madrid, lunes…

30 Marzo 2009

En los juzgados de lo social número x (lo siento, no lo recuerdo) de Madrid, esta tarde, mi hermana Belén “cantaba” (cantar = decir los temas en voz alta, de forma muy muy muy rápida, respirando poco y no haciendo pausas bajo ningún concepto) ante nueve personas, nueve, que componían el Tribunal examinador de la plaza de Secretario/a Judicial, oposición de tipo A (o sea, de las gordas). Yo escuchaba detrás de la puerta, muy atento, muerto de miedo. Mi madre iba de aquí para allá, nerviosísima. Mi hermana hablaba y hablaba y decía los artículos del Código Civil y de la ley tal y el párrafo segundo del decreto no sé qué y bla, bla, bla, sin parar, arrastrando las ssss (su preparador le había aconsejado que pronunciara todas las letras de las palabras; es sabido que los andaluces, y mi hermana lo es, hablamos sin sss finales). Y seguía hablando, sin parar, cantando los temas de un modo que a mí me parecía sobrenatural: no podía comprender cómo una persona podía tener almacenados tantos datos, y de forma tan ordenada, en la memoria. Supongo que me pareció algo inhumano, un sistema de selección muy cruel. El futuro de una persona decidido en 50 minutos. Salió de la sala. “Yo más de lo que he dado, no podré dar nunca. Hasta aquí es donde yo puedo llegar”, dijo, y lo decía de verdad. Eso lo sabemos todos los que la conocemos, todos los que sabemos cuánto ha estudiado, cuánta constancia ha demostrado siempre, cómo de valiente es. Porque desde luego ha sido muy valiente, yo no podría asumir semejantes riesgos, no sería capaz. “Nada más que por esto, te admiraré toda la vida”, le dije. Hasta que salieron los resultados: había aprobado, tenía su plaza. Yo creo que nunca había visto a mi madre y a mi hermana tan felices como esta tarde.  

 

 

 

 

 

en la foto: mi madre y mi hermana antes de saber la nota.

 

mama-y-belen-antes-de-saber-la-nota

 

 

 

mi madre y mi hermana después de saber la nota:

 

belen-y-mama-despues-de-saber-nota

 

 

sala del juzgado de lo social en la que ha tenido lugar el examen. todas las sillas que veis vacías fueron, previamente, ocupadas por los examinadores

juzgado

 

 

 

post scriptum: me he prometido a mí mismo no dedicar al blog, nunca, bajo ningún concepto, más de 15 minutos al día, y no todos los días. por ahora lo voy cumpliendo :)

 

 

Pedro forever

29 Marzo 2009

macarena-y-yo (imagen: macarena y yo)

 

Yo soy ese joven (le robo el comienzo a Elvira Lindo) que sufrió hace una semana el frívolo drama de ser periodista, vivir en Madrid y no tener  invitaciones para la fiesta del año. Yo soy ese cronista que movió todos los contactos imaginables para acudir a la fiesta de Almodóvar hasta que, cuando ya tenía quemada la última esperanza y por una maravillosa pirueta del destino, pudo entrar de la mano de Macarena Gómez (su acompañante, probablemente en estado de locura transitoria, decidió en el último momento no acudir), actriz a la que todo el mundo dice y repite, con mucha razón, que da el exacto perfil de Chica Almodóvar (sólo falta que éste se entere de una vez). El Círculo de Bellas Artes cerrado para los cientos invitados que, pese a la barra libre, a la música en directo, a los interminables canapés, no dejaban de protestar y criticar (mientras uno, que lleva admirando toda una vida la carrera del director manchego, sufría en silencio): que si la película es muy mala, que si el guión no hay quien se lo trague, que si Blanca Portillo está sobreactuada, que si la historia de Henry Miller y su hijo con síndrome de Down está metida a cajón en el filme, que si la parte de las drogas de Tamar Novas no venía a cuento, que si qué razón tenía Carlos Boyero (crítico de El País que había dejado verde a la película cuando, ¡el periódico en el que trabaja sale tres veces en el filme!), que si vaya mierda de fiesta y qué calor tan insoportable, que cómo es posible que no hubiese Martini, que si las fiestas de Almodóvar de antaño eran milveces mejores… Yo lo único que no terminé de comprender es que Penélope y Pedro y el resto de actores de la película se escondieran en una sala cerrada del Círculo sin siquiera asomar la cabeza, optando por no mezclarse con los que, al fin y al cabo, son sus compañeros de profesión: la mitad de la tarta de actores, actrices y directores de cine de nuestro país se encontraban en el citado edificio madrileño. Les habíamos visto antes en el cine Proyecciones (a Almodóvar le gusta estrenar aquí sus películas por una cuestión de nostálgicos recuerdos: fue en éste y no en otro con más glamour de los de la Gran Vía donde estrenaba en sus comienzos, allá por los años 80): pobre de aquel que, siendo actor o actriz, no estuviera invitado a la que, sin duda, fue la première del año: desde las nueve de la noche (la peli empezaba a las diez) la alfombra roja se convirtió en la gran pasarela de las caras más conocidas de nuestro cine y de la cultura. Alaska y Mario Vaquerizo, Boris Izaguirre, Eugenia Silva, Pilar Bardem de la mano de su hijo Carlos, Corbacho con gorra y sin afeitar, ¡Darek!, Amaia Salamanca (con vaqueros: cualquiera diría que la chica no se había enterado de que iba a un estreno de Almodóvar y no de cañas con los colegas), Mariam Aguilera, guapísima, El Duque con camiseta breve que dejaba explícito su cuerpo diez, Eduardo Casanova y Elena Furiase (juntitos), Bimba Bosé (embutida en un vestido casi tan blanco como su piel), Marisa Paredes junto a su hija María Isasi, Massiel, Imanol Arias y Pastora Vega, Antonio Carmona (elegante por una vez), la Terremoto de Alcorcón, Michelle Jenner, Coronado, Mónica Cruz, Eduardo Noriega, Eloy Azorín, Assier Etxandía pegadito a Hugo Silva, Bebe (recién levantada de la siesta), Cayetana Guillén, Bibiana Fernández (inmensa), etcétera, etcétera, etcétera (no hay líneas suficientes para citarles a todos). Hasta que llegaron las chicas Almodóvar que aparecen en Los abrazos rotos (Chus Lampreave, Rossy de Palma, Carmen Machi, Lola Dueñas, Ángela Molina) para dar luego paso a los hombres (Lluis Homar, Ochandiano, José Luis Gómez y Tamar Novas) para, finalmente, recibir a las estrellas (Blanca Portillo, Pedro Almodóvar –sin quitarse en ningún momento las gafas de sol a las que obliga su declarada fotofobia- y Penélope –correcta y guapa pero poco atrevida con su traje de Scott, agarrada en todo momento a su mentor), que no quisieron hablar con los periodistas ni para decir hola. Tras la peli, todos en masa al (criticado) fiestón organizado por El Deseo que duró hasta las ¡siete y media de la mañana! Ni las fiestas de los Goya, oiga usted… Desagradecidos.

 

(publicado ayer en el dominical Osaca)

 

 

Madrid, sábado

28 Marzo 2009

Hola… probando… probando… ¿se puede? El otro día me convenció una amiga para que vuelva al blog, sin agobios, sin prisas, sin contar tantas cosas, sin explicarlo todo, sin colgar fotos a diario, sin actualizar a diario. Sin comentarios. Sólo lo que me apetezca, lo que pueda y cuando pueda. Tras darle varias vueltas, acepté. Al fin y al cabo, nunca he sido uno de esos cabezotas insoportables que dicen no y no y nada más que no. De hecho, creo que no puedo soportar a esa gente que no se movería de su sitio ni aunque pasara un huracán por delante de sus narices. Y, sobre todo, yo también echo de menos este espacio. Ayer Ave, lectora ocasional del blog, vio Retorno a Hansala, de Chus Gutiérrez. Sabéis que ella es cinéfila (va al cine a ver dos o tres pelis por semana) muy exigente, y que siempre dice la verdad. Me envió un sms después del cine. Decía: “maravillosa película curro. me ha emocionado”. Y en el estreno, que tuvo lugar el miércoles pasado en el Capitol (seguro que alguno/a vio el jueves Sé lo que hicisteis), todo el mundo salía con cara de felicidad, ese rostro que se le pone a uno cuando ve algo que es bueno y bonito. Lola lloró, y Estrella y Paco me confesaron que estuvieron a punto. ¡No esperéis más!

También he vuelto a ver (habrá quien recuerde que ya la vi hace meses) Mentiras y gordas, de Menkes y Albacete, y yo la defiendo. Me ha vuelto a gustar. Le dije a uno de los directores que no me pareció bien que en ninguna escena de sexo los niñatos se pusiesen un condón, por muy desfasada que fuese la escena. Me respondió que no pretendían hacer una película didáctica sino grabar la realidad. Coño, tampoco es eso, quiero creer que hay gente que desfasa todo y más y a la hora de la verdad se pone condón. Hay quien no lo hace, hay quien sí. Podría haberse “grabado la realidad” de un modo más responsable, que el problema es muy serio, oiga. Pero bueno, insisto en que a mí la peli me ha gustado y que soy fan de las pelis de ambos directores, que quede claro. Mentiras y gordas: Todos guapos y guapas, hay golpes de humor, mucha droga, mucho sexo, mucha desesperación y muchos rostros conocidos. Lo que piensen los papás de los niños de quince años fans de las series de los protas de la peli será otra historia. Por cierto, hay un desnudo integral de Yon González. Al parecer, Mario Casas dijo que prefería, si no era estrictamente necesario, no enseñar su pene al mundo a los 22 añitos que tiene. La película, como os conté, cierra con una maravillosa canción de Fangoria, compuesta para la peli, que se titula La Verdad.

 

a los que me quieren

12 Marzo 2009

Queridísimos lectores/as de este blog, amigos, compañeros, lurkers, atisbadores, gente de aquí y de allá que, de una forma u otra, habéis aterrizado en este espacio y os habéis quedado: voy a cerrar esto. Por un tiempo. Lo abriré otra vez, por supuesto, pero eso será dentro de unos cuantos buenos meses.

 

Tengo una seria excusa: últimamente llevo con mi equipaje, de forma inseparable, unos niveles de estrés que están empezando a ser insoportables. Puede que algo hayáis notado  los que lleváis tiempo leyéndome. Necesito más tiempo. Tiempo para trabajar, para escribir, para estar con mis amigos. Tiempo para leer y para relajarme y poder dormir por las noches sin dormidinas.

 

 

Después de Navidad os conté que había firmado un contrato que para mí era importante. Se trata de un libro. No es una novela, yo no estoy todavía preparado para publicar una novela, eso lo dejo para los que sí lo están. Quizás algún día, en unos –muchos años- también lo esté yo. No lo sé y tampoco me preocupa pues el futuro ni existe ni deja de existir: se sabe que es incierto y, a veces, muy caprichoso. Del libro en cuestión todavía no puedo contar nada. Sólo diré que lo escribo al alimón con otra persona, una colega muy querida por mí que, en un momento dado, no dudó en acompañarme en este viaje. Por contrato, estamos obligados a entregar el próximo noviembre, fecha que parecía muy muy muy lejana cuando firmamos pero que ahora se me presenta como una amenaza del tiempo, que es como un maestro que va demasiado rápido, tan veloz que cuesta mucho trabajo seguirle, pues a veces corres el riesgo de ahogarte a mitad de camino. Evidentemente, no puedo dejar de lado ninguno de mis esfuerzos, mucho menos en los meses de histeria colectiva en los que estamos inmersos. Yo vivo de mi trabajo. Y los trabajos que tengo, como los de tantos periodistas que somos free lance, obligan a llevar una vida inesperada: de aquí para allá siempre, las luces y las sombras, el sueño y la realidad, el insomnio y los miedos, la aventura y el riesgo, la vida  desde el eterno cochecito de una enrevesadísima montaña rusa. Sólo soy un periodista que trata de hacer su trabajo lo mejor posible. Y seguiré moviendo la energía necesaria que pueda llevarme a otros trabajos, en cadena, pues ya he asumido cuáles son los retos de mi profesión, siempre cambiante, siempre incierta y, al fin, una profesión que no  cambiaría por nada en el mundo, por nada, de verdad.

¿Y por qué no te tomas este blog como algo residual, un espacio en el que escribir muy de cuando en cuando? Pues porque yo para eso no sirvo, yo soy más del todo o nada, de la entrega o la separación, yo no valgo ni he valido nunca para las medias tintas.

 

Volveré, por supuesto, volveré el día que entreguemos a la editorial el manuscrito definitivo del libro, e invitaré a todas las personas que he conocido a través de este blog a la presentación, a los que me habéis seguido todo este tiempo, provocándome, a veces, cierto rubor y estupor. GRACIAS.

 

Iré colgando (espero y supongo) en los apartados convenientes de esta web algunas de las cosas que vaya publicando en revistas varias: crónicas, entrevistas, artículos, reportajes. Pero será de una forma completamente aséptica. Quiero decir que simplemente copiaré y pegaré los textos, no personalizaré, ni tampoco contaré mi día a día ni nada de eso.

 

Id al cine a ver Retorno a Hansala, buscadla en dos semanas, y si en vuestra ciudad no apareciera por ningún lugar, exigid que la contraten. Cuando la veáis y termine, si os gusta, pensad en mí.

 

Con cariño, se despide este amante de la probabilidad remota que, a pesar de todo lo que ve a su alrededor, aún cree en muchas cosas.

 

Os quiero. Hasta pronto

 

C.

Lo primero: el día que hoy ha hecho en Madrid ha sido espectacular, primaveral, alegre, sin duda una mañana feliz. “El frío ya se ha ido, Curro, ya ha llegado la primavera. Lo de la semana pasada fueron los últimos coletazos”, me decía hoy Paco, y lo decía con tanta seguridad que ni Mario Picazo: yo le he creído. Menos mal. Porque yo no recuerdo un invierno más helador que este que ya ha acabado.

 

Lo segundo: he estado en la presentación del libro Diario de Jesús Neira (Temas de Hoy), de Javier Esteban. Lo han presentado el propio autor (que desde luego no podrá quejarse del apoyo recibido), Bibiana Aído, Esperanza Aguirre e Isabel Cepeda, la mujer de Jesús, que ha demostrado una fuerza inmensa y un amor tan verdadero que a casi todos los presentes en el acto ha logrado emocionarnos. Y subrayo el casi porque luego, en el turno de preguntas, un ¿periodista? de cuyo nombre no es que no me acuerde sino que no quiero recordar, famoso contertulio de programas de corazón varios, ha lanzado una pregunta que no es que no viniera a cuento o que no procediera, es que cruzaba la frontera de la ética: un despropósito. La editora ha dicho, ante el pasmo provocado en la sala, que a esa pregunta lo mejor era no darle respuesta, sentencia tras la cual todos los allí presentes han roto en un sonoro aplauso. Menos mal. ¿Es Jesús Neira un héroe, tal y como ha afirmado hoy la presidenta de la Comunidad de madrid y la ministra de Igualdad? Quizás sea algo exagerado, no sé si es un héroe. Pero desde luego sí es un ejemplo a seguir y un hombre muy valiente.

Os cuento más cosas de este libro y del acto otro día, cuando lo publique en Osaca, y ahora paso a contaros que hoy también he estado en la MARAVILLOSA exposición de Francis Bacon en el Prado. Y si digo maravillosa es porque de verdad me lo ha parecido: qué cuadros, qué sentimientos, qué sensualidad, qué brutalidad, qué desesperación, qué maldad, qué artista, qué todo.
Sin duda el que más me ha gustado (he intentado comprarme la lámina, pero no había y me he tenido que conformar con una postal) ha sido el Tríptico en memoria de George Dyer. Mirad (y tratad de imaginarlo en grande)

triptico-en-memoria-de-george-dyer

Dejo también algunas notas que he cogido, porque es tardísimo y no doy más de mí. Hoy hemos hecho gabinete de crisis emocional múltiple, en casa, Estrella, Paco y yo. ¡Qué suerte tenemos de ser amigos! Me voy a dormir. Otro día os cuento más cosas. ¡ah! Gracias jotaerre, por lo que has dicho y por haber comprado Psychologies. Elisa: yo tengo una cosa que sería digna de ser analizada por un terapeuta: letra cambiante. He tenido todas las  letras que puedas imaginar, redondas, para un lado, para otro, rectas, casi ilegibles, grandes, pequeñísimas, caligráficas… Una cosa extrañísima y misteriosa, como los cuadros de Francis Bacon.

 

 

 

 

 tripticookdefinitivo

 

 

 

carta a un amigo (II)

9 Marzo 2009

Hoy me he pasado todo el día trabajando. De hecho, todavía estoy trabajando. Y no quiero dármelas de que trabajo mucho ni nada de eso, quizás sea por la crisis. Quiero decir que puede que ahora tarde más en hacerlo todo, me haya convertido en un perfeccionista que, por supuesto, es incapaz de llegar a la perfección, pero lo intenta. “Se hizo perfeccionista por miedo a perder sus empleos”, dirían si de mí hablaran en una película de humor un tanto fino. Por eso me voy a la biblioteca. En la biblioteca me concentro mucho mejor, reviso lo escrito mucho mejor, reescribo sin interrupciones de ningún tipo. ¿Que por qué no me llevo el portátil allí y así me ahorro el trabajo de pasarlo luego al ordenador? Pues porque yo recuerdo que cuando era estudiante me jodía muchísimo la gente que hacía ruido en la biblioteca. Y hay que reconocer que, aunque está permitido, el sonido de las teclas desconcentraría hasta mi propia hermana Belén, que de pequeña era capaz de estudiar horas y horas en el despacho de mi casa, que siempre estaba lleno de gente, y que ahora, hace un mes, y después de llevar más de diez años trabajando y viajando, ha sacado el primer examen de su oposición a Secretaria de Justicia con una de las notas más altas. El caso es que hoy he estado transcribiendo una entrevista que el otro día le hice a Lolita Flores, para un reportaje. Suscribo la idea de que es una mujer maravillosa, joder, con todo el mundo se llevaba bien, y no se queja de la fama que tiene sino todo lo contrario, lo agradece, y no tiene tabúes en su vida, de todo habla sin esconderse. Como Carmen Maura, o Jesús Vázquez, o Loles León, o Boris Izaguirre, o Ana María Matute, por poner los primeros ejemplos que se me vienen a la cabeza de las personas famosas que he tenido el gusto de conocer o entrevistar, todos ellos con carreras impresionantes y prestigiosas a sus espaldas. Por eso me hace mucha gracia cuando te encuentras con una actriz recién salida de la tele, como es Norma Ruiz (el otro día en el estreno de A ciegas) y le preguntas que qué tal con su pareja y te dice que ella no piensa (así, “no pienso”) hablar de su vida privada. Cuelgo aquí un pequeñísimo extracto de la entrevista a Lolita y os animo a comprar el Psychologies de este mes, hombre, que está muy bien y además yo publico un bonito reportaje-autorretrato con Ana García-Siñeriz, con fotos preciosas que ella misma nos cedió de su álbum personal.

 

 antonio-flores-ok

 

Y, ya puestos, copio y pego otra carta que le mandé a otro amigo el sábado por la noche. Besos muchos, y gracias por estar ahí. C.

Madrid, sábado 7 de marzo de 2009; 22:12

 

 

 

Querido         :

 

¿qué tal?, ¿cómo estás?, ¿ya respondes al móvil? No lo creerás pero llevo todo el fin de semana solo. Bueno, con Truman, el gato, y con los libros y las películas que me estoy tragando. ¿a ti te gustaba Almudena Grandes? Estoy con Malena es un nombre de Tango y sí, me gusta, me gusta mucho. Esta mañana he leído en una entrevista en el Yo Dona que pronto llegará al cine la adaptación de Castillos de cartón, su novela más corta. ¿Te conté mientras cenábamos cuánto me había gustado esta novelita? No seré yo quien me la pierda. Y además ¡la dirige Salvador García Ruiz! que, por si no lo sabes, es el director de Mensaka, una peli que también me gusta mucho. El mensaka era Gustavo Salmerón, y lo rodeaban un puñado de amigos (Tristán Ulloa, Laia Marull, Lola Dueñas, Adrià Collado…) que rozaban la treintentena y comenzaban a comprobar por sí mismos que el mundo es una lucha continua, un sálvese quien pueda constante.

Ayer vi Un tranvía llamado deseo. Era alucinante Marlon Brando de joven, sobre todo si uno tiene en la mente cómo acabó. ¿Sabes? Deberías leer, si no lo has hecho, el reportaje-entrevista que sobre él escribió Truman Capote (lo encuentras en un librito que se llama Retratos, publicado por Anagrama, unos seis euros). Según tengo entendido, el actor se enfadó. ¡Se enfadó! Joder, si alguna vez alguien escribiera algo tan bien escrito sobre mí, ¿cómo podría enfadarme? El caso es que la película me ha encantado, por supuesto, como no podía ser de otra manera. Y es que sólo por la frase del final, cuando esa gran Blanche Dubois (inmejorable Vivien Leigh), dice aquello de “siempre he confiado en la generosidad de los desconocidos” ya merece la pena. Sí, por increíble que pueda parecerte, todavía no había visto esa peli. Cuando pienso en todas las películas que no he visto me entra un poco de angustia. ¿Sabes? El otro día Boris me decía, sorprendidísimo, “Curroooooooo, pero Curroooooooooooo, ¿no has visto Crepúsculo? Pero chicooooooooo eso no puede ser?”, y tampoco he visto Happy Together, una peli que mi amigo Dani dice que es genial. El caso es que la semana pasada salí tanto, y este fin de semana tenía que trabajar tanto (entrevista Lolita, crónicas para Osaca –premios miradas dos y estreno de A ciegas-, conseguir de una vez que el borrador de entrevista a Maruja Torres pase de ser eso, un borrador, a una entrevista definitiva) y tenía tantas ganas de estar yo solo, a mi aire, que no he salido ni pienso salir (mentira: salí esta mañana, a comprar un cuaderno verde chillón, y luego he salido por la tarde otra vez, a el VIPS, a comprar El Mundo y El País) ni tampoco voy a conectar el teléfono. Supongo que la semana pasada fueron demasiados los excesos. Siempre lo mismo: las luces y las sombras, la realidad y el sueño, el hambre y el empacho. Ahora estoy viendo Pan y tulipanes, una comedia dramática italiana que me regaló el otro día mi amiga         , cinéfila sin remedio y chica generosa donde las haya (al menos conmigo, pero yo creo que lo es con todo el mundo). Me la regaló porque, según ella, es una “pequeña joya”. Y sí, yo creo que lo es, aunque haya interrumpido su emisión para escribirte esta nota. Trata de una mujer que es abandonada en un área de servicio. Mejor dicho: tanto su marido como sus hijos se olvidan de ella en el transcurso de una excursión. El autobús en el que van, se marcha, y ninguno de ellos repara en su falta. Ella se pondrá nerviosa primero, pero luego decidirá vivir por primera vez en toda su jodida vida, dejar de ser una esclava. Y pasa de todo, hace auto stop y se larga a Venecia. Y por ahí voy. Ya te contaré cuando la termine. Por cierto, ¿cómo vas con la escritura de tu nueva novela?, ¿te ahogas, lo consigues, llegas, sufres, lloras?, ¿sigues convencido, crees en ella?, ¿sigues yendo al GYM?, ¿sigues obsesionado con tener un cuerpo de escándalo? A mí me preocupa muchísimo –se lo decía el otro día a Boris, interesado en saber su opinión- lo del culto al cuerpo tan, tan, tan exagerado que se impone cada día más. Me preocupa la imagen que nos ofrecen las revistas y la tele y el cine, el producto de mercado en el que quieren convertirnos a todos. Joder, no me parece justo, todo lo contrario, me parece un atropello, o peor, un negocio, una mentira. Y aún así lo entiendo: quien no quisiera tener la mirada y el cuerpo de James Franco. ¿Has visto ya Milk? Si no lo has hecho, creo que deberías hacerlo.

Te iba a contar más cosas, a preguntarte más cosas, como con qué soñaste anoche o cuándo fue la última vez que un desconocido fue amable contigo, pero me acabo de dar cuenta de que lo que iba a ser una corta nota con la que decirte hola ya va por más de un folio, así que lo mejor será que te diga adiós (o hasta pronto) y vaya a prepararme la cena.

Besos muchos

C.

 

 

———————————————————–

Madrid, domingo 8 de marzo de 2009; una de la madrugada

 

 

 

-He venido a reclamar a tu madre

-¿Por qué? (el hijo)

- Porque… la amo

 

 

Queridísima      , ya he visto Pan y tulipanes y… ¡me ha encantado! Una historia sobre las segundas oportunidades, las vivencias equivocadas, la fuerza del amor y del deseo… y con esa música, tan bonita y tan presente, y esas interpretaciones, tan certeras, y esas miradas, tan limpias, y esa Venecia, tan increíble y tan mágica. Gracias por regalármela, y por recomendármela. Desde luego seguiré de cerca tus recomendaciones, siempre, porque me llevas delantera y porque resulta evidente que eres una cinéfila sin remedio. Muchos besos de

Tu amigo

C.

 

 

carta a una amiga

8 Marzo 2009

Madrid, domingo 8 de marzo de 2009, 21:00h

 

 

 

 

Querida                    :

 

Supongo que en este momento apuras, con la lentitud que el tiempo te permite,, los últimos tragos del fin de semana. Si no me equivoco, creo fue el pasado lunes cuando me propusiste que nos viésemos el sábado o el domingo. Lo cierto es que he estado bastante agobiado los últimos días, semanas incluso, motivo por el que decidí quedarme este fin de semana sin ver a nadie. A veces siento que no puedo ver a tanta gente que me gustaría ver. Es como si mi cuerpo o mi mente o algo, llegado un momento dado, me dijera en un susurro exclamativo ¡basta, Curro!, ¡echa el freno! Por supuesto, tú figuras en lugar preferente: a ti te veré siempre, porque eres una de mis mejores amigas, y yo no sé qué piensan los demás, pero para mí un amigo/a lo supone todo. De ahí que aún me acuerde todos los días de las pocas personas que, por azares que suceden y circunstancias que no vienen ahora al caso, siendo un día amigos, dejaron de serlo. 

 

Hoy he visto en el cine una película que me gustaría recomendarte: Gran Torino, sí, claro, es la peli de Clint Eastwood. Se estrenó el pasado viernes, y yo la he visto hoy domingo, hace un rato. Cuenta la historia de Walt Kowalski (Clint Eastwood) y de su coche, que es el que da nombre a la película y que, según se ve, era uno de los vehículos más famosos y admirados de hace unas cuantas décadas, un Ford precioso. Y es verdad, lo era. El caso es que Kowalski es un borde, borde que te mueres, con sus hijos, con el párroco, con todos los que le rodean. Pero es un borde ingenioso, con sentido del humor (aunque su semblante sea digno de cementerio), un borde bondadoso, si es que podemos decirlo así. Yo siempre me he sentido atraído por las personas bordes. Mucho. Pero no por los que utilizan la bordería para reírse de los demás y hacerse saber superiores ante los otros, esos no. A esos, al más puro estilo Jorge Javier Vázquez, los detesto. No me gustan los que están en un plano de superioridad (por cualquier causa), y lo saben que lo están. A mí los que me gustan son los bordes elegantes, tipo Rossy de Palma, porque en ellos se intuye que, en el fondo, tienen buen corazón. Y me divierten muchísimo, me interesa observarles. Te cuento esto porque el tal Kowalski era un borde, super borde, un anciano gruñón e “insoportable” (es un decir, o al menos lo diría la mayoría) que además arrastraba un pasado muy doloroso con vivencias en la guerra de Corea  (“yo sí sé lo que es matar a un hombre”) y que no podía soportar  a sus hijos. Ni a sus hijos, que efectivamente eran insoportables, ni a nadie: sólo se sentía a gusto al lado de su perra, un animalito precioso que no se separaba de él. Imaginamos que también se sentía a gusto al lado de su mujer, antes de que esta muriera. En la película es viudo. Además, a priori, es un hombre violentísimo, agresivo incluso, verdaderamente falto de compasión. Racista. Porque Kowalski no soporta a las comunidades emigrantes que, precisamente, han ido a parar cerca de su lugar de residencia.  Hasta que su vecino Thao (Bee Wang, actor debutante en el cine), un chico que no se mete con nadie, presionado, agredido y amenazado hasta lo imposible por una banda que lidera su propio primo, trata de robarle el coche a Kowalski, precisamente su idolatrado Gran Torino. Y sin embargo a partir de ahí cambiará todo tanto para Thao como para Kowalski, que seguirá despreciando a su insoportable familia pero se irá acercando, cada vez más, tanto a Thao como a su hermana como a las costumbres de esta familia de la sacudida etnia Hmong que, cosas de la vida, ha ido a vivir al lado de su casa. Hasta que Thao y Kowalski se hacen amigos, amigos de verdad. Se quieren, quiero decir, como tú y como yo. Y por eso son capaces de hacer cualquier cosa el uno por el otro. Y ya no te cuento más, que no quiero destriparte el argumento. Pero escúchame: no busques en internet, no leas críticas, no recojas más información sobre esta película: simplemente, ve a verla, cuanto antes mejor, y déjate llevar por la historia, una historia verdaderamente bonita que trata sobre la amistad entre seres a priori absolutamente diferentes, sobre el poder de la  violencia, sobre sus consecuencias,, sobre la carga del pasado, sobre la maldad congénita de algunos seres humanos, sobre el amor entre las personas y sobre cuáles son los verdaderos lazos afectivos de la vida. Yo no puedo negar que al final he llorado como un tonto, y fíjate que no lloré con la muerte de la niña de Camino, ¿recuerdas? Supongo que yo suelo llorar de alegría, como cuando lloré con la peli de Chus, por todo lo que me había gustado, supongo que lloro  cuando, gracias a una película, a un gesto, a un libro, a la propia observación de la realidad, me sigo sorprendiendo al darme cuenta que aún quedan flecos de esperanza.

 

Y nada más, querida amiga, que ya dan las nueve y cuarenta de la noche y, no lo vas a creer, aún no he terminado de redactar ni las crónicas de la semana ni la entrevista del otro día a Lolita Flores ni la versión definitiva y última de la de Maruja Torres. Por cierto, ¿has leído la entrevista a Almodóvar de hoy en El País Semanal? Si no lo has hecho, hazlo. Y por favor repara en la pregunta que le hacen sobre por qué era una amistad tan fuerte la suya con Blanca Sánchez, recientemente fallecida y, al parecer, una mujer increíble.

 

Besos

de parte de tu amigo

C.

Una amiga me dijo un día que ella dividía el mundo entre las personas a las que les gusta Dos en la carretera y las que no. Yo en cambio creo dividirlo entre las que nos gusta el cine de Almodóvar y las que no. Y me pregunto: ¿tendría yo algo que hablar de verdad con alguien que rechaza todo su cine, todo su mundo? Todo lo que hoy representa y lo que ha representado, quiero decir. No, probablemente.

 Aquí os dejo el cartel, espectacular e impresionante, un guiño a Warhol en el que una sufriente y coloreada Penélope Cruz nos adelanta ya algunos signos de su desesperación. Desde luego no seré yo el que se pierda esta película

 

 

 

 

 

los-abrazos-rotos-poster

Ayer estuvimos en el cumpleaños de Piti. Para el que no lo sepa o no sea de Madrid, informaré que Piti es uno de los más famosos organizadores de la ciudad. Él y su socio (David) tienen una empresa (DYP) que se encarga de la prensa y organización de los mejores estrenos y fiestas de Madrid. Se dice que su mailing y su agenda de contactos es insuperable e inigualable: no la venderían ni por un millón de dólares, no la cederían ni por un puñado de tentadoras promesas. El caso es que ayer celebró su cumple en Charada y por allí circulaban actores (mi amiga y acompañante enloqueció con el protagonista de La Lola –ex serie de Antena 3 TV) y gente de la tele con toda la normalidad del mundo. Piti exultaba de alegría, no cabía en sí de gozo, y no paró de recibir regalos y felicitaciones en toda la noche. A mí Piti siempre que me ve me sonríe y me dice: “curro cañete leyva”, así, con los dos apellidos. Hay que reconocer que lo pasamos muy bien.

 

Charada es el sitio de moda del momento, una discoteca de lo más fashion (pero con gusto) en la que no ponen las copas en esos horribles vasos de tubo que tanto abundan por otros pubs madrileños  y en la que hay que entrar con lista. O sea: no puedes entrar a Charada a menos que uno de los relaciones públicas le haya pasado al portero tu nombre y tus apellidos en un folio. En Charada, un sábado por la noche, lo mismo te encuentras a Boris Izaguirre bailando techno que a Ana Locking rodeada de amigos que a Julio el peluquero feliz. ¿En qué lugar alguien encontraría a un trío como éste?

 

 

Antes de ir al cumpleaños de Piti estuvimos en la New Garamond, sala en la que se celebraban los premios a las Mejores Miradas (del programa Miradas Dos). Había tráfico de pulseras. Me explico: si tenías la dichosa pulserita podías pedir copas gratis y subir a la codiciada sala vip; si no tenías la pulserita tenías que pagar seis euros por cerveza. Nosotros acabamos en la sala vips y con pulserita, así que no cuento más. La fiesta fue muy caótica, mucha mucha gente, demasiada. Por cierto, hay una chica, lectora de este blog, que me ha escrito a mi correo instándome a que entreviste a Pablo Rivero (a ella le encanta). Le diré desde aquí que el actor de Cuéntame estaba ayer en las miradas dos (“se pasa de moderno”, me dijo mi amiga). Como también estaba Adrià Collado (“¿tú eres Curro? Sí, claro, me acuerdo, pero, ¡qué cambiado estás!), Farah Hamed o Nuria Gago. Ya cuento más cosas otro día, también lo de saramago y lo de bebe y lo de “a ciegas” (de momento id viéndola el finde, que se estrena hoy) y lo de efrén, lo de por qué me sentí muy culpable cuando el otro día hablaba con él y todo eso. Ahora dan las 13 horas y a mí me esperan dos días de tranquila y necesaria soledad, viendo películas, leyendo y escribiendo. Muchos besos y feliz fin de semana.

 

 

supongo

5 Marzo 2009

Supongo que debería haber actualizado antes de las doce del medio día, que es la hora que marca en este momento el reloj de la esquinita inferior derecha de mi ordenador. Supongo que os tendría que haber contado qué me pareció A ciegas, la película de Fernando Meirelles en cuyo estreno estuve hace dos noches, o cómo es José Saramago de cerca, pues pude felicitarle el otro día, en una reunión más o menos íntima que se celebró con el autor de Ensayo sobre la ceguera en la librería Ocho y Medio. Supongo que podría contaros cómo me fue el viernes pasado en la entrevista que le hice a Boris Izaguirre, quien, por cierto, no ha perdido ni un ápice de su genialidad; supongo que podría contaros cómo baila Alex de la Iglesia a las cinco de la madrugada en un pub cualquiera de Madrid, o cómo de divertida es Bebe, la cantante, en las distancias cortas (más aún Puri, su representante); cómo brillan los ojos de Gael García Bernal o cómo de bajito es él y cómo de grande es su sonrisa; supongo que podría poner una foto en la que sale el niño triste, esta vez muy, muy, muy alegre, suspendido en el aire de una calle cualquiera del centro de Madrid, a las tantas de la madrugada, cuando aún creíamos que la noche era nuestra y la ciudad también y que nadie podría hacernos nunca daño; supongo que podría –y debería- contaros por qué hace dos noches se apoderaba de mí el arrepentimiento mientras charlaba con Efrén, el rubio de ojos azulísimos al que había dejado verde primero en Osaca y después en este blog; supongo que podría contaros todo eso pero también espero que comprendáis que a veces uno va más atacado de lo normal, y que si además ese uno siente mucho frío e incluso cree que ha pillado un resfriado algo serio, y además cree que no va a llegar a tiempo a ningún tren por mucho que corra, pues lo mejor será que deje la escritura y los comentarios para otro día. Mientras, el/la que así lo desee, puede comprar en el kiosko Psychologies, revista en la que este mes publico un bonito reportaje autorretrato con Ana García-Siñeriz. Hasta mañana.