escribir es comprender

27 Febrero 2009

La situación del periodismo, al menos en Madrid, está empezando a preocuparme. Y no sólo por el hecho de que cada vez haya más periodistas adiestrados, ovejas de rebaño que bailan el agua de la empresa que les paga la nómina, una empresa que cada vez se interesa más por la cuenta de resultados y cada vez menos por la calidad de los textos, por la veracidad de las informaciones y de las  investigaciones, del arte que para mí debiera ser el periodismo –o al menos una parte de él- (Truman Capote ya hablaba hace años del periodismo como forma artística propiamente dicha). Muchos de los articulistas de prestigio, la gente con “poder”, tienen contratos blindados, cobran una pasta por artículo y cada vez se esfuerzan menos por trabajárselos o por estrujarse la cabeza para escribir cosas que verdaderamente cuestionen el sistema o agiten las conciencias. Los periodistas jóvenes no tienen hueco en los grandes periódicos, que están blindados y que les desprecian por mucho que tengan cosas que decir. Los grandes periódicos y las radios de grupos tan potentes como Prisa se nutren de becarios a los que por ¡doce horas! diaras de trabajo pagan una miseria que, por cierto, es el mismo dinero que los padres de los chavales han pagado previamente por el Máster que llevaría a sus hijos a hacer realidad sus sueños. No hablemos de sueños cumplidos: les tienen un año en la redacción del periódico o la radio y, acto seguido, por muy bien que escriban o por muy bien que locuten, por mucho que se hayan esforzado o demuestren talento, los largan a la calle, que vienen los del año siguiente, más baratos, más jóvenes y, por tanto, más manipulables y menos incómodos. De las teles, mejor no hablar: salvo honrosas excepciones, por los platós circulan tertulianos que no solo no tienen gusto estético ni ético y que no saben sino mirarse el ombligo y tratar de lucirse sino que, directamente, les pegan patadas al diccionario dignas de una persona que no ha leído un libro en su vida. Y pocas cadenas nacionales apuestan en los programas de debate (de debate por llamarlo de alguna manera, porque desde luego no consiguen, ni quieren, hacer debates reales) por caras nuevas, gente joven que, inquieta, virtuosa y valiente, podría hacerlo estupendamente.

                                                                      

Decía antes que no solo por eso empieza a alarmarme de verdad la situación del periodismo, no sólo por la evidente pérdida de la rabia periodística, de la pasión por el riesgo, de la aventura. Si ahora me alarmo es porque me parece que la crisis está castigando mucho más a los periodistas que a otros sectores, situación que está empezando a ser insostenible. Sabed que algunos de los periódicos nacionales han decidido pagar hasta casi la  mitad, de un día para otro, las colaboraciones que sostienen sus ediciones. “O lo tomas o lo dejas, que hay cien detrás que lo van a querer”, se ha convertido en la frase más repetida en el último año por los que manejan el dinero, una frase que, he de escribirlo aquí, a mí me parece una auténtica perversidad, un chantaje. Es verdaderamente inadmisible que en un periódico como El Mundo esté pagando lo que están pagando por un reportaje o por un artículo o por una entrevista (entended que no dé cifras). Es inadmisible que El País rellene muchas de sus páginas con los becarios del Máster que el propio periódico promociona e imparte. Es inadmisible que nadie diga nada, que no salgamos todos a la calle, que no gritemos ni nos indignemos.

 

En las revistas sucede más de lo mismo: sé de más de una y más de dos que, directamente, han recortado a la mitad lo que hasta hace un año pagaban por una entrevista. ¿Sucede lo mismo con los fontaneros, con las minutas de los abogados, con los sueldos de los dermatólogos o los de los secretarios de justicia?, ¿acaso cobran menos sus majestades los Reyes o el presidente del Gobierno?, ¿y los dueños de las grandes empresas de comunicación?, ¿está ahora menos forrado Pedro J. Ramírez que hace un año? Yo creo que la respuesta es no. ¿entonces?

 Pero es que además la situación actual comienza a ser insostenible –al menos para mí- a nivel psicológico: la gente no habla de otra cosa. Yo hoy le decía por teléfono a mi amiga Silvia que estaba poco menos que sumido en un ataque de pánico, que no podía más y que mis nervios estaban a la que saltan, a flor de piel. Y era verdad. Supongo que estaba harto. Cuando vas a una fiesta o a un estreno y te encuentras a un colega lo primero (y casi lo único) de lo que se habla es de qué tal la crisis y de cómo la estás llevando y de qué cosas te has enterado y de que si va a cerrar esto, que si lo peor está por llegar, que se dice, se rumorea que también va a caer el 20 minutos, que en la redacción tal han dejado en la calle a no sé cuántos, que Fulanito está buscando trabajo porque cerró su revista… Y luego además te das cuenta, porque se percibe y se nota, que la gente está como loca corriendo como pollos sin cabeza, ofreciéndose a los programas, llamando a los directores y a los dueños de las productoras, haciendo la pelota lo que pueden y más, proponiendo esto y lo otro todo el día, poniendo zancadillas y levantado el trabajo a compañeros si hace falta. Digamos que la hipocresía circula por el ambiente como un gas contaminante del que es muy difícil escapar. Y ojo, que lo comprendo, que no digo yo que no sea lógico porque, como me decía hoy otra amiga por teléfono, “es que es una situación real, no es inventada, Curro”. Y la competencia, el miedo, la falta de dinero y la desesperación, supongo, crean rivalidades y falsedades de todo tipo. Y, a veces, incluso monstruos.

 

 

A mí ahora mismo no me van las cosas peor que el año pasado. Mantengo los mismos trabajos que por entonces, tengo algún proyecto del que aún no puedo contar aquí nada y otros varios-posibles-futuribles que, quizás, quien sabe, se hagan realidad. De momento el dinero me da para todo lo que me gusta: el cine, salir con mis amigos, comprar libros y hacer un viajecito de fin de semana de cuando en cuando. (desde luego no me llega para ahorrar ni para lujos, pero tampoco lo pretendo). Tengo para todo lo que me hace feliz y si algún día me faltara, cuento con los recursos, la cabeza y las armas para reinventarme a mí mismo y buscar otras oportunidades. Soy consciente de ello y, sin embargo, hoy me he dado cuenta de que en los últimos tiempos (semanas o meses) vivo en un estado de inquietud permanente, de que el miedo que circula a sus anchas por el ambiente se me había metido dentro. Por eso lo escribo, porque el otro día me dijo a mí Maruja Torres algo que a ella le dijo Doris Lessing un día de abril de 1983: escribir es comprender. Y así, al escribirlo, espero racionalizar las cosas, ser positivo, sacar energía y lograr algo tan difícil y necesario al mismo tiempo como es vivir tranquilo, hablar de otras cosas que nada tengan que ver con la crisis ni la inseguridad laboral y seguir interesándome por lo que verdaderamente me interesa. Algo que, más o menos, he venido haciendo hasta ahora

 

p.s. de momento, ruego y suplico a los amgios invitados, periodistas o no, que en la cena que mañana celebro en mi casa nadie pronuncie la palabra crisis!

 

 

 

“Yo no soy nada, sólo una periodista. Una vez estuvieron a punto de matarme en Panamá y pensé dos cosas: qué disgusto le iba a dar a mi pobre madre y qué suerte tenía por no haberme puesto a régimen” (de una entrevista que le hice el otro día a Maruja Torres)

 

 

“Curro, me estoy leyendo ahora “Mujer en guerra” de Maruja Torres y me está encantando. Tienes que leerlo (si no lo has hecho ya). Yo pensaba que era un libro sobre su estancia en Líbano y en Panamá, pero que va. Cuenta cómo se inició en el periodismo, con la gente que se movía. Uno de los que la iniciaron también fue Manuel (Manolo) Vázquez Montalbán. Sus pasos por todo tipo de periódicos y revistas en Barna, antes de Fotogramas, etc. Sus manifestaciones proaborto, nacionalistas, antifascistas, etc. Ella y Karmele coincidieron en algún momento, porque tienen pasados comunes?

Me está gustando mucho.

Besos.

Por cierto, de Truman Capote dice: “La periodista-comodín se ponía la burlona máscara del cronista, teniendo muy en cuenta la frase con la que Truman Capote desafió a la buena sociedad a la que frecuentaba: “Soy un escritor, no vuestro bufón” (aunque el pobre Truman acabó olvidándolo, víctima de su deseo de brillar en la misma sociedad sobre la que escribía)”.

 

(un mail que hoy me ha enviado mi amiga Lola)

 

 

 

 

  

 

Hoy me desperté sobresaltado y, nada más tomar el café, me llevé el primer disgusto: la administradora de mi comunidad decía –en un mail- no sé qué de unos papeles por una venta del portal y algo del notario, que me estaba llamando para explicármelo de viva voz pero que yo no respondía el teléfono y ella no entendía por qué. Le contesté que estaba escribiendo un artículo y que necesitaba aplazar la conversación para otro momento. Evidentemente, no estaba preparado, precisamente hoy y precisamente esta mañana, para temas de papeles y burocracias. Estuve gestionando entrevistas (algún día escribiré un post entero de cómo nos las vemos y deseamos los periodistas para gestionar las entrevistas; de hecho, cuando leo cualquiera en una revista o en un periódico, pienso, ¿imaginarán los lectores el trabajo que hay detrás de esto?) sin ningún éxito (concretamente una con Almodóvar. A los quince minutos tenía la respuesta de la jefa de prensa en la que me decía: “imposible, imposible, imposible”. “iré a la rueda de prensa de su peli”, me consolé a mí mismo)

Hice cosas varias, escribí cartas y realicé llamadas, miré el techo, respondí mails, redacté la fiesta Larios del otro día y un poco del estreno de ayer de teatro, jugué con Truman, pensé en dónde estaría en ese momento D. y por qué ya nunca me escribiría, hablé con P. (“que cuando vas a bruselas”, “que te vengas”, “que como compro el avion” “que qué bien que vengas!” “que no sé qué hacer” “que no seas tonto”, “que viene G. el sábado y tenemos que verle”, “qué bien que venga G.”, “que el domingo hay una inauguración de un templo del arte, que si vienes conmigo”, “que vale pero niño que ya me has propuesto cosas para viernes para sábado y domingo”, “que hablamos cari que no tengo tiempo de más” “que vale que besos y que qué bien que ayer fuésemos a cenar con manolito. Y que mires los aviones, tonto, que lo vamos a pasar genial”, “vale pero que no se te olvide que el viernes es la cena en casa con estrella y su amiga”), hablé con mabel (“dios mío qué vamos a hacer” “ay yo no lo sé”, “qué tú qué estás haciendo” “pues yo también estoy gestionando entrevistas”, “que qué convocatorias te han llegado” “que ni hablar que yo no voy hoy a ningún sitio”, “que gracias por perdonar siempre mis neuras y mis excentricidades”, “que no, currito, que yo no tengo nada que perdonar”, “que eres un encanto”, “y cuándo quedamos”, “pronto, muy pronto, hablamos luego que me está entrando el agobio”), más tarde vino Candi, limpiamos como locos, tratando de poner algo de orden al ingobernable caos que reinaba en casa desde que llegué de los carnavales.

 

Esperé toda la mañana una llamada muy importante. No llegó. También esperé un sms muy importante. tampoco llegó. “Nunca entenderé a la gente que no responde los sms”, me dije. “Qué morro tienen y qué egoístas son, joder”, me enfadé

 Sufrí varios sobresaltos (una información que me llegó, una decepción, un engaño frustrado), alguna alegría y muchos quebraderos de cabeza.

 

 

 

Comí una lata de noséqué delante del ordenador, me fui de casa. Triste y serio, con cara de pocos amigos y con pocas ganas de hablar con nadie, me lancé a la calle. Compré El País y no me interesaron nada las guerras de partidos ni el acoso a Garzón por parte del PP ni las tramas de espionaje madrileño ni los alarmantes datos del déficit público, pero sí me gustó leer un artículo de contraportada de Elvira Lindo en el que reflexionada sobre lo absurda que es la vida en general y la política en particular. Leí un reportaje muy bien redactado, literario, con una foto chulísima de un chico de pelo largo escribiendo en una libreta al borde de un precipicio, con el viaducto al fondo (“¿quién será él y qué estaría escribiendo?, me pregunté), escrito para las páginas de Madrid de El País por Cristóbal Ramírez, periodista o escritor a quien no tengo el gusto de conocer y al que le he mandado un mail diciéndole que escribe muy bonito. Se titulaba El Viaducto y Max Estrella y desde aquí recomiendo su lectura. también venía una entrevista que Elvira Lindo le había hecho en su casa de NY al escritor Michael Greenberg, que acaba de publicar en nuestro país, con la editorial Seix Barral, Hacia el amanecer, un  libro en el que cuenta la pesadilla vivida por su propia hija, que, según él, “se volvió loca el 5 de julio de 1996”. El caso es que esta entrevista reportaje de la Lindo (“qué grande es la Lindo”, solía decirme mi amiga Raquelín cuando aún nos veíamos asiduamente) no tiene desperdicio y desde aquí también lo recomiendo. Y el libro parece interesante.

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En la Fnac compré Las manos cortadas (Alfaguara), la nueva novela de mi adorado Luisgé Martín, Mujer en guerra, de Maruja Torres y Malena es un nombre de tango, de Almudena Grandes. También compré el nuevo disco de Fangoria, que según mi amigo Paco (fiel consejero musical) “no está mal” (él es fan y yo soy fan de algunas canciones, verbigracia Miro la vida pasar). También me hice, en un derroche imperdonable, con un deuvedé de Un tranvía llamado deseo, de Elia kazan. Compré tinta para la impresora. Miré cámaras de fotos. Vi una muy bonita, de diseño, canon, no demasiado cara, pero que era con pilas y no con batería recargable. Me compré dos camisetas blancas, baratísimas, en el Berska. Fui al Día y compré pan de molde, leche y doritos. Regresé a casa y me puse a trabajar.

Y así me hallo ahora mismo, a las casi 22 horas de este miércoles de febrero, solo en casa, Truman durmiendo hecho una pelota en una esquina del sofá, Estrella no está. Yo trabajo. Leo y escribo. Estoy redactando una entrevista que le hice el otro día a Maruja Torres. He de decir que cada dos minutos tengo que parar la grabación para a) echarme a reír o b) reflexionar sobre lo que me estaba diciendo en ese momento. Si termino la trascripción pronto y no se me hace muy tarde, puede que vea Un tranvía llamado deseo

Besos muchos

 

 

Inciso uno: son las dos de la madrugada y estoy agotado, agotado

 

Inciso dos: esta noche, en el estreno de Rick y Edu, obra (Teatro Galileo) que ha dirigido el actor Josep Linuesa (algunos le conoceréis por su papel de malo malérrimo en Sin tetas no hay paraíso o por verle en las revistas del corazón fotografiado en actitud más que cariñosa con Deborah, reportera de EP), he conocido a Alex García. En realidad ya le había conocido en el sarao que, hace unos meses, montamos Mabel Redondo y yo (el del catering Quatro, algunos lo recordaréis). Quiero escribir aquí como segundo inciso que este chico es ENCANTADOR, ENCANTADOR, ENCANTADOR, en serio, de los mejores (mabel ya me lo había dicho, pero yo no le hice caso). No le he visto actuar nunca (no veo Sin tetas no hay paraíso ni tampoco Amar en tiempos revueltos, dos de las series en las que actúa) pero como además sea buen actor no quiero ni pensar el zambombazo que va a dar en el cine español. Por favor: seguidle la pista. Además, tiene la maleta llena de ilusiones y de proyectos, y se considera una persona feliz (“bueno, sí, la verdad es que estoy muy contento. Mira, él es mi hermano, que ha venido conmigo. Oye, que no me dieron el prometido catering de regalo… y ¡he llamado dos veces!  pero no te preocupes, que no pasa nada, ¿eh?”, y luego se reía), algo que al menos yo agradezco mucho en una época en la que todo el mundo ha parecido optar por el tremendismo.

 

alex-garcia (en la imagen: alex garcía)

 

 

Inciso tres: hoy he estado en un almuerzo del Club de las 25 con Bibiana Aído, ministra de Igualdad, por lo que puedo decir y digo que a) es un encanto (casi tanto como el citado actor) y b) creo y considero que los medios de comunicación han sido y son muy muy muy injustos con ella y su ministerio

 

 

Y, ahora sí, os dejo una de las fotos de los carnavales de las Palmas de Gran Canaria. Besos muchos y buenas noches. C.

 

 

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aquí estoy con mi querida amiga Patricia, en su casa, cuando yo aún tenía mi cámara y ni siquiera

sospechaba que me la iban a robar, cuando aún era una persona confiada

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¿en qué estaría yo pensando aquí? en algo divertido, seguro.

 

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El Beckham de Vélez

24 Febrero 2009

 

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Supón que eres un chico como otro cualquiera, nacido en Vélez, Málaga, poco o nada culto ni leído ni viajado, alguien que no ha estudiado Periodismo ni en modo alguno se ha formado para trabajar en los medios de comunicación. Supón que eres rubio y que tienes unos ojos azulísimos, que eres muy guapo según la opinión de la mayoría, y supón que, además, tienes un cuerpo de escándalo, trabajado a base de horas de gimnasio e invencible fuerza de voluntad. Supón que entras en un concurso de Telecinco (Hombres, mujeres y viceversa) y que, de la noche a la mañana y sin saber muy bien cómo ni por qué, te haces muy, muy, muy famoso. Tan famoso que todo el mundo te para por la calle, tan mediático que todos los tertulianos de programas del corazón hablan de ti, tan conocido que, de repente y sin podértelo creer, te proponen firmar un contrato millonario para conducir un espacio televisivo (concretamente, la tertulia diaria de un programa de telerrealidad de Antena 3 TV). Tú no tienes ni idea de cómo presentar un espacio, no lo has hecho nunca pero, ¿qué importa? Al fin y al cabo, -piensas-, no todos los días le ofrecen a uno la oportunidad de ganar ¡600.000 euros! anuales de ingresos. Firmas y aceptas. Y no lo haces nada bien, eres consciente de ello, tan consciente que llegas a declararlo avergonzado en alguna entrevista, pero lo verdaderamente importante es que, al poco tiempo,  te compras un cochazo con el que ni siquiera soñabas y una casa con piscina.

La persona de la que estamos hablando no es el personaje de una obra de ficción: se llama Efrén Reyero y, aunque nos cueste creerlo, existe en la vida real. El otro día acudía a la gala de los Premios  TP de Oro, peliteñido, look estudiadamente despeinado, carísimo traje de chaqueta, encantado de haberse conocido… “no sufráis ni envidiéis, compañeros”, les dije a mis colegas, “sabed que un castillo que se levanta en unos días no es una obra sólida ni tiene posibilidades de durar muchos años. Recordad las palabras de Scheider: la suerte no se puede almacenar. Tiempo al tiempo”

 p.s. el título de este artículo está inspirado en otro que Marta Cibelina escribió sobre Efrén, uno que mi querida colega había titulado El Beckham de Alcobendas

 

 

sentado en un banco con vistas al mar, un chico con zapatillas rojas llenas de barro habla por teléfono. el chico se llama curro y, ahora mismo, está en las palmas de gran canaria, en una playa inmensa, muy bonita, que hay en el centro de la ciudad. a curro le ha parecido verdaderamente maravillosa la capital canaria, su gente, extrovertida y amable, su carnaval, divertido y loco, muy loco, sus papas arrugas, tan ricas, su temperatura, tan cálida. curro piensa en todo eso en este momento, mientras patricia, la amiga alegre y desprejuiciada que le da techo y cama estos días, y nuria, la otra amiga, catalana, 26 años (“a punto de cumplir 27), tan animada como una canción, y darío, el novio tranquilo de la primera, se toman un helado en un bar.

 

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más o menos así comenzaba el post que ya había empezado a escribir y que pensaba publicar en este blog. Justo debajo iba una bonita foto en la que se veían mis zapatillas rojas coloreadas, llenas de barro, apoyadas sobre una barandilla que hay en el paseo marítimo de la playa de las canteras. Yo estaba sentado en un banco y, detrás de mis pies, al fondo, se veía el mar. No puedo poner la foto. Ni esa ni otras muchas que yo había hecho con mi cámara. Me la robaron, o la perdí, que para el caso es lo  mismo. “guarda cuidado, curro, que en los carnavales hay mucho follón y pueden robarte”, me había advertido patricia. Pero no, supongo que no lo tuve, y ya podéis imaginar qué se siente cuando a uno le desaparecen dos cámaras de trescientos euros en unos pocos meses, más aún cuando en ambas cámaras había más de cien fotos que no habían sido descargadas a ordenador alguno, fotos irrecuperables de viajes y aventuras, alguna tan envidiada como aquella en la que aparecíamos Mabel, jesús vázquez y yo, sonrientes y felices, en la casa del presentador. Pues sí, joder, da mucha rabia y se siente uno muy mal, triste incluso, pero ¿qué posibilidad le queda al ser humano tantas veces sino es la del olvido?

Supongo que contaré más cosas de mi viaje cuando tenga tiempo y esté preparado para hacerlo. De momento solo dos cosas más:

-deciros que lo de los carnavales ha sido para mí un descubrimiento interesantísimo

-dar las gracias a patricia, a darío, a nuria, a eduardo, a jose y a joserra, por haber conseguido entre todos que yo haya pasado un finde tan maravilloso.

 

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algunos ya sabéis que Ana Locking es una de las diseñadoras de moda que más me gustan. Me parece increíble su trabajo, un milagro, de verdad, y por eso he lamentado no haber podido ver en directo su desfile, Expect no miracles here (me encontraba en las Palmas de GC). Le damos la enhorabuena desde aquí, por ser tan buena en lo suyo, por haber sido tan valiente y haber luchado tanto y, por supuesto, por su última propuesta para otoño / invierno 2009, presentada ayer domingo en Cibeles

 

 

 

 

 

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A veces los sueños se hacen realidad…

 

 

Yo me alegro de verdad de que le hayan dado el Oscar a Penélope por una actuación tan alucinante como la suya en la película de Woody Allen. A mí sinceramente me parece una actriz con mucho talento. Gustará a unos y a otros no (a mí sí me gusta) pero hay que reconocer que tiene algo que otras no tienen, y que ese algo se le intuía e incluso apreciaba desde que tenía 17 años y caminaba por el campo con un vestido muy corto en Jamón, Jamón

 

1. ayer escribí y envié a un amigo una carta de relativa importancia (según cómo se mire; en cualquier caso, los que me queréis cruzad los dedos) que llevaba un postscriptum que trataba de explicar por qué la había titulado El amante de la probabilidad remota. Copio y pego (no la carta, que es privada y confidencial, sí el postcriptum)

 

postscriptum: el título de esta nota no es mío, es una frase de Jerome David Salinger. Concretamente, se dirigía a su editor y, refiriéndose a su libro Franny  y Zooey, el autor del super éxito de El guardián entre el centeno, escribía: Más o menos con el mismo espíritu con el que Matthew Salinguer, de un año de edad, le insiste a un compañero de mesa para que acepte un haba fría, insto yo a mi editor, mentor y (Dios le ampare) mejor amigo, William Shawn, genius domus de The New Yorker, amante de la probabilidad remota, protector de los poco prolíficos, defensor de los extravagantes sin remedio, el más insensatamente modesto de los grandes editores-artistas natos, a que acepte este librito más bien escuálido.

 

¿No es una nota maravillosa?

 

2. Ayer, o hace dos días, (si la cuenta me sale bien), sufrí un ataque de pánico. Supongo que había corrido demasiado el finde, y, ya de paso, la semana pasada toda ella y, como me ha pasado otras veces en las que me lanzo al vacío como un huracán, me había estrellado. Luego me levanto otra vez y me recupero ( suelo conseguirlo desconectando el teléfono, pensando en cosas agradables, leyendo libros y viendo películas, solo o con alguien con quien tenga mucha, mucha confianza y con quien, por tanto, no tenga que fingir nada ni simular nada) y me propongo, para que no me vuelva a ocurrir, cambiar de estrategia: ir más despacio por la vida. Supongo que por eso, y por otros motivos que no voy a escribir aquí (profesionales más que nada), decidí anular el viaje o, mejor dicho, cambiarlo para otra fecha. El viaje era uno a las Palmas de Gran Canaria, unos vuelos que compré hace ni se sabe la de tiempo, impulsado por mi espíritu siempre ansioso de nuevas aventuras, sediento de nuevas experiencias y, por supuesto, por las ganas de ver a Patricia, amiga sincera, de las que se alegran por las cosechas de los demás y no las envidian, una chica que cambió su vida en la capital por otra más tranquila (“no me acostumbro, Curro, no lo consigo, Madrid se me queda grande. Sí, claro, me gusta, es la hostia, pero no, no creo que lo consiga”, me decía cuando aún andaba por aquí e intercambiábamos confidencias) en la ciudad canaria en la que nació. Patricia me había invitado en más de una ocasión y esta vez contaba con el añadido de que también viajaba a las Palmas mi amigo Joserra, por lo que, pensé, podríamos pasarlo muy bien. Pero, como digo, de repente me estrellé y comprendí que no era el momento más adecuado de viajar al país de las guaguas. Llamé a la agencia y supliqué un cambio. “No puedo ir, es imposible”, le dije a la chica. “Imposible, no podemos hacer nada”, me respondió (no era la chica que me atiende habitualmente, tan simpática y amable conmigo que es capaz de hacer un chanchullo con tal de contentarme. De hecho, nunca me cobra comisiones y me busca siempre las mejores ofertas. Estaba de vacaciones).

Total, y resumiendo mucho y dejándome de rollos –el tiempo empieza a escasear a las ocho y veinte de la mañana-, al final me voy a Canarias, en una hora. Y yo no me he disfrazado nunca (y creo que no me gusta) pero me ha dicho hoy  Patricia que es “obligatorio” disfrazarse. Supongo que os contaré más cosas el lunes, a mi vuelta. O a lo mejor desde allí, no lo sé. Y ahora pienso que igual, quien sabe, ha sido una pirueta del destino. Muchos besos y muchas gracias a todos/as por leerme a diario. C.

 

 

¿Los crímenes de Oxford? ¿Por qué? A ver, por qué, joder, que alguien me lo explique. El Patio de mi cárcel sí merece la pena, está muy bien, ¿no la has visto?”. Mi amigo Esteban me decía esto hará como un mes, en los premios de cine Jose María Forqué. Comentábamos las nominaciones a los premios Goya y él habría muchos los ojos, sin ser capaz de explicarse ni siquiera a sí mismo por qué habían nominado como mejor película la adaptación de Alex de la Iglesia. Entonces me recomendó El patio de mi cárcel. Y ayer yo la vi. Y entonces comprendí la cara de pasmo de mi amigo Esteban: es muy injusto que, por ejemplo, El patio de mi cárcel no haya estado nominada como mejor película del año y sí lo haya estado Los crímenes de Oxford. Porque la película de Belén Macías es buena y bonita, y muy triste, desde luego, una historia que nos lleva de la mano hasta una prisión de mujeres, chicas que viven como pueden con todas sus miserias, sus alegrías, sus sentimientos, sus frustraciones y sus miedos, sus ilusiones y sus sueños: los mismos que tenemos todos nosotros, pero distintos pues, como es sabido, cada cual es lo que es en su propia circunstancia. “¿He cogido ese bicho? ¿Y me voy a curar?”, preguntaba Isa (Verónica Echegui), ignorante y tierna, al médico que venía a informarle de que sí, que había cogido ese bicho y que ese bicho se llamaba SIDA. Poco antes, en otra secuencia, Isa trataba de explicar a una de las jefas de la prisión central por qué ella siempre reincidía, por qué volvía a caer presa cada vez que la dejaban en libertad: “Es difícil vivir en libertad sin sentirse libre”. Y yo creo que Isa tenía razón, que debe de ser muy muy muy jodido vivir en libertad pero sentirte mirado, acusado, tachado por unos y otros, sin tener la oportunidad real de vivir una nueva vida. El caso es que a Estrella y a mí –y a Esteban, según me dijo en los citados premios- nos ha gustado mucho la película. Porque es una historia real, alegre y triste a ratos, porque las actrices están todas espléndidas, porque merece la pena ser vista. Porque al final, por ejemplo, en un cementerio, Mar (Candela Peña), funcionaria de prisiones que cree en las segundas oportunidades de la gente, una mujer que no excluye a los que han tenido peor suerte que ella sino que es feliz, simplemente, luchando por las cosas en las que cree, se encuentra por casualidad a Rosa (Violeta Pérez), una prostituta buena, frágil y vulnerable que está hecha una piltrafa,  y, con lágrimas en los ojos, le dice:

-Rosa, llámame para lo que quieras, cuando quieras –y se lo dice de verdad, te das cuenta de eso al ver la película. A mí al menos me pareció muy bonito ese “llámame cuando quieras para lo que quieras” pues vivimos en unos tiempos en los que casi no existe gente que diga esa frase y que la diga de verdad, mucho menos a una prostituta.  

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y puesto que fue en los premios José María Forqué donde me reencontré con Esteban y donde él me hizo la susodicha confesión cinematográfica, pues se me ha ocurrido copiar y pegar la crónica que, en su día, escribí sobre los mismos. besitos.

 

El largo Camino del cine español


En lo alto del escenario del madrileño Palacio de Congresos, Pablo Puyol y Eva González, disfrazados de agentes especiales, luchaban contra los piratas. Fueron los más que dignos maestros de ceremonias de los premios José María Forqué, galardones que concede cada año la asociación de productores de cine Español EGEDA. Una gala de la que resultó vencedora Camino, la celebrada película de Javier Fesser que promete arrasar, con el permiso de José Luis Cuerda, en los próximos premios Goya. Y aquello era un enorme nido de actores, actrices, directores, productores, etcétera: o sea, gente del cine. Y de la cultura en general: no faltó Cesar Antonio Molina, quien despidió el acto con un mensaje tan optimista como poco creíble sobre el futuro del cine español. Antes de eso, Enrique Cerezo, presidente de EGEDA, se quejaba de cuánto criticamos –negativamente- nuestro cine. “¿Se imaginan a los ingleses echando en cara a Ken Loach que hace mucho cine social?”, preguntaba al respetable. Una vez terminada la gala, que bien podría haber prescindido de algún que otro baile (todo hay que decirlo), unos y otras abandonaron sus butacas para buscar el más preciado tesoro: los canapés, que fueron abundantes y generosos. Y entre chistorra va, plato de jamón viene, pudimos ver a Verónica Forqué, que no podía faltar a unos premios que siempre le hacen recordar a su padre, a Ángeles González-Sinde, que continúa tan contenta con su cargo de presidenta de la Academia de Cine, a Ana Álvarez, que parece una mujer nueva, a Silvia Marsó con la mirada algo perdida entre la multitud. También estaban: Alex González, actor del que no sabemos si aún recuerda a Chenoa por las noches pero sí que gasta medio bote de gomina para peinarse y que tiene una de las sonrisas más bonitas de nuestro cine; Rosana Pastor, gran actriz que está, de un modo injusto, algo olvidada; Mar Saura, esbelta y altísima, encantada con su fichaje por las Escenas de matrimonio de Telecinco; Lucía Etxebarria, a punto de publicar un nuevo libro; Goya Toledo, que fue la encargada de entregar el premio a la mejor película, guapa como la que más a pesar de estar tan flaca como un silbido; Faraj Hamed, protagonista de la (maravillosa) película Retorno a Hansala, más que feliz con su nominación a la mejor actriz revelación en los próximos Goya; Carmen Morales, dulce, simpática y amable con los periodistas hasta que se le pregunta por su padre. Entonces, de forma inevitable, se le tuerce el gesto y se le endurece la mirada. “Todo bien, gracias”, respondió, cortante, cuando se le preguntó sobre la polémica biografía de Junior (recuerden que éste contaba para Osaca la semana pasada que su hijísima Carmen había tenido el feo detalle de devolverle el libro firmado que él le había enviado sin siquiera haberlo hojeado).
Y en estas que apareció, sonriente y alegre como el canto de un pájaro, con el pelo más corto, desbordante de ilusión, Enrique Alcides.

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Y, como siempre da gusto conversar con tan interesante actor, lo dejé todo para hablar con él. Y me contó muchas cosas. Que llegaba tarde porque venía de grabar la serie en la que está trabajando, Águila Roja, una super producción que TVE estrenará en los próximos días, una historia de aventuras ambientada en el siglo XVII en la que dará vida a El Chupasangres, “un personaje salvaje, autista, maltratado por la vida que, cuando ya no puede más, huye a las montañas para salvar el pellejo”. Que para él lo mejor que tiene el oficio de actor es, “sin duda alguna, la posibilidad de viajar por los rincones del mundo y descubrir a gente de diferentes disciplinas artísticas que difícilmente tendría ocasión de conocer. Por ejemplo, acabo de rodar una película en Polonia, una comedia romántica. Estuve allí un mes y medio y se cayeron uno por uno todos los tópicos que tenía de la ciudad. ¡Me encantó! Pero, si quieres que te diga la verdad, lo que más pone de este oficio es utilizar la imaginación, ser lo más creativo posible, es lo más fascinante, ¿no? “. También me contó que sí, que por supuesto podría trabajar en otra cosa, en cualquiera, si no le quedara otro remedio. “De hecho, ya he trabajado en mil cosas. He sido camarero, corrector de galeradas, jardinero, paseador de perros, dependiente y encargado de tienda, supervisor de una empresa de eventos deportivos, socorrista, repartidor de propaganda, encuestador… ¿quieres que siga?”. Por último, Enrique me explicó cómo se introdujo en el mundo de la actuación. “Por rebote o por selección natural, aún no lo tengo claro. Porque yo de pequeño escribía cortas obras de teatro, cuentos que representaba hasta con marionetas, me gustaba escribirlas y dirigirlas para tener el control –ríe mucho-. Hasta que cumplí 17, que fue cuando decidí que ya estaba bien de jugar y que tenía que profesionalizarme. Me decidí por Económicas. Pensaba que así sabría de números y podría montar mi propia productora. ¡Pobre de mí! ¡Iluso! Me di cuenta que no me servía para mi objetivo y la abandoné. Total, que me decidí a estudiar cursos de interpretación para saber más de los actores y poderles dirigir mejor y me fascinó tanto que, de momento, aquí sigo, descubriéndome poco a poco”. Luego Enrique se marchó. Quiero decir que de repente dejé de verle y pareció evaporarse entre la ingente multitud que colapsaba el Palacio de Congresos. Al menos podremos verle, muy pronto, en TVE.

 Jose, niño triste que está dejando de serlo y artista conceptual, me decía ayer por la noche, después de ver la Ópera :

- joder, no debe ser fácil hacer una cosa así. Qué falta de respeto, y lo peor es que seguro que estas señoras de abrigo de piel no tienen ni puta idea, solo van a la ópera para poderlo decir en los corrillos con sus amigas, porque queda elegante y porque así aparentan que son cultas, aunque luego no entiendan una mierda. Que se queden en sus casas viendo la tele, joder.

Jose decía esto, indignadísimo, porque, al terminar la ópera, una considerable multitud de señoras había gritado “¡FUERA!, ¡FUERA!” porque, simplemente, no les había gustado. Por eso Jose insistía en que “si no les gusta, que se levanten y se vayan, o que lo hagan ellas. Eso, eso, a ver si son capaces de hacerlo ellas”. Habíamos visto en el Teatro Real la ópera Faust-bal, de Leonardo Balada (libreto de Fernando Arrabal y escenografía de Joan Font). Yo suscribo las palabras de mi amigo, por supuesto, y añado que no entendí nada pero que me gustó mucho lo que vi. Por lo que desde aquí le vuelvo a dar las gracias a mi amiga Susana, que tuvo el detalle de regalarme las entradas.

Spain Tom Cruise

No había tenido todavía la oportunidad de contarles cómo fue el paso de Tom Cruise por nuestro país. Estuvo en Madrid hace dos semanas, presentando la superproducción Valkiria, película que protagoniza y que se basa en hechos reales: cuenta cómo fue el complot que durante la Segunda Guerra Mundial trató de acabar con la vida de Adolf Hitler. En el estreno de la misma y en un escenario inigualable (tuvo lugar en el Teatro Real, que está enfrente del Palacio Real y de los jardines de Oriente, una de las estampas más bellas de la ciudad), unas trescientas personas se agolpaban ansiosas junto a las vallas protectoras: esperaban la llegada de la estrella de Hollywood, dispuestas a cualquier cosa con tal de hacerse una foto con el actor, de conseguir un autógrafo para la posteridad o, simplemente, darle dos besos en las mejillas. Y lo consiguieron, porque Tom demostró una paciencia sin límites y, elegantemente ataviado con un traje de chaqueta negro, desafió al frío (cero grados centígrados) y estuvo más de una hora contentando a sus fans. Les confieso que mí también me contentó. Quiero decir que le saludé y que de cerca es incluso más guapo que en la gran pantalla, que es un hombre educado, simpático y encantador. Ahora sonreía, ahora estampaba su firma, ahora posaba para una foto, ahora volvía a sonreír retando al cansancio que, obviamente, sentía (había llegado de Rusia la noche anterior)… Por otra parte, costaba imaginar que el hombre de ojos azulísimos, estupenda figura y casi ninguna arruga que teníamos delante, fuera a cumplir dentro de nada… ¡47 años!

 

Hay que decir que el estreno, el primero que se celebraba en el Teatro Real, quedó algo deslucido de representantes del Gobierno y del Estado: Zapatero estaba invitado, pero no fue; los Príncipes excusaron su presencia y, prácticamente, no hubo políticos que le apoyaran. Al estreno acudieron Concha Velasco, Luis Medina, Jaydi Mitchel, Jaime Cantizano, Nacho Cano, Boris Izaguirre pero, hay que reconocerlo, no se encontraron entre los asistentes demasiados nombres de enjundia dentro de la cultura. Eso sí, el padre y la madre  de Penélope Cruz (cada uno por su lado) lo tuvieron claro: si habían sido invitados a tan selecto estreno, ellos no se lo iban a perder. Yo la vi a ella, Encarna Sánchez se llama, que apareció con los brazos abiertos y la sonrisa en los labios, dispuesta darle un gran beso al que, de no haber sido por los caprichosos avatares del amor, hoy sería su yerno. Y es que el actor sigue manteniendo una estupenda relación con Penélope Cruz. No en vano, esa misma mañana, en multitudinaria rueda de prensa, el actor hablaba de la que años ha fuera su novia con estas palabras: “Penélope Cruz es una grandísima actriz, ojalá se lleve el Oscar”. Le pese a quien le pese (la envidia es muy mala), fue un bonito idilio el que vivieron Tom y Pe. Recordará el lector que fueron muchas las voces que, directa o indirectamente, vinieron a decir que el noviazgo entre Penélope y Tom no era más que un montaje: ella sacaría provecho mediático y el necesario empuje para su triunfo final en Hollywood y él despejaría las posibles dudas sobre su tantas veces cuestionada orientación sexual. Rumores que, por otra parte, nunca contaron no ya con prueba alguna sino con el más mínimo fundamento lógico: a mí al menos siempre me pareció de lo más normal que dos personas tan guapas como ellas se enamoraran tras un rodaje juntos (el de Vanilla Sky). Además, por aquel entonces, ella ya estaba disparada y sin freno hacia el firmamento americano (si es que no había llegado ya) y, por otro lado, ¿qué necesidad tendría una persona tan millonaria como Tom de vivir escondido, sufriendo las desventajas y frustraciones de una doble vida? Ahora, años más tarde, la idea de que siempre han sido falsos estos rumores ha quedado reforzada tras la boda de Tom con Katie Holmes y el nacimiento de Surie, su hija. Esta semana anuncian las revistas del corazón que la pareja busca una nueva criatura y que desea tener muchas más. ¡Qué dura es la vida para un sex symbol multimillonario!

 

 

 

 

FLECHAZOS

 

 

“¡Qué me miráis de arriba abajo!”, exclamaba una sonriente Esperanza Aguirre a una multitud de señoras que le aplaudía y que quería saludarla. Era la inauguración de FLECHA, una interesantísima  muestra de arte contemporáneo y alternativo que viene celebrándose en el madrileño centro comercial Arturo Soria desde hace ya bastantes años. Ella aparecía triunfal, impecablemente ataviada, perfecta con un traje de chaqueta con brillos de lo más moderno, acompañada por sus escoltas y por su hermano, entregada al baño de multitudes. Su hermano, un señor de mediana edad bastante correcto, es el comisario de la exposición, motivo por el que, evidentemente, la presidenta de la Comunidad de Madrid acude cada año a FLECHA. Tras observar detenidamente a la que es, para bien o para mal, la presidenta de mi comunidad, paseaba yo por los pasillos del centro comercial, admirando las obras de arte que componían la exposición, cuando, de repente, me di de bruces con ¡Ouka Leele!. “No sabía que exponías aquí, mujer, haberme avisado”, le dije, y luego me enseñó a su visionaria, La Resu, que miraba con sus enormes ojos a todo aquel que se paraba delante de ella. “¿De verdad que te gusta mi visionaria? –me preguntaba Ouka Leele, con sus ojos azules y profundos casi tan abiertos como la mujer de su obra-. Me alegro mucho, porque es algo novedoso en mi trayectoria”. Luego la artista y su abogado me estuvieron contando el contencioso que mantiene con el mismísimo Norman Foster. Al parecer, el ínclito arquitecto británico le está haciendo poco menos que la vida imposible. Resulta que el marido de Elena Ochoa se ha comprado una casa en el mismo edificio en el que Ouka tiene la suya. Al señor no se le ha ocurrido otra cosa que colocar seis enormes aparatos de aire acondicionado en terraza misma de la artista, motivo por el que nuestra fotógrafa más valorada ha perdido la tranquilidad de la que siempre había gozado en su dulce hogar. “Es horrible, no sabes el ruido que hacen esos aparatos. Mi casa tiene justo encima la azotea y yo no puedo seguir así. Mi abogado está preparando la demanda”, me confesaba ella, con claras muestras de desesperanza.

 

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Por otra parte y salvando las distancias, Antonio Carmona recibía felicitaciones. En esta edición debutaba como fotógrafo. El ex Ketama me contó que a él siempre le había gustado la fotografía, que era aficionado desde hace muchos años y que guarda en su casa miles de fotos más o menos artísticas, algunas de las cuales ha regalado a sus amistades. “Las fotos que podéis ver aquí son unas pateras. Yo las veo desde mi casa de Caños de Meca (Cádiz). Ha sido una forma de cerrar dos años de trabajo, cerrar el ciclo de mi disco Vengo Venenoso, y supongo que he tratado que la gente se conciencie un poco más sobre el  problema de la inmigración, bastante grave, aunque muchas veces no queramos verlo. Por eso yo lo he llamado el arte de lo invisible”. Antonio Carmona, que ya prepara su nuevo trabajo, “un disco más hot, más calentito, más optimista y divertido”, contaba que son absolutamente falsos los rumores que hace unos meses aseguraban que había crisis en su relación con Mariola, su mujer. “Llevo veinte años junto a ella y no, no es verdad que haya habido crisis entre nosotros. Yo no sé quién inventa esas cosas. Creo que la gente se aburre bastante, la verdad. Hombre, claro, nos peleamos a veces, como todas las parejas, pero nada fuera de lo normal”, me explicaba él, y ella, su mujer, que también había acudido a la inauguración, decía exactamente lo mismo. En cuanto a sus hijas, de 13 y 16 años, el cantante se deshacía en elogios: “Ellas son unas niñas felices. Van al colegio, tienen sus amigas, se divierten, son alegres… digamos que comienzan ahora a hacer su propia vida. Y sí, algo de artistas yo creo que tienen. Marina canta muy bien y Lucía escribe letras de canciones y toca el piano. Ahora están en la fase de aprender y formarse. Este año comenzarán las dos clases de canto”. Más tarde, el cantante y ahora también fotógrafo (vendió una de sus fotos a la media hora por 1.200 euros) explicaba cómo está viviendo él la actual crisis económica: “Lo bueno es que yo en este sentido soy muy gitano, nosotros siempre hemos guardado dinero debajo de la loseta, siempre hemos ahorrado quiero decir, porque desde luego no sabemos lo que va a suceder el año que viene. Hay muchos artistas, mucha gente y todo pasa muy deprisa. Y yo ya no tengo la edad de los chavales que ahora salen con 20 años. Pero estoy tranquilo porque, como te digo, siempre hemos ahorrado y además lo tengo todo invertido”.

Decíamos al principio de esta crónica que la muestra cuenta con la obra de muchos e interesantes artistas (unos más conocidos que otros), por lo que yo le animo, querido lector o lectora, a que, si viene a Madrid con ocasión de ARCO o de las últimas rebajas de la calle Fuencarral, no deje de darse un paseo por el centro comercial Arturo Soria. No sé si logrará penetrar en la opacidad del mundo, algo a lo que ayuda el arte según decía Albert Camus, pero sí estoy seguro de que la visita merecerá la pena. Y, quien sabe, puede que sienta usted un flechazo y se vaya con una obra de arte debajo del brazo

“¿qué hacer cuando lo único que se posee es uno mismo y eso no es suficiente?” (15 maneras de decir amor, de María Frisa)

 

“Los comienzos, en cambio, los encontraba banales. ¿Cómo se puede juzgar el comportamiento de una persona en los preliminares, cuando todo es esperanza y beatitud, cuando todavía no ha surgido la ocasión para la desidia, el encono, el egoísmo?” (15 maneras de decir amor, de María Frisa)

 

 

Queridos y queridas: ¿qué tal vuestro finde? El mío corrió tanto como un coche de carreras y aquí estoy yo ahora, a las siete menos cuarto de la mañana, algo confundido y desorientado, delante del ordenador, tratando de concentrarme en mi trabajo, . El sábado pasado fue el día de los enamorados, como todos sabréis. Es un día estúpido en sí mismo, evidentemente, pero es que además es un día injusto y cruel pues hay mucha gente que, sintiéndose sola en lo más profundo de su alma, lo pasa verdaderamente mal cuando todo el mundo le recuerda, tácita y expresamente, que no tiene pareja, que nadie le quiere verdaderamente y que por tanto nadie le regalará nada. Yo me pasé el sábado entero poniendo bromas en facebook del tipo “Curro no puede creerse que todavía no le haya llegado a casa su regalo sorpresa por San Valentín” o “Curro se va de cumple habiendo comprendido que nadie le regalará nada por San Valentín”. Eran bromas porque la verdad es que yo no tengo muy claro eso que todo el rato nos dicen de que se vive mejor en pareja. Supongo que hay muchas parejas muy felices, pero también es cierto que conozco a muchas más que viven en un constante sube y baja que las lleva por la vida en un permanente estado de inquietud. El amor es muy bonito, por supuesto, pero está muy bien que recordemos que hay muchas formas de amar y que no sólo es válida la que se basa en las convenciones de lo que viene a llamarse “noviazgo”. Es cierto que yo ponía esas frases en mi perfil del facebook pero, como decía, era broma: en realidad sí había recibido un regalo. Mi amiga Susana, sin ir más lejos, me había regalado una maravillosa película (La caída de los dioses) y unas entradas (carísimas, por cierto) para la ópera, para un estreno absoluto de Fernando Arrabal que tendrá lugar esta noche en el Real. Imaginad la ilusión que pudo hacerme una cosa así. Tanto por la ópera (no he estado nunca) como por el gesto, que vino a confirmarme algo que sé bien: que tengo unos amigos/as que no me merezco y que me quieren muchísimo. Por eso me propongo, todos los días, cuidar hasta el detalle mis relaciones de amistad. Porque yo, al menos de momento, vivo muy bien sin pareja pero, eso lo tengo claro, bajo ningún concepto podría vivir sin amigos. Así que hoy regalo post San Valentín, para todos/as los que, como yo, no tenéis pareja y alguna vez habéis sufrido por los crueles designios del amor, una espléndida canción de La Casa Azul.

 

(1), ayer fue el cumpleaños de mi hermana Enri (38). Enri es una chica de provincias, madre de las tres niñas más guapas que podáis imaginar, ama de casa que le gusta serlo y trabajadora de los tribunales, una persona complicada y adorable a partes iguales. Yo recuerdo que cuando mi hermana era adolescente se enfadaba con mis padres y pegaba portazos día sí, día no. Luego se hizo mayor, y cambió un poco, pero seguía siendo, si podemos decirlo así, una pequeña “fierecilla”. Quiero decir que cuando se enfada, se enfada, y con ella no puedes discutir ni entrar en razones: simplemente, va a mirar para abajo, se va a meter en su propio ombligo y va a cerrar con cerrojo de hierro su particular ventana al exterior, y no va a consentir, por más que lo intentes y por más que lo supliques, que penetres en sus sentimientos ni en su mente (hasta que pasen dos días y medio). Y si también digo que es adorable  es porque, por ejemplo, siempre que ponen Love Story  y ella ve que los bellos protagonistas bailan y se quieren y se tiran pelotas de nieve y ella sabe (porque lo sabe y en ese momento se da cuenta) que Alice MacGraw  se va morir al final del filme, se echa a llorar como una chiquilla asustada, sin encontrar consuelo. “Pero Enri, si ya la has visto diez veces”.

 

 

(mirad, mirad, es aquí justo cuando siempre, siempre, llora mi hermana; y vale que sea un cursilada de película y todo lo que queráis, pero ella llora igual y  eso es justo lo que la hace una persona increíble

 

)

 Además es adorable porque estamos hablando de una de las personas más fieles que yo he conocido en mi vida, en el sentido más amplio de la palabra fiel (no estoy hablando de sexo). O sea, si ella tiene un compromiso con alguien jamás, nunca, va a fallar a ese alguien, y si ella te quiere te quiere, va a muerte y te va a defender con una vena digna de María Patiño y una fuerza volcánica, va a dar la cara por ti en cualquier contexto y ante cualquier persona, con las uñas fuera. Lo es además porque es vulnerable, es una de esas personas a las que puedes hacer daño con una mala palabra o un mal gesto, y para mí eso significa que se preocupa por los demás más incluso que por ella misma. Es adorable también porque escucha, siempre ha sabido escuchar, desde que ella era jovencita me escuchaba, se tragaba mis neuras de niñato por estúpidas que fueran, y las comprendía. Sí, definitivamente es una persona que sabe comprender, en serio, pero comprende de verdad, sin fingir. Y eso es muy difícil, personas así casi no existen. Pero sobre todo es adorable y buena porque respeta, no juzga, mi hermana enri de verdad que jamás juzga a los demás. Ella hace su vida y la hace como quiere, a su manera, “para bien o para mal”, como ella dice, y no pretende nada menos y nada más, ni exige nada a nadie: simplemente que la dejen tranquilita, haciendo lo que a ella le gusta, con sus cosas. Y a mí eso me parece muy muy muy admirable. Supongo que, de una forma u otra, siempre ha sido mi preferida de mis hermanas, y yo he sido el preferido de ella. Y por eso hoy quería felicitarla desde aquí. Porque hará más de diez años, cuando todavía vivíamos juntos, a mi hermana y a mí nos unían complicidades difíciles de expresar. Por ejemplo, a mí ella me daba los katovits cuando yo era un microbio que no sabía ni qué era una aspirina. “no te van a sentar mal, curro, verás cuánto estudias”, me decía, y es verdad que luego estudiaba mogollón e incluso sacaba algún sobresaliente, yo, que de adolescente era un culo inquieto que faltaba a clase cada dos por tres y que los libros del colegio me daban alergia. Pero es que además mi hermana está en mis recuerdos contándome cuentos desde lo más antiguo que yo conservo en mi memoria, poniéndome cola caos, recogiéndome del colegio, poniéndome la abeja maya, cuidándome y dándome amor. Luego de mayores estudiábamos juntos, veíamos la tele juntos, dejábamos verde a toda nuestra familia juntos. Teníamos, al fin, nuestros propios códigos secretos que no compartíamos con nadie, con nadie, nunca, aunque yo fuera un niño y ella ya una mujer, y todavía los seguimos teniendo. Felicidades a mi hermanita desde aquí, porque la quiero un montón, muchísimo, y estoy agradecido por todo lo que me da y todo lo que me aporta desde la distancia

 

 

 

 

 

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(2) hoy por la mañana  estuve en ARCO y he de decir que me quedé fa-fa-fascinado con lo que vi (lo siento QMASDa, de verdad que me gustó): innovación, vanguardia, originalidad, color, IMAGINACIÓN, novedad, fotografía, performance, FANTASÍA, arte. Me gustó muchísimo (y desde aquí lo recomiendo a todo el mundo) el pabellón número diez. Había un dibujo hecho con un ¡boligrafo bic! (no es coña) que representaba a una mujer maravillosa, bellísima, increíble. Había un hombre extasiado, guapísimo, embriagado de una lluvia de gotas blancas (metáfora) que costaba 10.000 euros pero bien los valía; había otro hombre en cuadro que más que un hombre era un dios; encontré a un enano y una enana cuyo efecto visual era verdaderamente impactante: mareaba, en serio que mareaba, me lo decía jose, el artista conceptual que me acompañaba: “¿no te mareas, Curro?” y sí, coño, me mareaba, aunque no sabía por qué. Había una mierda flotando en imágenes de vídeo, en una pantalla gigante; había dibujos preciosos, había murales increíbles, dos viejecitos viendo la tele, un coche cayendo al vacío, a punto de adentrarse en un lago, un monstruito hecho a base de zapatos de mujer, un ciudad presidida por un cartel que rezaba TODO ES MENTIRA, una habitación repleta de libros, un collage que parecía la cabeza de un hombre, un niño bellísimo con sangre por la nariz, unas niñas japonesas dormidas con armas en la mano, un hombre durmiendo en lo alto de un montón de sacos, un paisaje con alguien volando en el cielo,  en ARCO había un montón de obras de arte que valían (y valen) la pena. Por eso lo recomiendo a todo el mundo desde aquí y por eso dejo en este nuestro blogs unas cuantas imágenes (imposible poner todo lo que he visto y -casi- todo lo que me ha interesado)

 

curro y uno de los enanitos:

 

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 jose, el artista conceptual (es autor de unas obras de arte maravillosas) que se ha convertido en periodista por un día y en sufrido acompañante, el chico de acento gallego al que a veces yo le llamo “niño triste” (se está quitando), también con uno de los enanitos. “Ves, esto es lo que más efecto visual nos ha producido, ¿entiendes lo que te quiero decir?, joder, pues que esto hay que valorarlo, eso te quiero decir, coño, Curro”

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aquí van dos de los cuadros que más me han gustado. El autor es norbert bisky y mañana inaugura una galería en Madrid a la que, por cierto, nos han invitado al artista conceptual y a mí

 

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a jose los anteriores también le han gustado mucho, pero él dice que “quizás” el que más le ha gustado es éste

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éste nos ha gustado mucho a los dos. Aunque os parezca increíble, esta bella mujer está dibujada con bolígrafo bic

 

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No me digáis que no es divertido. a mí me ha resultado una cosa divertidísima y, ahora lo confieso avergonzado, he tardado mucho en darme cuenta de que eran nuestros pies, los de jose y los míos

 

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 jose posando para la foto. Yo suelo decirle que no pose y que no ponga cara de guapo, aunque lo sea, pero él nunca me hace caso. ahora que lo pienso, quizás lo que yo pido es algo muy difícil

 

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luego nos hemos encontrado con Ouka Leele, que también estaba viendo ARCo, y hemos tenido la suerte de que ella misma nos

enseñara un libro suyo, repleto de poesías y de dibujos preciosos. en la foto podéis ver uno de ellos, y la mujer que con él se tapa la cara es ella, ouka leele, que estaba muerta de risa

 

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ahora va el monstruo hecho a base de zapatos de mujer. “Coño!, que son zapatos!”, exclamó jose

 

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falta que jose me envíe una foto muy chula en la que también sale un gato. Se me acabó la batería y me la hizo él con su cámara. el pobre chico hoy no me la ha podido pasar porque ayer prácticamente no durmió para estar hoy en Madrid en Arco. Lo bueno es que a él le gustan los gatos tanto como a mí y por eso sé que me la va a enviar.

os dejo unas cuantas imágenes más de las más de cien que tengo (todas ellas me han provocado un sobresalto), con la esperanza de que las veáis y os gusten y que os animen a visitar ARCO este fin de semana. Besos.

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p.s. por cierto, lo que no os he contado es que mi hermana, a parte de madre acomodada, mujer tranquila y persona que hace favores pero jamás lo pide ni jamás espera nada a cambio, también es artista. de hecho, pinta desde que era una niña y su casa está llena de sus cuadros. dice que algún día me va a regalar uno muy grande.