Las mentiras de Albacete y Menkes
31 Mayo 2008
“Yo creo que el éxito es una cosa de sensaciones. Tener éxito mediático no tiene nada que ver con que tú te sientas lleno. Yo creo que el éxito es otra cosa que ser famoso, conocido por la gente, salir en televisión y todo eso. No quiero decir que no me sienta feliz, pero el éxito está en tus propias sensaciones. Yo estoy evolucionando poco a poco, me siento nuevo y creo que me voy a sentir nuevo siempre, pero lo que le pasa a Carlos es otra historia. Él no ha evolucionado nada, incluso tiene la sensación de que ha ido para atrás” (Hugo Silva, de una entrevista con el diario Metro)
Alfonso Albacete y David Menkes están rodando en Ciudad de la Luz (Alicante) Mentiras y gordas, su nueva película, la historia de un grupo de jóvenes que, mientras descubre la vida, lleva como puede sus neuras, sus enredos sentimentales y sexuales, sus inquietudes, tratando de dar solución a los propios problemas, a veces, a través la mentira (recurso fácil pero que pocas veces sale como uno espera). Los jóvenes son Hugo Silva, Mario Casas (también de Los hombres de Paco), Ana de Armas (actriz de El Internado), Yon González (El Internado), Alejo Sauras (Los Serrano) y Ana Polvorosa (Aída). Hugo Silva da vida a Carlos, el mayor de los jóvenes protagonistas de la peli, un chico que, movido por un sentimiento de frustración, entra en una espiral de autodestrucción de la que le costará mucho trabajo salir.
Con esta peli queda desplazado totalmente aquel viejo tópico según el cual un actor que hace tele ya no será reclamado por el cine. ¡Menuda tontería! Todos sus protagonistas son rostros televisivos. El guión lo firma, junto a sus directores, Ángeles González Sinde que también, recordadlo, acaba de terminar Esa palabra tuya, película basada en la novela homónima de Elvira Lindo.
Creo que yo que Mentiras y gordas va a ser un considerable éxito de taquilla. Menkes y Albacete son buenos, por supuesto que lo son, tienen una mirada moderna, loca y desprejuiciada que a mí siempre me ha gustado. Recordad que arrasaron con Sobreviviré, la comedia romántica que protagonizaron Emma Suárez y Juan Diego Botto. Pero recordad también que en su haber cuentan con pelis más chulas que ésta, como Más que amor, frenesí, (Ingrid Rubio otra vez, por cierto) aquella frenética y tierna comedia en la que todo iba tan rápido y todo era tan surrealista que era imposible no reírse.
Es sábado por la mañana (me ha despertado a las nueve el chico del carrefour, que venía con el pedido) y yo tengo un montón de cosas que hacer, pero que un montón, así que os deseo feliz fin de semana y desaparezco, no sin antes dejaros una pieza de Antena 3 sobre Mentiras y gordas en la que sus actores hablan de la película en Ciudad de la Luz, lugar del rodaje.
Va, ya puestos, os dejo también el trailer de Más que amor, frenesí
la cena
30 Mayo 2008
Hemos estado en Ikea esta tarde porque tenía que comprar algunas cosas que nos faltaban para la casa. En realidad no nos faltan algunas cosas, nos faltan UN MONTÓN de cosas, solo que algunas son fundamentales, verbigracia las sillas. Mañana hago una cena en casa y no tengo sillas para todo el mundo. Por eso hemos ido a comprar cuatro sillas (rojas, baratísimas, “curro, que son muy malas”, decía mi acompañante; “sí, sí, pero son muy baratas, que estoy arruinado, oyes, que ya no salgo en la tele”, respondía yo) pero por los recovecos de ikea he encontrado además
-una mini mesa de estudio (yo tengo montado el despacho en el salón pero algunos días tengo que trabajar por la noche, que es cuando Estrella normalmente ve la tele. Por eso me urgía comprar una mesa, y si no la había comprado antes es porque me siento incapaz de montarla yo solo. En oportunidades de ikea había una mesa ¡montada y todo! Ideal, roja, práctica, pequeñita, con ruedas… )
-un juego de platos ideales de la muerte
-trapos para la cocina para la lucha contra el polvo
-una mesita de noche que faltaba para el cuarto de Estrella (la pobre tenía una caja de cartón vacía y ahí dejaba su despertador y sus pendientes y sus cosas propias de mesilla de noche)
-cajones translúcidos que se incorporan a los huecos de la librería (perfectos para guardar los papeles de hacienda, declaraciones de ivas y demás)
Sigue lloviendo en Madrid, hecho insólito de la naturaleza que ya suena a cachondeo. Yo ya no sé qué hacer con la ropa, en serio. Estrella se queja y dice: “Ya verás, es que va a llegar el calor todo de golpe, o sea, Curro, ¡no vamos a tener primavera!”. Ahora, a estas horas del viernes, aunque no me apetezca nada, tengo que ir al Carrefour a comprar comida: ¡tengo la nevera vacía! Le he mandado un sms de urgencia a mi hermana (la mayor, que tiene una asombrosa capacidad para la organización de cenas de urgencia) preguntándole qué pongo de cenar mañana, pero no ha respondido. Debe de estar borracha (“jarta” de vino) en la feria de Córdoba. Estrella también se ha ido el fin de semana a la Feria. Por increíble que pueda parecer, la Feria de Córdoba le suele gustar mucho a todos los cordobeses. Recuerdo que a mí también me gustaba en su día. Ahora no iría ni aunque me pagaran dinero, en serio. Nada más que de pensarlo se me ponen los pelos de punta. Eso sí, a la de Sevilla menos todavía porque ésta, además, es super clasista. No lo podéis ni imaginar. Total, que creo que voy a comprar en el Carrefour algunas cosas básicas y luego le voy a encargar al viejo del bar de abajo unas cuantas raciones. El otro día, en la fiesta de inauguración, le encargué dos tortillas de patata y luego les dije a los invitados que las había hecho yo. Algunos se lo creyeron, pero no coló con los que más me conocían, pues saben perfectamente que yo no sé cocinar. Además es que las tortillas estaban requetebuenas. Definitivamente, ¡os tengo que dejar! O me cerrarán el Carrefour. Estoy muy contento, mañana viene gente muy guay a mi cena, gente a la que admiro y aprecio mucho. Ciao. C.
p.s. ah! Otro día os cuento lo del libro de Garzón y Zapatero y las impresionantes medidas de seguridad que se gastan y lo bien que habló nuestro presidente y todo eso, pero de verdad que ya me tengo que ir y además hoy, para qué negarlo, no me apetece contaros nada de eso
un amor viví
30 Mayo 2008
Hoy me he acordado de otra canción que me gusta. Yo la descubrí con Taxi, una de las mejores películas de Carlos Saura (en mi opinión, obvia decirlo), curiosamente de las que menos han valorado la crítica y el público. A mí no deja de sorprenderme el hecho de que no veamos a Ingrid Rubio y a Carlos Fuentes, los jóvenes que se aman locamente en Taxi ( y se quieren a pesar de los problemas que sufren y de sus diferentes visiones de la vida), por todas partes, en muchas películas, por lo menos en tres o cuatro éxitos al año.

¿Por qué no les llama Almodóvar o Amenábar o Alex de la Iglesia o Itziar Bollaín o Chus Gutiérrez? No lo sé. Según pienso, deberían de tener tanto éxito como Bardem y Penélope por lo menos. Son dos actores de excepción, muy válidos y creíbles, pero es que además da gusto verles porque son muy guapos. A Ingrid la he visto otras veces, por supuesto, pero sin duda está MUY desaprovechada por el cine español. A Carlos Fuentes también le vimos hace muchos muchos años en Antártida. La última vez, si no me equivoco, fue en Chuecatown, la loca y disparatada comedia ambientada en el madrileño barrio de Chueca que estrenó hace un año el director Juan Flahn. En ésta Carlos Fuentes tiene (igual que yo) once años más que en Taxi, que se dice pronto, ha perdido algunos músculos, lleva la cabeza afeitada, luce barba y en lugar de salir y besarse con la menuda de Ingrid Rubio hace lo propio con Pepón Nieto con el que, por cierto, también hace muy buena pareja. Carlos Fuentes tiene encanto, ese ángel tan importante para los actores que no tiene, por ejemplo, Pablo Puyol, otro de los protagonistas de Chuecatown. Ingrid Rubio también tiene ángel, por supuesto, y yo creo que no existe otra mujer en la tierra a la que le siente mejor llevar la cabeza rapada. El año pasado me tropecé con Ingrid Rubio en un estreno de cine en la Gran Vía, pero fue tan fugaz como una estrella. Me di la vuelta, le dije no sé qué a mi acompañante, y cuando traté de acercarme a ella para hacerle dos o tres preguntas para mi crónica, había desaparecido.
Taxi cierra en el Retiro de Madrid al tiempo que puede escucharse la canción Un amor, de los Gipsy Kings. Me hubiera gustado encontrar el youtube con las secuencias de la peli, pero no existe o yo no sé buscarlo. Así que os dejo simplemente la canción, por si alguien quiere escucharla, por si hay alguien ahí detrás al que, como a mí, le gusta.
La niebla de Stephen King
30 Mayo 2008
¿Será un terremoto?, ¿será un avión?, ¿será una nube tóxica de la fábrica del pueblo de al lado?, ¿será una explosión química?, ¿qué es eso, dios mío? Acto seguido el supermercado comienza a desmoronarse, los productos se desplazan por el aire, el pánico cunde entre los aterrados compradores. Es el día del juicio final, el día de la muerte, dice una loca que solo escupe por su boca sandeces religiosas. El monstruo hecho a base de rugosos y gigantescos tentáculos acecha, sin piedad, dispuesto a devorar a sus recién descubiertos seres humanos. Unos ya lo han visto entre la niebla, otros lo han sufrido en carnes propias, otros no creen la versión de los que lo han visto, pocos se quedarán sin conocer a los seres monstruosos que parecen haberse apropiado, sin piedad, del pequeño pueblo de Maine.

Frank Daramont, director estadounidense de películas tan buenas como Cadena Perpetua o La Milla Verde, presenta ahora La Niebla, una terrorífica película de sorprendente final, un desenlace que, pese a su dureza, reflejada en la mirada desesperada y el grito angustioso de su protagonista, se agradece por saltarse las normas de las típicas películas fantásticas de terror. Basada en una novela del super ventas Stephen King, mezcla también el thriller psicológico con toques de humor y alguna que otra muerte deseada, como la de la loca fanática arriba citada (en todos los años que llevo yendo al cine nunca me había sucedido, hasta hoy, que el público, yo incluido, rompiera en un fervoroso aplauso ante la muerte de nadie). Eso sí, la loca hace bien su papel, igual la conocéis: se trata de Marcia Gay Harden, actriz oscarizada a la que pudisteis ver en Pollock o en Mystic River. Una foto

Si queréis sufrir y sentir miedo: id a verla. Si sois de los que asustáis de verdad, lo pasáis mal y con un poco de sangre rozáis el desmayo: pensadlo bien antes o invitad al cine a ese chico o chica que tanto os gusta (al menos tendréis la oportunidad de abrazarle y de cogerle de la mano).
Thomas Jane, el sufrido y valiente protagonista, el mismo que finalmente verá su vida rota en mil pedazos, ha sido todo un descubrimiento para mí. No le conocía, y por eso me he puesto a investigar en la web y he encontrado esta foto. Es MUY buen actor, como podréis comprobar todos los que vayáis a ver la peli.

Pues eso, que mañana se estrena en los cines de toda España y que a mí me ha gustado, al igual que a mis dos sufridos acompañantes (aunque lo hayan pasado igual de mal o peor que yo). ¡Sed valientes e id a verla! C.
p.s. por cierto, el estreno ha sido en el Palacio de la Música madrileño que, no sé si lo sabéis, lo van a cerrar. Se trata de la continuación de lo que podríamos llamar un genocidio cultural (son ya varios los cines de Centro que han cerrado), pero ningún político ha impedido que suceda algo así. Los estrenos más glamourosos de cine se han hecho al abrazo de sus butacas desde hace más de 80 años, que se dice pronto. Sus carteles gigantescos de cine causaban la admiración de cuantos turistas y madrileños paseaban por la Gran Vía. Pedro Almodóvar estrenó el año pasado Volver en ese mismo cine. Ahora ya la Gran Vía madrileña, que era y sigue siendo mi calle preferida de Madrid, va a contar con un cine menos. Dentro de poco, todo el mundo, si alguien no lo remedia, tendrá que ir a los horribles y gigantescos centros comerciales a ver cine. Definitivamente, ¡qué noticia tan horrible!
p.s. mañana o el sábado o el lunes os cuento la presentación del libro de Garzón La línea del horizonte, acto que ha tenido lugar esta tarde en La Casa de América de la mano de su autor y de ¡José Luis Rodríguez Zapatero!

¿Recordáis a Pimpinela y su súper éxito Vete y pega la vuelta? Aunque yo era un microbio aún tengo grabado en la memoria con calidad fotográfica la estampa de mi hermana Belén cantando a pleno pulmón, en la antigua casa de mis padres, aquello de “porque ahora soy yo la que quiere estar sin ti”. El dueto ahora está en Madrid, por una temporada de gira. Sacan disco nuevo y cumplen 25 años (ahí es ná), motivo por el cual he estado esta mañana en su enorme casa de Arturo Soria (en la que tienen, por cierto, la nevera más grande que mis ojos han tenido la oportunidad de conocer hasta la fecha) haciéndoles una entrevistilla para mis especiales de verano (el otro día, de súbito y no sé cómo, me percaté de que el verano -¡horror!- está a la vuelta de la esquina y que, por tanto, he de ir preparando entrevistas y cosas, pues en período estival -sobre todo en agosto- no hay estrenos de famosos ni fiestas glamourosas que cubrir y yo tengo que rellenar igualmente mis dos páginas semanales). Los dos han estado correctos, más simpático él que ella, todo hay que decirlo. Cuando les he preguntado cómo han logrado soportarse estando tan cerca todos estos años (pues hay que reconocer que la mayoría de los hermanos discuten, ¡imaginaos lo que debe de ser toda la vida junto a tu hermano, de gira por esos pueblos de dios!) me han reconocido que no, que por supuesto no ha sido fácil y que, incluso, alguna vez han recurrido a la terapia, opción que me parece maravillosa (ponerse en manos de profesionales) tanto para parejas como para amigos y hermanos y compañeros de piso. Yo luego, viniendo para casa, he reflexionado sobre lo duro que debe ser y los problemas de ego a los que puede llevar el hecho de tener un éxito masivo y que luego la gente se olvide de ti. A ver si tienen éxito en esta gira de música + teatro (pues no olvidéis que ellos escenifican la actuación) que van a hacer por toda España. Yo les deseo, por supuesto, mucha suerte. C.

peces de ciudad
28 Mayo 2008
Hace dos días, mientras escuchábamos a Ana Belén en el estreno de su concierto en el Teatro Compac Gran Vía (en el número 66 de esta calle, podéis ir hasta el domingo) a Sonia casi se le saltan las lágrimas. Me sobraba una entrada y le pregunté que si le apetecía venir conmigo, pero lo que yo no sabía era que a Sonia le gustaba tantísimo Ana Belén.
Cuando cantó Peces de ciudad Sonia movía su boca y su tierna cabecilla de un lado para otro y a punto estuvo de ponerse a llorar
Peces de ciudad
A mí también me gustó el concierto. Ana Belén no solo transmite (al menos a mí) buen rollo y energía positiva sino que sobre todo canta como los ángeles, como si no le costara ningún trabajo, como si cantar fuera tan fácil como hablar (decía Sonia), y lo hace tan maravillosamente y tiene algunas canciones tan bonitas que es difícil ser una persona sensible a la música y que no te agrade un concierto de Ana Belén. En el estreno me hizo ilusión encontrarme con Rosario Castaño, una de las mejores psicólogas-sexólogas que existen en nuestro país. Trabaja en el Instituto Palacios y es una mujer tan increíble que un día fue al Retiro a las siete de la mañana y cogió una castaña para mí. “Te traerá suerte”, me dijo, y yo se lo agradecí primero y después la guardé como un preciado tesoro. Ahora, por culpa de la mudanza, no sé dónde se encuentra la castaña. Sería muy importante para mí encontrarla algún día. También estuvimos hablando con Tina Sainz, una de las actrices más divertidas que tenemos en este país. Tina tiene un hijo trabajando en EE UU y nos contaba muy ilusionada que pronto irá a verle. Lo contaba todo con mucha gracia, se notaba que es una mujer muy feliz y que sabe valorar las pequeñas cosas que, al fin, son las más importantes que tenemos en esta vida atribulada que nos ha tocado vivir.
Mañana, en la Casa de América, José Luis Rodríguez Zapatero presenta el último libro que Garzón publica en la editorial Debate. Os lo contaré todo otro día. Ahora no doy más de sí porque ayer, como ya sabéis, celebramos el cumple de Paco y quizás bebimos demasiado vino tinto. Hasta mañana. C.
aquellos maravillos años
28 Mayo 2008
Hemos estado cenando (léase post anterior para saber los motivos) en un sitio muy fashion y muy moderno que se halla en Benito Pérez Galdós, calle perpendicular con Fuencarral. Es un restaurante que se llama Jhambala. En él uno puede tomar, por ejemplo, una cerveza tumbado con su pareja en una cama al tiempo que fuma un cigarrillo y sueña con una vida mejor que nunca llegará. Y también puedes cenar en plan pandilla, como hemos hecho nosotros, que nos hemos llenado la barriga de sushi y de bacalao relleno y de solomillo por la ridícula cantidad de 20 euros por cabeza. Nada: recomendado. Paco lo descubrió un día que “pasaba por allí” y hoy nos ha arrastrado a sus amiguetes a tan maravilloso lugar a celebrar su 30 cumpleaños (acabé diciendo los motivos, mira que soy). Solo que los amigos, ajetreados de aquí para allá todo el día, no hemos caído en la cuenta de encargar una tarta con las velitas del tres y del cero. Todo lo más que hemos acertado ha sido a decirle en un susurro al simpático camarero que sorprendiera a Paco, a la hora de los postres, con un cuarto de tarta de queso coronada por una vela encendida con el número uno, y yo me he acogido a la metáfora de la vida que empieza. (no, no había ni el tres ni el cero) Aún así, Paco la mar de contento, que ha pedido su deseo y todo. Antes de esto hemos ido Estrella y yo a comprar un regalo al homenajeado. Estrella decía “Ay, qué tarde es, ya no vamos a poder comprar nada, es que, Curro, yo así no puedo comprar. Yo necesito ver las cosas con tranquilidad, hacerlo bien, y así es imposible. Vamos a contrareloj”: Total, que lo hemos dejado para otro día, para así poder comprar a nuestro amigo algo que nos guste de verdad. Más tarde, en un momento de la cena, Estrella, la compañera de piso que todo el mundo querría tener pero que por fortuna tengo yo, ha dicho: ‘Mi madre y sus amigas suelen decir “¿Te acuerdas cuando éramos morenas y hablábamos de corrido?” y es que, llegadas a una edad, según qué mujeres –explicaba Estrella- van enmechadas y les cuesta trabajo hablar (repiten las cosas, verbigracia las amigas de la madre de Estrella). Cuento este chiste porque, a continuación de decirlo Estrella –de corrido, todo hay que decirlo-, todos nos hemos echado a reír, y lo cuento también porque nos sirve para reflexionar sobre el paso del tiempo. Paco ha cumplido hoy treinta años, como todos sabéis (y si no leed el post anterior) y yo le he dicho que hoy comienzan los mejores años de su vida, y por tanto de la mía. “¡Lo mejor está por llegar!”, y él se reía. C.
Próximamente (Vuelvo a imitar a Popy B): concierto de Ana Belén, jornadas de Simone de Beauvoir y El segundo sexo, Atrapada en el limbo y Silvia Grijalba, cómo hacer una cena especial en una casa pequeña sin morir en el intento.
para ti
26 Mayo 2008
A LEON WERTH
Cuando era niño
(Lo de antes es la dedicatoria que Antoine de Saint-Exupery puso en El Principito, el pequeño y maravilloso cuento que nunca me cansaré de leer)
Hoy Paco, el informático generoso que diseñó mis originales y warholianas tarjetas de visita, el mismo que se ocupó de crear la cabecera de este blog, un chico que siempre tiene el oído regalado, abierto para mí, alguien que soporta con sonrisa dibujada en los labios y consejos sabios y lúcidos mi estreses, mis neuras y mis constantes lances mentales, mi amigo al fin, cumple treinta años. Dicen muchos de los que los han cumplido que con los treinta comienza lo mejor, una etapa de la vida en la que por fin pensamos por nosotros mismos, nos rodeamos de quienes nos queremos rodear y hacemos las cosas que verdaderamente nos gusta hacer y no las que se suponía que nos tenían que gustar. Yo soy una persona bastante hermética (cualidad ésta sobre mí que saben los que de verdad me conocen) que a veces se enreda en sus propios miedos e inseguridades (encubiertos a su vez con habilidades sociales y estrategias mentales de todo tipo), motivo por el cual a veces impido a según quién y cómo llegar hasta mí. Creo que puedo decir con toda tranquilidad que Paco es la persona que más cosas sabe de mí y eso que él nunca ha intentado saber más de lo que ha ido compartiendo conmigo de forma natural. Y puede que también sepa yo cosas de él que otros no saben, pues a los dos nos unen unos códigos cifrados inmensos y secretos en su significado que, de alguna manera, nos hacen compartir cosas muy muy importantes pero que, probablemente, ni siquiera existen en la realidad. Cosas que, por otra parte, no podríamos compartir con nadie más.
El otro día me dijo que se había cortado el pelo. Cuando por fin le vi comprobé algo que ya intuía: que está muy guapo. Él –creo yo- sentía miedo a cortarse el pelo porque pensaba que con el pelo se le iría el atractivo físico y, por extensión, la seguridad en sí mismo. De alguna manera volvería a ser –pensaba él, al coincidir el pelo largo con una etapa de cambio en su vida- el que era antes de dejárselo largo, una persona que, admitámoslo, ahora ya no reconoce. No ha vuelto a ser el de antes, ni física ni psíquicamente porque, evidentemente, la persona que Paco era en la primera juventud ya no existe. O sí, pero transformada en otra, un ser nuevo y diferente que es mucho más feliz porque al menos tiene la seguridad de vivir la vida que él mismo ha elegido. A Paco me unen años de amistad, confidencias de todo tipo y solidaridades compartidas; viajes en coche, en avión, en tren; noches de alcohol adolescente y de vómitos en plena playa; baños en el mar; El Pequeño Príncipe; críticas a todo lo decible y lo indecible; la revolución sexual; viajes canallas por ciudades de España y fuera de ella; Estrella; una visión parecida de las cosas; cine, teatro, estrenos; cenas en restaurantes y cervezas al sol; noches locas de techno apuradas hasta el after; sueños y vivencias. A veces creo que los dos podemos escuchar la misma música imaginaria. A Paco me unen tantas cosas que me sería imposible imaginar una vida en la que no estuviera él. Por todo eso hoy es un día muy importante, porque Paco, el informático generoso, el mismo que diseñó las tarjetas warholianas que son la envidia de mis compañeros, cumple treinta años.
“soy una rara avis”
25 Mayo 2008
“Vamos a dejar este país que no lo va a reconocer ni la madre que lo parió”. (Alfonso Guerra. 1982)
“No soy un personaje. Soy una persona y, además, bastante sencilla. Pero soy duro. Soy como esos cristales que son frágiles pero duros. Son muy resistentes y les ponen peso y peso y aguantan, pero a lo mejor les das así y los rompes. Y, en fin, sé que hay cuatrocientas mil personas en España que se han sentido muy dolidas por mi forma de hablar. Pero también sé que hay unos cuantos millones de personas que han sentido que el corazón se les disparaba con mis palabras”
(Alfonso Guerra. El País Semanal. 25 de mayo de 2008)


Mi padre suele decir de cuando en cuando a quien quiere escucharle que no han existido ni existirán en este país mejores políticos (con todo lo que la palabra político implica) que Felipe González y Alfonso Guerra. “Qué tíos, qué carisma, qué porte, qué bien hablados, qué presencia. Zapatero no les llega ni a la suela del zapato. Ni ningún otro, vamos”, dice mi padre. Yo creo que tiene razón, claro que para mí, como para casi todos los hijos, la palabra de mi padre es palabra de sabio.
Hoy publica El País Semanal una larga entrevista con Alfonso Guerra, un hombre que afirma que no tuvo tanto poder como quisieron hacernos creer. “No he tenido tanto poder como usted dice –replica Guerra a María Antonia Iglesias, autora de la entrevista– Eso es un cliché, pero que no corresponde a la realidad. A lo mejor me daban un cierto poder las personas que creían que tenía tanto poder, pero no lo tenía. Y, además, no lo he ejercido. No he tomado nunca decisiones para afirmar un poder, he hecho lo que creía que tenía que hacer. Tengo una ventaja, que es un inconveniente en sí mismo: los demás interpretan que yo hablo muy seguro de lo que digo. Y no es verdad, tengo muchas dudas”.
María Antonia Iglesias, considerada una de las mejores entrevistadoras de este país (de hecho, en la facultad de periodismo nos ponían a los alumnos, como modelo digno de imitación, las entrevistas de ésta, una mujer que, definitivamente, hace mucho mejor su trabajo en medios escritos que audiovisuales: en el debate que dio La Noria ayer sábado sobre la tensa situación actual e interna del PP la buena señora no perdió la razón pero sí los papeles, y no era la primera vez que los perdía en la tele), trata, pregunta tras pregunta, de tirarle de la lengua para que diga lo que el que fuera vicepresidente del Gobierno no quiere decir (sobre los que desde su propio partido trataron de arrinconarle y sobre los que desde el partido contrario y desde según qué medios fueron a por él con la navaja afilada). “Tengo la conciencia clara de que la vida es muy corta. ¿Para qué envenenarla? Ya le he dicho que pretendo vivir sin rencores, sin sombras de inquietud”, explica Guerra en una entrevista algo críptica, con flecos no del todo entendibles para un lector medio que no haya vivido de cerca entre los intríngulis de la política de los ochenta y de parte de los noventa. ¿Usted cree que a Felipe González le pasó algo de eso, que no quería oír lo que usted le decía?, le pregunta Iglesias al fin. “No sé si eso sucedió así. Creo que al final mi voz era una voz no grata. Es más grato que te digan sí a todo. Y yo no lo entendí así. Quizá porque soy una rara avis, porque acepto muy mal la adulación. Me irrita profundamente”.
Hace dos Ferias del Libro de Madrid (creo que son dos) paseaba yo a solas con mi sombra y mi quimera por el Retiro, curioseando sobre libros y autores, cuando descubrí que en una caseta firmaba ejemplares de su biografía Alfonso Guerra. Me quedé mirándole fijamente durante un buen rato, como atraído por un aura mágica llena de misterio. Quizá fuera el carisma que al político le atribuye mi padre y tanta otra gente. Luego continué mi camino, pero siempre me arrepentí de no haber comprado su libro aquella tarde y de no haberle pedido un autógrafo.
Y ahora os dejo que a estas anochecidas horas del domingo aún tengo pendiente terminar mi crónica para Osaca sobre las fiestas de la semana y, obvia decirlo, ¡el blog no me da de comer!
sobre quién debería ganar Eurovisión 2008
24 Mayo 2008
Hola a todos. Sábado gris de resaca en Madrid. Esta noche debería estar en Belgrado Guille Milkyway que, evidentemente, le da vueltas (es mi opinión) a Chikilicuatre. Lo siento: ya sabéis que a éste yo no le encuentro demasiada gracia y sabéis también que soy fan de La Casa Azul. Guille Milkyway, digan lo que digan, debería alzarse esta noche con el premio gracias a su temazo La Revolución Sexual. Os dejo la entrevista que le hice hace algunos meses, que al final nunca la colgué en este mi humilde blog. Besos y disfrutad del finde. C.
(la foto es de Luis G. Morais)
Entrevista a Guille Milkyway
Aunque le prometí que no se lo preguntaría, resulta obligada en esta entrevista la referencia a Amo a Laura, la campaña de marketing creada para promocionar la MTV en la que un grupo de jóvenes bondadosos y castos cantaban, con indumentaria remilgada y gestos forzados, cómo de importante es llegar virgen al matrimonio. El creador de esta exitosa estrategia publicitaria fue Guille Milkyway, un chico barcelonés muy tímido que estos días presenta La revolución sexual, tercer trabajo de La Casa Azul, un grupo falso que él mismo creó en 1997 como “venganza contra lo mierda que es la vida”. ¿Falso? Sí, falso, porque la imagen la daban tres chicos y dos chicas que en realidad eran actores, individuos felices y sonrientes que se limitaban a salir en las fotos, en los vídeos, en la televisión. Eso era antes: hoy Guille Milkyway, creador, compositor, arreglista, voz de La Casa Azul, ha salido del escondite que lo mantenía oculto y los que eran actores en trabajos anteriores ahora son androides que él mismo controla.
Como muchos de los artistas que lo son de verdad, el ánimo de Guille Milkyway es como una montaña rusa, un constante sube y baja que en La Revolución Sexual, su último disco, queda patente en sus letras, canciones tristísimas que, iluminadas por un pequeño halo de esperanza, se tornan alegres en algún momento. Ahora mismo, en la Greenspace, sala de conciertos de Valencia, Guille canta junto a unas mil personas “El momento más feliz”, una de sus canciones preferidas. Más tarde, en el backstage, una vez ha atendido a todos y cada uno de los fans que le piden un autógrafo o que desean una foto junto a él, mientras conversamos, explica que esa canción, quizá la más bonita, es asimismo “la más triste porque, aunque habla de esos pequeños momentos de cada día en los que uno se siente bien, reflexiona sobre cómo la felicidad, tal y como nos la han contado, no existe. De ahí que la letra diga que el momento más terrible es comprender que es imposible rebelarse contra el devenir”. El tono suave de sus palabras y sus continuos recursos a expresiones como “no sé” o “en realidad está muy bien” delatan la confusión que, inevitablemente, atrapa sus pensamientos cuando trata de afrontar una realidad que no le convence del todo.
Aunque explica que “2006 fue un año de bajón, de ansiedad continua”, y aunque luego repite una y otra vez que sus miedos son enormes, a Guille se le nota, a lo largo de toda la entrevista, que le asciende por dentro un sentimiento incontenible, una agitación feliz que convierte los malos recuerdos, esos años repletos de temidas frustraciones y hostiles inseguridades, en un presente prometedor repleto de optimismo inteligente.
Dice que los super guays, gente que vive encaramada en una hipócrita nube de poses y apariencias, nunca le han gustado. Él es todo lo contrario: un tipo sencillo que, con indumentaria descuidada, una barba suave y casi sin pelo en la cabeza, trata de abrirse al mundo con la desesperación del que siempre ha estado escondido. Y, como él mismo diría, lo está haciendo muy bien. Síganme de la mano. Les presento a un músico excepcional.
¿Cómo surgió La Casa Azul?
De un fracaso amoroso que me llevó a escribir una canción que hablaba de lo que uno siente cuando es despreciado por alguien. En un momento de mi vida en el que mi estado de ánimo estaba muy bajo, La Casa Azul surgió como una forma de escapar de la realidad, como venganza contra lo mierda que es la vida.
¿Todavía es necesaria una revolución sexual?
Sí, por supuesto, es como otras revoluciones que se han dado por terminadas pero que no lo están realmente. La gente todavía está reprimida y siguen existiendo muchísimos tabúes. Estamos muy lejos de la utopía de una vida sin represión sexual de ningún tipo. Titulé el disco así porque me sentía identificado con el libro que estaba leyendo, La Revolución Sexual, de W. Reich. Y porque quería ir contra todo tipo de represión, también contra las ataduras sociales, culturales, etcétera. Para mí es algo necesario para que uno se sienta bien consigo mismo, para que seamos un poquito felices.
¿Por qué has decidido, al fin, salir de tu escondite y convertir en androides a los chicos que te servían de imagen?
La idea de los actores surgió como opción estética, pues soy fan de grupos que no existían, como The Archies. Y, como soy poco sociable y me impacta demasiado la gente, pues me resultaba más fácil expresarme en un mundo ideal y escapista. A mí siempre me ha costado verbalizar las cosas que siento. Ahora siguen estando, pero son androides que salen en la pantalla y, de alguna manera, me siguen protegiendo. Continuar con dos realidades paralelas se estaba haciendo un poco difícil. Por otro lado, yo siempre me he sentido en el polo opuesto a la pose o a los grupos super estudiados, y me di cuenta de que estaba haciendo lo mismo. Por lo que había llegado la hora de mostrarme tal y como soy: una persona normal. Además, la canción La revolución sexual habla un poco de eso: de liberarse de las cosas que te atan. Por todo ello he salido de mi escondite.
Es verdad que tus canciones hablan mucho de los que tratan de impresionar, de las poses, de la apariencia en general. ¿Cómo te influye la opinión que tienen de ti los demás?
Me afectan mucho las críticas, lo que la gente pueda pensar sobre mí, tanto a nivel artístico como a nivel personal. Es algo que tengo que trabajar en mi vida, pues debería ser lo suficientemente fuerte como para que no me afectara tanto porque, además, ¿qué va a decir de ti una persona que nunca ha hablado contigo? Pero soy muy débil en este sentido, y creo que es por el sentimiento de frustración que muchas veces me ha acompañado.
Las canciones de este disco las compusiste a lo largo de 2006, un año que, según has declarado, fue para ti de bajón en general… ¿El hecho de sentirte mal te ayuda a crear?
Es algo que ha ocurrido a lo largo de la historia. En 2006 sufrí mucha ansiedad, recogimiento, frustración, tristeza en general, y estos momentos tan duros son, efectivamente, creativamente fructíferos porque tienes la necesidad de sacar hacia fuera cosas que no te dejan vivir. Hay a quien le sirve hablar con un amigo, quien bebe o quien hace ejercicio. Son formas de huir de la depresión. Yo utilizo la música. Lo que no quiere decir que necesite estar hecho polvo para crear, ¡eso sería horrible! [ríe].
Mes de diciembre de 2007. La Casa Azul entre los discos más vendidos. Te llaman de todos sitios y llenas los conciertos. ¿Mejor de ánimo?
2007 comenzó con la resaca del bajón, pero a lo largo de él he ido estando mejor. Pero no lo asocio a este disco, tampoco a La Casa Azul. Simplemente, ahora tengo un poco más de equilibrio, estoy en un momento personal bueno.
Entonces, ¿has conseguido dejar el Myolastán? [una de sus canciones se titula No más Myolastan]
[Ríe] Hubo una época de mucho estrés en la que me aficioné a un ansiolítico y relajante muscular llamado así. Y me enganché, pero lo conseguí dejar, menos mal. Porque el problema de toda adicción, química o no, el problema del apego en general es que no nos permite disfrutar de las cosas tal y como vienen. Las ataduras no son buenas para conseguir momentos de felicidad.
¿Tú sigues parando el tiempo a lo peter pan o ya has madurado?
Ya no lo paro tanto, menos mal. Cuando te das cuenta de que puedes controlar tu propia vida y que puedes elegir a lo que deseas dedicar tu tiempo, ese sentimiento peterpanesco de no querer crecer se evade un poco.
¿Cuál es el momento más feliz de Guille Milkyway?
Es una de mis canciones preferidas y para mí la más triste del disco. Como dice la letra, son los pequeños momentos de cada día con los que uno se siente bien. Desde ir a comprar el periódico un domingo por la mañana hasta un gol, en un momento dado. Es una canción super triste porque reflexiona sobre cómo la felicidad, tal y como nos la han contado, no existe. Sólo existen esos pequeños momentos felices, lo demás es mentira. Y eso es lamentable.
En general las letras de tus canciones son muy tristes, pero, al mismo tiempo, son alegres. ¿Cómo lo consigues?
Es lo que intento, aunque a veces tarde mucho en encontrar el contraste entre las dos cosas. Está muy bien porque, aunque son tristes, suele haber un desenlace optimista. De ahí que surja el efecto curativo del que hablábamos, porque yo hablo en mis letras de un futuro que no quiero que sea catastrófico, que deseo que sea mejor que el presente. En general creo que doy una visión optimista de la vida, aunque a veces hable de frustración.
Lo que está claro es que tú haces un poco de terapia con tus canciones.
A mí no me cuesta nada afirmarlo. Me sirven de autoayuda.
A parte de la música, ¿qué otras cosas te ayudan a relajarte?
Pocas cosas más. Mi gran problema es que no tengo un abanico demasiado amplio de aficiones. Tiendo a relacionar la felicidad únicamente con la música, aunque sé que el bienestar se encuentra realmente en otras cosas. Por eso me esfuerzo y, poco a poco, voy saliendo de mi caparazón, trato de quedar con amigos para tomar algo y hablar… Ah, también me gusta ver partidos de fútbol.
Te preguntaba por los hobbies porque parece que eres, según las entrevistas que he leído sobre ti, poco menos que un ser asocial que vive encerrado en su casa-estudio de Barcelona, ajeno a la realidad.
Me parece horrible, no me gusta, dar una imagen así de mí mismo. Pero la verdad es que no me cuesta nada meterme en mi estudio, hacer discos, escuchar música, me podría pasar así la vida entera. Me gusta salir con los amigos, pero me cuesta, aunque luego, una vez he hecho el esfuerzo inicial y he quedado con ellos, me alegro mucho y me siento mejor. Porque, lógicamente, si me paso seis meses encerrado en el estudio pierdo el contacto con la realidad, y eso no es bueno. No soy asocial, pero sí soy muy tímido.
Lo de la timidez resulta evidente para todo el que haya estado en uno de tus conciertos o haya hablado contigo pero, ¿lo estás superando?
¿Por qué voy a tener que superarlo? Yo soy una persona tímida y está muy bien ser así. Lo importante es que la timidez no se adueñe de mi vida. Que no me frene a hacer cosas. Por eso me esfuerzo por hablar con la gente, y hacer entrevistas como ésta… [ríe mucho]. Soy consciente de que es muy positivo para mí ir dejando el caparazón en casa.
Una legión de admiradores te están saliendo como de debajo de las piedras. ¿Qué tal lo llevas?
¡No son tantos! En cualquier caso, los fans son lo mejor que hay porque muestran un sentimiento muy directo de agradecimiento por lo que sienten al escuchar una canción. Y eso es algo que aprecio mucho y que está super bien.
No es sólo lo que puedan sentir por tus canciones. Durante el concierto he escuchado a una chica decir que daría lo que fuera por ser tu novia. Les gustas tú, además de tus canciones.
[Ríe mucho] Supongo que es algo que ha pasado toda la vida, pero no es real. Porque, quizás, si estuviéramos un año juntos me acabaría odiando. Es como el conocido del colegio, que por el hecho de serlo resulta más interesante para la mayoría.
En cualquier caso, esta noche has firmado hasta el último de los autógrafos que te han pedido. Y cuando, siendo ya tardísimo, los de seguridad han desalojado el local, ¡te has puesto el abrigo y has salido a la mismísima calle a atender a las pocas personas que quedaban! Es algo que no suelde darse después de un concierto.
Está muy bien hacerlo. Además, en el fondo te sube mucho el ego, ¡jo! Ver que la gente te aprecia, por el motivo que sea, es estupendo, ¿verdad?
Pero, ¿has pensado qué pasará cuando sean tantos los seguidores que te paren hasta en el supermercado?
[Ríe mucho] Eso no va a suceder. Quizás dentro de un año sólo tenga tres fans.
Ya lo veremos. Eso sí, cuando te conviertas en una super estrella, no te olvides de los primeros periodistas que nos hemos fijado en ti, ¿eh?
[Ríe mucho y guarda silencio].
Por cierto, ¿cómo es posible que siempre se te olvide alguna letra en los conciertos?
Soy, en general en mi vida, super despistado. Soy capaz de salir a la calle en zapatillas o sin ni siquiera saber qué llevo puesto encima. Olvido cualquier cosa en todos los lugares. En un concierto estoy pendiente de muchísimas cuestiones técnicas, de cantar, de tocar, y delante de mí tengo a quinientas personas, gente en la que me fijo sin remedio. Qué curioso lo que acaba de hacer aquel, me digo, mira cuánto baila este otro, pienso. De ahí que, siendo una persona tan despistada, me distraiga en un momento dado y no pueda continuar con la canción. Por otro lado, y aunque me sé mis canciones, una vez están hechas me olvido de ellas. No suelo escuchar mis discos hasta que preparo un directo. Me cuesta mucho escuchar las grabaciones.
El diseño del CD es rompedor.
Supone la liberación, una pieza de plástico muy muy nítida. Gregorio Soria es quien ha trabajado conmigo en esto.
¿Qué opinión te merece que se califique tu estilo de música como tontipop o blandipop?
No me interesan los clichés en general. Además, no estoy de acuerdo para nada con esa noción porque creo que no aporta nada al oyente. Sinceramente, para mí ese calificativo demuestra falta de cultura musical porque en la historia del pop, realmente, el lenguaje utilizado siempre ha sido muy directo y sentimental. Para mí no es una música blanda, desde luego que no, para mí no es blando explicar los sentimientos tal y como te salen desde dentro, ni tampoco lo es decir a alguien te quiero, o explicar por qué te gusta de una persona en concreto. Para mí blando son otras cosas.
Entonces, ¿qué termino te gusta?
La palabra chicle, por ejemplo. Un chicle es de usar y tirar. O, mejor, algo que te gusta durante un rato, que te evade por un tiempo de ciertas cosas o problemas, y ya está. Mientras dura, lo pasas muy bien, como el que tiene un chicle en la boca. Yo no aspiro a mucho más. La música pop tiene que servir como evasión.
Cuéntame, ¿Piensas en el futuro mientras vives?
Tiendo a hacerlo mucho, lo cual es muy negativo para mí, pues asocio el futuro a cosas terribles. Siempre me ha pasado y me sigue pasando, aunque ahora algo menos. Pensar que el futuro te depara desgracias te genera mucha ansiedad. Por eso me propongo, aunque no siempre lo consiga, pensar sólo en el día a día.
¿De qué cosas puedes enorgullecerte?
De lo que verdaderamente estoy orgulloso es de haber hecho un esfuerzo por intentar dedicar mi vida a las cosas que me gustan, de no dejarme llevar por las cosas más fáciles. Sé que es lo único que me va a permitir vivir tranquilo.