Mo, la hermana de Pe

Marzo 31, 2008

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Penélope Cruz y su hermana Mónica, de blanco la primera y de negro la segunda, las dos sonrientes y sumisas a los flashes de los fotógrafos (que no a las alcachofas de los reporteros ni a las grabadoras de los periodistas) protagonizaron la pasada semana, con gran expectación, la glamourosa presentación de Penélope & Mónica Cruz for MNG, una colección que las hermanas Cruz, estilosamente bellas y elegantes, han diseñado como colección primavera/verano 2008 para Mango. Fue en una céntrica tienda de la marca en la que, para la ocasión, multiplicaron ¡por ocho! el equipo de seguridad. Las compenetradas Pe y Mo habían acordado con la firma que posarían ante los fotógrafos el tiempo que hiciese falta pero, eso sí, bajo ningún concepto hablarían de nada con los periodistas, ni de trabajo ni de (¡faltaría más!) de temas personales. Y, claro, a los colegas, aunque habíamos sido informados previamente de que no dirían esta boca es mía, nos molestó un pelín (aunque reconozco que yo no me acerqué porque, no sé por qué, me dio corte).

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Este cronista que escribe conoce a Mónica Cruz. Ojo, la conozco muy poco, algo más a Gato, su maquillador, uno de los mejores en lo suyo -de hecho, está montado el tío, solicitadísimo-, un chico estupendo con el que he tenido la suerte de trabajar en más de una ocasión, y de dos, y de tres. Pero, centrémonos en Mónica. Eran las dos de la tarde en Madrid, hace unos meses, y compartimos una charla tranquila en la que la hermana pequeña de Penélope se mostró sincera, divertida, locuaz. Recuerdo perfectamente que cuando su chófer aparcó, puntual, en el lugar exacto de nuestra cita, Mónica se apeó del coche e, inmeditamente, me dijo, vivaracha y enérgica: “Hola –sonreía, y parecía relajada y contenta- ¿Eres tú Curro?, ¿voy pasando?”. Si no fuera una persona famosa y se me hubiese cruzado aquella tarde por la calle, probablemente no habría pensado “mira qué mujer tan espectacular” pero sí “mira qué chica tan mona”. Porque de cerca Mónica Cruz parece una adolescente traviesa, menuda, atractiva y algo ingenua. Más tarde, mientras hablábamos, hicimos un recorrido por su trayectoria profesional. Recuerden que Mónica es bailarina, desde pequeñita. “Comencé a bailar a los cuatro años, y recuerdo que lo que más deseaba era que llegara la hora de salida del colegio para ir a clases de baile.  Más tarde, cuando tenía ocho, nació mi hermano y me tuvieron que quitar porque mi madre no podía llevarme, y me pase un año llorando. Como me puse tan pesada me volvieron a apuntar”. Ya mayor conoció la dureza del oficio (”he tenido que sacrificar muchas cosas por el baile, aunque yo no lo haya entendido como un sacrificio porque era lo que deseaba hacer”) y las mieles del éxito, pues recorrió con Joaquín Cortés medio mundo durante siete años, bailando, y luego siguió haciéndolo en Un paso adelante, serie que tuvo un gran éxito y que descubrió en ella su también vocación como actriz. “Me llamaron para hacer una prueba cuando había terminado de trabajar con Joaquín [Cortés]. Fue en un momento de mi vida en el que me planteaba abandonar el baile. Como es un mundo que está tan mal, en el que es tan difícil trabajar, pues no estaba segura de querer guardar espera para hacer alguna gala aislada. Sobre todo porque los años que estuve con Joaquín tuve la suerte de subirme a un escenario casi a diario. Esto en el mundo del baile es dificilísimo. Y me llamaron a una prueba para una serie que “sería como Fama“, lo que me hizo mucha ilusión ya que esta serie siempre me ha encantado. Fui y cuando me quise dar cuenta estaba en el estudio grabando. Mi aprendizaje fue brutal y descubrí que trabajar como actriz me gustaba mucho y que quería compaginarlo con el baile”.

Casi clónica de su hermana Penélope, Mónica es humilde y considera este dato con la naturalidad del que es consciente de ser una mota en medio de la multitud. ¿Crees que llevarás siempre encima, como lleva un caracol la concha, la obligación del nombre de tu hermana?, le pregunté, inevitablemente, pues yo soy de los que piensan que no debe ser fácil ser la hermana de la actriz española más conocida del planeta. “Para mí no es una carga. Es mi hermana y estoy muy orgullosa de ella. Nunca he utilizado su nombre, nunca. Es cierto que me ofrecieron cosas por ser la hermana de. Pero fui muy consciente de que, aparte de dinero, no me iban a proporcionar nada bueno ni iban a contribuir al desarrollo de mi carrera. Decidí un camino y he rechazado muchas ofertas con las que me podía haber forrado pero que verdaderamente no tenían calidad. Prefiero ir despacito. En este mundo nadie te regala nada. Si yo no me hubiera machacado horas y horas en un estudio de baile y no funcionara con mi trabajo no hubiera conseguido nada, por mucho que sea la hermana de Penélope Cruz. Al principio tenía la sensación de que la gente, incluso algunas de mis compañeras, pensaba que estaba allí por ella. Nadie me lo decía, por supuesto, pero yo lo percibía. Ya entonces me molestaba bastante, puesto que he trabajado muy duro muchos años. Quizá otros se hubieran aprovechado de la situación, no lo sé, pero no es mi caso. Nunca me he aprovechado del nombre de mi hermana, entre otras razones porque creo que a la larga no es algo que pueda beneficiarme. Pero no, no me molesta que me comparen con ella. Es que no nos pueden comparar porque yo en interpretación soy una novata. De profesión soy bailarina, que es lo que me ha llevado a la interpretación. Lo que sí me toca las narices es cuando alguien me dice que yo soy más guapa o que lo es ella. ¿Alguien puede pensar que yo me voy a sentir mejor porque me digan que soy más guapa que mi hermana? ¡Es absurdo! Siempre que me dicen algo así respondo de forma borde”.

A lo largo de la entrevista Mónica varió entre cercana y distante, extraña y colega, empática y secreta, y cuando hablamos de animales (”duermo con mis cinco perros y cuando me despierto me dan besos,  y cuando llego a casa hay veces que se mean de la alegría y de lo contentos que se ponen por verme. ¿Cómo no les voy a querer?”) y de cómo sufren a veces, de repente me pareció que iba a deshacerse en lágrimas. Es dulce, y tiene una voz algo chillona que se convierte en melosa cuando habla de la familia y en agresiva cuando hace lo propio de la prensa del corazón, un mundo que aborrece y del que trata de permanecer bastante alejada. “No, yo del trato recibido por los periodistas que sois periodistas no me quejo. Ahora bien, un señor que colabora en un programa de corazón y que viene de GH… pero comprenderás que me da igual lo que puedan decir de mí y de mi hermana, me entra por un oído y me sale por otro. Yo no quiero vivir de la prensa del corazón. No tengo problema siempre y cuando hablen de mi trabajo, pero no puedo soportar que comenten mi vida personal porque ellos no saben nada. Todo son chismes e inventos absurdos”. Le repuse a Mónica que las “reporteras asfálticas” solo reciben órdenes de sus jefes en cuanto a las preguntas. Ellas no son culpables de nada, añadí. “Pues yo prefiero ganarme la vida fregando escaleras a tener que preguntar a tener que hacer según qué preguntas. Da gusto que te hagan una entrevista si es desde el respeto y el interés por tu trabajo. No entiendo que, como nos ha pasado, demos una rueda de prensa por la serie [Un paso adelante] y a todos los periodistas allí presentes no les importe la nueva temporada de la misma para nada. Algunos son maleducados, no escuchan y sólo quieren comerse los canapés, que acabe la rueda de prensa y preguntarte por tu vida privada. ¿Sabes cuál es el problema? Pues que hay programas de corazón en todas las cadenas y a todas horas, y lo único que van a conseguir con la televisión actual es crear un país de incultos”.

Luego, más tranquila, me contó que le encanta hacer deporte, que no cree en el cielo y que vive cada día como le gustaría vivir en el futuro. Se definió como una chica “bastante normal”. “Muy de mi familia. Salgo muy poco, prefiero quedarme en casa con los míos. Lo de ir a un bar o a una discoteca por la noche lo entiendo más como un castigo que como divertimento”.

Hablamos de muchas más cosas, siempre en un tono muy relajado, pues ella parecía estar muy a gusto. Luego me la he encontrado más veces, en alguna fiesta o estreno, y su trato con servidor siempre ha sido cercano, correcto y muy educado. No conozco a Penélope pero lo cierto es que su hermana, aunque a veces pueda parecer lo contrario, no va de nada. Si quieren que les diga, para concluir, mi impresión final  tras conversar con ella a lo largo de más de dos horas, sería la de que es una persona tímida, buena amiga y, sobre todo, muy familiar.

Buenos días. Frío lunes el de hoy. Me hallo luchando contra mi ensimismamiento, tratando de escribir una crónica sobre la maravillosa fiesta que organizó la revista OK! el otro día, en Pachá, y sobre la de Supervivientes. ¡Claro!, ¡Ya he entrevistado a la buena de Miriam! También tengo que redactarla. Ella está muy contenta, feliz, pletórica, “crecida” (como me dijo ayer Pipi). Ha recuperado su nombre y por tanto su identidad, gracias al concurso. Antes, cuando alguien la reconocía por la calle la llamaba Lucía y ahora, después de 80 días perdida en una isla de Honduras, ajena a todo, la llaman Miriam, y la reconoce un abanico de gente mucho mucho más amplio. Dice que, curiosamente, allí se sentía más libre que la selva urbana, y yo la entiendo perfectamente. Os dejo, definitivamente, con el post de ayer, que ya se sabe que los domingos el tráfico de internet es mucho menor. Y doy las gracias a Luis Ramiro, el cantautor que es un poeta enorme al que yo descubrí el otro día en Libertad 8, que ha descubierto este mi humilde blog y ha sido tan generoso de dejar un comentario——————————————————

“Lo más importante es que no tengo ningún tumor en el alma. Y es porque tengo tranquilidad de conciencia.”

“No estoy nada loco. Simplemente estoy trabajando el espíritu, eso es todo” (Mario Conde)

Cuando el reloj hoy marque las dos de la madrugada, serán las tres. Leo en el periódico la noticia de que hoy nos roban una hora y me doy cuenta que, al fin, definitivamente, llegó una primavera largamente acariciada. En Madrid aún hace un poco de frío, pero menos, mucho menos que la semana pasada, días en los que un viento helado llegó sin avisar como una corriente invernal traicionera y vengativa. No me gusta el frío. Creo que os he contado alguna vez que cuando era más joven, hasta los veinte años más o menos, solía decir que yo prefería el invierno al verano. Hasta que pasé un fin de año en China, y entonces descubrí cómo de equivocado estaba. En Pekín sufrimos el embate despiadado de los grados bajo cero. Recuerdo que pasé una noche por cinco euros en un albergue juvenil en el que no pude dormir por muchos abrigos, y mantas, y jerseys, y calcetines que coloqué cuidadosamente por encima de la colcha. El viaje a China mereció la pena, como casi todos los viajes, a pesar del frío, pero a partir de aquel momento supe que no, que el frío no me gusta nada, y que yo decía eso era porque estaba equivocado, o porque no me conocía lo suficiente.  

Después de esta parrafada improvisada os contaré por qué hoy, cuando casi dan las diez y media de la noche, estoy muerto y hundido: ayer tuvimos la super fiesta final por Supervivientes. Magnolia, la productora, tiró la casa por la ventana, alquilaron un local de moda del centro de Madrid y nos recompensaron con una barra libre que duraba hasta las tres y con toda suerte de exquisitos canapés. Fui con Paco, mi amigo Paco, el informático generoso, y, y luego se unió a nosotros Pilili, amiga emergente, y luego otros amigos más. Estuvimos de aquí para allá con unos y otros, redactores y redactoras, cámaras que ya habían llegado desde Honduras con la satisfacción del regreso, productores, con Jordi, el director eficiente y encantador que contaba las horas restantes para su ansiado regreso a Barcelona, con Eva, la subdirectora entrañable, con María y con Paolo, los super jefes que no parecen jefes, dos personas que hacen las cosas bien, y que se nota que están satisfechos con lo que hacen; con Nani, mi amiga y confidente, una chica deliciosa con la que compartí estudios de periodismo y que la vida la ha puesto de nuevo en mi camino por obra y gracia de este programa. También estuvimos con los supervivientes, por supuesto, con los verdaderos protagonistas del programa, los únicos que saben de verdad cómo ha sido todo aquello de vivir en una isla sin comida, sin móviles, sin Internet, sin libros, sin amigos, desconectados de todo. Le pregunté a Leo que por qué si aquello había sido tan duro estaban todos tan contentos de haberlo vivido. Abrió mucho los ojos y su expresión se engrandeció. Me respondió con la mirada primero y luego me lo explicó: no nos damos cuenta de lo poco importante que es todo lo que tenemos, de lo innecesarias que son muchas de las cosas que consideramos imprescindibles en nuestra vida. “Yo ahora valoro las cosas, y la perspectiva de la vida me ha cambiado”, me dijo antes de que se lo llevaran las tropecientasmil personas que querían estar con él. La gran ausente fue Miriam, la justa ganadora, la mejor concursante de esta edición en mi modesta opinión. A Miriam y al bueno de Pipi no les vi en toda la noche. Sí estuvieron, eso lo supe después, pero yo no les vi. “Ella tiene una historia personal muy amarga que luego nos va a contar”, es lo que acaba de decir en la tele Jordi González al anunciar la entrevista que le van a hacer en La Noria.  

Mario Conde acaba de asegurar en Telecinco que no tiene ningún tumor y que no tiene miedo a la muerte. Os dejo. Voy a escuchar la entrevista y me voy a dormir. besos! C.  

P.S. Gracias por todos y cada uno de los comentarios que dejasteis en el post de ayer. Aunque no merezca las cosas que de mi humilde persona decís. Espero que algún potente productor piense como vosotr@s! JJJJ

P.S.II. Os dejo unas cuantas fotitos de anoche!

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(arriba, yo mismo con Joselito y su mujer. “Yo de verdad, Curro, hubiera ido a la isla gratis, yo estaba encantado”. Son, los dos, abrumadoramente encantadores. Ella es además una mujer muy especial. De verdad).

Curro Cañete y Felisa, concursante de Supervivientes

(arriba: Felisa, las miss más bella del mundo mundial)

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(aquí, en la foto de arriba, estoy con la guapísima Veruska, una chica que vale un montón, en serio; y con Nekal. Nekal está muy guapa, y muy morena. ME impresiona que tenga solo 22 añitos. Me la presentó ayer su madre y fue muy amable conmigo. No así Michel Olivares, al que su madrele ha dicho no sé qué de mí y por eso casi no me habla. Le dije: “Michel, no te enfades conmigo que yo solo dije en un programa que no te habías mojado demasiado en la isla, pero que parecías muy buena persona”. “Eso díselo a mi madre, yo no lo sé”, me respondió, muy, muy frío y distante. En fin… Nekal me contó que le gustaría presentar algo de deportes. Le deseo mucha suerte)

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(arriba poso con Nani, redactora del programa, una tía buena compañera donde las haya. Ahora me lo ha demostrado profesionalmente hablando, pero ya me lo había demostrado en la Universidad. Estudiamos juntos Periodismo, y nunca, nunca, nunca antes la había visto bailar tanto como lo hizo ayer)

jordi-y-curro-blog.jpg (aquí con Jordi, el director eficiente y encantador que regresaba hoy para Barcelona, su adorada ciudad. “Cuando me despierte, tranquilamente, cojo el coche y me voy. Sí, claro, tengo muchas ganas”. Lo de Jordi también es impresionante, de verdad. Transmite siempre un buen rollo que mueres. Y lo divertido es que siempre va con camiseta y ropa cómoda.

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(Paco y Nadir, dos buenos amigos. La foto parece movida y que no es buena, pero a mí me encanta y me divierte y por eso la pongo)

La realidad catódica

Marzo 28, 2008

-Curro, ¿mereció la pena?

-¡Por supuesto!

-Pero, ¿te arrepientes de algo?

-¡Qué va! 
 

Te maquillan, te ponen guapo, un coche en la puerta de casa y una azafata te recoge y te pregunta sonriendo “¿qué deseas tomar?, ¿estás bien?”. Te remuneran, por una hora de directo, con la cantidad equivalente a la que cualquier trabajador medio gana en un mes por ocho horas diarias en la oficina, por lo que tu cuenta corriente se verá sorprendentemente saneada en un tiempo record. Gente que habías olvidado (del colegio, de la universidad) te envía mensajes de texto al móvil interesándose, de repente, por tu vida. Amigos y conocidos te felicitan y te dicen lo maravilloso que eres, lo bien que hablas y cuánto te quiere, según ellos, la cámara. Conoces a doscientas personas en una sola semana, muchas de ellas famosas, y hay quien te para por la calle preguntándote si tú eres verdaderamente tú.  La cajera del supermercado te dice en un susurro, guiñándote el ojo: “Métele caña a Lequio, no le puedo ver”. Hay quien se confunde y te considera más importante por el solo hecho de que has salido sonriendo por la caja tonta. Ligas más, pero no sabes bien por qué si, al fin y al cabo, tú sigues siendo el mismo. De repente descubres que Belén Esteban es una buena chica a la que la el cruce de casualidades que es la vida le dio un día una oportunidad que supo aprovechar. Compartes complicidades con el mismísimo Jesús Vázquez, una de las pocas “estrellas de la televisión” que se comporta exactamente igual delante que detrás de las cámaras, un tipo de deliciosa simpatía cuya principal arma es una apabullante naturalidad. Coincides en un plató con Ana Rosa Quintana, mujer que impone sólo las primeras veces que estás junto a ella. Un día, mientras cubres cualquier estreno, un famoso te dice ¡te he visto por la tele, tú eres Curro! En un programa late night el público te vitorea mientras tú acaricias a una enorme tigresa y, de repente, te ves subido en un burro en un plató cuando, años antes, te partías los codos estudiando en la biblioteca. Atesoras un sms de una directora a la que aprecias y que, amablemente, te dijo que tu paso por su programa había sido lo mejor de todo el concurso. Tu vida cambia en un giro irremediable y, por obra y gracia de la realidad catódica, te sientes más querido de lo que te sentías hace no demasiado tiempo. Pero luego, un día, cuando menos te lo esperas, recibes un dardo envenenado en un directo por parte un señor que no tiene carrera ni estudios ni acumula otra experiencia laboral que la de insultar a los demás para seguir lucrándose a cualquier precio. Y, claro, hay quien te quiere que sufre en silencio.  “Es lo que tiene, es el lado oscuro de la televisión. Aquí no te puedes fiar de nadie”, te dice una famosa periodista curtida en toda suerte de programas. Y entonces piensas si merece la pena o no, si tu nivel de felicidad ha aumentado o, por el contrario, vives con más estrés y padeces una mayor ansiedad.

Puede que cuando tú, querido lector o lectora de este blog, leas estas líneas, yo ya no salga más en televisión. O puede que sí, pues ya se sabe que las predicciones en esta vida siempre pueden devenir equivocadas. En cualquier caso, te aseguro que no todo es tan fácil ni tan bonito como quisieron hacernos creer.

OK!

Marzo 27, 2008

 Airene dijo:
Marzo 27, 2008 en 1:31 am e

Gracias Curro. Hoy, entre otras cosas que he vivido, y la canción de Luis Ramiro he conseguido reconciliarme con la vida, tener un hálito de esperanza en el ser humano, volver a creer que la belleza y la poesía aún están aquí y nos acompañan. La música es un milagro que desgrana colores, trazos de sensaciones que se desgarran y abrazan; que acarician el alma justo cuando pensamos que sólo hay solo; no es verdad: hay solo y hay encuentros.
BEsos (copia y pega de un comentario que alguien escribió en el post de ayer)

“Anda, Currito, qué cosas dices”. La que habla es Mabel Redondo, buena colega y mejor amiga, periodista curtida a base de años en todo tipo de redacciones y programas, una chica que, simplemente, cae bien a todo el mundo. La frase con la que comienza este post era con la que me respondía Mabel a las diez y media cuando yo aseguraba que me iba a casa. “Porque mañana tengo presentación con David Bustamante, por la mañana, y por la noche tengo Ventilador (¡último programa!, que lo veáis!, ¿eh?!). En realidad, me lo estoy pasando muy bien. Hay barra libre, estamos en Pachá y todo el mundo parece muy simpático. Pero me tengo que ir”. Esto es lo que yo le decía a Mabel. Pero no me fui. Nos hemos quedado mucho rato en Pachá, discoteca en la que se ha presentado hoy en un fiestón por todo lo alto OK!, revista del corazón que pretende acercar a los lectores “en un tono amable, las auténticas celebridades nacionales e internacionales”. Ahí donde lo leéis, por si alguien no lo sabe, es la revista del corazón más comprada del mundo (¡en serio!). El primer número, que ya está en los kioskos por la irrisoria cantidad de 50 céntimos, trae en portada a Jennifer López con sus dos criaturas, dos bebes que posan, sin saberlo, mientras duermen y su mamá sonríe. Pero además en la revista encontramos un reportaje en el que Marta Sánchez posa en su casa y dice: “Me gustaría ser madre en 2009”. Estas páginas, en las que encontramos fotografías de Marta Sánchez en su IMPRESIONANTE casa de Ibiza, las firma Mabel Redondo. La pobre de Marta posa absolutamente desnaturalizada, pero la entrevista está muy bien. Y va en portada. ¡Enhorabuena Mabel!  
 Martina Klein, una de las más bellas modelos de este país, ha sido la presentadora del acto. Cuando le pregunté qué tal se veía como presentadora de TV (de un programa en La Sexta, aclaro para el que no lo sepa), me dijo: “Muy bien. Estoy muy contenta. Al principio se me está haciendo difícil, claro. Pero yo me veo suelta. ¿Qué si he practicado en casa?, sí, claro, he dado clases”. Sin embargo, E., una redactora, me ha asegurado que “lo hace fatal”. “¿La has visto?, ¡Es increíble lo mal que lo hace!”. Hemos hablado con muchos famosos, entre ellos María Botto, que está a punto de rodar peli, y María Esteve, una chica que es deliciosamente dulce y que ahora está haciendo teatro (entended que para saber qué obra es tenga que reproducir la cinta).  En fin: también he conocido a una chica cuyo nombre no es que no quiera acordarme sino que no consigo recordar. “Trabajo en Telenovela. Pero me gusta. En realidad, tengo libertad y escribo lo que quiero. ¡Oh1 me tengo que ir. Yo de verdad que me quedaría, si fuera viernes. Mañana tengo cierre y ahora, cuando llegue a casa, tengo que ponerme a escribir. Te escribiré un mail”, me decía sonriendo.  Os dejo. Besos muchos. C.
Os dejo unas cuantas fotos.
Mabel y Maribel Escalona, la directora de la revista.

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 actuación en Pachá:

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 Esther, mi queridísima colega de telecorazón, entrevistando a Juan García Postigo, Mister Mundo, malagueño, un chico no por guapo menos cercano y amable.

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 (En la foto: Guiller y Juanjo, vascos y amigos íntimos. Una de las cosas que más les gusta en el mundo es escalar montañas. Ayer, en Libertad 8)
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-Dime una cosa, ¿tú siempre estás contento? -. La pregunta se la hacía esta noche a Guiller, vasco, veintitantos años, un chico que conocí en Bilbao hará unos meses. Aquella vez nos llevó a una playa impresionante en la que las olas rompían contra el frío, las rocas y la arena, una arena fina que se perdía entre unas vistas imposibles. Aquel día me planteé por primera vez si yo no querría vivir allí, en el norte, en un lugar en el que quedaban tan cerca semejantes paraísos. Y no, no quiero. Yo no creo que pueda vivir en otra ciudad distinta de Madrid. Aquí tengo mis amigos, mis planes, mis historias, mis estrenos, mis cafeterías fetiche. Y un trabajo que entiendo como forma de vida y no como medio de subsistencia. Pero me lo planteé, y lo hice porque me gustó mucho todo aquello. Aquel día, en Bilbao, mientras comíamos unos pollos en una venta cualquiera, le pregunté a Guiller qué opinión tenía de Madrid. “No me gusta nada –y reía-. Yo vivo al lado del mar, y aquí es donde quiero vivir. Huyo del ruido, y de los mogollones de gente. En Madrid me estreso. Madrid me da dolor de cabeza, me da pereza, mi estado de ánimo se vuelve inquieto”.  
 Pero ahora Guiller ha cambiado de opinión. Esta noche nos contaba que Madrid le “encanta. Ahora me voy por ahí yo solo y, no sé, estoy a gusto. Yo creo que la he descubierto gracias a Lola”. Lola es su novia y una de mis mejores amigas. Simplemente, es una chica increíble, aunque sea de esas personas a las que les cuesta mucho trabajo ver el vaso medio lleno. Normalmente, lo ve medio vacío. Residente en Madrid y periodista, ahora mismo es empleada nocturna submileurista de una empresa propiedad de Fernando González Urbaneja, presidente de la Asociación de la Prensa de Madrid, como todos sabéis. Pero a Lola le faltan dos días en el gabinete de comunicación en el que ahora se deja el sueño y las ganas. “Es que hoy he estado encuadernando, Curro, encuadernando dossier de la FAPE, para González Urbaneja. Con pegamento, Curro. Estoy harta, muy harta”, me ha explicado. Por eso está muy contenta: porque abandona su actual trabajo para incorporarse al gabinete de prensa de TVE. “¡Me han cogido! La verdad es que sí, lo reconozco, estoy muy contenta. Me lo han confirmado esta mañana”.  
Otra de las personas que han estado con nosotros esta noche se llama Juanjo, “medio leonés” pero nacido en Bilbao, ciudad en la que, lo tiene claro, desea vivir. Es el mejor amigo de Guiller y, como éste, lleva de vacaciones toda la Semana Santa y aún le resta hasta el domingo. Pero a Juanjo aún no le convence Madrid: “No, no me gusta. Sólo he estado hoy y me voy mañana, menos mal. A la playa, unos días, hasta el sábado. El domingo regresamos Guiller y yo a Bilbao. ¿Que qué he estado yo haciendo todo estos días? En la sierra, escalando. Mil veces mejor que aquí en la ciudad. Ves, Barcelona sí me gusta. Es más manejable”. Le he replicado que a Madrid hay que darle tiempo, como al sushi. Y es que Guiller me ha contado que sabe cocinar sushi, pero que a su amigo no le gusta. “No puedes pretender -le he dicho a Juanjo- que te guste a la primera. Hay que darle una oportunidad pero, eso sí, una vez que descubres el sushi, o Madrid, ya te gustarán para siempre. De verdad”. Juanjo me ha mirado muy extrañado y parecía pensar “¿me está hablando en serio?” 
el cantautor luis ramiro en libertad 8 (Luis Ramiro durante el concierto en Libertad 8)
Hemos estado en el Libertad 8, café mítico del centro de Madrid en el que hoy tocaba Luis Ramiro, un cantautor que canta muy bien. Es un poeta enorme, como Jorge Drexler. Sólo que no hemos podido escuchar del todo el concierto. Estaba todo lleno y nos hemos quedado fuera. No exactamente: nos hemos quedado en el ala del bar donde se encuentra la barra, alejada del centro en torno al cual Luis Ramiro ha cantado sus canciones. Yo me he colado un ratito, para verle y escucharle, y le he hecho una foto, pero luego la camarera me ha explicado que no podía estar ahí. Pero me ha dado tiempo a una canción, y he tenido suerte porque era una canción preciosa. Luis ha contado que un día fue invitado a un programa de la COPE que dan los sábados en el que llevan a cantautores. Dice que él notaba que a la presentadora, una mujer recauchutada y estirada, no le interesaba lo más mínimo ni él ni su música. Y que a los invitados tampoco. Hasta que cantó Cuenta conmigo, la canción que yo tuve la suerte de escuchar esta noche hasta que la camarera me echó fuera de la sala. Os dejo un youtube de Luis Ramiro en la Galileo en la que canta, precisamente, esta canción. Escuchadla y luego me decís si es un poeta enorme o no. Yo la escucho también, y luego me voy a dormir.  
 
 Buenas noches. C.

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“Yo, el pasado, intento no olvidarlo, pero no lo añoro; prefiero perder el tiempo en el territorio de la esperanza que en el de la nostalgia” (Rafael Azcona) 

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Ha muerto Rafael Azcona. Mi admirada Ángeles González-Sinde, directora de alguna de las mejores películas del cine español y la más elegante de cuantas presidentas ha conocido la Academia de Cine, ha declarado que “dentro de los oficios del cine, el de guionista es, sin duda, el que presenta más dificultades, pues consiste en hacer cine a ciegas, en pintar sin pinceles. Rafael Azcona fue un maestro en ese arte especulativo dictando los más precisos manuales de instrucciones para hacer obras maestras. Fue un extraordinario observador del comportamiento humano, magnífico y cuidadoso retratista de nuestras contradicciones, grandezas y miserias. Pero además lo hizo desde un estilo personal que jamás fue “a la manera de” sino a la de su propia voz. Esa voz que escarbaba y bebía de lo más puramente español, lo más distintivo y valioso de nuestra cultura y sociedad. Como Goya, Buñuel o Cervantes, supo expresar e investigar en todo aquello de lo que generalmente nos avergonzamos, con una gran capacidad para el humor en circunstancias no siempre favorables.” 

Algunos de los éxitos de este hombre al que un cáncer de pulmón le ha arrebatado la vida a los 81 años, fueron Belle Epoque y El Verdugo, dos de los filmes españoles más aplaudidos de todos los tiempos. Era Azcona un gran contador de historias y, por supuesto, uno de los nombres que pasarán a la historia del cine español. Cuando estaba a punto de cumplir 80 años, le dijo a un periodista  

              –Con el mundo me sucede lo que con la informática: cada día que pasa me resultan más incomprensibles. Me acuerdo cuando compré mi primer ordenador, hace ya 20 años: para dominarlo bastaba con teclear “7+Enter” en el momento oportuno; en cuanto al mundo, en mi infancia era una naranja achatada por los polos y si la catabas ibas al infierno: más claro, imposible. En cambio, hoy, la simple lectura del periódico te puede provocar una inflamación de las meninges. 
 

Juan Cruz ha escrito de él que “era el amigo perfecto. Delicado, leal, hasta la muerte mantuvo una educación, una gentileza, una caballerosidad que se llevó consigo, como si su raza fuera única, la raza de Azcona. Jamás fue maledicente ni envidioso; fue un gran trabajador, un tipo genial que se burlaba de su propio genio; un escritor que tachaba, con su humildad, su trayectoria, un guionista que enseñó a mirar a varias generaciones de españoles. Un tipo espléndido que ahora ya nos hará una falta sin fondo, como si se nos hubiera desprendido del aliento la última vez que tuvimos esperanza” 

El trabajo de guionista está muy poco valorado por el público en general. Los directores se llevan casi todas las medallas, mientras que los que escriben las historias las más de las veces pasan absolutamente desapercibidos cuando, paradójicamente, son absolutamente necesarios. ¿Qué sería de una película sin nada que contar? Muy pocos directores de cine han prescindido de guionistas con los que hacer sus películas.  

Lo explica muy bien David Torres en el diario El Mundo: Si uno repasa toda la historia del cine mundial apenas va a encontrar tres directores verdaderamente grandes capaces de guisar por sí mismos la compleja sustancia de una película: Bergman, Fellini, Woody Allen. Es más, prácticamente todos los grandes cineastas que empezaron su carrera como guionistas (estoy hablando de gente de la talla de Billy Wilder, John Huston o Francis Ford Coppola), casi siempre recurrieron a escritores profesionales que les ayudaran a poner sus catedrales en pie. Escritores como I. A. L. Diamond, Peter Viertel o John Milius. Esto se debe a un principio básico muy fácil de entender: de un buen guión puede hacerse una mala o una buena película, pero de un guión mediocre sólo puede salir un churro. 

Unos se van mientras otros vienen, podríamos decir para consolarnos ante la pérdida de El Guionista, con mayúsculas, pues él no era un guionista como otro cualquiera. Sin embargo, a veces tengo la sensación de que los relevos no son equilibrados. Por momentos pienso que vamos a peor, aunque parezca lo contrario.

La persona que tengo sentada delante, un hombre robusto de unos treinta años cuya modernidad viene delatada por sus enormes y reflectantes gafas de sol, es negro y no habla nuestro idioma. Con la cara y la nariz muy redondas, bebe una fanta de limón embotellada en medio litro de plástico, lee un libro de tapas duras y cada dos minutos mira la pantalla de su móvil, como si estuviese esperando una llamada muy importante que no terminan de hacerle. A su lado, una chica se muerde continuamente las uñas mientras lee las primeras páginas de un libro muy gordo. Bosteza con regularidad, parece distraída, con problemas de concentración. Hace un rato, cuando le ha llamado su madre, le ha dicho:

         –No, mamá, no le pienso pedir que me recoja. Tomaré un taxi. No quiero deberle favores a nadie y, mucho menos, a él. A NADIE –. Subió el tono, y parecía muy enfadada de repente. Luego se ha comido dos bocadillos y un sándwich. Yo creo que, en realidad, tiene problemas con su novio, pero para saber esto con seguridad tendríamos que preguntárselo, osadía que no pienso llevar a cabo.

     En Albacete se ha subido a nuestro tren, un Alaris que tarda tres horas y media en recorrer la distancia que media entre Valencia y Madrid, se ha subido, digo, otra joven. Me ha dicho.

         –¿Te importa que baje esto? –. Con “esto” se refería al reposabrazos. Sonrío, simplemente, y ella lo baja mientras lee “El niño del pijama de rayas”. Por un momento he pensado en decirle que yo ya lo he leído y que vale, que no está mal del todo pero que La ladrona de libros es mejor porque su protagonista, Liesel, tiene trece años y es más inteligente.  

Pero por supuesto no le digo nada de eso ni ninguna otra cosa. Simplemente, me apetece estar solo en el tren, a mi aire, leyendo y observando y escribiendo, sin hablar con nadie.  

       Jordi González, un chico que se llama igual que el afamado presentador de Telecinco, un estudiante de Comunicación Audiovisual de Valencia, decidió un día que en la facultad no hacían cosas verdaderamente interesante. Por eso, él y un puñado de amigos se embarcaron en la realización de Lo que surja, una serie que puede verse en internet y que ya va por la tercera temporada. Ayer por la noche, C. y yo (C. es un amigo y colega de Valencia que vive en Madrid y que ayer estaba de vacaciones en casa de sus padres) estuvimos en La Seu, una cafetería agradable y original que me había recomendado, precisamente, Jordi González (el actor inquieto, no el afamado presentador). La anécdota divertida es que el camarero, un treintañero que parecía muy alegre, cuando nos sirvió las dos cervezas, me dijo:

         –¿Tú eres Curro?

Y cuando le respondí que sí se echó a reír y nos dijo: “Mirad, os invito a las cervezas”. Y yo que se lo agradezco, aunque se me haga demasiado raro que, por el hecho de haber salido en la pequeña pantalla, alguien que no te conoce de nada te invite a un par de cervezas.

      Voy terminando. ¡Qué oscura es la noche a través de los gruesos cristales del tren! ¿Que qué tal lo he pasado? Qué queréis que os diga: cuando aterricé en Valencia, hace dos días, llovía, hacía mucho frío y yo flotaba entre un estado de adormilado sopor y de inquieta intranquilidad. Ahora llego a Madrid renovado, oxigenado y con ganas de hacer cosas nuevas. Definitivamente, Valencia es un buen refugio para evadirse de las preocupaciones. Quizás cualquier lugar lo es.

Valencia

Marzo 23, 2008

Curiosamente y por sorprendente que pueda parecer, en Valencia no hay valencianos. O sí, qué tonterías digo yo a estas horas de la tarde. Lo que ha sucedido es que hemos ido a la playa y allí hay una hilera de restaurantes exactamente iguales que dan al mar. En el nuestro, uno muy moderno pero de servicio pésimo que se llama “Vivir sin dormir”, todo el mundo era extranjero o español no valenciano. ¡En serio!

Ahora mismo, al tiempo que escribo en una de mis libretas (qué gracioso: la gente de la tele piensa que sólo tengo una), estamos subidos en un cercanías y ocurre exactamente lo mismo: ninguna persona es de Valencia. Y lo sé porque lo acabo de preguntar. “¿Hay algún valenciano en este vagón?”. Muchos han reído, pero ninguno ha levantado la mano. Jose y Edu, los dos chicos que me acompañan, están muy cansados. Llegaron a la ciudad el jueves, y han salido todos los días, por la noche (de marcha) y también por el día (de turismo). Dice Jose que el Oceanográfico le ha encantado. Yo no pienso ir al Oceanográfico. Lo primero porque estoy en contra de los zoológicos y todo este tipo de cosas, y lo segundo porque ya fui el año que lo inauguraron y me decepcionó muchísimo. Mejor el Loro Parque de Tenerife, por ejemplo, y sin haberse hecho tanta publicidad.

Jose vive en Madrid, y es uno de mis mejores amigos. Lo bueno de estar con él es que acaba contagiándote en alguna medida su buen rollo. De verdad que es un chico que siempre está contento. Edu, al que conozco porque es amigo de Jose, vive en las Palmas de Gran Canaria. Es canario, canario, como mi amiga Patricia, pero dice que “algún día” tendrá que quitarse la espinita de Madrid. “Pero no me iría a vivir a Madrid para siempre –aclara, dándole un tono de seguridad a la frase-. Yo creo que con dos años tendría bastante. Más de eso, me agobiaría. Porque yo no puedo vivir demasiado tiempo sin ver el mar, sin sentirlo. ¿Sabes? A medio día suelo tener unas horas libres en el trabajo. Pues bien, me pongo el bañador y me voy a la playa”.

En este momento he sacado mi cámara de fotos y les he tirado unas cuantas a mis amigos y al resto de la gente que viaja en nuestro vagón. Cuando Jose y Edu se percatan, exclaman: “¡Otra vez no!”, y luego se ríen cuando les digo que no quiero que posen. Me encantaría poner en el blog las fotos que he tirado, para que así también vosotros pudieseis conocer, al menos físicamente, a Jose y a Edu, pero no puedo hacerlo porque no tengo el dichoso cable de la dichosa cámara digital.

Sigo en Valencia. Es domingo por la tarde y aún me quedan por vivir cosas en esta ciudad. Regreso pronto. Nos vemos en Madrid. Besos. C.

Marcos

Marzo 22, 2008

“Podríamos decir que quienes se hallan a merced de sus impulsos –quienes carecen de autocontrol- adolecen de una deficiencia moral porque la capacidad de controlar los impulsos constituye el fundamento mismo de la voluntad y del carácter. Por el mismo motivo, la raíz del altruismo radica en la empatía, en la habilidad para comprender las emociones de los demás y es por ello por lo que la falta de sensibilidad hacia las necesidades o desesperación ajenas es una muestra patente de falta de consideración. Y si existen dos actitudes morales que nuestro tiempo necesita con urgencia son el autocontrol y el altruismo”  
 
 

Marcos se sentía triste, muy triste, y no porque fuera a cambiar de trabajo, que también. El motivo principal de su congoja era que sabía que iba a dejar a gente en el camino, personas con las que mantenía una simple relación profesional colateral que, de alguna forma, también acabaría cuando diera el adiós definitivo a su actual trabajo. Y sabía también que no había marcha atrás, que en la vida a veces hay que tomar decisiones y no pensarlas demasiado una vez que están tomadas, que todo tiene un principio y un final, y que este final era el comienzo de algo mejor todavía, un mundo nuevo repleto de posibilidades, se decía, por lo que las cosas que estaban pasando eran buenas y la decisión tomada era acertada, o eso pensaba él.  

Si estaba triste era, entre otras razones, porque ya no vería más a la cartera, una mujer de unos cuarenta años que, en los últimos dos, acudía dos veces a la semana a la oficina en la que trabajaba Marcos. A él siempre le había impresionado esta mujer de mediana edad y pelo negro alborotado. Normalmente Marcos trabajaba a un ritmo bastante frenético, respondía mails, ordenaba las cartas, redactaba escritos que tenía que presentar, hacía continuas llamadas de teléfono… y en medio de esa actividad envolvente y cegadora de la mañana, un mínimo de dos días a la semana, sonaba el telefonillo del centro de trabajo. Marcos se levantaba de su silla raudo y veloz y, cuando descolgaba el aparato para ver quién era, escuchaba. “¡Hola Marcos!, ¡Soy la cartera!”. ¿Recibirá a todo el mundo, todos los días, con éste cálido saludo?, se preguntaba Marcos. Y luego le abría, y ella sonreía, siempre sonreía, y le decía dónde tenía que firmar para poderle entregar la documentación que traía desde correos. Luego exclamaba “¡que pases un buen día!”, y se iba con sus cartas a otro edificio vecino. Algunas veces, antes de marcharse, le contaba una pequeña historia de dos minutos, pequeños cuentos repletos de optimismo. Marcos no sabía cómo se llamaba esa mujer pero sí que le hacía bien verla porque, los días que se cruzaba con la mujer que siempre tenía esbozada una sonrisa entusiasta, su nivel de estrés, o de tensión, disminuía ligeramente.  

Por eso estaba triste, porque Marcos, en realidad, es un hombre con tendencia a la melancolía, un sentimental al que las pequeñas cosas cotidianas le pesaban, quizás, un poquito más. Y el hecho de no ver más a esa mujer bajita llena de buen ánimo es algo que quizás pasara por alto cualquier otra persona, pero Marcos no, ni tampoco las personas que a Marcos le gustan y le interesan. Porque, como piensa él, en la vida, al final, lo que de verdad importa son las personas que encontramos en el camino.  
 
 

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Mis queridos bloggers: son las cuatro menos cuarto de la madrugada del viernes. Hoy no he salido, salí ayer después del programa, y lo pasé muy bien. Salí de nuevo con dos personas que trabajan en El Ventilador (la chica estilosa y bella e inteligente y el chico que habla sonriendo) y estuvimos hablando durante muchas horas de todo y de nada al mismo tiempo. La verdad es que P. y J. me caen muy bien. Con respecto al programa, os diré que en realidad ayer pasé mucha tensión hasta que entramos en directo. El programa me resultó fácil y muy divertido. Ya sólo queda uno. 

Mañana por la mañana me voy a Valencia. Lo he decidido hoy, sobre la marcha (bueno, es que después de que pusiera que me iba decidí que no, que no iba, en un arranque de responsabilidad con la casa y el caos que en ella gobierna). Finalmente sí voy. Sábado y domingo. Mis amigos están ya allí. Quiero y sobre todo necesito desconectar aunque sean dos días. En la casa de uno, en su barrio, con sus cosas de siempre, es más difícil conseguirlo. Necesito aires nuevos aunque solo duren 48 horas. Hasta el lunes. Aprovechad el tiempo que os queda. Besos muchos. C.

Fuente: elpais.com

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 Chantal Sébire, la francesa de 52 años víctima de un tumor en la cara no operable y que la deformaba al tiempo que le causaba grandes dolores, apareció muerta ayer tarde en su casa, vecina a la ciudad de Dijon (Francia). Las causas del fallecimiento aún no han podido ser determinadas. La edición electrónica del diario regional Le Bien public fue el primer medio de comunicación en revelar el desenlace. Chantal Sébire había pedido a los médicos y a la justicia que le suministrasen una inyección letal -de penthotal- que la liberase del dolor y la degradación física, demanda a la que no habían podido acceder dado que la actual legislación francesa no contempla en ningún caso la posibilidad de la eutanasia activa.

¿hay alguien ahí?

Marzo 20, 2008

¿Hay alguien ahí? Supongo que no, ¡todo el mundo está de vacaciones! 

Miércoles noche (bueno, ya es jueves) y acabo de llegar de tomar una copa con los amigos. Hemos estado en Estudio 54, pub puntero del centro de Madrid. Estoy mucho mejor. Ayer, tras el programa, no podía dormir. De hecho, no dormí en toda la noche. Mañana estaré de nuevo en El Ventilador y, de verdad, no pienso perder la sonrisa. Me lo voy a tomar con sentido del humor, o lo voy a intentar. Cuestionaba Marta en un comentario al post de ayer qeu por qué tenía que ir yo al programa ahora que Karmele ya está fuera de la Isla y puede, por tanto, defenderse ella solita. Y apuntaba a que lo hacía por dinero. Por supuesto que a todos nos gusta ganar dinero, eso es evidente. Pero para mí nunca es un motivo fundamental. Yo ya me pago todo con mis trabajos como periodista. El motivo más importante es que yo soy de esas personas que arriesgan, para bien o para mal, que. se equivoquen o no se equivoquen, no dejan nunca de subirse a un barco que te abre las puertas cuando pasa por donde tú estás.

El sábado voy a Valencia: me han convencido. Me apetece, aunque solo sea un día y aunque las cajas que inundan el salón, y el pasillo, y las habitaciones de nuestra casa, tengan que esperar. Que es Semana santa, coño, y además tengo ganas de pasarlo bien y desconectar y ver a mi tía. Y es que en Valencia vive, con su familia, una de mis tías favoritas. Se llama Lola y es una mujer increíble. Transgredía cuando era joven, se cortaba el pelo como un hombre, se lo teñía de rojo y se hizo hippy en Ibiza, isla en la que conoció a su marido, un hombre que siempre me dice, sonriendo, “Curro, la vida te sonríe”: Y es verdad, me sonríe a veces, pero no todo el tiempo. Como a todos, le digo. Por eso me apetece ir a Valencia, para verlos a ellos  y para salir por allí con mis amigos. Y también porque no me gustan las procesiones de Semana Santa a las que con tanta devoción se dedican en Andalucía. Y, por si todo esto fuera poco, tengo que devolver un libro de Javier Marías que me prestaron la última vez que les visité.   

Pues eso: pasadlo bien estos días: no creo que actualice más hasta el lunes. Sed felices, que diría Paula Vázquez y, en la medida de vuestras posibilidades, haced lo que más os guste. De eso se trata, ¿no? Para eso estamos aquí, dando vueltas a la noria, jugando con el reto que es la vida. Besos muchos. C.  

p.s. Mañana voy con un traje chulísimo de Ana Locking. Sigo sintiéndome muy afortunado por el hecho de que ella, para mí una de las mejores en lo suyo, me preste ropa. ¡A mí!