“La belleza está en el ojo del que mira” (Elegy)

 

1. Son las once de la noche y la alarma de mi despertador gritará ¡¡pi!! a las cuatro menos cuarto. Un taxi esperará debajo de mi casa a las cuatro y media de la madrugada. Me voy a Berlín, nada, no me preguntéis por qué, ni con qué pretexto pero sí, me voy, me subiré a un avión y estaré cuatro días desconectado de todo (o casi: el móvil no me lo llevo, no puedo con él, pero sí me conectaré para gestionar cosas urgentes y pendientes que no puedo dar de lado hasta el lunes). Unos amigos me lo han puesto a huevo, y A.,y M., y otras personas, me han hablado siempre maravillas de la capital de Alemania, que qué bonita es, y qué barata, y cómo de chulos son los bares, y cuántas cosas por visitar, cuántas, y hay que ver lo bien que se lo montan los alemanes que viven en la calle, no como nosotros, que tenemos tres terrazas y siempre están ocupadas, y bla, bla, bla.

 

 

 

 

 

 

 

 

2. He visto esta mañana Elegy, la última película de Isabel Coixet, el filme que con pompa está celebrando su estreno ahora mismo, mientras escribo, en los cines de la Gran Vía. Habrá que leer el viernes qué opina Carlos Boyero, el crítico estrella que El País le ha robado a El Mundo, pero de momento os cuento cómo he vivido yo la película, cómo la he sentido, qué me parece la historia de amor y tragedia que es Elegy, la última propuesta de la por tantos admirada cineasta catalana. Lo primero: se nota que es de ella, que es una de sus  películas, tiene su inequívoco sello propio, su marca de identidad, y ello lo resalto porque eel filme es un encargo que ella aceptó, una historia que se basa en la novela de Philip Roth titulada “The dying animal”. Coixet siempre ha escrito el guión de sus historias, pero en esta ocasión no. Sin embargo, yo estoy seguro de que algo de mano sí ha tenido, la he reconocido en muchos de los diálogos. Penélope Cruz, la protagonista, la misma que en este momento comparte cine (repito, se está proyectando la cinta en un céntrico cine de Madrid) con José Luis Rodríguez Zapatero y con César Antonio Molina y con un montón de amigos del cine, da vida a la prota de la historia.  

 

 ¿Pueden enamorarse dos personas entre las que existe una distancia de treinta años?, ¿puede una bella e inteligente joven enamorarse de un hombre que está cerca de los setenta años?, ¿es posible el amor incluso cuando pensamos que no lo es?” En La flaqueza del bolchevique (película, no hablo del libro de Lorenzo Silva), por ejemplo, no parece posible, no te crees la relación entre Luis Tosar y la adolescente (María, pero no recuerdo el apellido, una chica muy guapa) porque él no solo no es guapo sino que tampoco es interesante, ni mucho menos atractivo, ni la seduce, ni tiene palabras bonitas para ella. En Elegí sí piensas que es posible, por supuesto que lo es, y lo es porque lo parece, porque te crees que David, un profesor que sale en la tele por sus teorías sobre el nacimiento del hedonismo americano, un hombre de casi setenta años que no se comporta como un viejo porque, dice, en su cabeza no ha cambiado nada, la ama locamente. También sabes que ella, Penélope, Consuela Castillo en la peli, la chica que es guapa pero que no sabe qué hacer con su belleza, le adora, está loca por él, se siente deslumbrada y muy, muy atraída por David, y te lo crees porque en la película este hombre mayor se va haciendo cada vez más interesante, y a medida que se hace interesante se hace más atractivo, y te lo crees además porque él sí le dice cosas bonitas (“tienes los pechos más bonitos que he visto en mi vida”, “eres una obra de arte”, “esta chica es un retorno a otra época”, “Cuando haces el amor te vengas de todas las cosas que te derrotan en la vida”) y porque la trata, y él a ella, con dulzura, con mucho cariño, con mucho amor, con la suavidad propia de los enamorados. Los problemas que tienen (celos, contradicciones, inseguridades) son los mismos que muchas parejas.

 

¿Qué quieres de mí?, ¿has imaginado alguna vez un futuro conmigo?”, pregunta ella, seria, con los ojos muy negros y muy abiertos, concentrada en la respuesta de él. “Un futuro contigo me asusta”, le dice, y lo dice de verdad. Siente amor, pero también siente miedo, un temor a un futuro que sabe que no existe porque se lo han dicho, la sociedad y sus amigos, “tarde o temprano te dejará, tienes que adelantarte”, y sin embargo él no puede adelantarse, lo intenta, pero no puede porque cuando le va a decir “tenemos que dejarlo” no le salen las palabras, las cambia irracionalmente por otras que vienen a decir “¿quieres que nos sigamos amando?”. No cuento nada más (en realidad no he contado nada), sólo diré que la peli nos da (a tod@s) una lección impresionante con su desenlace, un final triste y sin embargo necesario porque nos hace comprender cómo de imbécil puede llegar a ser el ser humano.  

 

En lo que a interpretación se refiere: él, impecable, transmite, llega (por favor entrad en google porque ahora no recuerdo el nombre y ya no me da tiempo a nada). Ella, cuestión de gustos supongo. Y esto lo digo porque sé que hay quien dice que no es buena actriz. Qué queréis que os diga: me gusta mucho Penélope, desde siempre, su mirada pícara, su aire de duendecillo despistado y travieso, sus ojos grandes y negros, su impresionante parecido con Audrey Hepburn, su belleza escurridiza y menuda.

 

Elegy me ha gustado y sin embargo a veces es algo lenta, me ha gustado y sin embargo es peor que Mi vida sin mí y que, por supuesto, Cosas que nunca te dije, para mí su mejor película 

 

3. Mirad esta foto:

 

 

 

Habrá quien se pregunte “¿y quién es él?” Se llama Nacho, cámara de televisión, “reportero”, como solían llamarles a todos ellos en la agencia. Va en camiseta, como le gusta ir siempre, haga frío o no. Es culto, lúcido, acumula anécdotas interesantes, sonríe todo el tiempo (con la mirada sobre todo, pero también con la boca) y sin embargo no sonríe como los demás. Él lo hace con una sonrisa limpia, evidentemente sincera, que delata gran parte de su carácter, una personalidad sosegada, un talante amable y generoso con el otro. Recuerdo que cuando trabajaba en la agencia, de vez en cuando (una vez a la semana, dos, tres o incluso cuatro) la redactora jefa, una mujer algo regordeta y muy simpática que me llamaba Currillo todo el tiempo, me asignaba a Nacho como cámara. “Curro, hoy vas a cubrir con Nacho la rueda de prensa de Acebes en Génova”, “Curro, hoy te vas con Nacho. Inauguran la Feria del Libro. Quiero declaraciones de tal y de cual”. Ese día era todo más fácil, de verdad que lo era. Es una de esas personas que saben hacer las cosas más sencillas de lo que a veces nos parece que son. Otros días, la redactora jefa me decía: “Hoy os vais con coche”, y eso sí que me gustaba, independientemente de lo que fuera a cubrir. Nacho era el único de los “reporteros” (como les llamaban en la agencia a los cámaras de televisión) que aceptaba conducir con el coche de la agencia (no tenían obligación de hacerlo, y los demás decían que no, que pasaban) y por eso el día que yo sabía que iba a cubrir una cosa muy lejos (en Fuenlabrada, por ejemplo, como cuando fuimos a buscar a un presunto asesino, o en Toledo, o en una lejana autovía) sabía además que iría con Nacho y que él siempre, siempre, me iba a contar cosas interesantes. La verdad es que guardo cariño, mucho, a todos los cámaras de la agencia, hoy he recordado todo eso. Algunos, muy pocos, eran pesados o muy quisquillosos, uno era insoportable (para qué negarlo), pero casi todos eran buenos colegas, muy, muy majos, y con ellos te sentías protegido cuando ibas a cubrir las cosas. Eran tus compañeros y tú lo sabías, y si había algún problema siempre te ayudaban a resolverlo. Simplemente, estaban contigo.

 

La foto que habéis visto es de esta tarde, se llama Nacho y es cámara, uno de los mejores en lo suyo. Fue tomada en un acto en el museo de cera (inmortalizaban a Imanol Arias, Ana Duato y al más joven de los Alcántara, un encanto de niño que además saca sobresalientes). Me he encontrado con Nacho después de tantos años, por lo menos tres o cuatro, tiempo que a mí se me ha pasado volando y a él también. Me ha hecho mucha ilusión y por eso era para mí muy importante escribirlo aquí. Le he prometido invitarle a la inauguración de la nueva casa, que ya se acerca. Ha aceptado, sonriendo, claro. Cuando estábamos en la agencia yo siempre se lo quería presentar a mi prima M. pues soñaba con la ilusión de que algún día se hicieran pareja. Nunca le dije nada a él, ni a ella. Entonces él estaba soltero y feliz, pero han pasado ya tres años de eso y ahora le sonríe el amor, y por eso está más feliz todavía.

 

¡Oh! ¡Me tengo que dormir y no sé cómo voy a lograrlo! Mi despertador amenaza con sonar antes de que salga el sol. Definitivamente, mi avión a Berlín despega demasiado temprano pero, ¿qué importa? si, al fin y al cabo, viajar es lo que más me gusta del mundo.

 

P.S. la frase que da título al post es también de la película de Isabel Coixet 

 

 

 

 

 

 

 

 

11 comentarios a “la inseguridad no egocéntrica de un corazón inquieto”

  1. Pablo dicho:

    Hola Curro! y tú estuviste en málaga hace muy poco y en Córdoba y ahora te vas a Berlín, y encima sigues contandonos tantas cosas. Cada día te superas más, yo no sé qué vamos a hacer contigo… sorpresas todo el rato, yo pensé que lo de la tele, que es cuando te conocí, iba a ser la mas grande. Pásalo bien!

  2. una dicho:

    Tan pronto? no vas a dormir nada! me ha gustado mucho tu post, desde luego lo tuyo no es solo la tele, también es escribir! a ver si es verdad que desconectas, lo dudo. vale, compraré Jamón, jamón, pero nunca entenderé por qué te gusta tanto esa película. suelo coincidir contigo casi siempre, pero en este caso me temo que no.

  3. mana dicho:

    Me ha gustado mucho elpost. Tengo que ver esa peli, como a ti a mi tambien me encanta P.
    Buen viaje amigo!!!!!

  4. Alexander dicho:

    Jo, tú sí que sabes divertirte!! Cada una de tus palabras me ponen verde de envidia.
    Intentaré ver Elegy, la crítica que haces de ella parece buena. Pásatelo muy bien en Berlín.Bss.

  5. Mª Ángeles dicho:

    Hola queridos Curro y Paco. ¡Qué lugar tan ideal habéis elegido!. Berlín es una de las ciudades que volverías una y otra vez. Además de barata, es una ciudad repleta de cultura: sus museos, su Ópera, su Biblioteca, y cómo no, su Zoo (aunque soy anti zoos reconozco que es el mejor del mundo donde los animales viven en sus diferentes hábitats acondicionados perfectamente. No os perdáis ver La Torre Radio iluminada de azul (de noche), y AlexanderPlaz, una de las principales arterias de la ciudad donde es imposible aburrirse. Los bares subterraneos,… En fin, hay tanto que ver en esa ciudad tan preciosa que es imposible describir todo. Los grandes almacenes “KadeWe” y “Adidas”… El Muro (se conserva un kilómetro y pico que está con graffitis) en la calle Mühlenstrasse en el norte centro de la ciudad. ¡Que lo paséis super guay!. Curro, mira por favor tu correo. Besos grandes.

  6. Luz dicho:

    A ver, que yo hoy sí que tengo una prisa loca y no me va a dar tiempo a comentar ni bien, ni de forma coherente:
    1º En “La flaqueza del bolchevique” (el libro), yo me creí totalmente la historia de amor entre los dos protagonistas. Me he negado a ver la película porque no me gusta nada María Valverde )o Velarde, que tampoco me acuerdo muy bien), y físicamente, era la antítesis del personaje original. Vamos, que como a mucha gente, no me gusta nada que se carguen novelas llevándolas al cine.
    2º Jomío, yo lloro mucho con la Coixet. Sólo he visto “Mi vida sin mí” y “La vida secreta de las palabras”, y aun pareciéndome muy buenas ambas, como que no estoy yo ahora mismo para permitirme una ración extra de lágrimas. Además, tengo un poco de manía a Roth porque siempre me regalan libros suyos…Grandes misterios de la historia de mi vida, ya que no recuerdo haber alabado mucho la pericia literaria de ese señor, pero bueno, cosas mías.
    3º Cuando has empezado a describir a tu amigo, parecía que te estabas describiendo a ti mismo, o mejor dicho, que otra persona lo estaba haciendo por ti.
    4º Esta tarde sin falta me voy corriendo a por el libro de Zafón.
    5º Pásalo genial en Berlín, seguro que lo harás :).

  7. edirgi dicho:

    BERLIN!!! me muero de ganas de ir alli, pasatelo muy bien!!! y por supuesto quiero una crónica de esa ciudad de la que tanto me han hablado…besitos!!!!

  8. JAGG dicho:

    Pues feliz desconexión… :)

  9. LA RATETA dicho:

    Ais aish! que ya me imagino el final…

    Para mí, Cosas que nunca te dije es también la mejor de la Coixet. Aunque también me gustaron todas las demás. Pero la frescura de esa primera…
    ¿que te pareció A los que aman? … Elegy vapulea aún más??

  10. Laia dicho:

    Me ha encantado el post, me muero de ganas de ver la peli de mi paisana. Pero… Me ha encantado mucho más ver la foto de Nacho en tu blog! La verdad es que a mi también me ha traído muuuchos recuerdos. Parece mentira el tiempo que hace ya desde que nos fuímos de ahi. Aprovechad los días que quedan en Berlín, ya contaréis a la vuelta. BS

  11. chus dicho:

    Yo echo de menos viajar… pero no viajar físicamente, sino mentalmente: cada vez que he conocido a una persona y me ha contado como es donde nació, de donde viene, he viajado allí.
    Podría decir que he viajado a Mallorca, a El Salvador, a Finlandia, a Montevideo y Punta Cana, a Bogota y Medellin, a Barranquilla, a Santiago de Chile, a New Jersey, al DF y a Guadalajara, a Lima, a la Habana, a Costa Rica y últimamente a Tijuana.
    Es muy sencillo, solo tienes que preguntar “¿como es ?” y pararte a escuchar.

    Creo que la única película que he visto de Isabel Coixet ha sido “Lluvia en los zapatos”… el resto no me atraen demasiado, creo que la estética de la publicidad y el videoclip le ha influenciado demasiado.

    Un abrazo.

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