a lo mejor, ya tenéis cantante… Uno de vuestra edad… 42… Elvis Presley. La Tierra, la Humanidad no os merece.

Respeto mucho tu decisión. Se dice que lo peor es para el que se queda y no para el que se va. Lo creo. Sin embargo, yo soy una persona mucho más rica de lo que sería sin haberte conocido, ya que en mi memoria hay un espacio muy grande que tú llenas con tu sabiduría y tu manera crítica de ver las cosas. Usando un argentinismo, como a ti siempre te ha gustado hacer, te digo, “Qué bueno que viniste!”. Nos vemos, Pato. Ahora sí que vuelas alto.

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ALGO MÁS QUE EL QUINTO RODRÍGUEZ

Texto: Juan Puchades.

Das una vuelta por Internet para leer sobre la muerte de Daniel Zamora y, entre una buena colección de lugares comunes y desinformación variada, hay quienes lo definen como el bajista “del mítico grupo Los Rodríguez”. Me quedo con esa frase. Totalmente cierta. Aunque los principales integrantes del grupo, intuyo, no se dieron cuenta de la verdadera dimensión de la banda que habían liderado hasta que era demasiado tarde. Hasta que ésta ya no existía. Pero Dani Zamora, me temo, siempre lo supo. Quizás porque miraba desde un lado, desde el margen exterior de la foto. Así tuvo la perspectiva de ver lo que otros no vieron: Que aquello era algo grande (quizás por ello siempre viajaba con una cámara de fotos, como queriendo dejar testimonio de lo que estaba vedado a ojos ajenos, no a los suyos). Algo demasiado grande para ser entendido en un país tan cainita para el rock and roll como España. Demasiado bueno para apreciarlo en tiempo real. Tal vez por todo ello, Dani fue quien peor llevo el fin: Si has tocado junto a sus majestades Ariel Rot y Andrés Calamaro en compañía de dos portentosos e ilustres guardias de asalto como Julián Infante y Germán Vilella, al servicio de la mejor colección de canciones que dio el rock en castellano de los años 90, tu bajo no se lo puedes prestar a cualquiera. Y con razón.

Pero la razón suele estar reñida con la realidad. Y cuando Dani tropezó con la realidad quiso refugiarse en la razón. Aparcó el bajo y trató de cambiar de oficio, escribió un par de libros echando mano de su talento para el humor, recuperó su colección de fotos para otro en el que recordó la historia de la mayor aventura musical en la que se vio envuelto e, incluso, durante un tiempo acarició la idea de completar ese volumen con una historia de Los Rodríguez contada de primera mano.

Pero los tropezones se sucedieron: Un cáncer en mala hora, el retiro obligatorio, la dificultad para reengancharse con las cuatro cuerdas de manera profesional lejos del epicentro musical, desencuentros personales… Hasta que el 28 de noviembre Dani debió hartarse de todo y acabó con su vida. Es una salida cuando las cosas se ponen demasiado cuesta arriba.

Ahora es fácil decir que el Pato Zamora era un enorme bajista, con la pulsación exacta que necesitaban esos Rodríguez que adoraban el rock tanto como amaban la música popular y la fusión de ritmos. Pero es que es cierto y, afortunadamente, él pudo saberse reconocido en vida por sus compañeros de grupo, por los fans y por la prensa. Suyo es el puesto, para siempre, de “quinto Rodríguez”. El bajista que no salía en las fotos y que se vengó fotografiando a los protagonistas principales hasta en el baño (tal cual).

Todo es cierto. Dani fue el bajista que, desde Sin documentos (aunque ya había estado en directo ocupando esa posición que nunca se terminaba de cubrir), siempre siguió con paso firme las ideas que manejaban Calamaro y Rot, fue versátil y apoyó un sonido nacido para ser grande. Para hacer historia, para cambiarla, para abrir un nuevo capítulo de ella. Y él supo estar ahí, con su cara de bajista concentrado sobre las tablas, y de niño malo al bajar del escenario.

Después de una muerte, quedan los recuerdos. En el caso de Dani, también quedan los discos, los textos y las fotos.

Ahora mismo, de fondo, en el lector de CDs suena Sin documentos. Julián Infante y Dani Zamora siguen vivos.

El niño ilusionado

Diciembre 11, 2007

 Conocí a Màxim Huerta hace dos años en una cena de gala que celebró el “Club de las 25” en el Hotel Palace de Madrid. Compartimos, junto a ocho personas más, una elegante mesa redonda y una comida digna de un restaurante cuatro tenedores. Aunque aquella noche solo intercambiamos un par de frases intrascendentes, ya adiviné en él algo que confirmaría más tarde: que es un chico deliciosamente soñador, lo más parecido en versión adulta a un niño inocente y despistado capaz de ilusionarse con cualquier cosa. Carcajeaba cada dos por tres, sonreía todo el tiempo, bromeaba entre susurros con su acompañante, canturreaba por lo bajo como un pajarillo. Transcurrió un año hasta que volvimos a coincidir,  esta vez en un estreno de teatro. “Yo te conozco. El año pasado cenamos juntos un día, ¿lo recuerdas?”, le pregunté cuando tropezamos bajo el dintel del Bellas Artes. Él me respondió con una mirada repleta de interrogantes que traspasaban el cristal de sus gafas. “Oh, lo siento, no lo recuerdo”, reconoció luego. A partir de aquel día, gracias a una serie de encadenadas casualidades, recomendaciones recíprocas y afinidades evidentes, hemos hablado muchas veces y, por eso, he podido confirmar que aquellos rasgos de su carácter que ya atisbé en ese primer encuentro en el Hotel Palace eran, y son, acertados. Hoy, en la fiesta aniversario de Vanidad, revista en la que el escribe columna cada mes, Màxim Huerta, co presentador de El programa de Ana Rosa, comentarista en El Debate de Gran Hermano, colaborador de la tertulia de Punto Radio con Ana García Lozano, articulista de varias publicaciones y bloguero de pro, saludaba a unos y otros, bailaba mientras bebía una copa y, en un aparte, me respondió con gracia a las preguntas que le hice para Osaca.  

           maxim.jpg

¿Es necesario cuidar la vanidad? La vanidad es necesaria, y son necesarios los besos, los abrazos, los espejos, los piropos, las sonrisas, los tequieros, las canciones que suben la moral, las copas, las miradas… Todo lo que sube el ánimo es necesario. Y la vanidad no es un pecado capital. 

En esta fiesta, ¿no hay demasiado fashion victims? Pero eso es estupendo. Le dan color a los saraos y a las calles que, a veces, son demasiado grises o tienen solo las tonalidades de las paletas cromáticas que dicta Zara. Por una parte me encanta que la moda sea un instrumento de democracia que nos iguale a todos, que todo el mundo pueda lucir una americana o un traje de Cavalli, por ejemplo, aunque sea gracias a H&M. A mí la gente víctima de la moda me parece divertida porque no son en realidad víctimas de nada. Hay que aprender a ver y a ser visto sin miedo a dejarse sorprender. Pasear por la Gran Vía a cualquier hora ayuda y es un buen ejercicio.

¿Y demasiada pose? La pose facilita el trabajo a los fotógrafos. Y en cuanto a la gente que posa… pues que jueguen con sus poses, con su cuerpo y con su sexo. A fin de cuentas no es más que una forma de comunicación no verbal interesantísima para quienes somos observadores ocasionales en estas fiestas llenas de vanidad. Hasta los curas tienen pose.  

Siendo famoso, ¿es más fácil ligar? Pues no siempre se acerca quien tú quieres, y cuando se acerca, a veces, no quiere lo que pensabas. Así que a veces es muy frustrante, muy complicado. La fama hace que te sientas observado y no actúas casi nunca con total naturalidad. Pero bueno… lo asumo. Son cosas que van incluidas en el paquete del sueldo.  Cuando entras a un local y te miran nunca sabes si te miran porque te conocen o porque has gustado… ¡Esa es la gran duda!

Entraste en Informativos Telecinco en 1999. Desde entonces no has dejado de hacer televisión. ¿La consideras un seguro de vida? No sé si la tele es un seguro de vida, lo dudo; pero de lo que estoy convencido es que es un buen trabajo, un punto de salida, de llegada, un trampolín, una noria, una casa que te abre puertas de casi todos los sitios. He dicho casi [se ríe mucho]. ¿Lo preguntas por el dinero? Ni que decir tiene que en la tele se gana mucho más que en cualquier otro puesto de trabajo como periodista. Mira, no sé si es un seguro de vida, pero yo sí me siento seguro, y mucho.

¿Qué le debes a Ana Rosa Quintana? Haber conocido la feria de abril en todo su esplendor. ¿Sabes lo bien que te lo pasas con ella de fiesta? También le debo dar el salto mortal con triple vuelta del informativo al magacine, lo que me ha dado la oportunidad de buscar nuevos registros, de hacer cosas divertidísimas, de romper el hielo, de volverme a congelar… Lo he dicho ya muchas veces pero no me importa que me conozcan por “el de Anarosa”, cuando ella se va de puente, coge vacaciones o la suplo algún viernes mato el gusanillo que puedo tener de llevar mi propio programa. Oye, y tan feliz. De ella he aprendido sobre todo a callar cuando no hay nada que decir. Ella es de las que se apartan para que el foco también te alumbre a ti, es generosa profesional y personalmente.

La televisión puede no durar siempre, ¿lo has pensado? Tampoco voy a durar yo siempre, y eso si que es malo. Morirse es malísimo, ¿no te parece? Claro que lo he pensado, la gente de la tele somos como los futbolistas. El ciclo natural se cierra antes o después y se convierten en entrenadores; pasar a estar detrás de las cámaras, dirigir, tener una agencia de comunicación, sentarse en un despacho como cargo… O retirarse, reciclarse, ir a la prensa, a la radio…. De la tele hay que irse antes de que te sea infiel y te deje de querer. Antes de que llegue a casa oliendo a otro. Lo bonito del periodismo y del periodista es estar siempre a punto de asumir cualquier nuevo reto. Caer en la rutina cansa. Tampoco descarto la docencia en un futuro, pero ahora las cosas van bien en la tele y parece que empieza una etapa más madura, con menos colorines, con más camisa lisa, más cuello alto… Me gustará si llega el día de enseñar. Soy agradecido por lo que recibí y me gustará ilusionar a los alumnos para inculcarles una profesión de raza.

¿Cuáles son tus momentos más felices? Los momentos felices son los que comparto con colegas. Últimamente soy más de cenar en casa con amigos y bebernos un par de copas con buena música.  Esos ratos y los que paso con mi familia son los más felices. Los que más llenan. Luego están también los sms que te cambian la cara cuando se ilumina la pantalla y pone “1mensajerecibido”. Ahora te voy a confesar un secreto. Este año ha sido raro pero viví este verano un momento que recuerdo como muy feliz y que me marcó en el plano personal y profesional. Presenté por primera vez el programa entero yo solo. Mi compañero Oscar acababa de ser papá y se ausentó. Me hice el programa, me subí al camerino, me desmaquillé y cuando me miré al espejo me dije: “Max, coño, ya has cumplido tu sueño”.    

   ¿Quedaba por decir algo más de lo que ya había dicho? Claro que quedaba, quedaban muchas cosas por decir, pero Màxim Huerta, que cada día se levanta muy temprano para acudir a su cita con Telecinco, se dio cuenta de que era tarde, tardísimo. “Ay, qué dura es la vida del soltero madrugador”, dijo, regresó a la pista en busca de sus amigos y, a los pocos minutos, se esfumó rápidamente por las escaleras de la Sala Wind.

a sangre fría

Diciembre 10, 2007

Estaba yo ahora, mientras Estrella ve la tele (La famila mata, concretamente, según me ha contado), terminando un trabajo sobre Jaime Urrutia, cuando he pensado en escribir un post. Me gustaría comentar algo sobre actualidad, pero no puedo. No puedo porque no sé qué ha pasado hoy en el mundo. no he visto las noticias ni he leído periódico alguno, ni en internet ni en papel (El País lo tengo en la mochila porque me lo he llevado “sin querer” del hotel en el que he comido hoy, pero no me ha dado tiempo ni a hojearlo).

Estrella ha aparecido hoy por casa con algunos adornos navideños. Me ha dicho:      

      –¿Te gustan? Es para animar un poco la casa. ¿A ti no te gustan mucho, verdad?–  La última pregunta la hacía mientras terminaba de colocar en la puerta de mi cuarto la segunda floritura, un lazo rojo con los bordes dorados del que cuelga una pequeña campana también dorada. “Pero voy a quitar lo de dentro para que no haga ruido y no nos moleste”.

También ha comprado unas velas largas y finas, pero dice que no se pueden encender porque huelen muy mal.  Ella me conoce y sabe que no me gustan demasiado los adornos de Navidad. Sin embargo, lo reconozco, en este lunes helador, cabizbajo como yo estaba ensimismado en mis propios cáculos, me ha hecho muchísima ilusión que apareciera, pizpireta y sonriente, con el sueño de dar un toque navideño a nuestro minúsculo piso. Y eso se lo agradezco.   

Por cierto, el libro que ahora me estoy leyendo con absoluta y fiera fruición se llama A sangre fría, y lo escribió Truman Capote. Es tan bueno, está tan magistralmente escrito,  que hay veces en las que tengo que parar para poder respirar. y os prometo que aunque soy persona que tiende a exagerar algunas cosas, aquí soy sincero: lo que os cuento me sucede de verdad. Supongo que sabéis que con esta novela Capote inventó un género literario nuevo: la novela real. Hay quien dice que no lo inventó él, pero lo cierto es que nadie lo había hecho hasta el momento como él lo hizo. En cualquier caso, es evidente que contribuyó de forma importante o que, como él mismo explicó, llevó a cabo el experimento más global y de mayor alcance en el campo del reportaje. A sangre fría se lee exactamente igual que una novela, pero todo, absolutamente todo lo que en ella se cuenta es rigurosamente cierto, o al menos él la escribió según averiguaba con sus investigaciones.   

    En Holcomb, Kansas, el 15 de noviembre de 1959 tuvo lugar el salvaje asesinato de la familia Clutter. Truman Capote llegó a concoer profundamente a Dick y Perry, declarados culpables de las muertes de los cuatro familiares, y logró hacer un retrato psicológico de ellos y de las víctimas. De hecho, escribió la novela gracias a la colaboración de los asesinos, compartió con ellos confidencias e intercambió sentimientos, pasó horas junto a ellos mientras esperaban la horca.  

    Truman Capote, una vez había publicado la novela, declaró: “La experiencia sirvió para incrementar la idea trágica que yo tenía de la vida, que siempre he mantenido y que explica esa faceta mía que parece sumamente frívola; esa parte de mí que siempre está en un corredor oscuro, burlándose de la tragedia y de la muerte. Por eso es por lo que adoro el champán y me encanta alojarme en el Ritz” (inciso: estas declaraciones guardan cierto parecido a algunas de las que mañana podréis leer en la entrevista que mañana colgaré en este blog) 

   Es verdaderamente increíble el trabajo que hizo este señor con esta novela. Yo ya la había leído hace años, pero es ahora cuando la estoy valorando en lo que vale, un auténtico diamante literario. Él estuvo seis años escribiéndola, vosotros podéis leerla en una semana. Ni lo penséis.

¡Oh! ¡Dios mío! Se me ha hecho tardísimo (son casi las doce) y aún no he terminado mi trabajo sobre Urrutia. Os tengo que dejar. Besos. C.