desde otro lugar

30 Octubre 2008

Tres sms de mi hermana:

 

Anteayer, cuando el pequeño Truman y su atribulado sujeto adoptante aún estaban en Madrid: “claro que podrá estar en mi casa el gato. Si son tres días. No me importa nada, y las niñas se mueren de la ilusión. Te prometo que estará como un rey, un auténtico rey, ¡qué bien que vengas!”

 

 

Ayer por la noche, cuando el gatito rubio y Curro llevaban ya unas horas en la ciudad de destino: “el gato se sube en todas partes y se come mis plantas secas. Qué estrés. ¿qué hago?”

 

Hoy por la mañana, 8.20 am. Curro aún dormía porque se sabe que ayer se tomó una copa con Juan, uno de los pocos amigos que conserva en la ciudad de destino: “¿Estás despierto? Creo que es mejor que te lleves al gato. Ha venido la asistenta y ahora dice que le da miedo. Lo siento. Ha dormido muy bien, eso sí. O eso creo. Trata de arrancar las cortinas”

 

 

 

Perdonad que hoy no haya actualizado hasta tan tarde. Tengo una seria excusa: el cielo está gris y hace frío. Además, no estoy en mi casa, ni tengo mis cosas, ni mis libros ni mi ordenador. Por eso se me ha ocurrido copiaros un trocito de la novela que estoy terminando. Yo creo que lo que os voy a copiar a continuación da que pensar. La novela la escribió David Lodge y se titula Intercambios. Es perfectamente recomendable. Y mañana, u otro día, os hablaré de la última novela de Ray Loriga. Besos. C.

 

Philip está pensando sobre lo que le gustaría escribirle a Hilary, su mujer:

 

“Porque he cambiado, Hilary, he cambiado más de lo que creía posible. No sólo, como sabes, vivo en casa de Désirée Zapp desde la noche del corrimiento de tierra, sino que, además, desde el día de mi detención hago vida marital con ella, y, para ser absolutamente sincero, ni me siento culpable ni tengo el menor remordimiento por ello. Lamentaría muchísimo, por descontado, herirte, pero cuando me pregunto en qué te he faltado, o qué te he quitado que tuvieras antes, siempre llego a la misma conclusión: no te he faltado en nada ni te he quitado nada. A mi modo de ver, lo equivocado no son mis relaciones con Désirée, sino nuestro matrimonio. Nos hemos poseído el uno al otro por completo, pero sin alegría. Creo que, en los trece años que llevamos de casados, este viaje mío a los Estados Unidos ha sido la única ocasión en que hemos estado separados más de un día o dos. Durante este tiempo no creo que haya habido ni una hroa en que no hayas sabido, o hayas podido imaginar, qué estaba haciendo, y a mí me ocurría exactamente lo mismo. Es más, diría incluso que los dos sabíamos lo que pensaba el otro, de modo que casi no era necesario ni que nos habláramos. Cada día era más o menos como el anterior, y mañana sería sin duda igual que hoy. Sabíamos en qué creíamos los dos. Trabajo, economía, educación mesura. Nuestro matrimonio –la casa, los niños- era como una máquina que utilizábamos y cuidábamos con la silenciosa laboriosidad de dos técnicos que han trabajado juntos durante tanto tiempo que nunca tienen que pedirse la herramienta que necesitan, que nunca tropiezan el uno con el otro, que nunca cometen el menor error ni tienen el más mínimo desacuerdo y a los que su trabajo aburre como ostras.

 

Veo que, inconscientemente, me he puesto a hablar en pasado. Supongo que es porque no concibo volver a tener contigo unas relaciones de esa clase. Lo cual no quiere decir que esté pensando en separarme ni en divorciarme, sino tan sólo que, si hemos de seguir viviendo juntos, tendrá que ser empezando de nuevo y sobre una base distinta. La vida, despue´s de todo, debe ir hacia  adelante, nunca hacia atrás. Creo que sería una buena idea que vinieras aquí a pasar un par de semanas, para que pudieras comprender lo que trato de decirte en su contexto adecuado, por así decirlo, y pudieras tomar una decisión al respecto. Me temo que en Rummidge no sería capaz de explicarme bien.

                A propósito, por lo que se refiere a Désirée, ella no pretende tener ningún derecho sobre mí, ni yo sobre ella. Siempre la recordaré con afecto y gratitud, y nada podría hacerme lamentar nuestra relación, pero, por descontado, no te pido que vengas para que formemos un menaje à trois. Dentro de poco me voy a vivir a un apartamento.

 

 

(todo esto es lo que piensa Philip que debería decirle a su mujer. Que se atreva a hacerlo o no, es otra historia)

 

 

 

 

 

 

Retorno a Brideshead

29 Octubre 2008

Frío HELADOR el de esta noche en Madrid. No es posible imaginarlo para los que no hayáis recorrido las calles del centro pasada la media noche. Hemos estado viendo en el cine Retorno a Brideshead, una laberíntica película de amor y lujo, tipo británico (muy bien ambientada, bonita banda sonora, maravillosos paisajes, impresionantes mansiones, educación exquisita y mucho cinismo), que se basa en la famosa novela del escritor Evelyn Waugh. Puede que alguno/a recuerde la serie del mismo nombre, emitida en los primeros ochenta. “Pero la serie no era tan explícita, era menos atrevida. Por ejemplo, yo no recuerdo que los dos chicos –Susana, la chica que habla, periodista y amiga que sí vio la citada serie, se refiere a Sebastian y Charles- se besaran, y mucho menos el polvo entre Charles y Julia. Sebastian lo interpretaba Jeremy Irons y desde luego no tenía en la serie tanta pluma”

 

Allá por el año 1925, Charles Ryder (Matthew Goode), artista de clase media, inicia una bonita e intensa amistad con Sebastian Flyte (Ben Whishaw), el “afortunado” hijo de los millonarios Lord y Lady Marchmain (Michael Gambon y Emma Thompson). A Sebastian, un chico loco e idealista, extravagante incluso, le encanta su amigo y por eso le invita a Brideshead, la impresionante mansión de sus padres. En un momento dado, le dice a Charles: “Qué suerte saber lo que se quiere. Yo no tengo ni idea de lo que quiero, excepto ser feliz”. Pero no, Sebastian no podrá ser feliz, por muy rica que sea su familia. El fanatismo religioso capitaneado por su madre –Emma Thompson, fantástica y maravillosa en su papel, como no podía ser de otra manera-, las costumbres sociales y la hipocresía imperante en la aristocracia inglesa de los años 20 en la que su vida transcurría, se lo impediría. Porque a Sebastian lo que le gustaría sería atrapar el tiempo, paralizarlo (“ojalá pudiera ser siempre ahora, siempre verano, siempre solos…”) pero es sabido que los momentos no pueden ser capturados. Tampoco será feliz Julia, su hermana, chica sufriente dominada por los dictados tiránicos de su madre. Julia se fijará en Charles, y Charles en Julia, y será a partir de entonces cuando se intuya, se descubrá, la ambición del joven pintor.

 

La película comienza bien, con mucha fuerza, pero a mitad del metraje parece estancarse. Pierde intensidad. No obstante es posible que os guste. De hecho, a mí y a susana nos ha gustado. No nos ha enloquecido ni maravillado, por supuesto, pero sí nos ha entretenido y, de alguna manera, nos ha parecido bien filmada, bonita. Y a mí personalmente me ha gustado que se invite al espectador a reflexionar una vez más sobre la perversidad del fanatismo religioso, lo peligrosa que puede llegar a ser una educación estricta a los hijos y cómo el desear ascender socialmente puede vencer a la bondad de una persona.

 

 (imagen: Matthew goode)

 

Al actor inglés Matthew Goode ya lo conocía: lo vimos en Match Point, de Woody Allen, o en Al sur de Granada, de Fernando Colomo. Es como la versión mejorada –físicamente, pero también en lo que a cualidades interpretativas se refiere- de Juan Diego Botto.

 

 (imagen: Hayley Atwell)

 

La actriz Hayley Atwell es una actriz muy guapa, por supuesto, pero sobre todo yo destacaría la personalidad de su belleza, de sus rasgos. Se suponía que la actriz iba a estar hoy en el cine Capitol. “¡Huy! Nos ha cancelado el viaje a última hora, una faena”, me comentaba Cristina, simpática chica de prensa de la productora.

 

 

 

El tercero en discordia, el pobre Sebastian, en la realidad se llama Ben Whishaw. Dice Susana que Irons, que interpretaba a Sebastian en la mítica serie, estaba mejor. Y yo me lo creo. Aún así, Whishaw, al que podéis ver en la foto de más arriba, no lo hace mal en absoluto.

 

(Imagen: Julian Jarrold y su traductora, sentados en las butacas del Capitol de la Gran Vía, minutos antes de que comenzara su película)

 

 

 

El que sí ha estado presente en el Capitol ha sido Julian Jarrold, que no se ha separado un momento de su traductora. Yo les miraba y pensaba “cómo pueden ser tan ingleses”. Jarrold ha subido al escenario antes de la proyección de la película y ha dicho alguna cosa sin mucha sustancia. Yo le he sacado una foto y la verdad es que cuando ha acabado la película me he quedado con las ganas de felicitarle. No solo porque la película, como he dicho antes, me ha gustado. Sobre todo porque me ha dado un poco de pena la poca entrega del público con los aplausos y porque he pensado que ya que el pobre hombre, tan inglés, tan correcto, tan rubio, había venido desde Londres para presentar su película, bien merecía un recibimiento más cálido, máxime en una noche tan fría y desangelada como la de hoy.

 

 

 

 

 

la serpiente y yo

28 Octubre 2008

 Martes. 10.15 am. Hace un frío que ni en Siberia. He dormido poco y mal. Se me cae al suelo, al sacar la leche de la despensa, una botella de vino tinto. Estalla en mil cristales. El gato se asusta. Prácticamente no hay luz. El viento sacude de forma violenta los árboles de la calle (lo veo desde el balcón). Leo una novela inédita, muy buena, de una amiga. Reunión importantísima (pero importantísima) a las 13 horas. Luego otra a las 15 horas, en una peluquería (sí, la reunión es de trabajo, por increíble que pueda parecer). No sé cuándo voy a comer, ni qué, pero tampoco me preocupa. Hace ya mucho tiempo que no me preocupan los horarios de las comidas. He terminado la nueva novela de Ray Loriga.  Tengo que buscar el contacto de dos poetas de Córdoba. Uno ya lo tengo. Esta noche voy a un estreno de cine: RETORNO A BRIDESHEAD, con la presencia del director de la película, Julian Jarrold y la actriz protagonista, Hayley Atwell. ¿Quieres venir conmigo? (me encantaría). Truman mira la impresora. Le llama poderosamente la atención el ruido, y el hecho en sí de que un aparato expulse folios con tinta. Se sienta encima de la impresora. El gato de pelo anaranjado viajará  mañana, pero aún no lo sabe. Será la primera vez que se monte en el ave. ¿qué se sentirá cuando a uno le muerde una serpiente metafórica?

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ayer por la noche, muy tarde, escribí…

 

 

el otro día, en Valladolid, estuvimos en una fiesta (en realidad estuvimos en muchas fiestas, pero de la que yo quiero hablaros ahora es de una en concreto). era una fiesta repleta de gente de 20 años, muy guapa, en una carpa gigante que emulaba la selva del amazonas (o eso pretendía), patrocinada por ron cacique, motivo por el que había copas gratis de ron cacique. y cóctailes alegrados con nuez moscada. también había una serpiente enorme. la llevaba a hombros una chica que, por cierto, estaba aburridísima. se le notaba en la cara: ni miedo ni interés alguno le provocaba el reptil. la serpiente, probablemente sedada, era utilizada por la marca. la estrategia era la siguiente: si querías, -o si te atrevías-, podías hacerte una foto con la serpiente. la chica con cara de aburrimiento se encargaría de colocártela al cuello y un fotógrafo contratado por el patrocinio se encargaría de que el cliente tuviese el recuerdo para la posteridad. a mí no me gustan las serpientes (o sí, no lo sé), pero el caso es que como los rones eran gratis y se sabe que el alcohol aparta los miedos y elimina la vergüenza, acepté el reto de un amigo. La chica de la serpiente colocó al -enorme- animal sobre nosotros, y entonces, de repente y no sé cómo, sentí que la serpiente me iba a morder. Y me asusté, moviéndome bruscamente. El fotógrafo hizo la foto, la chica con cara de aburrimiento me preguntó que por qué había hecho eso, que no debí haberlo hecho. finalmente, otra chica nos dio una tarjeta con una página web (http://www.roncacique.com/roneria/) y un número garabateado a bolígrafo sobre ella (747). Allí encontrarás la foto mañana, me dijo. Pero no, al día siguiente no encontré la foto. Ni el lunes, por lo que comienzo a pensar que a) me han estafado o b) no sé buscar la dichosa foto. He mandado el siguiente mail a la dirección de la página en cuestión:

Hola:
Por favor:
les suplico me expliquen cómo encontrar en la página web facilitada la foto que me hicieron con la serpiente. Me dieron el número 747 y me resulta completamente imposible encontrar esa foto. Me prometieron que podría tener la foto al día siguiente, de verdad que no imaginan cómo de importante es para mí esta cuestión

 

 
quedo a la espera de sus prontas noticias

 

un saludo

 

Curro

 

Y obvia decir que no he recibido respuesta. Ahora que lo pienso, desde luego me da un poco de pena de la serpiente, aunque no sepa con seguridad si me gustaba  y aunque por un momento un tanto irracional pensase que me iba a morder (digo irracional porque me da a mí que la pobre no mordería en semejante estado ni a un bebé perdido en el bosque). Pero, llegados a este punto, he de reconocer que me da pelín de rabia quedarme sin la foto, sobre todo porque quería ponerla en el blog para recordar siempre aquel momento, aquella noche.

 

Luego, cuando regresé a la barra en la que se encontraban mis amigos, Limber me dijo: “Vi cómo te asustabas, muchacho, ¿qué pasó?”. Después me contó que era artista y que trabajaba en la Casa de Velázquez gracias a una beca. Y también me contó lo que hacía, y que era de Santo Domingo, y me habló de lo violenta que es allí la gente y de lo mucho que le gustaba Madrid. Estaba muy animado, lleno de proyectos y de cosas por hacer y por contar. Luego se unió Joserra y Guillermo y luego también Nacho y Javier y Jose y todos los demás. Por eso quiero recuperar la foto con la serpiente que, por un momento de debilidad irracional, pensé que me iba a morder

 

 

allí está áfrica

26 Octubre 2008

 

 

En la imagen, Farah Hamed, protagonista de Retorno a Hansala, y yo, el sábado pasado en Valladolid, tan contentos

 

 

Por partes. Tendría muchas cosas que contaros, en serio, pero tengo un problema bastante gordo: solo he dormido dos horas. Yo no sabía que Valladolid era una ciudad tan…, tan… más vale que me calle (lo sabemos Nacho y Guillermo y Joserra y Limber y Javier y Jose  y yo). Además no me puedo extender ahora con todo lo de la Seminci porque, entre otras cosas, he de escribir una crónica para Osaca. Comprended que si en este dominical me pagan como cronista no pueda adelantar aquí lo que se publicará el próximo domingo.

Mañana me extenderé más, y podréis ver fotos del viaje (incluida una tuya, Jose, chico tímido, lo siento mucho, la vida es así, no la he inventado yo…; en otra foto, por cierto, salgo con una enorme serpiente a los hombros), pero ahora ya solo tengo tiempo para deciros que he visto la película de Chus, Retorno a Hansala. Me ha parecido sencillamente maravillosa. Y no lo digo por decir, lo digo porque es la verdad. Sin duda alguna es la película que más me ha gustado del año y sinceramente pienso que es imposible que a un espectador con un mínimo de sensibilidad no le guste. No es una historia de inmigración que narra el drama de las pateras, como ha dicho alguien. O sí. Pero sobre todo es una historia de amor, de AMOR con mayúsculas, o sea, de amor del que duele, el que hace que la vida merezca la pena, que las personas podamos seguir creyendo que estamos aquí para algo, que hay esperanza, que el ser humano no lo tiene todo perdido. Yo lloré muchísimo viéndola, pero lloraba de emoción, de gusto, de lo hermoso que era lo que estaba viendo. Vale, también lloraba porque me daba pena algunas de las cosas que veía, lo injusta y lo jodida que puede ser la vida y lo egoístas que somos. Sobre todo eso: lo egoístas que somos en el mundo occidental. Todos.

 

No ha caído Chus en el tópico, no se encuentra un ápice de demagogia en la película. No hay lecciones morales ni falsas trampas: simplemente cuenta una historia que sigue a la muerte de un hombre.  El comienzo es bestial, sobrecogedor, agónico. Un hombre que se ahoga, que no llega a su destino, que avanza lentamente por el mar, luchando contra la muerte con desesperación y sin fuerzas. Un hombre que se muere. ¿A quién le importa que un hombre llamado Rachid se ahogue en una playa de Algeciras? Muchas veces vemos en los telediarios o leemos en los periódicos noticias de inmigrantes que se mueren en nuestras costas, pero pocas veces tenemos la oportunidad  de conocer a su familia, de saber dónde vivían, de profundizar en su orígenes e incluso en el centro de sus sueños.

 

José Luis García Pérez, el prota, lo borda y Farah Hamed, la prota, lo hace muy bien. Además en persona es un encanto, un cielo, una chiquilla muy guapa (mañana podréis verla en fotos que yo mismo hice con mi cámara compacta), llena de sueños y de proyectos. A Chus le costó la misma vida encontrarla, pero eso os lo cuento otro día.

 

 La crítica la ha aplaudido de forma unánime, y con razón. Y el público también. Porque no sé yo qué pensará Cayetana Guillén Cuervo(forma parte del jurado) pero lo que sí sé  es que a la salida del pase de la noche les pregunté a quince personas de distintas edades, quince, qué les había parecido Retorno a Hansala. Las respuestas fueron desde un “me ha encantado” a “es muy bonita” pasando por un “¡oh! ¡me ha emocionado tanto!”. No hubo ni siquiera una que me dijese “no me ha gustado demasiado”.

 

Me parece a mí que merecería Chus Gutiérrez, chica valiente, ganar la Espiga de Oro con esta maravillosa película.

 

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Para Leticia, la chica del último comentario del post anterior: me emociona que hicieses esperar a tus amigos por el solo hecho de que me vieras en Valladolid. Siento que al final no te decidieras a saludarme. Por favor si hay una próxima vez, hazlo, ni lo dudes: me haría muchísima ilusión y ni de broma molestas. Por cierto, me ha gustado mucho tu ciudad :)

 

El significado del nombre Rafael es “el que sana“. Es un arcángel que se encuentra siempre cerca de los hombres para ayudarlos a paliar su dolor. Aparece su mención en las Sagradas Escrituras, en Tobías 12:6, 15.
Generalmente se lo dibuja con vestimenta de peregrino, llevando un bastón y una vasija de agua. Además, las representaciones suelen incluir el pez del cual consiguió la hiel necesaria para sanar al padre de Tobías.
 
 
 
 

 

 

 

Hoy es el santo de mi padre, de mi hermano, del que fuera mi adorado profesor de filosofía de cou, de un viejo amigo de la infancia cuyos pasos no sigo de cerca desde hace algún tiempo, de otro vecino y amigo de la infancia, de un compañero de la facultad que era enorme, muy grande, y todo lo que tenía de grande lo tenía además de buena persona, de la madre de Alfonso… hoy es el santo de todos ellos y desde aquí les felicito. Y, por supuesto, ¡FELICIDADES! también a todos los posibles lectores que os llaméis Rafa, un nombre que, por cierto, me gusta muchísimo. “Rafa, Rafalín, Rafita,  ¿Cómo van las cosas por allí?”

 Hoy además es fiesta en córdoba, la ciudad olvidada y a veces añorada, la ciudad de la mezquita y de izquierda unida. Además, hoy es viernes y se inaugura la Seminci en una gala que presentará esta noche jorge sanz y jose toledo. En el Festival de cine de Valladolid, precisamente, se presenta el sábado a las 9 de la mañana (madrugón) Retorno a Hansala, la esperada película de Chus Gutiérrez, o “su película más ambiciosa”, como la define Toni, su jefe de prensa. Yo todavía no la he visto. Cuando lo haga, entraré aquí para escribiros unas líneas y así contaros qué me ha parecido. Creo que me va a gustar, por supuesto, por lo que me han contado (por ejemplo, Macarena gómez, que estuvo en toronto, me dijo: “Curro, es maravillosa la peli de Chus, me ha encantado”, y luego un conocido me contó que Maca salió llorando de la sala canadiense). Pero, evidentemente, tal y como nos dice la experiencia, en el cine las emociones sentidas por uno son impredecibles, no se pueden adelantar.

 

Ayer estuvimos en la inauguración madrileña de Kenzo, tienda de ropa bastante bonita (y previsiblemente cara). os contaré la teoría sobre los hombres muy muy muy guapos que me explicó mi querida colega marta cibelina… (horror, tengo que dejaros, alarma, espero entrar luego, antes de marcharme a valladolid

 

Y por favor si hay alguien de Valladolid en la página que se manifieste de forma pública o privada

 

 

“La infanta Elena quiere hacer desaparecer su matrimonio por completo, rotundamente. Fuentes familiares afirman que el motivo que pretende alegar doña Elena es que desconocía, en el momento del compromiso, el consumo de cocaína antes del matrimonio”. Éste era el centro de la información que la revista Época ofrecía a sus lectores la pasada semana, una información que tocaba de lleno el tabú de la droga, levantando la polvareda mediática y provocando un gran escándalo. ¿Sería verdad?, ¿quién habría filtrado la noticia?, ¿una funcionaria, la limpiadora, la mismísima infanta?, ¿se trataría de periodismo de rumores, tal y como alegó la propia Casa Real? Son algunas de las preguntas que han rondado por los programas televisivos y por las columnas de revistas y periódicos. Pero lo que yo quiero escribir es que ni en los peores tiempos de Carmina Ordóñez, cuando ya resultaba evidente que tenía un problema muy serio con los estupefacientes, hubo un periodista, ni siquiera alguno de los de lengua viperina y ausencia de escrúpulos, que lo contara en un programa de forma explícita. Sí que se habló alguna vez, insinuándolo de forma un tanto malévola, de polvos blancos, pero nunca se mencionó la palabra cocaína. Me parece que, con información certera o no (los abogados de los protagonistas de los hechos niegan la veracidad de la información, negando incluso la existencia de proceso judicial o eclesiástico de separación de la pareja), se ha cruzado la línea de lo admisible: el daño ya está hecho. Porque para los niños, esos hijos que ya tienen edad de comprender los comentarios y rumores del colegio, quedará escrito por siempre que su padre era consumidor eventual de cocaína y, para toda España, existirá la sombra de la duda sobre si el duque de Lugo es o no cocainómano. Algo que en un país lleno de prejuicios, admitámoslo, perjudica seriamente la imagen de Jaime Marichalar.  

Yo he coincidido dos o tres veces con el duque de Lugo, pero cuando más cerca lo tuve, cuando más charlé con él, fue hará un año y medio, al término de una comida de trabajo en el Hotel Palace. Vino a tomar un café y tan a gusto estaba el buen señor con nuestra compañía, que se quedó de charleta unas dos horas. Nos contó cosas de su familia, de su matrimonio, de sus usos y costumbres, incluso realizó algunas confesiones sobre Lady Di. Se denominó asimismo como ***** -censurado- (textual: “Yo soy muy ***** -censurado-”, decía) y dio una opinión sobre algunas cuestiones que, de alguna manera, nos escandalizó en silencio a los allí presentes. Pondré dos ejemplos: según él, ******* -censurado-…  Nadie replicó nada. El otro ejemplo, la otra perla, la soltó en relación a la Ley de Igualdad, por entonces recién aprobada por el partido socialista. “****** -censurado-“. Mis oídos no daban crédito a lo que oían pero, por supuesto, no nos enzarzamos en discusión alguna. Lo dejamos pasar.  

Explicado lo explicado, dejo claro que si defiendo ahora la privacidad del duque de Lugo no es, ni mucho menos, porque despierte mis simpatías.  Solo que me parece que si alguien se droga o no es algo que, según pienso, no concierne a la opinión pública, carece de interés. Y creo además que hay en este debate ingentes dosis de hipocresía. ¿Consume o ha consumido cocaína el Duque de Lugo? Yo las veces que le he visto no he notado nada extraño, ni siquiera bebió una sola gota de alcohol. Pero, en cualquier caso, si consume o no, nadie lo sabe ni nadie lo sabrá con certeza, pues no creo que Marichalar haya sido tan poco precavido de meterse una raya junto a un puñado de periodistas. En este sentido, por tanto, nos movemos en el terreno turbio y movedizo de la especulación. Incluso en el caso de que la infanta se haya acogido a este más que dudoso motivo de nulidad, sería la palabra de una contra la del otro y, como es sabido, todo el mundo nace sincero pero la mayoría muere mentiroso.  

 

Sobre la novela de María Frisa escribiré en otro momento. Hoy ya es casi la una de la tarde y no lo he escrito y ya no tengo tiempo de nada, aunque sí he terminado de releer su novela 15 maneras de decir amor, que como sabéis es muy triste pero muy bonita. Le pedí a Mana, fiel comentarista de este blog, una breve reseña de la obra. También se la pido a Rus, por si le apetece escribirla. Y a Estrella, mi compañera de piso, que también la leyó y por eso sé que le gustó. Así podremos reunir varias opiniones en un mismo post (que colgaré otro día). Porque por ejemplo sé que a Mana al principio no le estaba gustando…

 

 

Es que ayer tuve un día de locos. Comimos en un restaurante muy vanguardista, diáfano, amplio, sito en el Campo de las Naciones. Un local en el que sirven “las mejores pizzas del mundo” (en serio, cuentan con un hombre que ostenta el honor de tener el título al mejor pizzero del mundo… ¡se lo ha arrebatado a los italianos!) y en el que, próximamente, mis socias y yo vamos a organizar un evento extraordinario. Yo comí croquetas, paté, rape confitado, pizza y helado con chocolate, así que podéis imaginar cómo acabé: hinchado como una patata. De hecho, creo que me debería apuntar al gimnasio, y de verdad que lo haría si no fuese porque lo odio con todas todas todas mis fuerzas. No me gusta nada hacer pesas ni abdominales ni ejercicios físicos en máquinas sofisticadas. Lo odio. Pero sí me gustaría tener un cuerpo más definido… En fin, no sé si os conté que una vez, solo una, me apunté al gimnasio. Hará dos años. Pagué un mes y fui solo tres días.

 

Por la noche fuimos a la inauguración de la Seminci, en la ampliación del museo de Reina Sofía, donde había mucha gente del cine, sobre todo actores, productores, directores, etc, que van a participar este año en la Semana Internacional de Cine de Valladolid. Nos encontramos con Javier Ambrossi, que sonreía, como siempre. “Ya salí el pasado jueves en Sin tetas no hay paraíso, ¿no me viste? El otro día me pararon unas jovencitas por la calle. Me habían reconocido”. Javier estaba con un amigo, un chico rubio de ojos verdes que, según supe hace unos meses, también es actor. Se llama Sergio Bermúdez y forma parte del nutrido grupo de actores de la película Los muertos van de prisa, que se presenta en Valladolid el sábado. Sergio estaba muy contento, lógicamente. Los dos amigos también estarán en Valladolid el finde, así que os mantendremos informados. Luego me habló de su nueva película la directora de cine Helena Taberna, que la presenta la semana que viene en Valladolid y el día 9 de noviembre en el guggenheim de Bilbao. La peli se llama La Buena Nueva y, me contó, la protagoniza Unax Ugalde y Bárbara Goenaga. “Cuento la guerra civil desde el punto de vista de la iglesia”, me explicó, y luego me dijo que Unax hace de joven párroco. “¿Va a venir esta noche aquí al Reina Sofía?”, le pregunté. “Sí, lo estamos esperando”, respondió, pero yo no le vi. Quizás llegó una vez me había ido. Y es que era el super concierto “privado” (presentación de su segundo disco) de Solange Knowles, la hermanita pequeña de Beyoncé. Una de mis amigas decía: “Es igual que Beyoncé pero sin haberse operado”

 

 

En el concierto nos encontramos a Màxim, al que noto muy contento, muy feliz, a Macarena Gómez, que estaba muy guapa (ha engordado un poco, y esos kilos de más le sientan estupendamente). Macarena, a la que semanalmente podéis ver en La que se avecina (Telecinco)  presentó hace muy poco Sexykiller, una película en la que interpreta a una jovencita a la que le encanta asesinar. “No, no es tan gore, de verdad que no, yo hubiera puesto más sangre”, decía Macarena, una chica que tiene duende, algo que la diferencia de las demás. Le pregunté si había leído lo que Poppy B. escribió en su blog sobre ella, porque era muy bonito. Pero no, no lo había leído. “¿quién? Es que yo no leo nada en internet”. No he podido ver todavía Sexykiller y no me lo perdono (yo a Macarena le tengo mucho cariño).

Os contaré además, para ir terminando, que estuvimos hablando con Beltrán Gómez Acebo, el marido de Laura Ponte, modelo que ha decorado The Chivas Studio, el amplio espacio de Atocha 8 en el que tuvo lugar el concierto. Lo que nos contó Beltrán lo guardo para mi crónica, pero os diré que el hombre es encantador: no le encontramos ni mis amigas ni yo ni un solo defecto. Encima mide muchísimo (me saca dos cabezas), tiene un 48 de pie según confesión propia y lleva más de doce años “enamorado” de la modelo gallega. Y, según parece, según se ve, el amor es real y recíproco. Chic@s, no perdamos, pues, la esperanza.

 

Yo no pensaba que alguien fuera capaz de hacer una cosa así, nunca me había tropezado con una persona que actuara de forma tan insensible.

 

Para mí es como el episodio de los gatitos que cuenta María Frisa en su última novela. Cuando Lilo, la protagonista, era una niña pequeñita, su hermana Isabel, por todos admirada por guapa y por inteligente, le ordenó: “Ni se te ocurra venir. Quédate aquí, que ya volveré a buscarte”. Isabelita se fue con dos amigos de su pandilla y Lilo, muerta de curiosidad, les siguió y les espió. Al rato, aburrida, decidió regresar al lugar al que su hermana le había ordenado esperarla. Entonces, contaría Lilo a su amigo Héctor muchos años más tarde, tropecé con una gata muerta pegada a una pared. Era una gata negra con una mancha blanca en el morro rodeada de cinco o seis gatitos diminutos, recién nacidos, no más grandes que la palma de mi mano, todavía, todavía con los párpados cerrados y las orejas plegadas, indefensos, que gimoteaban y masajeaban el cuerpo de la madre con sus patitas intentando obtener leche… Eran los seres más tiernos y desamparados que había visto jamás. ¡Debía salvarlos! Fui a casa a hurtadillas, a riesgo de que mi madre me descubriera lejos de Isabel, y volví con un poco de pan cuya miga empapé con la leche que robé de la despensa y se la acerqué a los gatitos. Estaba tan dichosa y tan abstraída que no los escuché hasta que los tuve encima. “Imbécil, no te encontrábamos. Llevamos un montón de rato buscándote” me saludó Isabel, descubriendo a mis gatitos. Después todo sucedió muy rápido. A Javi su abuelo le había contado que cuando una gata moría en el parto o tenía demasiados cachorros, a los que sobraban los ahogaban. Al lavadero, vamos al lavadero, que allí ahora no habrá nadie, y yo detrás de ellos, traté de alcanzarlos con mis piernas tan cortas, grité que me los devolvieran, que eran míos, llorando sin darme cuenta.

 

Lo que sucedió con los gatitos ya lo podéis imaginar. Lilo lo contó todo a sus padres, lo que había hecho Isabel, pero no la creyeron. Isabel era la niña perfecta, la hermana intocable, la mejor en todo. Su madre le decía a su marido: “¡Ay, Dios mío! Un monstruo, Manolo, ¡hemos criado un monstruo! Que solo un monstruo es capaz de inventarse tales horrores”

Ese día Lilo, a los nueve años, escuchando y odiando a su madre, averiguó que la verdad es sólo un concepto relativo en poder del más fuerte.

 

 

Puede que sólo los muy confiados no vean que la vida está llena de egoístas, seres envidiosos/vanidosos/narcisistas que se complacen mirando el ombligo propio, importándoles poco o nada el ajeno. Puede que exista mucha gente a la que tanto le dé lo que sientan los demás. Puede que sea verdad lo que hoy me decía una amiga, “Curro, pero en qué mundo vives, ¿crees que a la gente le importa la demás gente? Pues no, no le importa, la gente solo crítica y va a lo suyo”. Puede que no deba fiarme siempre de las primeras impresiones, de los pálpitos. Puede que me engañen. Puede que el mal esté justificado como única salida a las injusticias del sistema. Puede que todo tenga su porqué pero que no siempre resulte evidente. Puede, por supuesto, que yo no haya actuado bien en todo momento. Puede que en unos días lo haya olvidado todo. Puede que la vida sea circular. Puede que no haya que fiarse de los desconocidos pero yo, como Blanche Dubois, siempre he dependido de la amabilidad de los extraños.

 

 

 

Y también es cierto que no tenemos derecho a exigir grandes cosas a nadie, ni siquiera a los amigos, mucho menos a alguien a quien prácticamente no conocemos. Porque, ¿Qué problemas o conflictos que no sabemos pueden circular por la vida de los otros?, ¿qué secretos pueden rondar por la mente de los demás?

 

 

Vivir es sentirse perdido, opina Héctor, del que sabréis más en el post del próximo día.

 

Y sí, sé que el de hoy es un post algo contradictorio, pero contradictorios somos todos alguna vez, ¿verdad?

 

 

 

Elvira Lindo contaba hace dos o tres semanas cómo había sido su encuentro con una estrella internacional. Con ocasión del estreno de Vicky Cristina Barcelona, Penélope Cruz le concedió una entrevista para las páginas de un dominical. La escritora organizó una pequeña maleta y, firme y segura de sí misma, se subió a un avión. La cita era en un hotel de Londres donde, confiaba, conocería a la bella actriz. Pretendía plasmar en su texto cómo era la verdadera Pe pero, al fin, la escritora explicó al lector que regresaba a Madrid, desilusionada y triste, con una entrevista gélida como el hielo bajo el brazo.  Penélope sólo quiso hablar de trabajo, de la película de Woody Allen. Y sí, por supuesto que un actor o actriz debe hablar de su trabajo, pero, como explicaba la Lindo, “todas las entrevistas tienen su excusa, su percha, como se dice en el lenguaje periodístico de andar por casa; pero el entrevistador o el retratista aspira a algo más que a esa voz parlante en que suelen convertirse los actores en temporada de promoción”. Y, recordémoslo, hace unos cuantos años Penélope hacía cuanto estaba en su mano por salir en los medios y promocionarse. Lo mismo podemos decir de Javier Bardem, pero esto es tema para otro artículo.  La entrevista de Elvira Lindo fue comentada y más o menos criticada en todos los programas de corazón y, por eso, tratando de indagar en la verdad del asunto, le pregunté a la escritora: “¿Qué sucedió realmente?”. “Pues mira, para tu información –me explicaba Elvira- Penélope está contenta porque sabe que he resuelto de manera sutil lo que en realidad fue un encontronazo más agrio. Provocado, seguramente, por el cansancio y por una obsesión casi enfermiza por preservar su intimidad. Yo sentí que no fuera de otra manera y, en el fondo, creo que ella también lo sintió”.

¿Tendrá el ego por las nubes la delicada Penélope? No sería extraño pues al fin y al cabo ya se sabe que uno de los mayores trastornos a los que se enfrentan las estrellas del celuloide es al tráfico de vanidades. 

 

Ahora mismo me encuentro en el Teatro Alcázar con dos actrices españolas que poco o nada tienen que envidiar a Penélope Cruz. Han protagonizado algunas de las películas más importantes del cine español, la crítica las respeta y, por supuesto, el público las quiere. Aitana Sánchez-Gijón y Maribel Verdú se suben juntas a los escenarios de Madrid. Protagonizan Un dios salvaje, la tragicomedia de Yasmina Reza. Antes de nada, Aitana y Maribel, amigas, cómplices, risueñas, aclaran algo hablando casi a la vez: “Los cuatro actores de la obra somos igual de importantes, tenemos el mismo peso dentro de la función. No podemos olvidarnos de Pere Ponce y de Antonio Molero, ¿eh?”. Luego, mientras Aitana se entretiene hablando con el jefe de prensa del teatro, le pregunto a Maribel cómo se siente con el éxito que está viviendo y, sobre todo, cómo consigue mantener los pies en la tierra y resultar siempre amable y humilde, algo que no todas las actrices consiguen. Pero ella tiene su método.

 

    -Teniendo mucha, mucha manía a la prepotencia, a la pedantería, a la idiotez. Yo es que no puedo soportar a la gente que se lo tiene creído, no lo entiendo. ¡Pero si todos vamos a acabar igual! –Maribel continúa hablando y, a cada minuto, se echa a reír-. Por el hecho de ser actriz y famosa no tienes por qué comportarte de otra manera que el resto de las personas. Y tengo un gran ejemplo: el de mi admirada Meryl Streep, a la que hemos tenido hace nada en nuestro país con ocasión del Festival de Cine de San Sebastián. Todos, todos los periodistas han coincidido en que es la antidiva. Por eso es todo un ejemplo para mí. Porque yo solo quiero ser normal y educada, mostrarme como soy. Hay parcelas de intimidad que guardo para mí, por supuesto, pero tener los pies en la tierra es algo que me hace sentir equilibrada y, sobre todo, no tenerme manía.

 

       -Entonces estarás de acuerdo en que la actitud de Penélope no está siendo demasiado acertada…

       - ¡Huy! ¡yo no diría nunca eso! Creo que hay que respetar a cada uno y tratar de comprender los momentos y la situación particular que vive cada persona. Yo no tengo periodistas ni paparazzis en la puerta de casa cada mañana, afortunadamente. Por eso siempre he hablado abiertamente de lo que me ha apetecido. Penélope está perseguida día y noche, por lo que me parece lícito que quiera preservar su intimidad. Pero yo no puedo opinar porque, repito, no he vivido esa situación concreta. Bueno, sí, la sufrí una vez, cuando se enteraron que me iba a casar, me persiguieron durante un mes. ¡Fue horrible! Recuerdo que me pasaba el día llorando, nerviosa, que vomitaba cada dos por tres… por lo que, ¡imagina vivir así constantemente! Vamos, yo me dedicaría a otra cosa seguro.

        -¿Has llegado a pensar alguna vez en dedicarte a otra cosa?

        - Hubo una vez, hace algún tiempo, que pensé con tristeza que ya todo había acabado, que se había terminado Maribel Verdú como actriz. El teléfono, simplemente, había dejado de sonar. Entonces entendí que la vida está compuesta por etapas y que en esta profesión hay que tener paciencia, saber esperar. Me llamaban algunos directores pero no eran los que yo quería, por lo que rechazaba los proyectos de cine que iban llegando. Hombre, si hubiera tenido la cuenta a cero, hubiera cogido todo, pero no era el caso. Y eran proyectos que no me ilusionaban. El apoyo de Pedro –Pedro Larrañaga, su marido- fue fundamental.

         - Y llegó Guillermo del Toro y regresaste con más fuerza que nunca…

         - ¡Sí! Con El Laberinto del Fauno ya vino todo rodado, llegaron los premios, las ofertas, el teléfono desde entonces no ha dejado de sonar un solo día. Digamos que se habían olvidado de mí y que Guillermo del Toro me rescató. Y, qué quieres que te diga, mola mucho más ahora. Vivo un momento muy dulce, muy bonito. Tanto que pienso de vez en cuando: ‘Dios mío, qué miedo, qué vértigo, ¡a ver si ahora me van a coger manía! Y es que me está yendo todo tan bien…

 

 

Maribel Verdú continúa hablando en un tono dicharachero y cercano, como si en lugar de ser una de las actrices más importantes de nuestro país fuera una amiga de un amigo a la que te acaban de presentar. Además, resulta evidente que está muy feliz de subirse de nuevo a los escenarios tras cuatro años. Aitana Sánchez Gijón, que acaba de incorporase a la conversación, también lo está.

 

      -Es que Maribel y yo nos conocimos hace 25 años –Aitana toma la palabra-. Por aquella época éramos dos jovencitas inquietas que iban juntas a los castings. Cuando Gonzalo Suárez nos llamó a las dos para hacer Oviedo Express, nos hicimos una promesa: hacer teatro juntas. Y esta es la obra perfecta, ha llegado la ocasión.

      -En la ficción llegáis a las manos, ¿contempláis la posibilidad de pegaros con alguien en la vida real?

      -¡Qué va! ¡violencia nunca! Yo sería incapaz de pegarme con nadie –dice Maribel, convencidísima.

      -A ver, yo a priori tampoco –explica Aitana-. Quiero pensar que soy incapaz pero, ¿cómo estar segura del todo? Si, por ejemplo, estuviera en una guerra o mataran a mi hijo… pues no sé cómo reaccionaría.

    Hay muchas cosas, tantos momentos, tantas situaciones vitales que provocan a la vez   miedo y emoción, tensión y placer…. Algo así es lo que sienten muchos actores y actrices antes de empezar la función.

 

-Yo, en el momento justo antes de entrar a escena me pregunto: “¿Por qué no me habré quedado en mi casa debajo de la cama?” –Aitana, jocosa, después de decir esto, rompe a reír-. Es que es horrible. Nunca sabes lo que puede suceder cuando se levanta el telón. Ninguna función es igual. Unas veces se rompe un foco, otras veces… no sé, es imprevisible.

-Y siempre tienes que salir a interpretar, aunque estés enferma –asegura Maribel en tono serio-. Yo he salido con otitis, con 40 de fiebre, con un resfriado que me impedía hablar, con escayola. Y es que un actor tiene que subirse al escenario sí o sí. Y si te mueres, que el público lo vea. Una vez, en Murcia, me caí redonda a mitad de la función. Pero, como todo el patio de butacas lo vio, nadie pidió que le devolvieran el dinero de la entrada.

-Entonces, a pesar de todo esto, este oficio, ¿merece la pena?

-Ja, ja, ja. Mira, necesitas muchas tilas, lexatines, valerianas –dice Aitana, mientras Maribel asiente-, pero, por supuesto, merece la pena. Compensa.

-Estoy de acuerdo –añade Maribel-. Y si no tienes suficiente dosis de tranquilizantes, la aumentas.  Con muchos nervios, con muchas taquicardias… pero a mí me pone.

 

 

sufrir por amor

18 Octubre 2008

Primero de todo: inciso: aviso a la población: hoy se estrena el nuevo Está Pasando fin de semana. El programa, que como sabéis se emite en Telecinco, dará comienzo a las 18.15. Emilio Pineda y Lucía Riaño podrán ahora hacer lo que les entre en gana (viajar a París, estar con los amigos, correrse una juerga o simplemente leer o mirar el techo o ir al cine) sábados y domingos y toma el relevo Paqui Peña, reportera del formato diario, que lo co-presentará junto a Daniel Domenjó. Pero por lo que yo estoy muy, muy contento es porque hoy, -y mañana, los findes- podremos ver en él a la periodista Mabel Redondo, querida y generosa colega que iluminará el programa con su sonrisa (porque mira que sonríe), simpatía (porque mira que es simpática) y buen hacer profesional (porque es trabajadora y rigurosa como la que más). Dicho lo cual y avisado lo avisado… ahora pasamos a hablar de amor y otras mentiras

 

 

 

 

 

Ayer vimos Enamorados Anónimos, un musical que homenajea la copla mezclándola con lo moderno, un espectáculo que acaba de llegar al teatro Rialto de la Gran Vía y que, canción va, canción viene, cuenta las andanzas de un grupo de personas que acude a un centro a hacer terapia para des-enamorarse. Uno de ellos, el que interpreta el actor Carlos Vargas, está “polienamorado”, según la terapeuta. Otra sufre un temor insoportable a la soledad, motivo que le impide vivir su propia vida sin depender de la de otros. Otro, siempre, repito, según la terapeuta del centro, representa la idealización del amor: lo sabe todo de su actriz preferida, y por eso ha entrado en el centro: había averiguado que ella también entraría. La actriz en cuestión se largó de la serie de éxito que protagonizaba porque su novio, también actor de la serie, le puso los cuernos con otra actriz de reparto. “¿Esa no es Alba Flores, la hija de Antonio Flores?”, le preguntaba yo a mi sufrido acompañante, que ponía cara de pez y respondía con un interrogante en la mirada. Pero sí, sí era, hoy lo he comprobado. Y Albita lo hace bien. Como también lo hace bien el chico gafa pasta que está idealmente (y obsesivamente) enamorado de ella: el mismo que os decía que sabe todo todo todo sobre su vida: cuál es la comida preferida de la actriz, cuántos novios ha tenido, dónde vive, cuáles son sus sueños más profundos, sus verdaderos anhelos o incluso en qué piensa por las noches cuando se va a dormir.

 

Y ahora os preguntaréis por qué no pongo los nombres de los actores: porque no los sé. En el folleto publicitario que amablemente reparte la azafata del teatro NO  vienen los nombres de los actores protagonistas. Tampoco aparecen en el gigantesco cartel que cubre la parte superior del teatro Rialto. Pero es que ¡al menos yo tampoco los encuentro en la página web! Me parece mal, muy mal, que condenen al anonimato a unos actores sobre los que recae todo el peso de la obra, pero en fin… según mi sufrido acompañante es algo muy habitual –y muy injusto- en los musicales españoles, algo que no sucede en el resto del mundo-.

 

(Carlos Vargas)

 

 

 

Sí sé –porque le conozco- que uno de ellos es Carlos Vargas. Le conocimos este verano. Mabel y yo presentábamos una gala en Marbella, gala en la que habían contratado para cantar a este chico. Cantó y fue el más aplaudido de la noche. Terminó la gala y nos fuimos a tomar una copa unos cuantos, entre ellos él. Y nos contó lo del musical, lo de que se había presentado a los castings, que había pasado muchas pruebas pero que todavía no era seguro que le cogieran, que ojalá se materializara el proyecto…. “Te cogerán”, le dije, “eres muy bueno”, añadí. Y le eligieron.

 

Carlos representa en Enamorados Anónimos a Alberto, un joven que vive angustiado porque está enamorado de dos mujeres. “Es horrible, ¿no lo entendéis? Yo no quiero ser un polienamorado”, explica a sus compañeros de terapia. Porque Alberto decide ingresar en el centro de desenamoramiento que preside Eva, la terapeuta descreída, una mujer que luchará para que la gente aprenda a desengancharse emocionalmente de sus parejas o ex parejas.

Ella le dice a Carlos: el amor es una mierda. Pero él le responderá: el amor es una mierda cuando no es amor.

Hay más historias, como la de Antonio y María, una pareja que se odia con todas sus fuerzas (“eres asqueroso”, “yo es que no te aguanto”, “lo peor que me he encontrado en mi vida”) pero que, paradójicamente, también se quiere (“no puedo vivir sin ti”). O la de Luz, que está locamente enamorada de su novia, Sofía. Luz ingresa en el centro porque Sofía no es lo suficientemente valiente para decir en el pueblo que ama a una mujer. Luz ya no puede más: simplemente, no quiere esconderse el resto de su vida. Por eso quiere olvidar a Sofía…

 

 

 

Antonio Quintero, Rafael de León, Manuel Quiroga, Solano, Joaquín Sabina son algunos de los autores de los conocidísimos temas que suena en Enamorados Anónimos, un musical que va a ser todo un éxito (se veía venir).

 

(En la foto: Blanca Li)


A cargo de Blanca Li, que ayer recibió en el teatro a su madre y a toda su familia –Chus Gutiérrez es su hermana-, está la dirección escénica y coreografía. El director musical es Javier Limón y entre los creadores del libreto está Daniel Sánchez Arévalo o David Serrano, reconocidos y aplaudidos directores cinematográficos.

 

Cuando terminó la función dieron una copa de vino en el teatro –el preestreno propiamente dicho tuvo lugar el jueves, pero el viernes era como un segundo preestreno o algo así- y allí estaba todo el mundo muy contento, incluida Blanca Li, que recibía parabienes y palmaditas en la espalda por parte de amigos, familiares, sobrinos… y enamorados anónimos.

 

Y ahora pido disculpas a Nacho, el amigo que nunca se olvida de mí, por haberme largado del teatro de forma abrupta. Luego me arrepentí.

 

Por lo demás, espero que hoy sábado no llueva por la noche, ya os contaré por qué. O no, no lo contaré, cómo iba a contarlo. C.