26 Septiembre 2008

Que amistades que son ciertas nada ni nadie las puede turbar.

Cervantes

 

 

 Yo voy a estar desaparecido unos días, casi diez, hasta que pase todo el lío que tenemos con la entrega de premios de la que os hablé. Ha estado unos días en Madrid una gran amiga que yo tengo. Vive en Gran Canaria y nos conocimos en Escocia, en Perth, concretamente. Por aquel entonces yo trabajaba de kitchen porter en un hotel y ella detrás de la barra de un bar. La primera vez que hablé con ella, le dije: “Te pareces a la actriz de Barrio, ¿la has visto?”. “Anda ya”, me dijo, sonriendo. Ya no nos separamos en todo el verano. Luego yo me vine a vivir a Madrid. Estudié periodismo. Luego se vino ella, estudió Periodismo también. Entonces nos bebimos una noche una botella de ron en la plaza del Espíritu Santo y nos lo confesamos todo, dejaron de haber zonas top secret entre nosotros. Un día vimos en la misma cama, bajo una mantita, la película Báilame el agua, y a los dos nos encantó. Otro día se marchó de Madrid, como tantos que terminan por tirar la toalla, desencantados de sus sueños, incapaces de seguir el ritmo a una ciudad que a veces resulta demasiado grande, demasiado impersonal, hostil. Patricia me llamó el otro día a mi teléfono y yo no pude responder. De hecho, no le he respondido hasta hoy, esta noche de viernes, esta noche en la que escribo estas líneas mientras Truman, el gato rubio, ronronea sobre mis piernas. Esta noche que deseo que pase muy rápido. “Podemos vernos para cenar, pero no puedo salir”, le he dicho. Me ha respondido que ya es imposible, que se va mañana muy temprano y que su tiempo en Madrid ha terminado. “nos veremos la próxima vez”, ha añadido.

También hoy era la boda de Fernando, mi amigo. Fernando estudió conmigo Derecho, allá por los tiempos en los que yo era un chico “formal y correcto”, alguien que no se enteraba de nada de la vida pero que devoraba los libros de leyes a base de subrayadores fluorescentes. Compartíamos café, apuntes (“¿has conseguido los de derecho procesal?, ¿los tienes?”) nervios, exámenes, risas, salidas por Córdoba. Siempre me gustó conversar con Fernando. De hecho, es un gran conversador, de los mejores que he conocido a lo largo de mi vida. A él también le gustaba mucho hablar conmigo, siempre le han interesado mis opiniones y mi forma de ser. Ahora nuestras vidas se parecen menos de un huevo a una castaña, pero sigo considerándole mi amigo, aunque no haya podido ir a su boda que, repito, era hoy. Cuando le dije que no estaría en su boda me llamó inmediatamente, nervioso, y no pude responder, pues yo también tengo mis defectos y mis problemas. Me escribió: “llámame, Curro, por favor, quiero hablar contigo”. Y no lo hice, no le llamé. Hoy sí le he escrito: “Enhorabuena, Fernando. Estoy histérico estos días pero te compensaré. Somos amigos y los amigos sabemos perdonarnos, ¿verdad? Un abrazo”.

 

Por otro lado, dejando ya a Patricia y a Fernando, que son amigos y sé que me sabrán perdonar, he de decir que volví a escribirle, y en esta ocasión tampoco respondió. Volví a hacerlo y sabía que no tenía que hacerlo. Supongo que a veces los pensamientos deben interponerse a los sentimientos, a los impulsos. Pero también supongo que esto no resulta del todo fácil en muchas ocasiones.

 

 

A vosotros: Por favor, regresad a este blog a partir del día 8 de octubre, ¿vale?Entre tanto no olvidéis comprar El Mundo el 5 de octubre, domingo, día en el que podréis leer mi primer reportaje en el Magazine, un trabajo que me costó, valga la redundancia, mucho trabajo.
 
 
 
 
 
 

 


Hasta el día 8, os manda saludos variados

 

Vuestro bloguero preferido

 

C.

 

esos monstruitos televisivos

26 Septiembre 2008

 

 

Miren lo que puede ocurrir en este país, dirían. Una chica vive durante diecinueve años en un pueblo ignorado, tan pobre que no puede siquiera comprar una revista, y entonces gana una beca para la universidad, un premio aquí, otro allá, y termina conduciendo Nueva York como si fuera su propio coche. Sólo que yo no conducía nada, ni siquiera a mí misma. No hacía más que saltar de mi hotel al trabajo y a fiestas y de las fiestas al hotel y de nuevo al trabajo, como si fuera un tranvía entumecido. Creo que tenía que estar tan emocionada como la mayoría de las demás chicas, pero no lograba reaccionar. Me sentía muy tranquila y muy vacía, como debe de sentirse el ojo de un tornado que se mueve con ruido sordo en medio del estrépito circundante

 

(La campana de cristal, de Sylvia Plath. Sylvia Plath se suicidó el 11 de febrero de 1963 en su piso de Primrose Hill, en Londres. Tenía tan solo 31 años. Su novela La campana de cristal es absolutamente recomendable)

 

 

 

 

 

Hoy me gustaría conocer vuestra opinión sobre famosos tipo Aída Nizar o Loli Álvarez o Tamara (la mala) o etcétera. ¿Víctimas o culpables?, ¿el fin –conseguir la fama- justifica los medios –todo vale-?, ¿los consideráis famosos?

 

 

Yo pienso que, por supuesto, no se deberían sobrepasar ciertos límites éticos como, por ejemplo, ir a una tele para cobrar 3.000 euros mintiendo a la audiencia diciendo “yo estaba embarazada y he sufrido un aborto” o “me he intentado quitar la vida” (ambas cosas han sucedido en la realidad). También me parece que es inmoral caer en el insulto soez hacia el de al lado, en el grito gratuito, en la chabacanería más obscena.

 

¿Es Aída Nizar realmente como la hemos conocido en televisión?, ¿verdaderamente es Kiko Hernández tan agresivo como se nos ha presentado en los últimos años?, ¿acaso no son fichas que los directivos de los programas utilizan a su antojo?, ¿o quizás tenemos la culpa de que estos pequeños monstruitos televisivos existan los espectadores, que, al fin y al cabo, somos los que mandamos a través de nuestros mandos a distancia?

 

Ayer estaba yo en una agencia de viajes de la Glorieta de Bilbao, comprando unos billetes de avión a Afganistán (tranquilidad: no eran para mí). En las últimas semanas he tenido que ir a susodicha agencia múltiples veces, motivo por el cual he entablado con V., la amable dependienta, una relativa relación de amistad. Es una chica algo torpe, se equivoca de vez en cuando, es casi más despistada que yo. Pero te atiende siempre con una sonrisa como una barca y yo le caigo muy bien. Ella a mí, también.V. me contaba ayer que lleva en su puesto de trabajo cuatro años.

 

 

 

“Sí, tío, 30 años y aún vivo con mis padres. ¿Independizarme? Imposible, ¿te digo lo que gano? 800 euros al mes, como lo lees. Y estoy aquí todo el puto día –Verónica se reía: se ríe por todo-, muchas veces no puedo ni ir a comer. Yo tenía un novio, un novio Argentino pero, ¿sabes lo que pasó, Curro?, pues nada, que cuando consiguió la nacionalidad, decidió largarse a Buenos Aires. En serio. ¿Tú lo entiendes? Porque yo no. Ahora me dice que me vaya yo a Argentina pero, como yo le digo, ¿qué voy a hacer yo allí? Pues eso, que estoy todo el puto aquí y que algo tendré que hacer, porque con este dinero no me da para nada, y yo algún día me tendré que independizar. Claro que ahora, con la crisis, más me vale quedarme aquí sentada. ¿Sabes que solo en Madrid van a cerrar 20 agencias de Halcón Viajes? ¡Es horrible!”.

 

 

V. estudió Turismo y habla idiomas. Si yo le contara que Loli Álvarez ha ganado a veces en un día de tele lo que ella tarda meses en ganar, seguramente, exclamaría “¡¡¡¡joderrrrr!!!!!

 

 

La mayoría de los cutre-famosos o famosillos de tres al cuarto no tiene estudios y, para mí, son víctimas de la televisión. Ellos se confunden y piensan que son importantes por el solo hecho de salir por la caja tonta, y se agarran a la tele como un naufrago a la tabla. Son capaces de hacer cualquier cosa por el hecho de salir en televisión porque, como bien saben, si no sus alternativas son a) poner copas en un bar o b) trabajar en un burguer king. Por eso son capaces de mentir, insultar, y vender su propia alma al diablo si hace falta (a nadie se le olvida el ejemplo de Lara, la secretaria de la tristemente fallecida Carmen Ordóñez). Y luego hay otra cosa: la televisión, salvo que tengas la cabeza muy en tu sitio o unos valores bien asentados, puede volverte loco. De hecho, hay mucha gente muy famosa (y esto ya afecta no solo a los famosillos que viven del cuento sino también a los profesionales de toda la vida) que acaba con problemas de ego desmedido y de narcisismo extremo. Los valores, perdidos; la vida privada, destrozada y falseada; se creen taaaan importantes que disfrutan por encima de todo con una conversación cuyo hilo conductor sea, precisamente, ellos mismos.

 

Esto no les pasa a todos, ni siquiera creo que le suceda a la mayoría. Pero sí a muchos. Por ejemplo, no es así ni Jesús Vázquez ni Màxim Huerta. Sí les pasa a… ¡entenderéis que no diga nombres!Tengo que hacer un trabajo (del que pronto tendréis noticia) sobre los famosillos de tres al cuarto, por lo que os exhorto y animo a que me deis a conocer vuestras opiniones sobre

 

 

-¿vale todo por la fama?

-¿acaso hacen algún mal?

-¿víctimas o culpables?

-¿por qué se creen importantes?

-¿alguien puede decirme por qué interesa a la audiencia una entrevista con el ex de una ex o con alguien que nada tiene que aportar?

-Etcétera

 

 

 
 
 
 
 
 
 

 

¿Se puede ser pesado sin serlo? Yo ayer lo fui, y sin embargo no lo soy. Quizás por eso no vino y por eso, probablemente, ya no venga más.

 

 

A otra cosa: Montse, una chica de prensa lindísima, me ha enviado un mail que, debido a lo mucho que me gusta Guille Milkyway y a lo bien que me cae, reproduzco a continuación.

 

 

 

 

- LA CASA AZUL arrasa en Barcelona, más de 20.000 fans!!

 

Más de 20.000 personas se concentraron el pasado sábado, 20 de septiembre, en Barcelona para seguir la grabación en directo del concierto de LA CASA AZUL para la MTV. Fue una noche única y especial, más de 20.000 personas se agolpaban ante el escenario totalmente eufóricos, eran cerca de las tres de la madrugada cuando Guille y sus androides pisaron el escenario, uno tras otro fueron cayendo los grandes hits del grupo: “La revolución sexual”, “Galletas”, “Superguay”, “Esta noche solo cantan para mi”, “Cerca de shibuya”… canciones que el público disfruto al máximo bailando y cantando con caras de absoluta felicidad. Un momento que quedó inmortalizado gracias a las cámaras de MTV que recogieron cada momento único y especial de la actuación.

 

 

Quería agradecer ahora a

 

Nacho, el chico que siempre cuenta conmigo para todo, el mismo que me lee en su despacho, que no es otro que una de las personas más generosas que he conocido (y no lo digo por decir, lo digo porque es la verdad)

Patricia, la chica de Sevilla que tiene la casa más chula de Malasaña

Javier, el guionista sonriente

Leticia, la genial gallega

Paco, el amigo arruinado pero feliz, el mismo que descubrió París hace unas semanas

Mabel, la amiga perfecta

Manolito, el chico del encanto misterioso y vivaz

Carlos, la nueva estrella de los musicales de la Gran Vía

Max, el niño ilusionado, que tantas sorpresas nos dará este año

 

Quería agradecer a todos ellos, decía, la maravillosa noche que me regalaron ayer, una noche desbordada por el vino, las risas y la conversación interesante. Una noche en la que faltó una persona que, por otro lado, estaba en su derecho de no venir. Pero lo que quiero dejar claro hoy es que si por algo me siento afortunado en esta vida es por la gente que me rodea, sin dudarlo.

 

 

Perdonad este post un tanto insustancial, pero tengo una seria excusa: el día de hoy se me ha presentado del revés, dan las doce y media y yo tenía el día gris hasta que he visto de nuevo la foto que da pie al post de hoy. Hay veces que una sola llamada o una sola foto pueden salvarnos el día.  En ésta era verano, nos bañábamos, nos abrazábamos, acariciábamos la felicidad a pesar de todo

 

 

“No podemos estar juntos ni estar separados. Es una contradicción imposible de entender. Para entenderlo hace falta ser poeta, como mi padre” (esto lo dice en Vicky Cristina Barcelona Javier Bardem, cuando habla de su relación con Penélope en la película)

 

“Siempre buscándome en todas las mujeres; siempre intentando imitar lo que tuviste conmigo” (se lo dice Penélope a Bardem en la película de W.Allen)

 

 

 

 

 

Ayer la mayoría de los comentarios dejaron más o menos verdes a Penélope y a Bardem. Yo quiero decir que a mí Penélope siempre me ha gustado y que me sigue gustando, que para mí es una actriz deliciosa, una chica que tiene algo (duende, no lo sé) que otras no tienen. Y que creo que es muy trabajadora –se merece todo lo por ella conseguido- y que, por supuesto, no pienso que sea mala persona. Y lo siento (ya sé que muchos/as no estáis de acuerdo conmigo) pero yo opino que es buena actriz. Tengo una prueba incontestable: Vicky Cristina Barcelona. Id a verla y luego me contáis. Y si no también podéis alquilar en vuestro deuvedé más cercano la película Todo es mentira, de Álvaro Fernández Armero, que tiene más de diez años. Elimináis todos los prejuicios de la cabeza, veis esta maravillosa película y luego me contáis si es buena actriz o no lo es. De Javier diré que para mí es uno de los mejores actores del mundo. Nos hace gozar viéndole en la pantalla. Y eso se lo debemos. ¿Que es un poco gilipollas? Puede, yo no lo sé porque no le conozco ni tampoco conozco a nadie cercano que le conozca, ni siquiera que hable con él de cuando en cuando, ni siquiera que sepa algo sobre sus sueños o sobre sus sentimientos.

 

 

Otra frase de la película garabateada en mi libreta: El problema es cuando los pensamientos comienzan a interponerse a los sentimientos

 

Me contaba ayer una colega que habían comentando en las teles la entrevista de Elvira Lindo a Penélope. Según mi amiga, los tertulianos habían dejado más o menos verde a Penélope y destacaban el escaso feeling entre la actriz y la escritora. Yo creo sin embargo que Elvira Lindo no la ha colocado en tan mal lugar en el encuentro redactado para las páginas de El País Semanal. Le lanza un dardo pero luego le da jabón, y así juega todo el rato. Deja escrito la Lindo cuán trabajadora es Penélope y también explica con justicia por qué le tiene miedo a los periodistas. No dice en ningún momento que Penélope sea mala actriz ni que no le haya gustado la película de Woody Allen. Es cierto que en las preguntas Elvira Lindo resulta pelín borde y que, al final, cuenta que se despide de ella pensando que le hubiera gustado conocerla pero que no la conoció. Es cierto que se transmite un poco de tensión cuando la escritora le pregunta por Javier Bardem sin preguntarle por él. Pero, por encima de todo esto, lo importante es que es un texto maravilloso escrito por una de las plumas más vivas y divertidas de este país y que, por supuesto, cualquier actriz daría lo que fuera por haber sido ella la protagonista de esas páginas.

 

En cualquier caso, para mí lo más duro que escribe Elvira Lindo en la entrevista es: demasiado silencio para ser feliz.

 

Vicky Cristina Barcelona

23 Septiembre 2008

Buenos días. En un rato os contaré lo que pienso sobre Penélope y sobre la última película de Woody Allen

 

Demasiado silencio para ser feliz

 

 

 

No sé si alguien leyó el divertidísimo encuentro entre Elvira Lindo y Penélope Cruz, plasmado en las páginas de El País Semanal del pasado domingo. Elvira Lindo escribe muy bien, me gusta, tiene estilo, divierte. Ella contaba en El País Semanal que se plantó en Londres dispuesta a conocer a una estrella internacional, a Penélope. “Todas las entrevistas tienen su excusa, su percha, como se dicen en el lenguaje periodístico de andar por casa; pero el entrevistador o el retratista aspira a algo más que a esa voz parlante en que suelen convertirse los actores en temporada de promoción y ese blablablá que los espectadores aguantamos estoicamente…”, escribía (¡cuánta razón!) la escritora de Manolito Gafotas. Al fin se encontró con la bella Pe, que estaba muy cansada.

 

-Llevo doce horas trabajando –le dijo.

 

 

A la Lindo le habían dicho que a Penélope no le gustan las entrevistas, que en seguida se pone en guardia (algo curioso: a todos los actores les encantan las entrevistas, se matan por salir en las revistas, hasta que son taaan conocidos que ya no necesitan salir) pero ella pensó: se rendirá, al cabo de diez minutos la guardia habrá bajado y todos tendremos oportunidad de conocerla. La Lindo quería conocer a Penélope y para eso había viajado hasta Londres.


Se iban a encontrar en el bar de un hotel, el hotel en el que vivía la actriz. Pero no había bar, y por eso fueron a un apartamento que, por supuesto, no era el de Penélope, que era lo que a la Lindo le hubiera gustado. Era un apartamento gélido, “perfecto para el anticlímax”.

 

Allí comenzaron a  hablar y Penélope le dejó bien claro que no, que no es que odie las entrevistas, que lo que pasa es que solo le gusta hablar de su trabajo y que no soporta cuando siente que no hay respeto por parte del periodista. En un momento dado, Elvira Lindo le pregunta por Javier Bardem sin preguntarle por él.

 

-No quiero indagar sobre tu vida, pero puedo preguntar cómo te sientes si te preguntan por Javier Bardem; si te sientes mal, acosada… -le dice la Lindo, que es listísima.

-Pero, ¿qué me estás preguntando? –repone Penélope, y luego, más adelante, le dice otra vez que no le va a contestar, que sólo va a hablar de su trabajo.

 

 

Demasiado silencio para ser feliz.

 

 

“Como si no supiera o no quisiera distinguir a quién está de su parte”, vuelve a pensar Elvira Lindo, ya un poco decepcionada, pues sabía, se había dado cuenta, que regresaría a Madrid sin conocer a Penélope.

 

Dejando a un lado ya el genial encuentro-entrevista narrado por Elvira Lindo para las páginas de El País Semanal (y animándoos a que lo leáis los que no lo hayáis hecho), os diré que el otro día escuché a Javier Bardem en un Informativo. El reportero del mismo le preguntaba que cómo había sido trabajar con Penélope. Javier respondía “trabajar con Woody Allen, muy bien, gracias”. Yo pensé que qué falta le hace decir esa gilipollez, obviar la pregunta, cuando es sabido que hay mil respuestas inteligentes para burlar una pregunta que podamos considerar intrusiva (aunque, desde luego, esta para mí no lo era). Por ejemplo, Javier podría haber contestado con la tópica “oh, trabajar con Penélope, maravilloso, es una actriz de excepción” o con la irónica e incluso sarcástica “horroroso, horroroso, no imagina usted lo duro que ha sido trabajar con ella”.

 

 

 

 

 

 

Yo ya he visto la última película de Woody Allen y quiero escribir aquí que me ha gustado (a mí me gustan todas las películas del genio de Manhattan). Es una comedia amarga y deliciosa.

 

 Dos amigas (Scarlett Johansson, Rebecca Hall) americanas están en Barcelona, ciudad a la que han ido en verano a disfrutar de unas merecidas vacaciones. Allí conocen a Javier Bardem, que en la película es un artista más o menos chiflado que, nada más conocerlas, les pregunta: “¿Venís a Oviedo a pasar conmigo el fin de semana? Os llevaré a cenar, veremos la ciudad y haremos el amor”. Una de ellas, Vicky (Hall, gran actriz por cierto) piensa ¿pero qué dice este tío?, la otra (Johansson, Cristina en la película), quedada prendada (sus ojos bailaban inmediatamente, delatándola) ante el pintor.

 

Así comenzará una historia en la que pronto entrará Penélope Cruz, que en la película da vida a María Elena, la ex algo psicópata y genial de José Antonio (Javier Bardem). Entonces, cuando aparece María Elena, se produce el milagro. Porque Penélope Cruz se come, literalmente, a Scarlett Johansson. Todo el mundo se enamora de María Elena, que es vulgar pero exquisita, sin formas cuidadas pero inmensamente atractiva, una chica de complicada y enorme personalidad, de una fuerza increíble. Y suelta por su boquita de piñón los mayores golpes (cómicos de puro surrealistas o imposibles) de la película. Por ejemplo, en un momento determinado María Elena trata de explicarle a Cristina que José Antonio, su ex, le robó el estilo. “Pintamos juntos durante muchos años y me robó la inspiración, me quitó mi estilo y se lo apropió”. Las tres mujeres viven historia de amor con el atractivo Juan Antonio. También hay espacio para un trío (sexual y sentimental; “¿tú te das cuenta de lo que te queremos?, sabía, lo sabía, sabía que nos ibas a dejar tirados, que no nos podíamos fiar de ti”) en la película. Y ya no os cuento más, sólo que vayáis a verla porque, aunque no creo que os guste tantísimo como a mí, sí opino que puede gustaros.

 

“Es que estoy muy liado, lo siento, no puedo ir al cine”, “es que tengo mucho trabajo, otro domingo iremos a la latina”, “es que no llego, en serio, otro día te prometo que tomamos esa caña, ¿vale?”, “es que…”, ¡qué pesado soy! Últimamente me paso el día diciendo que no a muchos planes y ya tengo amigos que me llaman Señor Agobiado (sustantivo que ya me era asignado, por cierto, desde la época del colegio). Pero, como yo digo, qué se le va a hacer si estoy más liado que un rollo de papel higiénico. Por eso hoy domingo lo he pasado entero encerrado entre las paredes del despacho. Por eso no he podido ir, muy a mi pesar, al cumpleaños de la hijita de una amiga mía. Por eso no me soporto ni yo y por eso en el cumple de mi amigo Joserra, el pasado viernes,  necesité varios rones con coca cola y la simpática compañía de alguien que un día estudió arquitectura para poder quitarme de la cabeza por unas horas todo lo que tenía que hacer al día siguiente. Esta situación durará aún hasta el 7 de octubre, día en el que se celebra una entrega de premios de una asociación de mujeres con la que yo trabajo desde hace algunos años (de hecho, ostento el honor y el privilegio de ser el único hombre al que admiten en sus reuniones). Una asociación que trae a gente desde países que no pertenecen a la Unión Europea, algunos de los cuales violan los derechos humanos con cruel facilidad. Un grupo que invita a la cena de gala de su entrega de premios a gente de la política, de la cultura, de la moda, de las distintas esferas sociales. Una asociación que trata, al fin, de defender los derechos de las mujeres y de poner en el ojo de lo mediático a realidades y gentes que están ahí pero que casi nadie ve. A veces no se ven porque ya se sabe que resulta más cómodo mirar para otro lado ante determinados conflictos hasta que estos estallan en nuestras cabezas. El caso es que, haciendo honor al mote que me ha adjudicado mi amigo N., estoy muy agobiado y sé que no respiraré hasta que sea miércoles 8 de octubre y todo haya salido bien. Estoy muy agobiado y sin embargo estoy contento porque, como dijo Horacio, el placer que acompaña al trabajo pone en olvido la fatiga; hoy no he podido ir al brunch por el cumple de un amigo ni tampoco al cumpleaños de la hijita de mi amiga y sin embargo estoy contento porque, como dijo Ramón y Cajal, digan lo que digan los ricos, viciosos y los holgazanes, el trabajo agradable y útil resulta todavía la mejor de las distracciones. (señor doctor, matizo yo, bueno, la mejor, la mejor, no sé…)

 

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“Gran Hermano” arrasa en el estreno de su décima edición

Roza el 30% de cuota con la gala de presentación (vertele.com)

 

las conexiones de Bilbao

18 Septiembre 2008

(foto de Bilbao desde el puente de San Antón)

 

 

 

Ayer era jueves y hoy es viernes otra vez. Sin remedio ni posibilidad de cambio, las semanas se suceden unas a otras a vertiginosa velocidad, impidiéndonos ser plenamente conscientes del paso del tiempo. Porque desde luego si a mí me hablaras del último verano (de la gala de nervios en Marbella junto a Mabel, o de los días agua cristalina de Mallorca, o de la semana loca por Barcelona y Sitges, o…), que no es otro que éste, el que acaba de escurrirse entre los dedos de mis manos, de evaporarse como un sueño imposible largamente acariciado, me parecería que fue hace mucho tiempo. Pero si me hablaras, por ejemplo, del inolvidable fin de semana que pasé en Bilbao meses ha junto a P., G., P., y J., te diría que sí, que recuerdo que fue un viaje de ensueño en el que parecía que todo era posible, un viaje en el que por unos cuantos días la vida era soñada y no real, pero añadiría que me parece que han pasado varios años. El paso del tiempo y sus trampas. Porque también recuerdo que a Pablo y a Jaione les conocimos de la forma más extraña que uno pueda imaginar, en una noche tan mágica como la luna llena, una noche cuyos ecos, probablemente, resuenen en nuestra cabeza por siempre. Ella se llamaba Jaione y era -y es- azafata de vuelo. Él se llamaba Pablo y era cocinero en paro. Eran amigos. Recuerdo que estábamos en un recomendable lugar de Bilbao G., P. y yo y que fui precisamente yo el que los descubrí (“chicos, chicos, chicos, ¡les he encontrado!”, “¿qué has encontrado, Curro?, ¿a quién?”) y que cuando les conocimos, al poco de presentarnos, sentimos una especie de flechazo a cinco, una cosa muy sentida que nos llevó a jurarnos esa misma noche, aunque nada sabíamos los unos de los otros, amistad sincera y eterna. En la despedida, en una calle cualquiera de Bilbao, les dijimos, y ellos nos lo dijeron a nosotros: “nos veremos, no sé cuándo, pero nos volveremos a ver”. Era el puente de mayo y yo a nadie le había contado adónde iba. No hicimos fotos, ni una sola foto en los tres días, ni falta que nos hizo. Y si ahora cuento esto es porque me parece destacable la curiosa realidad de cómo las distintas experiencias pueden llevarnos a insensatos equívocos. El domingo pasado me decía J., un amigo de mi amigo J., que él había estado en Bilbao varias veces y que no le gustaba nada. “la gente es muy antipática y fría”, añadió. Imaginaos mi gesto estupefacto. He estado en Bilbao cinco o seis veces y cada vez he venido con mejor sabor de boca. He conocido y conozco a gente maravillosa de allí (Guiller, por ejemplo, que es el simpático acompañante de mi amiga Lola). Me encanta la ciudad, me vuelven loco sus pintxos, me gusta la gente de Bilbao, su carácter, el sentido del humor de los vascos, la forma de ser, cómo se divierten, sus paisajes, su mar, el verde, , las tiendas, la parte nueva, la vieja, cómo sirven las copas, todo. Me gusta todo de allí. Pero J., el amigo de mi amigo J., opinaba precisamente lo contrario que yo. (?)

 

 

 Yo siempre he creído en las conexiones. Creo que se trata de convertir los silencios en momentos agradables y placenteros, de intercambiar miradas de risa y de complicidad, de que, independientemente de lo que se hable, la conversación parezca muy importante. Yo creo que la conexión existe y se produce a los pocos minutos, quizás segundos, de conocer a una persona. Y creo además que aquí reside lo más mágico de la vida, la esperanza. Porque no se puede crecer sin esperanza ni, mucho menos, sin misterio.

 

 

El paso del tiempo y las trampas de los recuerdos son tema para un post y para un libro entero, por supuesto, pero lo importante y real es que hoy es viernes y Joserra cumple 29 años, cumpleaños que celebra, por cierto, en mi casa. ¿En mi casa? Sí, sí, en mi casa. Porque yo vivo en Malasaña y él vive a media hora de Madrid con su madre. “Compramos todo de plástico, por la gloria de tu madre, joserra, que si no se va a quedar todo hecho un asco”, “sí, sí, claro, por supuesto, no te preocupes, confía en mí”, me respondía él,  mientras yo pensaba en el pobre y bueno de Truman, en lo desconcertado que se quedará cuando vea que su territorio se ha llenado de jóvenes que sorben bebidas extrañas, escuchan música (¿qué será ese ruido?, ¿qué será?) y hablan demasiado alto.

 

 

En un rato o unas horas, cuando me organice y recupere el resuello, escribiré aquí mis impresiones sobre el concierto de Madonna en Sevilla. Se agradecen, entre tanto, opiniones sobre la diva. Y se agradece además si algún amable lector encuentra en youtube algún vídeo interesante sobre tan magno evento y copia y pega aquí el enlace del mismo.

 

Dice mi prima Marta, sevillana, 32 años, empresaria, una chica que hasta hace poco se divertía de bares por la noche y que ahora se divierte descubriendo rutas en el campo junto a su chico, cuenta Marta, digo, que en Sevilla a la gente no le interesan ni los conciertos ni los cines ni el teatro ni la cultura en general. “En serio, Curro, aquí nadie va a nada, por eso era tan difícil que llenaran el Olímpico”, explicaba ella. “No ha llenado, no ha llenado”, decía Paco, seguidor incondicional de la “ambición rubia”. Y es verdad que quedaron más de diez mil entradas por vender, pero también lo es que por lo menos había 45.000 personas en el estadio de la Cartuja de Sevilla, algo inimaginable con cualquier otro cantante pues a) era entre semana y la gente trabaja y b) no a todo el mundo le coge bien (económica y geográficamente hablando) la capital hispalense.

 

Yo estuve en el concierto, como sabéis, y me lo pasé muy bien. Fui con prima Marta, que me había regalado la entrada porque me quiere un montón, con Cuqui, una amiga de mi prima que está como una cabra (tan divertida es) y también estaban por allí Dan, Dani, Paco, Fido, Toni y unos cuantos más.

 

Leía yo, ojoplático, un diario local de Sevilla. En él un periodista había escrito cómo de bien organizado había estado todo, cómo de preparada estaba Sevilla para acoger macroconciertos. Mis ojos no daban crédito a lo que leían porque la organización buena, lo que se dice buena, no fue. Por ejemplo: una vez ya dentro del recinto, para acceder al baño había que hacer una cola de más de 200 personas. Habían puesto unos ocho baños de plástico, no más. Los hombres podían miccionar en unos inodoros que había allí sin puertas ni nada, pero las pobres mujeres tenían que elegir entre a) mearse encima o b) esperar un mínimo de una hora. “Como para una emergencia”, decía Marta con mucha razón. Pero en fin, paso de estos detalles menores para deciros que

 

-parece imposible que Madonna haya cumplido ya 50 años: su forma física es digna de un futbolista de 20 años que juega en primera división

-el espectáculo, los colores, los decorados, los bailarines, las ropas, todo, impresionante.

-los/las fans: entregados, brazos en alto, desgañitados, llenos de gozo. Hacía tiempo que no veía tanta felicidad dibujada en los rostros de tanta gente. Algo que es bonito y gratificante.

-parece ser que estaba todo muy guionizado, que no hubo sorpresas de ningún tipo, que la reina del pop no dejó resquicio alguno para la improvisación

-a muchos nos dejó un poco planchados el final. Una despedida un poco fría para, repito, muchos de los que no somos seguidores

-me extrañó muchísimo ver a un típico pijo sevillano (son inconfundibles: media melena, raya al lado, vaqueros levis etiqueta roja, polo lacoste, jersey al cuello y zapatos náuticos) en el concierto. Y traté de hacerle, sin éxito, una foto

-las dos enooooormes M que estaban colocadas en lo alto del escenario: chulísimas.

-creo que todo el mundo (incluido el pijo sevillano) disfrutaba de lo lindo viendo el espectáculo visual y de sonido y yo, personalmente, no había estado nunca en mi todavía corta vida en un macroespectáculo como el de ayer

-creo que Madonna está de vuelta de todo y que por eso no da más que lo mínimo que sabe que tiene que dar. Porque, evidentemente, podía haber dado más de lo que dio

-la diva decía “hola SevillE”, con e

 

No tengo más tiempo, me tengo que ir, perdonad esta crónica improvisada e incompleta (tengo que entregar el domingo una más trabajada que colgaré aquí en su momento). Os dejo el vídeo de una de sus canciones más celebradas y también unas cuantas fotos (con sus explicaciones escritas) que hice ayer con mi cámara compacta. Y agradezco desde aquí a Marta que me invitara pues, de no haber existido esta generosa ocurrencia, yo me lo hubiera perdido

 

 

Añado a deshoras a este post, y coloco en primer lugar, una foto que no hice yo y que me acaba de llegar por correo electrónico. El asunto del mail decía: “Sospechosos habituales”. El cuerpo del mensaje “Colección de guapos en Sevilla”. Gracias Fido (y siento no haberme despedido de ti). En la foto salimos Dani-Proudstar, que es un cielo, Curro, sonriente y feliz, Marta, la prima generosa, Paco, (el niño que descubrió París), Dan, el chico deprimido que parece alegre, y Toni, el hombre
 que mejor lleva las canas del mundo

 

 

 
La única foto en la que salgo yo, y encima con cara de gilipollas. Es lo que tiene ser el dueño de la cámara…
 

 

Marta y Paco. Se conocieron hace muchos años haciendo espiritismo. Se han reencontrado en el concierto de Madonna.

 

¿Veis al fondo unos baños? ¿Veis desde qué distancia tiro la foto? Pues todo ese espacio era la cola para ir al baño

       

una hora más tarde, cuando mi prima a punto estaba de hacérselo encima, estábamos más cerca

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 Igual que he dicho que era un horror la cola de los baños, digo ahora que era genial la idea de vender litros de cerveza de esta manera

 

 

¿Veis el puntito rubio al fondo del escenario? Pues es Madonna 
 
 
 
 

 

 

Otra vez prima Marta, super contenta y feliz 
    

Paco y Dan. Dan dice ser una persona que pasa más tiempo deprimida que alegre, pero yo siempre le veo contento. Suele decirme “Curro, tú como siempre tan comedido” 
 
 
 

 

Tony (el más divertido), Dan y Fido. Éste había venido a Sevilla desde Fuengirola y yo no le conocía. muy majo

, como todos.

 

 ¡mirad la que se armó para salir del recinto una vez que todo había acabado!

 

 

 

 

 

 

el tráfico a la salida del concierto estaba más congestionado que en el último domingo de agosto 

 

 

 

 

 

 

 

claro que mi prima es más lista y había venido en moto, que es como la de Cuqui (la de la foto) pero en negra.

 

 

 

 

 

 
 
P.S. Quería agradecer aquí todos los comentarios de apoyo que escribisteis en el anterior post. Y a ti, Filo, que dices que me viste en una presentación y te dio corte saludarme, como la próxima vez que me veas no me digas nada y descubra tu identidad te estrangulo con mis propias manos

 

 

 

 

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Añado hoy jueves, cuando dan casi las seis de la tarde, una crónica que Paco, el chico que descubrió París a los 30 años, el mismo que ya no tiene blog y que no –ja, ja, ja- es fan de Madonna, ha escrito en forma de comentario del post de hoy. C.

 

 

AY! Que resacon Madonniense tengo!!!! Esto de descender de las alturas del reino del Pop y volver a la realidad es muy duro!!!

El mejor espectaculo (repito: espectaculo) al que he asistido en mi vida??? Muy probablemente…

Yo me lo pasé como un enano. Y mi momentazo de la noche con diferencia fue el ‘Like a prayer’.

Si me permites, se lo explico a tu audiencia (que como ya no tengo blog propio me da morriña):

Imaginense: Estadio olímpico de sevilla con 50.000 personas dentro. De repente todas las luces se apagan. La gente nerviosa empieza a gritar y mira al escenario espectante para ver que sucederá. Las dos gigantescas emes situadas a ambos lados del escenario se iluminan y unos acordes empiezan a sonar…

.. ti, ti, ti, tiiii, tiii

Como muchos ya sabeis a mi me pirra el dance, el house, el techno… la musica electronica en general, vamos, y para quien no lo sepa esos acordes son míticos.. VERDADEROS HIMNOS DE CLUB!! En un concierto de una de mis artistas favoritas poniendo ese temazo!!! Qué maravilla!!

Tras los primeros beats Madonna empieza a cantar y descubrimos que es… Like A Prayer!!!! Ohhhhhhhhhh!!!!! Que subidón, señores! Qué subidón! Un bootleg (que así es como se denomina a la mezcla imposible de dos temas) entre el ‘Feels like home’ y el ‘Like a prayer’ en directo!!! Lo más!

Aquí os dejo el video

http://www.youtube.com/watch?v=ILrb-ooIBhQ

Para alguno será una exageración, pero a mi se me ponen los pelos de punta.. de verdad! Escalofrios!!!

Qué más? No te extrañó que no se pidiera un bis?? Los conciertos de Madonna son así: friamente calculados como dices… y se sabe. Por eso la gente no pidió más canciones. Cuando se acabó, se acabó y todos nos dimos media vuelta para irnos. Y la organizacion sí que me pareció que fue perfecta. No hubo aglomeraciones ni empujones ni nada. A la salida ningun problema para salir y acceso a transporte público impecable (autobus autobus autobus autobus autobus …). Lo de los baños… en fin… que somos 50.000 personas!!! a ver como te montas baños para 50.000 personas… es dificil. A los conciertos de esta indole hay que ir meados ;)

Robyn, la telonera, una nueva estrella del pop internacional tambien lo hizo fenomenal. Y el ‘Bandido’ de Miguel Bosé que pinchó Wally López (el otro telonero justo antes de que actuara la reina) fue todo un acierto (aunque el resto del repertorio fue un poco flojo)

En resumen, que aunque fue uno de sus conciertos menos espectaculares (que me he visto casi todos sus conciertos en DVD) ha sido lo más espectacular que he visto en mi vida y he hecho realidad uno de los sueños de mi vida. Ya solo me faltan los Pet Shop Boys para morirme en plenitud!!!!

Besos currito!!!!!

PD: es verdad. no sé posar en una foto sin poner caras raras!

 

 

 

 

Me habéis preguntado qué pasó en La Noria el otro día, por qué entré por teléfono en directo, qué dije y cuál era el embrollo. No pensaba contar nada aquí, mucho menos colgar el youtube de mi intervención, pero lo he pensado mejor. Si ya lo vieron más de dos millones de personas que estaban delante de la tele el sábado por la noche… ¿a santo de qué no os voy a informar a vosotros, que me leéis todos los días?

 

 A ver, trataré de explicarlo de un modo breve y conciso, entre otras cosas porque me duele muchísimo la garganta y porque voy a toda mecha: mañana viajo a Sevilla al concierto de Madonna (inciso: me cuentan que en susodicho concierto habrá más de 50.000 personas, ¡qué locura! Yo no puedo imaginar algo así porque creo que en el Palacio de Deportes madrileño, que es donde actuó Kylie Minogue, el aforo es de 8.000. En cualquier caso, yo no iba a ir al concierto de Madonna porque no soy fan ni nada de eso. Voy porque me mi prima, que vive allí, amablemente me ha regalado la entrada y, bien mirado, creo que va a ser un acontecimiento impresionante. Eso sí, tengo más ganas de ver a Marta, que así se llama mi generosa prima, que a la diva, que quede claro).

 

Lugar: un restaurante de Arturo Soria

Fecha: día del Carmen de 2005.

Motivo del encuentro: Karmele había decidido invitar a cenar a unos cuantos amigos. Era su santo.

Mila Ximenez cuenta que en breve tiene que entregar su libro a la editorial Espejo de Tinta (le habían encargado un libro sobre su vida) y que está un poco liada, que no sabe salir  del agujero casi negro en el que se halla metida, que si conocemos a alguien que pueda ayudarla. A Karmele se le ocurre que sí, que conoce a alguien que pueda ayudarla, precisamente a una chica que estaba también presente en la cena. Una chica que era y es una de las mejores amigas que tengo en el mundo y que además escribe maravillosamente (tiene varios relatos publicados y una novela por terminar), amén de ser una persona de gran valía personal. A los días se ponen de acuerdo. Mi amiga le ayudaría a terminar el libro y Mila le pagaría 500 euros. A Mila le parece muy buen precio, baratísimo, y por eso está muy contenta (unos cuatro euros por la edición de cada folio). A mi amiga no la conoce, pero se fía de ella por lo que le decimos los demás.  Pero el borrador que Mila tenía en su ordenador era impublicable, no había por dónde cogerlo, no tenía una sola coma puesta en su sitio, estaba incompleto. Mi amiga, gran profesional y mejor editora, lo arregla, reescribe, lo reordena, edita, le ayuda al fin, y además escribe un capítulo completo (algo fácilmente comprobable porque en el capítulo en cuestión, íntegramente escrito por mi amiga, se deja claro y bien claro que fue ella quien lo escribió y no Mila). Terminan el libro, lo entregan a la editorial. Pasa el tiempo, se publica el libro. Y entonces mi amiga le dice educadamente que cuándo van a hacer las cuentas. Al fin y al cabo, el trabajo estaba ya hecho y el libro publicado. La llama. No está. Le escribe. No responde. Hasta que al fin Mila la cita una, dos, tres y hasta cuatro veces para pagarle. Pero siempre encontraba una mala excusa para no darle el dinero, para no pagarle. Hasta que mi amiga decide quitarse del medio.

¿Por qué no denuncia a Mila mi amiga?, ¿por qué no va a la tele a contar lo sucedido? Porque a mi amiga no le gusta nada de nada el mundo de la televisión. Porque ya se gana el dinero para vivir levantándose cada día a las siete de la mañana para ir a su trabajo. Porque no quiere líos. Porque ella sabrá lo que se hace. Así lo decidió y a mí muy bien que me parece.

 

Por qué entré por teléfono en La Noria. Entré porque Mila no decía la verdad y sentí el deber moral de contar públicamente que Mila Ximénez estaba rentabilizando una mentira (o varias, y bien gordas además). Entré porque Karmele es mi amiga y ella no mentía. Entré porque me llamaron y porque me vi entre la espada y la pared. No me resultó para nada una situación cómoda ni agradable y por eso cuando Jordi González, antes de entrar yo, dijo aquello de “ha llamado al programa una persona”, le repliqué que no era así, “Jordi, por favor, me habéis llamado vosotros”, aclaré, y quizás le resulté un niñato prepotente o a él le sentó un poco mal que yo dijera eso, no lo sé, pero yo necesitaba decirlo porque aunque parezca una tontería para mí esa diferencia era fundamental. Como sabéis los que me leéis habitualmente yo tenía otros planes, pensaba ir a un homenaje que daban en Ópera al escritor y poeta Leopoldo Alas y luego íbamos a ir a cenar y luego al Tábata, una discoteca que se halla en el Palacio Real en la que solo pinchan música española, que es la que le gusta a mi amigo Toni, que había venido a Madrid el fin de semana (por cierto, me dijo que el otro día cuando escribí aquí la web de su restaurante de Barna, la puse mal: su restaurante, ya sabéis que muy muy muy recomendable, se llama Iurantia y la página web es www.iurantia.com). Cambiamos los planes y decidimos ir solo al teatro (Bajarse al moro, Teatro Muñoz Seca, a la sesión de las siete y media de la tarde) y luego venir a casa. Si iba a entrar por teléfono mejor sería estar atento al programa para ver qué decían o qué no decían, y tampoco era plan de estar en el Tábata bailando y bebiendo y de repente entrar en directo en La Noria. Total, que entré por teléfono y que estaba muy, muy nervioso y que creo que no me expliqué bien. Y además en el plató seguían hablando y yo hablaba encima y quizás por eso no se me entendía bien. Pero yo quisiera decirle a Jordi, profesional de los medios donde los haya por otra parte, que yo no soy un niñato relamido y pedante sino un chico sincero que estaba de los nervios porque arrastraba la presión de una espera insoportable y de unos amigos que se querían, lógicamente, ir ya de casa para disfrutar de la Noche en Blanco. Le quisiera decir además que tenía miedo de que a) mi amiga pudiera enfadarse (algo que no sucedió) y b)  Mila arremetiera contra mí, mintiendo, o que tratara de ridiculizarme porque, para qué negarlo, siempre he sido una persona que sufre ante las opiniones de los demás.  Al final Jordi dijo aquello de “Curro, aquí se reconoce que tu amiga ayudó a Mila con el libro. Pero se ha explicado que Mila consideró suficiente poner su nombre en los agradecimientos”. Intenté hablar y decirle que eso sería fantástico si hubiese sido acordado, pero que el acuerdo fue, precisamente, que Mila le pagaba a mi amiga 500 euros y no que la ponía en los agradecimientos (entre otras cosas porque nadie pide a nadie aparecer en los agradecimientos de un libro). Pero no pude, ya no había más tiempo.

Pues eso, que habéis preguntado vosotros y he tratado de daros respuesta.

Dejo el vídeo de La Noria que alguien colgó en youtube y me despido hasta el próximo post que será, lógicamente, sobre el concierto de Madonna en Sevilla.

 

 

 

P.S. Mi amiga anónima, por cierto, es la misma de la que os hablé un día en esta web, la chica que me descubrió a Carmen Martín Gaite, “una grande donde las haya”, y que un cumpleaños me regaló Cartas a un joven poeta, de Rilke

 

 

 

mi noche en blanco

13 Septiembre 2008

¡Qué frío hace en Madrid!, nos quejábamos hace dos días a la salida del teatro (recordad: ¡Que viene Richi!, la obra que protagonizan Javi Martín y Secun de la Rosa, es muy, muy divertida). ¿Por qué no habré cogido un jersey?, ¿cómo ha podido llegar el frío tan de repente?, me lamentaba yo. ¿No decías que septiembre era ideaaaal para cogerse vacaciones?, se burlaba Estrella. Porque es cierto que yo le había dicho que me parecía un mes fantástico para cogerse una o dos semanas de vacaciones. Cuando todos llegan cabizbajos y semi-depresivos, tú, el más listo y feliz, te largas a la otra punta del globo con tu quimera y tu maleta. Claro que si lo que uno busca es tostarse al sol y relajarse haciendo largos en el mar…

Anoche tratamos de ir a una marisquería que es baratísima (que apunte el que le interese: unos 15 euros por cabeza y se halla en la calle Santa Brígida) y desistimos porque no cabía un alfiler. Por lo que decidimos ir al restaurante del Óscar, el hotel de Kike Sarasola de la Plaza Vázquez de Mella. “¿No han reservado?”, preguntó el solícito camarero. “Ah, lo siento… entonces imposible”. Total, que acabamos comiendo una brocheta de pollo en un restaurante cualquiera de Chueca. Y tan contentos.

En unas horas llega a Madrid Toni, el amigo de Barna del que os he hablado alguna vez. Esta tarde tenemos entradas para ver Bajarse al moro en el Teatro Muñoz Seca y luego, cuando terminemos, antes de cenar, lo que yo quiero (a ver si convenzo a la panda para que me acompañe) es ir a la Plaza de Ramales (Ópera). Allí todo el que quiera podrá leer un poema o fragmento de la obra de Leopoldo Alas, el escritor, periodista y sobre todo poeta que tristemente murió el pasado verano a los cuarenta y cinco años. Un bonito homenaje que ha organizado la Escuela de Letras, entidad con la que Polo colaboraba. A mí, si me lo permiten, me gustaría leer parte del emocionante artículo que Ruth Toledano escribió en El País. Copio parte del sentido artículo de mi admirada Ruth y os pido por favor, os suplico, que lo leáis con atención, pues es un texto sentido y maravilloso: Yo no hubiera podido escribir, mi querido Leopoldo, tu necrológica, porque los ritmos del oficio no son los mismos que los del corazón y porque ya no estabas tú para escribirla conmigo. Habría necesitado que tú me devolvieras a títulos y fechas desde ese ensueño de mediodías en mi terraza de Chueca en el que entablábamos conversación con una paloma posada en el tejado de enfrente, a la que llamamos María Eugenia, o celebrábamos la vuelta de Rodolfo, un abejorro negro, gordo y peludo con el que trabamos amistad. ¿Un abejorro? No es serio. ¿A quién puede importar semejante excentricidad? Y sin embargo, Polo, posiblemente en ese encuentro con Rodolfo, el abejorro negro que comenzó a dar vueltas alrededor de nuestras cabezas y venció nuestra aversión mientras tú y yo reíamos a carcajadas, en éxtasis, abrazados, brillantes de sol de primavera, posiblemente, digo, estuviéramos entonces más cerca que nunca de la felicidad, la plenitud.

Leopoldo Alas ha sido un escritor prolífico, un profesional de los medios y, sobre todo, un gran poeta, así que todas las necrológicas que han empapado de tristeza las páginas de los periódicos hicieron, con mayor o menor acierto, justicia a su carrera. Ha sido también un destacado activista gay. Pero yo lo que quiero contar es que Polo y yo nos conocimos siendo dos adolescentes zangolotinos y letraheridos y que en la primera imagen que conservo estamos los dos escondidos en un baño de chicos de la Facultad de Filología de la Complutense, tapándonos la boca para ahogar no sé qué risa, y que no hemos dejado de hacer el gamberro desde entonces y que éramos pareja de bolos maricas y que la última vez que salimos juntos cantamos a dúo Yo soy rebelde, de Janette, en el karaoke de la plaza de los Mostenses, y juramos de nuevo preparar nuestro repertorio de versiones, en el que también estarían Azzurro, de Adriano Celentano, y Aline, de Christophe. ¿Un karaoke? No es serio. ¿A quién le importa lo que yo haga? ¿A quién le importa lo que yo cante y que yo tenga roto el corazón? Y, sin embargo, Polo, en aquella noche loca, nos dábamos sobre el escenario, exultantes por nuestro debut, un beso que ya estaba, sin saberlo, herido de muerte.

Ahora quiere triunfar el vacío que Leopoldo Alas registró en sus poemas y esa muerte nos mira desde un palco. Puta. Esa muerte imponiendo que ésta es la condición y éste es el tiempo. Asquerosa. Esa muerte que nos posee a través de este miedo. Hija de Satanás. Esa muerte que nos obliga a asistir a este concierto de desorden. Odiosa como nunca. Mala. Imbécil: es una muerte que no sabe que Leopoldo Alas era tantos que a todos no se los ha podido llevar y que seguirá siendo, según quien lo guarda consigo, Leopoldo o Polo o Leo e incluso Poldo y Polanski y hasta Furiase. Que su mayor legado, el envidiable, el que determina el verdadero triunfo de una vida, sigue presente de forma inusual: una cadena de afectos asombrosamente numerosa e interactiva que ha llenado de amigos su vida y la de los demás y que sigue afianzando, y hasta creando, lazos póstumos.

Leopoldo Alas no era un santo, como parece que son todos los muertos. Era un poeta. Un ángel fieramente humano, que representó como nadie nuestra paradójica naturaleza: el más amargo y el más dulce, el más brutal y el más tierno. Era nuestro espejo oscuro y el que nos enseñaba también la mejor cara: la que nunca envejece, la que se vuelve desde la luz con su flequillo adolescente y nos sonríe, cómplice (“Ruti, Ruti, que nos fusilan”). Tu ausencia, Polo, como a ti antes las de Joe y Julito Romero, es una ráfaga continua que me ametralla de dolor. Y sólo puedo entenderla pensando que te has ido, adelantado, a descubrir el gran misterio para poder contárnoslo.

 

 

Yo a lo largo del mes de agosto creo que compré El País un solo día. Y dio la casualidad de que fue, precisamente, el que salía publicado el artículo de Ruth. Lo leí muchas veces, me emocioné, lloré, traté de compartirlo con mis seres queridos, y llamé inmediatamente a Julio, el peluquero y amigo que Ruth y yo tenemos la suerte de compartir, para que me diera su teléfono. Y me lo dio. Necesitaba felicitarla y decirle que lo sentía, que sentía de veras que Leopoldo hubiera muerto y que yo sabía lo que uno siente cuando pierde a un amigo tan bueno.

Yo a Leopoldo, creo que ya os lo conté, le conocía muy poco, solo había coincidido con él en varias ocasiones y sólo habíamos hablado a través de unos cuantos mails. En el concierto de Alicia Keys se sentó a mi lado, por casualidad. Y nos reímos mucho juntos porque, pese a que supuestamente habíamos acudido a un concierto “íntimo”, “de amigos”, muy exclusivo, aquella sala del Colegio de Médicos estaba repleta de gente, más de doscientas personas. Y por eso Polo decía: “¡Cuántos amigos tiene Alicia Keys!”, y se reía. Luego escribía en su sofisticado teléfono el que imagino sería uno de sus artículos. Al día siguiente Leopoldo, que ya no vive por culpa de una neumonía (puta, asquerosa, mala, imbécil) a la que no consiguió vencer, me escribió un mail en cuya parte final había una máxima muy acertada con la que cierro este post: “Ha sido divertidísimo el dichoso concierto de amigos de Alicia Keys. Me lo he pasado muy bien con nuestras risas. Como siempre, lo mejor en esta vida es reírse. Nos vemos pronto. Un abrazo. Leopoldo”.

hala, y ahora escuchad esta canción si os apetece: Yo soy rebelde, de Janette