desde un paki del raval

30 Enero 2009

 

Curro anoche escribía…

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  1. marta escribió

    30 Enero 2009 a 10:48

    Encontrarnos en el centro a una hora prudente para ir a cenar fue fácil, encontrarnos en el edificio correcto no tanto.

    Yo jugaba con ventaja, Curro hacía dos años que no me veía y él entre la marea de gente debía reconocerme.

    Incomprensiblemente en el momento de nuestro encuentro no habían más de 8 personas esperando a alguien así que nos saludamos efusivamente.

    Fuimos a cenar a un restaurante japones al que le tengo mucho cariño, pocas mesas, poco lujo y diseño 0 pero buena comida.

    Hicimos tiempo tomando una copa en un local que nos recomendo el amabilísimo y encantador amigo de Curro, Toni el restaurador.

    Prolongamos copas y cigarrillos en el restaurante de este al lado de la Gran Vía, ante la preocupación de Curro por nuestras reponsabilidades del día siguiente.

    Gracias a Dios nos lo habíamos montado para dormir una hora más y aqui estamos y así os lo he contado.

    Donde andará Curro perdido por esta ciudad que tanto le mola?

    A ver si se conecta y nos explica su itinerario en este día gris.

    Besos

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curro ahora escribe: hala, muchos besos y gracias: me voy al montjuic con mis gafas de sol nuevas. C.

 

p.s. raúl portero: nos vemos esta noche.

top secret

29 Enero 2009

Ayer por la noche, a eso de la nueve, Estrella, 29-30 años, rubia con tirabuzones, infatigable compañera de piso y amiga confidente con la que nunca existieron zonas top secret, decía: “¡qué chaqueta más chula!” La chaqueta “chula” es la que le habíamos comprado Paco y yo por su cumple, un modelo verde (“azulado”, decía ella) brillante con el cuello cubierto de pelo que, por la tarde, habíamos comprado Paco y yo en Energie. Y sí, hay que reconocerlo, la chaqueta es chula porque lo cuesta y porque lo vale. Cuando Paco y yo, ansiosos, buscábamos el regalo y, de repente, la vimos, nuestros ojos se abrieron mucho como por una revelación o un flechazo muy intenso. Nos miramos fijamente. Sobraron las palabras. Evidentemente, los dos sabíamos que habíamos encontrado el regalo perfecto y que además era lo que buscábamos: algo novedoso, rompedor incluso, que Estrella no tuviera en su armario (tarea no demasiado fácil teniendo en cuenta que esta chica tiene un armario que ni el de Paris Hilton; es un decir). El caso es que luego Estrella nos invitó a cenar a El Original, un sitio amplio y moderno, con decoración a base de supuestas ramas de árboles que campan a sus anchas por las ventanas  (lástima que no se aprecie en la fotografía), que se halla en el corazón de Chueca. Estuvimos hablando de relaciones de pareja, de los jodidos horarios de oficina que sufre la gente y de cómo ahora, por la puta crisis, nadie puede quejarse de nada, de la chaqueta tan chula que se había comprado Paco en Energie, de Barcelona y de Gaudí, de Raúl Portero y de su novela, de mi amigo Toni y de lo generoso que es conmigo al acogerme en su casa y dejarme las llaves en el bar de abajo, de su restaurante, de Marta, a la que veré esta noche, de la ley antitabaco, del nuevo destino de Estrella y del nuevo destino de Paco, de joserra, de Truman, el gato, de este blog, de los nuevos proyectos y de las nuevas ideas, de mi amigo Alfonso… estuvimos hablando muchas cosas y la verdad es que lo pasamos muy bien, cosa nada extraña, por otra parte, pues raras son las veces en las que nos juntamos los tres (“a partir de ahora nos vamos a cenar una vez cada quince días”, nos decíamos) y no tocamos el cielo.

Me voy, me estoy yendo al aeropuerto, a pasar unos días en Barna y regresaré el domingo para los Goya. Intentaré ver en Barcelona Camino (no sé si estará en cartel, desde luego en Madrid la quitaron hace ya tiempo) y ya sabéis que deseo con todas mis fuerzas que el premio al guión original sea para Retorno a Hansala, quizás la mejor película que se ha hecho este año. Se la debemos a Chus Gutiérrez, por si alguien no lo sabe, así que damos las gracias a tan grande cineasta desde aquí. También me gustaría que se llevase otro Goya El Langui, por su prodigiosa actuación en El Truco del manco y porque él lo vale. Por lo demás, entraré desde Barna para contaros qué tal me tratan los catalanes. De momento, os  mando muchos besos y abrazos. Me voy hacia el aeropuerto con el prometedor guión de mi amiga Inés en la mano. C.

 

estrella-curro-y-paco-cenando

(arriba: curro, paco y estrella cenando en un bonito restaurante. Curro decía:
“pero no miremos a la cámara, en serio, que es mucho mejor sin mirar”)

 

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(arriba: estrella probándose su regalo)

 

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(arriba: estrella y su chaqueta: le encantó, o eso nos dijo)

amistades

28 Enero 2009

“Ay, lloré por cuanto pude haber dicho a mis dos amigos si hubiera sabido que iban a morir antes que yo” (Maruja Torres. Esperadme en el cielo. Premio Nadal 2009)

 

 

 

 

 

A ver, a ver, –piensa Curro- qué podría contar en una mañana como la de hoy, a parte de que está hartísimo del frío, que no puede más, que lo odia con todas sus fuerzas y que con todas sus fuerzas desea que llegue el calor, el verano, la manga corta y la poca ropa, la piel desnuda, las camisetas, la playa, el amor. Curro hoy está relativamente agobiado. Como contó, mañana se va de viaje y tiene que terminar el IVA y muchas cosas más. Curro también odia a Hacienda. Uno de sus amigos suele decirle a Curro que no puede odiar a Hacienda, que Hacienda somos todos, pero aún así, para qué negarlo, Curro la odia. En realidad, no entiende cómo pueden obligarle a él, que estudió Letras Puras (griego y latín) a hacer enrevesados cálculos todos los meses, divisiones y multiplicaciones, cómo le pueden obligar a guardar los tickets de las compras y las facturas por sus trabajos durante 5 AÑOS. Simplemente, le parece una barbaridad, más teniendo en cuenta que en los últimos cinco años Curro ha vivido en cinco o seis casas diferentes. Otra cosa sería que, cada trimestre, hubiera que rendir cuentas. Pero ¿acaso existe otro remedio que el de seguir las pautas que el rebaño ordena?, ¿tenemos margen de actuación verdadero y libre? Curro cree que muy poco, desde luego, y que ahora, con la crisis, menos aún. Esta realidad –la falta de libertad real del ser humano- le pone muy triste, motivo por el que Curro prefiere pensar en otras cosas o en otras personas, como pudieran ser Terenci Moix o Manuel Vázquez Montalbán, que según Maruja Torres, su amiga, están en el cielo. Y es que Curro ya tiene entre sus manos Esperadme en el cielo, la nueva novela de la escritora y periodista, y la lee con fruición. La lleva por la mitad y hoy la terminará (es muy cortita, 190 páginas, letra grande). Curro admira profundamente tanto a Terenci como a Manolo como a Maruja. Piensa que son tres personas muy cultas, por supuesto, pero sobre todo les admira por la búsqueda desesperada de la verdad que ha sido –y es- la vida de los tres. El Raval, el Barrio Chino, es un protagonista más de la novela. Los tres amigos vivieron en él. Maruja Torres lo cuenta así: Tal fue mi barrio, nuestro barrio. Cada uno lo vivió a su manera. Yo entre las putas, las pensiones de habitaciones por horas, los distribuidores de libros y revistas, los zapateros remendones, las tiendas de preservativos y lavajes, las tabernas; Manolo, unas calles más hacia la Ronda, en una zona predominantemente obrera, de vencidos de la guera; Terenci afinando su oído de escritor en las calles de la menestralía algo menos precaria, en donde las vecinas le mimaban. Los tres, locos por el cine. A Terenci le conocí en mi adolescencia, a Manolo a mis veintipocos. Para entonces, los tres ya nos habíamos aventurado en el paisaje de otra Barcelona, la que nos ofrecía un futuro. Pero nunca expulsamos el Barrio de nosotros.

A Curro, ahora que ha seguido leyendo un poquito de la novela, le ha cambiado la cara. Ahora está contento, se ha olvidado de los problemas y del IVA. Y además piensa en Barcelona, en el Raval. Curro va a estar en el Raval el próximo viernes y piensa recorrérselo entero pensando en Terenci y en Manolo, a los que ha leído pero a los que no pudo conocer en vida, y en Maruja Torres, a la que entrevistará en unos días. Además de ver a su amigo Toni, dueño de Iurantia (maravilloso restaurante) y chico buena gente donde los haya al que Curro conoció el pasado verano en Mallorca gracias a una feliz casualidad, Curro cenará con Marta, a la que no ve desde aquella noche de hace dos veranos en la que se conocieron. Porque Marta y Curro se conocieron en un festival de música electrónica. Curro estaba con Paco, y ella con sus amigos. Por entonces, ella llevaba el pelo muy rubio, casi blanco, y unas gafas muy graciosas. Curro recuerda que Marta fue super amable con él y con Paco. Y que sus amigos también lo fueron. Marta era tan educada que, cada dos por tres, le decía a Curro: “¿Seguro que no os estamos molestando? ¿Seguro que no os molestamos?” y entonces Curro y Paco se miraban y se echaban a reír. Luego le decían “que no, mujer, ¿cómo nos vais a molestar si sois encantadores?”, entonces ella se relajaba y decía “ay, mis niños, qué monos que son”. Curro y Marta sabían que se verían otra vez, eso lo tenían claro como el agua, pero lo que no podían imaginar es que sería el próximo jueves. Pero es que además Curro también va a conocer a Raúl Portero, el niño de La vida que soñamos, la preciosa novela de la que Curro hablaba aquí el otro día. El viernes Curro le podrá preguntar en persona por qué va tanto al gimnasio, cómo consigue escribir tan bien y tan bonito, si ha vivido alguna vez una historia de amor tan triste y tan intensa como la de sus protagonistas, si su ciudad preferida es Seúl y por qué, si tiene un gato tan cariñoso y tranquilo como un perro y si alguna vez ha conocido a alguien con quien le sobraran las palabras. La verdad es que Curro, ahora que lo piensa, está muy ilusionado con su viaje.

 

 

p.s. por cierto, curro estuvo ayer a menos de un metro de tom cruise. pero esto lo contará otro día.

c’est la vie

27 Enero 2009

Ayer, antes de entrar en el pase de Tú eliges, primera película de Antonia San Juan, me contaba mi amiga Ruth (nombre ficticio) que tenía que darme una noticia buena y otra mala y otra regular. “La regular es que estoy buscando piso para comprar; la mala es que lo he pasado fatal estos últimos meses, he estado muy jodida, por eso no te llamaba y por eso estaba desaparecida. Podemos decir que toqué fondo y, por supuesto, aún voy al psicólogo; la buena es que estos últimos meses he comenzado a salir con un chico. Me encanta, Curro, estoy locamente enamorada, y él también. ¡Es tan maravilloso! Bueno, noble, divertido, extrovertido, muy cariñoso conmigo, con las ideas claras, fiel…”. Yo le pregunté a Ruth que por qué justo cuando había encontrado a un chico tan majo le había dado por deprimirse. Ella me respondió que precisamente por eso. “Porque tenía miedo. Para empezar, pensaba que se iba a ir todo a la mierda, que me iba a dejar. No consideraba que él fuera a estar conmigo mucho tiempo y, sobre todo, tenía un miedo irracional a que me engañase. Además de esto, ya sabes de mis tendencias hipocondríacas… Pues esta vez, directamente, yo pensaba que me iba a morir. ¡No! ¿Estás loco? Yo por supuesto no le he contado nada, él no sabe ni que voy al psicólogo ni que estoy chunga ni nada de eso. ¿Que cómo consigo disimular cuando estoy con él? No tengo que disimular: cuando estoy con él estoy muy bien, no se me nota que estoy mal”. Evidentemente Ruth tiene la autoestima a la altura de la suela del zapato, por eso piensa que su novio la va a dejar o la va a engañar y por eso hasta hace muy poco pensaba que se iba a morir. Pero lo más curioso del caso es que Ruth, además de inteligente, es una chica monísima que tiene un estilazo que ni el de Jackie O. en sus mejores tiempos. (?)

 

 

Tú eliges es el más que digno debut cinematográfico de Antonia San Juan. O sea, que no es que sea la hostia como película pero que sí que se pasa un rato agradable y divertido: tiene golpes de humor muy buenos, tronchantes, y alguna secuencia (Neus Asensi haciéndose pipi, aterrada) verdaderamente sublime. La Mala Rodríguez no lo hace del todo bien pero sí borda su papel tanto Antonia San Juan como el actor Luis Miguel Seguí. He de reconocer que yo no conocía a este actor. El otro día, mientras entrevistaba a Antonia en la cafetería del Teatro Arlequín, un hombre alto y moreno la miraba con dulzura y, de cuando en cuando, asentía con la cabeza. Ella me explicó que era su pareja, con la que lleva compartiendo más de diez años de su vida. Pero lo que yo no sabía en ese momento es que también era actor ni que salía en La que se avecina ni que era uno de los protagonistas de Tú eliges. Pues eso, que no sé cuándo estará en salas ni si conseguirá pronto distribuidora o no, pero desde aquí la recomiendo y desde aquí le doy las gracias a Antonia San Juan por haber tenido el detalle de haberme colado en lo que en realidad era un pase privado para el equipo de la película. ¡Ah! Se me olvidaba: antes de la peli pusieron un corto, también dirigido y escrito por Antonia San Juan, protagonizado por ésta y por José Miguel, buenísimo. Se titula A las once y, por favor, si tenéis oportunidad de verlo no dudéis en hacerlo.

 

 

———————- (cambio de tema)———————-

 

 

A veces me pregunto por qué me gusta viajar. Quiero decir que por qué cada dos por tres estoy inventando un nuevo viaje si luego, a la hora de la verdad, además de (evidentemente) pasarlo bien también lo paso muy mal. Por ejemplo, conté aquí que en París estas Navidades fui muy feliz (si también fui muy pobre, como Hemingway, es según el color del cristal con que se mire…), eso no es nuevo, como tampoco lo es que cuando regresé a Madrid sufrí una crisis leve y tardé al menos cuatro o cinco días en recuperarme emocionalmente. No tuve que ir a un psicólogo ni tampoco es que sufriera una depresión seria, pero sí que estuve varios días en los que no atendía el teléfono ni para hablar con mi familia  (básicamente tenía el móvil desconectado) y en los que miraba el techo más de lo normal. Una de las extravagancias que me permití a mi vuelta de París fue la de contratar a una empresa la traducción de una carta al francés. “Es muy importante que no se pierda el sentido de las frases, por favor, tened en cuenta que no estamos hablando de trabajo. Es una nota de agradecimiento que les envío a unos amigos franceses por lo bien que se han portado conmigo estos días”, le dije a la chica, que, tras pedirme cien euros por la broma, me aseguró que no, que no se perdería el sentido de las frases porque los trabajadores de su empresa eran profesionales de primer nivel. Pero lo de París no fue una excepción. El año pasado, por ejemplo, me sucedió lo mismo (vale, lo mismo no, un poco menos exagerado) cuando regresé de Bilbao o de Sitges o de Berlín o de Mallorca o de Valladolid o de Málaga o de los otros sitios en los que estuve. También sufrí bastante años ha, cuando regresé de Escocia y comprendí que los amigos que había tenido allí, con los que lo había compartido todo, simplemente ya no existían en mi vida, habían desaparecido, se habían esfumado para siempre. En fin, el caso es que este jueves voy a Barcelona a pasar el finde y que el mes que viene voy a los carnavales de las Palmas de Gran Canaria y que en semana santa voy a… c’est la vie

 

 

 

 

 “hola guapísimo: “l truco del manco” maravillosa! Gracias por recomendármela. Beso grandote” (sms recibido. Tia Lola)

 

 

 

Queridos y queridas: son las siete y veinte de la mañana y me muero de sueño. Digamos que hoy tengo  un día complicado. Os dejo un artículo que publiqué ayer en Osaca y os animo a que vayáis a ver esta película. También os mando muchos besos. C.

 

 

 

Nunca antes se había visto tanta nieve bajo el cielo de Madrid. Las carreteras estaban cortadas y él, El Langui en la música y Juan Manuel Montilla en la vida real, líder del grupo de hip hop La Excepción y ahora también actor, 32 años, minusválido físicamente por una parálisis cerebral y sin embargo más válido que la mayoría de las personas, no llegaba. “Llegará, veréis como llega, aunque sea volando”, repetía a los periodistas Santiago A. Zannou, director de El truco del manco, película que opta al Goya a la mejor dirección novel y que protagoniza, precisamente, José Manuel Montilla, hombre al que todos estábamos esperando con desesperación. Y no lo esperábamos solo porque la película sea increíblemente bonita aunque a ratos resulte dura de ver y violenta. Lo esperábamos sobre todo porque el actor se come la pantalla, la traspasa y transmite al espectador una fuerza volcánica que, verdaderamente, eriza la piel. Por eso nadie se iba y esperábamos media hora, una hora, dos horas, y cada vez nevaba más fuerte bajo el cielo de Madrid. Santiago A. Zannou, mientras, nos explicaba que él no cree que la película sea pesimista. “Es una película de unos tíos que intentan superarse. Lo que sucede es que muchas veces tiramos la toalla demasiado rápido, por eso José Manuel, Ray en la película, llamado así en honor a Ray Heredia, dice y repite en la peli ‘A mí no me digas que no se puede’, porque sí, claro que se puede, es éste el mensaje que queríamos transmitir”.

 

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arriba: El Langui en uno de los pasillos de los cines princesa. Abajo: el director de la

cinta, Santiago, le da un beso al protagonista del filme. (autor de las fotos: Curro Cañete)

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De repente, desde el fondo del pasillo de los cines Princesa, una figura, una sombra. Un hombre al que le costaba trabajo caminar se acercaba a nuestro encuentro, serio pero triunfal. No cabía duda: era él, y ya lo teníamos entre nosotros, pletórico, exultante, sabedor de que borda su papel en su primera película. Y lo sabía porque se lo había dicho todo el mundo y porque está nominado al Goya al mejor actor revelación. Al momento nos estaba contando que no, que ni mucho menos va a abandonar el mundo de la música (“Es el hip-hop lo que me ha hecho sentirme útil”), y que sí, que por supuesto le ha encantado la experiencia de la interpretación y que claro, que ojalá que se lleve el Goya, algo que le haría mucha  ilusión. Luego nos dijo que no se parece en nada a su personaje de la película. “Bueno, nos parecemos en que los dos somos minusválidos y en que los dos sentimos pasión por el hip hop… ¡pero yo soy mucho más tranquilo que él!”. El encuentro fue breve, era tardísimo. Pero se le notaba feliz. Y desde estas páginas le damos la enhorabuena por su prodigiosa actuación en la película pero, sobre todo, por hacernos comprender, con su experiencia, que podemos y debemos luchar por conseguir nuestros deseos.

 

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hablando de sueños y de deseos: os recomiendo un reportaje de psicología publicado ayer en El País Semanal. y para que véais cómo nevaba aquel día, os dejo una foto que alguien me hizo en Plaza de España

 

curro-en-plaza-de-espanya

oscar_jaenada1

 

 

En una esquina del madrileño restaurante Lamucca, con un gorro muy simpático, una calentita chaqueta de lana y unos modernos pantalones negros, Oscar Jaenada atendía a los periodistas que habían acudido al acto. El acto tenía lugar  por el 120 aniversario del Ron Brugal, celebración para la que habían contratado, entre otros, al actor, reconvertido para la ocasión en pintor. Concretamente, había pintado un cuadro abstracto con los colores de la marca (rojo, blanco, azul y dorado) que simbolizaba, según explicó, “un mundo lleno de emociones y de pasión”. Cuando llegó mi turno para hablar con él, me dijo:  “¿Qué tal? Un placer”, y luego fue respondiendo de modo distante pero seguro a las preguntas formuladas. Desde luego no le pregunté por su relación con Bárbara Goenaga: sé que no hubiera consentido lo que para él hubiera supuesto un ataque a su intimidad. Cierto sector de la crítica y de los periodistas de cine considera al que fuera protagonista de Camarón como uno de los actores más importantes del cine español. Ante semejante afirmación, él sonríe levemente, siempre sin mirar a los ojos de su interlocutor, y exclama: “¡Eso es muy relativo! Hombre, no sé, yo demuestro mucho respeto por mi trabajo, mucha responsabilidad y nunca, jamás, he jugado con el poder. Prefiero cien mil veces estar escondido para poder seguir viendo con mis ojos y vivir mis propias experiencias”. Fue como si respondiera a otra pregunta, motivo por el que abordé el tema del ego, una enfermedad contagiosa entre los actores: “¡Repito que eso es muy relativo! A mí no me interesa para nada que me feliciten. Además, que tu trabajo funcione bien en tu pueblo no quiere decir que  funcione bien en España, mucho menos en EEUU o en el mundo entero. Todo es relativo. Yo agradezco la sinceridad, por supuesto, y las críticas, ya sean buenas o malas. Y a partir de ahí sigo trabajando”. “Bueno, bueno, pero podemos decir que la vida te sonríe, ¿no?”, insistí yo. “Otra vez vuelve a ser relativo. A ver, me sonríe más que a otros, claro, pero menos que a otros también. Las cosas van bien pero no tan bien como quisiéramos ni para los nuestros ni para la cultura, pues mientras se siga dando dinero a los que nos roban e ignorando a los que les damos, pues sí, estamos bien, pero relativamente”. Luego me explicó que está muy contento con el inminente rodaje de Monsieur Paco,la próxima película de Carlos Saura y me confirmó que, “por supuesto”, Noviembrehabía sido la película más importante de su carrera. Y es que, antes de protagonizar la celebrada ópera prima de Achero Mañas, por la que fue nominado al Goya que más tarde conseguiría por Camarón,Oscar Jaenada sólo había conseguido esporádicos personajes en series de televisión y papeles menores en alguna que otra película de escaso éxito en taquilla. Años antes de esto, cuando el actor catalán decidió lanzarse a la aventura madrileña, ciudad a la que llegó sin trabajo y con unas 20.000 pesetas en el bolsillo, no todo fue color de rosa. Por el contrario, hubo días de penuria económica en los que no tuvo ni para dormir en una cama. “¿Que si lo pasé mal? Eso es relativo. Porque peor lo pasa el inmigrante que viene desde otro país. Yo, dentro de lo que cabe, aunque es cierto que vine a Madrid sin tener casa ni trabajo ni dinero, no estaba tan mal. Al menos compartía el idioma, la nacionalidad y la gente me respetaba. Me puso a trabajar de camarero al poco tiempo, gracias a una chica que conocí una tarde noche en un parque. Al tiempo me descubrió Luis San Narciso y comenzaron mis primeras oportunidades. Yo no cambiaría nada de lo que me ha sucedido. Desde entonces me ha dio relativamente bien”.

Es este el resumen de la relativa manera de ver las cosas del actor. Así que ya sabe, lector o lectora, si alguna vez se da de bruces con tan con tan camaleónico actor, recuérdele de mi parte estos versos de Ramón de Campoamor: “Y es que en el mundo traidor / nada es verdad ni es mentira / todo es según el color / del cristal con que se mira”. 

 

“¿Qué te parezco sosa?, ¿has dicho eso?”, me decía esta noche, sorprendida y alegre, Patricia Rodríguez, 1,79, canaria, 18 años, Miss España, una chica de la que, cierto es, yo había dicho hace meses que era poco espabilada. Y si lo dije fue porque hicimos un viaje solidario a Asturias un grupo de periodistas y famosos (descenso del Sella, algún lector lo recordará) y allí la encontré a ella, sonriente pero seria, sin mover una pestaña de forma improvisada. Sí, recuerdo que me pareció un poco sosa. Y lo escribí. Pero ya se sabe que las primeras impresiones a veces se equivocan y que rectificar es de sabios: hoy puedo decir que es una chiquilla adorable, una niña guapísima que ganó el reinado cuando aún era demasiado pequeña para entender ciertas cosas de la vida (tenía 17 añitos) . Hoy he estado cenando con ella en los premios ACUDES, una gala solidaria para concienciar sobre la prevención contra el cáncer de cérvix. Y con Juan Manuel Montalvo, Mister España, que es muy guapo, por supuesto, pero sobre todo es un tío legal y bastante inteligente (atención a las féminas de este blog: me ha confesado que no tiene novia y dice que sí, que por supuesto le encantaría enamorarse), algo poco habitual, hay que reconocerlo, en los Misters que han circulado con la corona desde que la corona existió. Sobre esta fiesta, a la que no ha faltado ni la mismísima Leticia Sabater, os hablaré una vez que publique la crónica que he de escribir para Osaca (se sabe que con el blog uno no obtiene ningún tipo de beneficio económico). De momento os dejo algunas fotos que nos hemos hecho durante tan rica velada, en la que también podréis ver a Mabel Redondo y a Saúl Ortiz, compañeros de fatigas profesionales y, sobre todo, buenos amigos.

 

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(arriba: el simpático mister y servidor)

 

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(arriba: la bella Patricia, el bello mister haciendo la broma y servidor)

 

 

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 (con saúl y mabelita)

 

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Y ahora cambio de tema para hablaros de La vida que soñamos, la preciosa novela que ha escrito Raúl Portero. La he leído hoy y, sinceramente, he de reconocer que no esperaba nada de ella. De hecho, pensaba que iba a ser mala. Al fin y al cabo, ganar un premio literario no es ninguna garantía de calidad, mucho menos lo es en el caso del Terenci Moix, que es el que ha ganado esta novela. Y sin embargo, hoy, mientras estaba en la cena de los premios solidarios, no paraba de pensar en Carlos y en Josep, protagonistas de la novela. No me había dado tiempo a terminarla antes de la hora en la que había quedado con Mabel y, he de reconocerlo, la historia me había enganchado completamente. Por eso quería llegar a casa, para conocer el final. Es una historia de amor trágica, desde luego, pero también es muy bonita, y está escrita correctamente. Quiero decir que no tiene frases pedantes ni uso de adjetivos que no vienen a cuento ni nada de eso, error que comenten muchos escritores debutantes, desesperados por convencer a la crítica de que son escritores de verdad y de que son capaces de encontrar palabras rebuscadas y difíciles. Raúl Portero no ha caído en ese error. Al contrario: utiliza un lenguaje no por sencillo, limpio y ligero menos intenso o menos capaz de transmitir los sentimientos de sus protagonistas. Porque La vida que soñamos transmite amor, mucho amor, y ese es el éxito de su autor. y para muestra un botón: “carlos sí que sonríe. josep siempre le ha fascinado. su entereza, su sentido del humor, la madurez con que ha asumido la enfermedad y su lucha a capa y espada contra la muerte conmueven a carlos y le producen unas ganas inmensas de comerle la cara a besos, de abrazarlo tan fuerte como pueda. pero no puede. en cambio, se permite llorar, aunque no sabe muy bien por qué lo hace. ¿por desesperación, por miedo? ¿Por qué todo ha ido bien? está confundido”.

No sé yo si Raúl habrá vivido alguna historia de amor tan bonita como la de sus protagonistas, tampoco sé yo si su ciudad preferida es seúl o si alguna vez ha encendido la música de forma aleatoria y le ha sorprendido la canción “what ever happened”. tampoco sé si tiene un gato que es tan cariñoso y tranquilo como un perro. Ni si quiera sé si alguna vez ha conocido a alguien con quien le sobraran las palabras.  Pero sí sé que escribe muy bonito y que, por supuesto, yo estaré apoyándole cuando venga a Madrid a presentar La vida que soñamos.

 

p.s. estrella, un libro te espera en casa.

 

 

la Gran Vía es NY

22 Enero 2009

Carmen Martín Gaite decía de cuando en cuando aquello de “la Gran Vía es NY”. Yo no he estado en NY (me muero de ganas) pero he de reconocer que la Gran Vía de Madrid me encanta. De hecho, creo que es mi calle preferida y, además de pasearla mínimo tres o cuatro veces a la semana, siempre que puedo me siento en uno de sus bancos para ver la vida pasar, que diría Alaska. El espectáculo es increíble: todo el mundo es distinto y nada es lo que parece. Porque en la Gran Vía hay putas que te silban y te dicen “nene ven pa cá”, hay extranjeros de todos los colores, hay altos ejecutivos de los de maletín y traje de Hugo Boss, hay mendigos durmiendo en la calle, hay gente tan, tan, tan moderna y tan, tan extravagante como puede haberla en Picadilly Circus, hay cines, teatros, musicales, en la Gran Vía hay tiendas y bares. La Gran Vía es un espectáculo en sí misma, en serio. Y puede que esté repleta de gente y que sea una calle algo incómoda, pero a mí me encanta. Es mi calle preferida y nunca hubiera soñado que algún día viviría a menos de diez minutos de ella.

 

No voy a explicar por qué motivo ni con qué pretexto estaba yo la otra noche en un hotelazo desde cuyos enormes ventanales se contemplaban las vistas imposibles a una Gran Vía imponente, llena de lucecitas pequeñitas y de sueños. Pero sí voy a dar un poco de (sana) envidia en forma de fotos para, a continuación, cambiar de tema. Por cierto, esa misma noche vi en un bar a E. Bebíamos una copa espalda contra espalda, cerquísima, pero nos hicimos los locos y ni siquiera nos dijimos hola. Me hubiera gustado preguntarle si leyó la nota que le dejé desde aquí, pero no me atreví.

 

curro-en-la-ventana-1

 

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curro-en-la-habitacion

 

 

curro-en-la-ventana

 

curro-en-la-habitacion-2

 

 

 

Ayer fui otra vez a ver Matrimonio de Boston, de David Mamet, obra de teatro que protagoniza Antonia San Juan. Como ya escribí aquí una crítica la semana pasada y como he de escribir una bonita crónica para Osaca, ahora sólo diré que volvió a gustarme. Y que si la he visto dos veces es porque a mí nunca me importa ver dos veces las películas, exposiciones, obras de teatro o arte en general que me haya gustado. Además, quería que la viera Estrella, amante del teatro y feliz compañera de piso. Total, que al terminar la obra  estuvimos hablando con Antonia San Juan. Yo le pregunté que cómo ha logrado lo que a mis ojos parece dificilísimo: llevar 11 años al lado de la persona amada y que ésta siga mirándole con la pasión y con la complicidad con la que yo me di cuenta que ayer la miraba a ella su novio mientras yo le hacía la entrevista. También le pregunté que cómo se divertía y que si era una persona feliz.

con-antonia-san-juan

 

Así que en una semana pondré aquí la crónica + sus declaraciones, pero adelanto desde ya que me cae muy bien y que la considero una mujer valiente y buena actriz. También hablé con Marta Ochando, que es la chica que hace de criada en la obra (gran descubrimiento por otra parte). Reía a mandíbula batiente (se notaba que estaba muy contenta) en el bar con unas amigas que habían ido a ver la obra. yo me acerqué a felicitarla.

 

-¡Yo te conozco! –me dijo, de repente-.

-¿Cómo? –pregunté

-Sí, sí, tú viniste a ver la obra el otro día. Yo te vi. Me fijé en ti porque estabas todo el rato apuntando cosas –decía Marta, echándose a reír ante mi cara de pasmo

-Sí, es que me gustó mucho y por eso he venido otra vez. Te doy la enhorabuena. ¡Lo haces fenomenal!

 

Luego tenía que haberle pedido el mail para invitarla a los eventos que organizamos Mabel y yo, pero se me pasó (Marta, si por favor lees estas líneas, deja un comentario o escríbeme un e-mail). Después Estrella y yo no sabíamos salir del teatro. La puerta principal estaba cerrada y mirábamos para todos los lados, buscando una salida. Hasta que una mujer se dispuso a acompañarnos. “Seguidme, es por aquí”, dijo, y nosotros la seguimos por una serie de pasadizos que nos llevarían a la calle. Le dimos las gracias y luego, cuando ya estábamos los dos solos fuera, me dijo Estrella:

 

-Niño, ¿te has dado cuenta?, ¡era la otra actriz de la obra!

-Coño, no la he reconocido, está muy cambiada, ¡qué fuerte! Niña, ¿por qué no has dicho nada?

-¿Cómo te lo iba a decir delante de ella?
El caso es que la otra actriz también borda su papel en mi humilde opinión. Se llama Rocío Calvo y también le damos la enhorabuena desde aquí
 
 
 
 
 
 
 
 

 

 

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ya no tengo más tiempo para el post de hoy. Tengo que contaros cosas atrasadas: por ejemplo sobre la obra de teatro que vi anteayer, Noviembre, de David Mamet; por ejemplo sobre Norma Cruz, increíble mujer con la que estuve el otro día; por ejemplo sobre Un cambio en la mirada, interesante documental que se emitió el otro día en la Casa de América de Madrid (con coloquio posterior en el que intervino Norma y la mismísima Bibiana Aído, a la que tuve ocasión de saludar); por ejemploo sobre la muy recomendable (aunque no apta para estómagos sensibles) exposición de Alberto García-Alix en el Reina Sofía… por ejemplo…

P.S. Por cierto, ¡Raúl Portero! Que ayer por la tarde me llegó a casa tu novela. Te lo agradezco mucho, pero no te perdono que no me la hayas dedicado :):) Me la leo y te digo qué me ha parecido

 

 

Me lo presentaron en el super programa que Paz Padilla presenta en Canal Sur

 

perrobonito

 

p.s. gracias Sebas :)

 

 

 

ESTOY DESPAREJADO

20 Enero 2009

Inciso: estoy a la espera de que Sebas, un chico muy simpático que siempre se queda conmigo y que  trabaja en producción del programa Paz en la tierra, me envíe una foto. En cuanto me la envíe la colgaré aquí pero os adelanto desde este mismo momento que es una foto MARAVILLOSA que me he hecho esta tarde con un animal más MARAVILLOSO todavía. Sebas me ha prometido que me la va a enviar y yo no dudo de su palabra. Así que estad atentos. Y ahora escribo el post de hoy y luego me voy a dormir.

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Bueno, sí, en el programa muy bien, la verdad es que no nos podemos quejar, aunque veremos cómo responde la audiencia. Personalmente pienso que el debate ha estado fluido. Quiero decir que ha habido disparidad de opiniones, ha sido ágil, divertido y todo eso. Si quiere que le diga la verdad, me da un poco de cosa por mi madre y sus amigas, no sé, pienso que se pueden escandalizar un poco. ¿Que por qué? Joder, pues porque supongo que para una madre conservadora y católica no debe ser del todo agradable escuchar cómo su hijo dice que la mayoría de sus 900 mejores amigas follan con quien les da la gana, que además toman ellas la iniciativa cuando les da la gana y que por supuesto no tienen ningún tipo de problemas de conciencia al día siguiente. Ni escuchar, entre otras cosas, que ese es uno de los logros más importantes de la mujer moderna: la liberación sexual o, lo que es lo mismo, la revolución sexual, que diría Guille Milkyway. O ver en directo cómo su hijo opina que el hombre y la mujer son infieles por naturaleza, y que por eso hay tantos prostíbulos llenos por toda la geografía no ya de España sino del mundo entero (o al menos de los países desarrollados). Pero en fin… La verdad es que ella me respeta mogollón, guarda la distancia y solo me critica de forma muy epidérmica, no se mete con lo que yo digo ni con lo que hago ni nada de eso. En ese sentido tengo suerte, porque no quiero ni pensar lo mal que yo llevaría una madre metomentodo. ¿Sabe? Me he puesto un cartelito que yo creo que ha sido un puntazo. Ponía ESTOY DESPAREJADO y se ha reído todo el mundo. Lo mejor de todo es que parece que el programa cada vez hace más audiencia y que va a durar mucho y ¿sabe? Se trabaja allí muy a gusto, hay un buen rollo que te cagas, y ni de coña hay tanto estrés como en una cadena nacional…

Pero yo cuando más me he reído ha sido en maquillaje y peluquería. Con el maquillador, concretamente. Para empezar me ha dejado moreno, moreno, guapísimo, ideal de la muerte, como recién llegado de Sitges, vaya, Pero es que además hemos congeniado muy bien. A él nunca le había tocado maquillarme hasta ahora. O, mejor dicho, a mí nunca me había tocado que él me maquillara. El hombre me ha caído fenomenal, en serio. Me ha contado que él tiene una casa en Sevilla pero que vive en Madrid, “hasta los ochenta y cuatro años voy a estar pagando la hipoteca, niño, y eso si puedo pagarla, pero como yo digo, si me la quitan la casa pues que me la quiten, ¿no crees? El tiempo que haya vivido en ella nadie podrá quitármelo. Y es una casa tan bonita, al lado de la catedral, me encanta”. Luego, ahora mismo no recuerdo cómo ni por qué, hemos hablado de los despistes humanos en general y de los nuestros en particular.

 

-Que no, niño, que tú no eres más despistado que yo –me decía él.

-Verás, en 2008 perdí cuatro móviles, cuatro, o me los robaron, que para el caso es lo mismo –repliqué.

-Yo una vez perdí el coche, ¿acaso conoces alguien que haya perdido el coche? Pues ya conoces. Y no, no lo he recuperado todavía. ¿La policía? La policía no tenía ni puta idea. Y no, no sé si me lo robaron. Yo nunca me acordé de dónde lo había dejado. Ni lo encontré.

-Reconozco que eso es lo más fuerte que he escuchado yo en mi vida, pero, ¿acaso conoces a alguien que haya olvidado alguna vez la maleta en el hotel? Pues yo sí. Este verano, sin ir más lejos. En Marbella. Habíamos ido Mabel y yo a presentar una gala, ¿recuerda? Pues cuando terminó todo vinieron mis padres a recogerme. Me monté en el coche. Y, una hora más tarde, grité: ¡¡¡¡PAPÁAAAA!!!!! ¡¡¡¡QUE NO TENGO LA MALETAAAA!!!!!!!  ¡¡¡¡QUE ME LA HE DEJADO EN EL HOTELLLL O EN LA CALLEEE!!!!! Y tuvimos que regresar, como lo oye. Imagine la cara de terror de mi padre, que no podía creer lo que su propio hijo le estaba contando.

-Pues yo una vez pensé que se estaba incendiando mi casa. Había olvidado todos los fuegos encendidos…

-Por no hablar de los paragüas, llevo ocho este invierno. Y creo que ha llovido ocho veces.

-Niño, es que yo ya paraguas ni lo intento, la verdad, directamente prefiero mojarme…

 

Y así hemos seguido un buen rato. Hasta que el bueno señor me ha dicho: “Es horrible lo que nos pasa, porque desde luego ha quedado demostrado que tanto tú como yo lo hemos pasado muy mal muchas veces por culpa de nuestro congénito despiste. Pero, ¿sabes una cosa? Yo prefiero mil veces más a la gente como tú y como yo que a los que lo tienen todo pulcro y ordenado y nunca, jamás, se les olvida ninguna cosa”

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próximo post: Norma Cruz, el documental Un cambio en la mirada, Bibiana Aído, NY…  y mucho más