el cigarrillo volador

29 Abril 2009

-Oiga, ¿no tendría usted un cigarrillo? (preguntó ayer por la noche, muy tarde, ni un alma en la calle, un hombre de unos 35 años, aspecto sano, guapo, media melena, barrio de malasaña;  se dirigía a nosotros: a patricia, mi amiga, 33 años, periodista y a mí, mientras nos despedíamos en su portal)

 

-No, aquí no tengo, pero si se espera un minuto se lo tiro por la ventana –dijo Patricia

 

-No se preocupe –dijo el hombre, que no daba crédito a lo que le decían sus oídos y que hablaba a gritos, pues estaba a unos 15 metros de distancia, con su escoba y su carrito-, cómo va a hacer usted eso, era solo por si…

 

- ¿Por qué no? Mire, aquí no tengo porque nos lo hemos fumado todo pero, por favor, no se preocupe que en medio minuto se lo lanzo desde el balcón, ni se le ocurra moverse (el hombre ya reía, se le notaba muy sorprendido con la actitud de Patricia, muy contento ante el hecho de que alguien hiciera algo así por él, barrendero de profesión, a las tantas de la mañana de un día cualquiera)

 

 

 

 

 

Nota previa a la lectura: permitidme –y perdonadme- que me salte algunas mayúsculas. Tengo una seria excusa: hoy me he despertado a las seis y media de la mañana, acabo de llegar de un concierto solidario con Amaia Montero al que no ha ido Amaia Montero y, a qué negarlo, estoy cansadísimo. Y sin embargo me apetece contaros la noche del otro día…

 

Francis, paco, maría, yann y yo íbamos –se suponía- a la noche de los libros. Paco sacó de su bolsillo un programa. Era un cartón desplegable en el que había, sin exagerar, más de cien actividades relacionadas con la literatura. Habíamos quedado, idea de francis, en la puerta del Teatro Español. “Hay un acto –dijo él- en el Ateneo a las once y cuarto, con Fele Martínez”. “¡guay!”, dije yo, “fele martínez es interesante, y además igual me sirve para Osaca. Él es muy famoso. Vale, sí, vamos a eso…, paco, maría, yann, ¿os parece bien?”

 

Como eran las nueve y media y aún quedaban casi dos horas para las once y cuarto, nos perdimos, raudos y veloces, por las enredadas calles del barrio de las letras. Encontramos una tasca y luego otra, y muy bien, nos bebimos una caña (paco y francis con limón) y luego otra y luego otra y luego otra, con tapas variadas entre medias, hasta que Paco dijo: “Coño, lo de Fele Martínez no era a las 23.15h… ¡son las 23.10!”. Total, que decidimos que nuestra noche de los libros había terminado, y nos fuimos en busca de un bar de copas. “¿Que no conoces la Lupe de Lavapiés?, ¿Que no conoces la Lupe de Lavapiés? Pero Curro… ¡¡¡¿¿¿CÓMO PUEDES NO CONOCER LA LUPE DE LAVAPIÉS!!!???”, me decía Francis, y no, no la conocía, por increíble que le pudiera parecer. Era el único que no había estado (bueno, tampoco Yann, el bueno de Yann, que tiene 22 añitos, una sonrisa enorme y sólo vive en Madrid desde hace menos de un mes: es francés). Me encontré con un pub pequeñito pero auténtico; con un camarero que no nos hacía ni puto caso porque estaba enganchado al ordenador pero que, en realidad, era simpatiquísimo; con unas canciones de los ochenta tipo fangoria y los secretos y Rafael incluso… y con juan aguirre, que apareció con un montón de amigos.

 

 

A juan aguirre le conocí el día que david bisbal presentaba en el hotel me no sé qué concierto solidario. Él vagaba por la sala, observándolo todo y a todos, y yo pensé que era el chico de prensa. “¿eres el chico de prensa?, ¿eres el chico de prensa?”, le pregunté, pues necesitaba el contacto para que me proporcionasen las fotos, y él me dijo que no, que ni era el chico de prensa ni quería serlo. Luego comprendí que era redactor de Sé lo que hicisteis, motivo por el que me sonaba tantísimo su cara: le había visto muchas otras veces, en otros actos, junto a pilar rubio o berta collado, pero nunca habíamos hablado. Me pareció un chico muy tímido, muy callado, algo distante. Más tarde llegó el estreno de chus gutiérrez (sí, retorno a hansala ya la han quitado de cartelera, así de inteligentes somos todos en este país) y le volví a ver. Pilar rubio tuvo el detalle de sacarme en el programa, y no sólo eso: mientras todas las redactoras de agencias se quejaban porque no tenían al famoso del momento para pedirle “sus primeras declaraciones tras su separación” (es solo un ejemplo de algo que veo todos los días), pilar, con la ayuda de juan y, por supuesto, del cámara, se montaba una pieza divertidísima, entrevistaba a todo el mundo, cogía los carteles de la película y bromeaba con ellos, hablaba con chus, con farah hamed (protagonista de la peli)… en fin: le ponía imaginación al asunto, que es algo que no podemos negar que sí hace, a diferencia de otros muchos programas, sé lo que hicisteis. Al día siguiente fui con maría (sí, la misma del principio de este post, maría blázquez, que fue mi jefa hace ni se sabe la de años y que la reencontré en los goya de este año, ¿recordáis?) a la fiesta de Mentiras y gordas.

No sé si os conté que por la peli de Menkes y Albacete hicieron una fiesta por todo lo alto en el shoko, sala de moda de la capital que se encuentra por Puerta de Toledo. Fue precisamente en este sarao donde se dio el desatino de meter a los protas de la peli y al resto de invitados vips (según qué famosos) en un corralito cerrado y blindado por seguratas de dos por dos metros, algo muy hortera, de lo más hortera que había visto yo en mucho tiempo (de hecho, gente de la talla de alejandro amenábar despreció el supuesto privilegio y paseaba a sus anchas por el resto de la discoteca, charlando animadamente con sus amigos –amenábar no baila nunca-). El caso es que yo había ido a la fiesta de Mentiras y gordas con maría, y cuando maría vio que yo saludaba a berta collado (la reportera rubia de sé lo que hicisteis que, por cierto, es muy simpática), me dijo: “¡hostias! ¿no estará aquí juan aguirre? Es que juan es muy amigo mío, un tío estupendo y genial, ¿le conoces?” y no, no lo conocía, pero ya imaginé que era el chico tímido (en apariencia) con el que crucé tres palabras en el acto de david bisbal… y sí, ahora le conozco un poco más y por eso sé que no es ni tímido ni distante ni callado y que sí, que como dice ella, es genial, de eso uno se da cuenta, como geniales somos maría y francis y paco y yann y yo (si me permitís la inmodestia), así que no os será difícil imaginar que la noche de los libros estuvo más que bien, aunque sin literatura (miento: yo regalé, siguiendo la tradición catalana, dos libros, uno a francis –música para camaleones, de capote- y otro a maría –castillos de cartón, de almudena grandes)

 

 

 

 

 

algunas fotos:

 

paco, informático generoso y amigo incondicional, y francis, el chico que lo sabe todo y que está enamorado de girona

 

1francis-y-paco

 

maria y curro en la lupe, mirando cada uno para un lado: o sea, haciendo el tonto

 

maria-y-curro-blog

juan, el redactor que parecía tímido y no lo era, yann, el francesito sonriente, que es muy guapo

en vivo y en directo pero no en fotos (es cero fotogénico, en serio)

 

3curro-francesito-y-juan-aguirre

 

maria, que se tapa la cara porque no le gusta que le hagan fotos cuando lleva el pelo rizado (pero luego te escribe al día siguiente,

a primera hora, una y otra vez “envíame las fotos, envíame las fotos, por favor curro envíame las fotos”) y el francesito sonriente que aprende español mientras

se lo pasa en grande.

2maria-y-el-francesito-sonriente1

 

juan aguirre y yo (la foto no es buena pero a mí me gusta, qué pasa)

 

juan-y-curro2

 

 

A las puertas del Teatro Cervantes, siete horas antes de la inauguración del Festival de Cine de Málaga, unas cincuenta adolescentes, paragüas y bolsa de pipas en mano, tiradas en el suelo, esperaban con santa paciencia y grandes dosis de ilusión a que el reloj marcara las nueve de la noche. A esa hora comenzarían a pasear los famosos por alfombra roja. Una de ellas, Marta, de 18 años, nos explicaba la importancia de estar allí tan pronto. “Coger un buen sitio es super importante. Si no, ¿cómo estar en primera fila? Y si no, ¿cómo tocar a los famosos?, ¿cómo decirles cosas o hacernos fotos con ellos? ¿Que a quién me hace más ilu ver? A mí a El Duque, por supuesto, pero mis amigas –Marta las señalaba con la mirada- ya me han dicho que este año no viene. ¡Qué mala suerte! Es que, ¿sabe?, el año pasado me dio un beso y me acarició la mejilla, de verdad, y yo eso no lo voy a olvidar nunca. Le amo… ¡menos mal que este año viene Mario Casas!, que también mola, mola mucho, ¡está buenísimo!”. Marta es sólo un ejemplo del espíritu más frívolo que reina en las miles de jóvenes que, agolpadas a las vallas protectoras, lloraron de emoción cada día de festival. No sólo hubo llantos y gritos sino sobre todo una histeria colectiva que llegaba a dar miedo (“zorra, puta, cabrón”, gritaron en algún momento a los organizadores), peleas violentísimas (“que yo estaba aquí primero, quítate, imbeciiiiiiilllllllllll”) e, incluso, investigación digna de detectives privados (“¿sabe usted si ha estado en este bar, a lo largo del día, Yon González”).

 

mario_casas_y_amaia_salamanca1

 

mario-casas-malaga

 

Lo que ha quedado claro, por si alguien no se había enterado todavía, es que la gente más joven de este país ve mucho la tele y que puede llegar a ser muy rentable económicamente. Los actores más perseguidos en Málaga han sido “los de las series”, tal y como se les empieza a llamar. Y como muestra un botón: Tamar Novas, que según las leyes de la lógica debería de haber sido uno de los protagonistas de las crónicas sociales y uno de los objetos de deseo (no es sólo es joven y atractivo y uno de los protagonistas de Los abrazos rotos de Almodóvar sino que también trabajó años ha con Amenábar), paseaba por las enredadas y estrechas calles del centro con relativa normalidad, hablando tranquilamente con una amiga. Había quien le reconocía, por supuesto, pero no lo acosaba nadie ni le daban la lata durante quince minutos seguidos. Nada que ver con el caso de Mario Casas, el chico que apunta a las quinielas al actor más taquillero del año. Porque, nos guste o no, lo comprendamos o no, hay una realidad: Mario Casas fue una de las grandes estrellas del festival durante el primer fin de semana. Llegó el viernes de inauguración, con sus dos pendientes, sus pantalones caídos, su camiseta estrecha y su aire de chulo de barrio. “No te has visto en otra igual, chaval”, le dije dentro del teatro, después de presenciar el espectáculo de divina adoración que el actor, de 22 años, había protagonizado. “Pues sí, tienes razón, esto es demasiado increíble, una pasada, un sueño”, decía él, mientras sostenía un tercio de cerveza. Al menos se portó bien. Quiero decir que cuando pasó por la alfombra roja no se protegió con ningún hombre de seguridad tipo armario ropero (como hicieron otros) y contentó a las fans durante horas (el tiempo que hizo falta), algo que no hizo, por ejemplo, Hugo Silva, que también recibió un importante número de gritos y halagos. Hugo pasó millas de esas chicas enloquecidas y se hizo el obligado recorrido hacia el Cervantes si pestañear, haciendo oídos sordos y sin ni siquiera mirar a las adolescentes y no tan adolescentes que le iban a borrar su nombre a base de piropos. Él, que presentaba a concurso junto a Carmelo Gómez la película Agallas, dijo que no considera que el fenómeno fans tenga que ver nada con su trabajo. Mal vamos.

Más rostros televisivos. A Amaia Salamanca, chica guapa, discreta y sencilla que presentaba el segundo día Fuga de control (comedia petarda con la que sus productores tratarán –sin conseguirlo- de forrarse tanto como lo han hecho los de Mentiras y gordas), la dejaban algo más tranquila que a su compañero de cartel (otra vez Mario Casas, que además fue su pareja hace algún tiempo…). La actriz, que nada quiso decir de Sergio  Ramos, nos contó que esta semana ya graban los nuevos capítulos de Sin tetas no hay paraíso, que acaba de interpretar a una maltratada para  una serie de TVE y que en noviembre se sube a las tablas de un teatro.

Otras estrellas de la realidad catódica que vinieron a Málaga a reforzar aquel dicho tan vulgar de “si no estás en la tele, no existes” fueron Marian Aguilera, Elena Furiase, Michelle Jenner, Paco León… (y ahí perdí la cuenta).

 

antonio_banderas_alfonmbra_roja1

 

Claro que no todos iban a ser “esos de las series” (con todos mis respetos hacia ellos). Por fortuna, otras estrellas más  difíciles de encontrar estuvieron en Málaga. Es el caso de Antonio Banderas, que dio lecciones de humildad y simpatía a todo el que quiso recibirlas. Contaré por qué: el primer día, después de la gala inaugural (en la que compartió palco con la nueva ministra de Cultura), tuvo lugar una fiesta de inauguración. La generosa celebración (tiraron la casa por la ventana) fue en una finca gigante, presuntamente bonita, rodeada de plantas y palmeras y con lago con pececillos que, a decir verdad, era más hortera que la casa de Jesulín de Ubrique y más artificial que un resort de Punta Cana (y, para colmo, no estaba en la ciudad sino a ni se sabe la de kilómetros). Pero lo importante es que, entre cuatro famosos más (Emma Suárez y Lucía Etxebarria, miembros del jurado e inseparablemente unidas, por cierto; Alberto San Juan; Alex de la Iglesia…), por allí andaba el gran Antonio Banderas. Él salvó la fiesta. Lejos de encerrarse en una sala VIP a lo Pedro Almodóvar y Penélope, hablaba con unos y otros, repartía besos y abrazos, sonreía todo el tiempo, se divertía. Como uno más, sin marcar distancias, mezclándose con la humildad que siempre le ha caracterizado. Por eso la gente le quiere tanto, porque es una “genuina buena persona”, como dice de él Maruja Torres. La única pena es que no le acompañara Melanie. “Está trabajando en Los Ángeles y no ha podido venir esta vez”, me dijo cuando le pregunté por ella. El que sigue siendo nuestro actor más internacional y el que ha sido sin lugar a dudas la presencia más importante del Festival, se marchó a dormir a las tres de la mañana, media hora antes de que se cerraran las barras y se diera la juerga por concluida. Al día siguiente le daba el Premio Málaga a su amigo Juan Diego, actor genial que también vemos en Los hombres de Paco pero que lleva 40 años haciendo cine, motivo por el que, sin duda, mereció el homenaje que le llevó hasta las lágrimas. Eso fue la segunda noche. Por el día, películas e interesantes actos de cine a granel. Y lluvia y frío y un viento huracanado que se llevaba por los aires las sombrillas de los chiringuitos, frustrando los deseos de sol y playa de los invitados madrileños. Otra vez será.

 

(publicado en el suplemento dominical Osaca)

 angeles_gonzalez-y-yo-ok-ok-ok1

La primera vez que hablé con Ángeles González-Sinde fue en la entrega de los premios Goya de 2007. Me la presentó Lucía Etxebarria en la fiesta posterior que se celebra en el Palacio de Congresos. Era el primero de ella como presidenta de la Academia y recuerdo que se movía de un lado para otro con una permanente sonrisa dibujada en el rostro, desprendiendo sosiego, simpatía y tranquilidad. El pelo, más largo que ahora, le caía por la espalda y su indumentaria consistía en un modelazo de David Delfín que, con palabras dibujadas por todas partes, despertó más comentarios de admiración que ningún otro, desde luego más que el de Penélope, que era la protagonista de la noche porque ganaba su segundo Goya y ya era una estrella indiscutible del firmamento norteamericano. El vestido de Ángeles era verdaderamente precioso y vanguardista. Lo escribí en la que fue mi primera colaboración para Osaca: “González-Sinde en las distancias cortas es una mujer muy divertida, con un fino sentido del humor que le permite bromear de esta forma al hablar de su cargo: “Tú, ¿qué piensas que es esto?: horror y miseria”. Meses después cenaría con ella en otra entrega de Premios: la del Club de las 25. Ahí conocí a su marido, un hombre de unos 40 años bastante guapo y hablador que se conserva igual de bien que lo haría un actor. Entonces me contaron que tenían –entre ambos- cuatro hijos con los que convivían (una en común; otra, de una relación anterior de ella; los otros dos, de una relación anterior de él), motivo por el que prácticamente no salían por la noche. A los pocos días, la vi de nuevo. Eran los Fotogramas de Plata, pero ella no llegó a entrar. Por fuerte que resulte, el portero de la discoteca donde se celebraban los premios, tan bruto como incapaz de atender a las explicaciones que ofrecía su marido, ¡no le permitió entrar en la sala! Luego la encontraría en más premios Goya, fiestas Yo Dona, estrenos de cine y de teatro, Festival de Cine de Málaga, Festival de Valladolid, presentaciones de libros… he entrevistado varias veces y me he cruzado muchas más con la que hoy es ministra de Cultura y cada vez que ello ha ocurrido me ha quedado dentro un dulce regusto de satisfacción. Porque es un encanto pero, sobre todo, porque me parece una mujer muy coherente. Tiene eso tan importante que se llama optimismo inteligente. Cuando su nombre en tan importante cargo fue público, un sinfín de sms circularon entre escritores, actores, periodistas: “Es muy fuerte tirando a super fuerte”, “no puedo creerlo”, “¿es una broma?”. Almodóvar le dijo a una amiga: “ya, ya sé que ha salido en los telediarios, pero no todo lo que sale en los telediarios es verdad”. Pero sí, sí era verdad: entre otros cambios del Gobierno más o menos sorprendentes, Ángeles González-Sinde pasaba a ser –a partir de ese momento- la ministra más accesible de la democracia: nunca antes hubo tanta gente que tuviera en su agenda el número de móvil de un ministro/a. La comunidad cibernética más radical, inmediatamente, le declaraba la guerra: No a la nueva ministra de Cultura. A por ella. Por los foros y páginas de baja estofa se unían  algunos argumentos (pocos) con los insultos y burlas más soeces (muchos). La masa matona y anónima de la red intuye, y no acepta, que se le acaba el chollo de la gratuidad de las descargas.

 

Efectivamente, el pasado mes de septiembre, en su casa (un precioso chalet de varias plantas de altura y gran jardín que se encuentra en el municipio madrileño de Pozuelo de Alarcón), a lo largo de una larga entrevista para Osaca, la entonces presidenta de la Academia de Cine, nos decía enfadadísima: “Recuerda que vivimos en el país de Europa en el que más piratería existe, lo cual es una calamidad”. Calamidad que, por supuesto, ella va a intentar remediar. Luego nos contaba cosas menos materiales, como que a sus 43 años se siente joven pero que la madurez no le preocupa lo más mínimo; que echa mucho de menos a sus amigos porque no tiene tiempo para verles; que uno de sus temores, como todos los que se dedican a su oficio, es no volver a hacer cine y que uno de sus sueños es tener una casa bien alejada de Madrid, en el campo. Qué quieren que les diga: quizás no sea la más idónea del mundo ni la más indicada del solar patrio para dirigir un ministerio, pero no creo que lo vaya a hacer peor que el anterior ni que otros por los que muchos lo habían apostado todo. La única pena, si es que me permiten la broma,  es que no haya pensado en mí como jefe de gabinete ministerial. ¡Al fin alguien me hubiera sacado de pobre!

 

(publicado en el dominical Osaca)

 

feliz día del libro

22 Abril 2009

karmele-leyendo

 

Una cosa que le gusta mucho hacer a Karmele Marchante es ir, cada año, a leer unas líneas de El Quijote al Círculo de Bellas Artes, entidad cultural madrileña que viene organizando cada 22/23 de abril, desde que yo recuerdo, ¡24 horas! de lectura continuada del libro de Cervantes. Karmele acude a esta cita inquebrantable desde que yo la conozco, hace algunos años ya, y desde que la conozco me habla de cuánto le gusta el día de Sant Jordi, tan celebrado en su Cataluña natal. Hoy leían a media tarde los disminuidos psíquicos de una asociación. Su presidente, un hombre tímido y educado, le ha dicho: “enhorabuena, muy bien leído, ¿le importaría hacerse usted una foto con nosotros?” y ella, que siempre es amable con la gente de la calle, ha dicho: “Claro, pero, ¿no le importará que salga con las gafas de sol? Tengo una molestia ocular”.

karmele-y-minusvalidos

 

Aunque Karmele acude cada jueves al plató de Sálvame a comentar los avatares de los supervivientes de Telecinco (y a soportar los alaridos más soeces de Belén Esteban y Kiko Hernández, todo sea dicho) y a un programa semanal de la televisión balear con el que parece muy contenta, lo que verdaderamente el entusiasma y con lo que se vuelca hasta el cansancio es con el Club de las 25, asociación de mujeres feministas que preside que, entre otras cosas, celebra comidas mensuales en el Hotel Palace. La última, el lunes pasado con cuatro invitadas de excepción: Chus Gutiérrez, Inés París, Patricia Ferreira e Icíar Bollain, todas ellas directoras de cine, mujeres valientes y luchadoras profesionales.

 

 

el-nino-pez

 

Lástima que no haya por donde coger El niño pez, segunda película de Lucía Puenzo, que fue capaz el año pasado de presentarnos la maravillosa XXY. Si con ésta logró emocionarnos a todos por la historia de Alex, la adolescente que vivía el drama de ser hermafrodita, con aquélla, que estará el viernes en los cines españoles, no consigue nada salvo aburrirnos. La película es lenta, es poco creíble, es insípida, es un rollazo. Para que un filme dramático, amoroso e intimista funcione, en mi opinión, es importantísimo que sea muy bueno, que se valga (entre otras cosas) de diálogos más profundos, reales, bonitos e incluso ingeniosos de los que se encuentran en El niño pez. Lo he sentido pues, repito, XXY me gustó muchísimo, motivo por el que mis esperanzas de ver hoy algo valioso eran múltiples.

 

 

“Parecíamos los personajes solitarios de un cuaderno de Edward Hopper. Dos indigentes cobijados en un hospedaje de caridad. Dos deconocidos que se conforman con ese allegamiento para curar su pesadumbre. Eso es la vida casi siempre” (Luisgé, protagonista de Las manos cortadas)

 

 (en la foto: Luisgé Martín y el actor Luis Merlo, durante la presentación de la novela Las manos cortadas)

 luisge-y-luis-merlo

 

¿Cómo es posible que un escritor tan, tan, tan brillante como Luisgé Martín no sea ultrafamoso?, ¿cómo es posible que un autor que escribe tan, tan, tan bien y tan, tan, tan bonito y tan, tan, tan ágil como él no sea un autor de best sellers?, ¿qué demonios ocurre en el mercado editorial de este país para que vendan tanto algunos que no merecerían publicar ni los folletos de los deuvedés y, en cambio, otros sean desconocidos por esas masas que devoran Los hombres que no amaban a las mujeres y luego lo regalan a la madre y a la tía y al primo y al chico que les gusta?, ¿de quién es la culpa?, ¿de los periodistas?, ¿del público que no se entera de nada?

No lo sé, no tengo las respuestas. Pero sí puedo decir aquí que yo admiro profundamente a Luisgé Martín y que, por supuesto, me he leído sus novelas y todas me han gustado muchísimo. Y vale, es cierto que me interesan algunos autores “raros” (como los llama Estrella) que no le recomendaría a cualquier amigo pero, desde luego, no es el caso de Luisgé. Porque sus novelas gustarían, en mi opinión, a todo el mundo: tienen altura y nervio literario, poesía y belleza y, al mismo tiempo, resultan interesantes: enganchan desde la primera página hasta la última. Con sus libros ríes muchísimo, lloras, piensas, cuestiones las cosas, te sientes identificado con los personajes principales, puedes replantearte la vida entera. Sus libros te hacen pensar, joder, pero al mismo tiempo te entretienen y te divierten, y te hacen sentir cosas porque, evidentemente, el que está detrás de ellos es un hombre muy sensible.

Además de ser intelectualmente fascinante. Y eso no lo digo yo, lo dice Paco, que no le conocía de nada y ha venido esta noche conmigo a la presentación de Las manos cortadas, su última novela. “Sí, tienes razón, Curro, da gusto oír a este tío, como escriba la mitad de bien de cómo habla…”, decía mi amigo cuando, terminado todo, embriagados por el mensaje de sus palabras, buscábamos ansiosos  una tasca en la que, copa de vino en mano, comentar y debatir sobre esto y sobre aquello. El mensaje de la charla de Luisgé era el centro de lo que viene a ser su novela: que no todas las opiniones son respetables, que sí que hay gente buena y gente mala, personas que aportan su granito de arena o su particular montaña (todos sus esfuerzos) por hacer mejor el mundo y otras  a las que, por el contrario, parece que lo único que les importa es joder las cosas más de lo que ya están. Que no vale eso de “yo paso de la política” porque la política lo es todo en la vida de cada cual, que ya está bien de echar el muerto de la corrupción a los políticos cuando es la sociedad entera la que está corrupta, con la diferencia de que ni los jueces ni los periodistas ni los médicos ni los escritores ni nadie se juzga entre sí ni se descubre los errores con lupa. Los políticos sí. Es quizás el único gremio que se  echan la mierda delante de las cámaras (el resto lo hace por detrás, bajito, sin que se entere nadie).

 

Las manos cortadas es un buen libro, una historia que, en el marco de un país, Chile, y de un político que intentó cambiar el mundo sin saltarse las reglas y no le dejaron, Allende, retrata al fin la miseria y la gloria del ser humano. El propio Luisgé se mete dentro de la novela para llevarnos de la mano hasta la certidumbre de que el maniqueísmo es una religión verdadera.

 

Él hoy se ha despedido diciendo al respetable lo que tenía que hacer. “Lo que ahora tenéis que hacer –eso ha dicho- son tres cosas: comprar mi novela cuanto antes, comprar las entradas de Arte (obra de teatro protagonizada por Luis Merlo, que ha sido presentador del acto) y no volver a votar nunca más a Esperanza Aguirre”. Yo, queridos amigos, os pido que por lo menos hagáis la primera de esas tres cosas. Los que todavía no le habéis leído nunca entenderéis, fácil y rápidamente, el porqué de mi insistencia. ¡Que yo no os engaño nunca!

 

C.

 

 

málaga

21 Abril 2009

Acabo de terminar una crónica del fin de semana, ahora, a las casi dos de la mañana.  Eran tantas cosas y estaba –y estoy- tan cansado y he tenido hoy un día tan complejo,  que me ha costado escribirla mucho trabajo. He tirado por donde he podido y desde luego he dejado por las nubes a Antonio Banderas, al menos eso me consuela. Os dejaré leerla el lunes que viene, que es cuando se publica. Mientras os dejo tres fotos de este finde, tres días en los que he visto pelis, he hecho entrevistas, he salido de marcha –ay, esa discoteca de Torremolinos llena de quinquis…-, he ido a la playa, he comido pescaíto frito como todo cateto que se precie y vaya a la costa del sol e incluso he visto volar por los aires (lo juro, hasta la carretera llegó) una sombrilla de un chiringuito. Mi amigo custodio sigue allí. Qué suerte. Podéis seguirle en su blog de elmundo.es, buscadle, el blog se llama El Detector y él no sólo escribe bien sino que además y sobre todo es muy original. Por eso me gusta, porque su mirada es diferente. Gracias desde aquí a mi amigo Alfonso, el malagueño de pro que dice que ya está harto de todo eso, por llevarnos y traernos en coche y por ser siempre tan generoso conmigo. tú haces que las cosas difíciles parezcan fáciles, querido amigo. Por lo demás, os diré que Málaga sigue siendo mi ciudad preferida de Andalucía.

Besos muchos a todos y buenas noches. C.  

 

 

fotos

 

desde un restaurante muy privilegiado que hay en la costa del sol:

 

curro-en-el-faro

 

desde el banco de la infancia y los sueños de niño:

curro-en-la-buti-en-el-banco

 

 

desde el maravilloso hotel con que nos acogió la organización del festival:

 

desde-el-hotel

Mi amigo joserra, que viajó conmigo desde Madrid, y yo, en la “bonita” finca en la que se les ocurrió celebrar la fiesta inaugural. El sitio era enorme, lleno de palmeras y había incluso un lago con pececillos. Supongo que los organizadores de allí quisieron quedar como dios y no se les ocurrió sino hacer el fiestón en tan glamouroso lugar, que era, en serio y a decir verdad, más hortera que la finca de jesulín de ubrique y más artificial que un resort de punta cana. nuestros ojos no daban crédito, así que nos dimos al alcohol y a los canapés :)

 

desde-el-resort2

19 Abril 2009

Hace un rato (ahora son las 23h del domingo), llegaba a Atocha Mario Casas. Un montón de paparazzis le aguardaban en Madrid. Encontrada la presa, le perseguían por la estación. Él sonreía y avanzaba entre la multitud, sabiéndose mirado por todo el mundo mientras los fotógrafos, que saben bien lo que vende en cada momento, no cesaban en su empeño de capturarle en mil imágenes. En Málaga ha presentado junto a Amaia Salamanca Fuga de cerebros, película petarda de la que sus productores esperan enriquecerse tanto como lo han hecho los de Mentiras y gordas. No hará tanta taquilla (no es lo mismo un reclamo que ocho y no es lo mismo una película que otra) pero en la ciudad del festival de cine español ha llenado todos los pases y, por fuerte que nos pueda parecer, el niñato de moda merced a la televisión más mediática ha provocado los suspiros (e incluso llantos) más apasionados del primer fin de semana. Las niñas le perseguían por todos lados, y le gritaban tío bueno y muchas cosas más. Yo le dije “chaval, no te has visto en otra igual” y él me dijo “tienes razón, esto es una pasada”. Por increíble que resulte, el actor, de 22 años, ha conseguido despertar en Málaga casi tanto interés como el genial Antonio Banderas, del que hay que decir que estuvo en la fiesta inaugural, sin esconderse en puertas cerradas a lo Penélope y Pedro ni en corralitos vips al estilo de algunos horteras que se hacen famosos de la noche a la mañana, hasta las tres de la mañana, repartiendo besos y abrazos y autógrafos y resultando tan encantador como ha acostumbrado a lo largo de toda su carrera.

 

Dicho lo dicho y explicado lo explicado, os diré que sí, que ya estoy en Madrid (cansado y muerto y feliz por lo bien que lo hemos pasado) y que prometo contaros muchas más cosas del festival y de málaga y de todo en los próximos días. C.

 

 

Me guardo para la crónica de Osaca las declaraciones más emotivas de Lola Beccaria, flamante Premio Azorín 2009 con El arte de perder, novela (me llegó ayer por la tarde y llevo poco –lo siento- pero por lo leído y ojeado y hojeado me parece que está muy bien) que ha sido presentada hoy de la mano de Ana García-Siñeriz (“eres mi hada madrina”, le ha dicho la escritora; “tu hada madrina eres tú”, ha respondido la periodista) en el Hotel Intercontinental. hemos comido maravillosamente en mesas redondas y tal tipo boda pero, eso sí, bendita la idea de Lucía que, cuando ha terminado todo, ha dicho “¿tomamos algo?” y sobre todo bendita la idea de Luisgé, que ha dicho “vale, pero aquí, en el Hotel,  ¿no?”: ¡16 euros! por la broma (si pongo la cifra entre signos exclamativos es porque yo lo máximo que había pagado por un gin tonic en mi vida habían sido 14 euros, en un sitio horrible y pijísimo que se llama Snobissimo. No pensé que el record lo fuera a superar tan pronto). Total, lo importante es que la presentación ha estado muy bien: Lola Beccaria se ha emocionado mucho y se ha sincerado más (el señor –agradabilísimo, por cierto- que me ha tocado a mi izquierda en la mesa, un periodista de toda la vida que ha trabajado mil años en Lecturas –véase foto: se llama Javier de Montini y es uno de los periodistas más respetados, queridos y buenos profesionales que existen en nuestro país-, me ha dicho: “mira que en todos mis años de profesión habré estado en presentaciones de libros. Pues nunca, nunca, he visto a ningún escritor ni escritora llorar en su propia presentación”). De las declaraciones de Lola se concluía que lo ha pasado muy mal algunas veces en la vida y que está desengañada de muchas cosas, aunque, por supuesto, aún cree en los milagros. “porque si no crees en los milagros es imposible que se produzcan”, ha dicho Lola, tras explicar que con su novela ha tratado de dignificar el sentimiento de pérdida y contar que solo podemos conseguir nuestros deseos a base de estrellarnos una y otra vez contra nuestros propios sueños. Yo luego, cuando todo había terminado, le pregunté si había recuperado la alegría. “Digo que si ya no estás triste”, le he dicho. Ella sonrió de medio lado (se la llevaban a toda prisa a hacer no sé cuántas entrevistas concertadas) y me respondió: “Sí, ahora sí, gracias”. Menos mal. Y, además, ha ganado este premio, así que no se puede quejar. Encima la  novela, repito, creo que es muy buena (y no solo lo pienso por lo que he leído y he visto si no porque lola, la jefa de prensa de planeta, me dijo el otro día que estaba “fascinada” con este libro. “léelo, curro, ya verás”, me dijo. Y vale, diréis: es la jefa de prensa, gilipollas, quiere vender el libro, qué te va a decir. Pero lo cierto es que Lola no me había dicho nunca eso de ninguna otra novela de las que ella lleva). Hala, no me enrollo más (por favor que conste en acta que escribo a toda leche) que tengo que terminar mil cosas antes de ¡mi viaje a málaga! Sí, sí, mañana por la mañana voy a málaga, al festival de cine y sí, me apetece un montón (alfonso, viejo amigo, malagueño de pro, por los dioses y por el pasado y por el futuro: ya puedes estar buscando calas por la Costa del Sol). Os dejo unas cuantas fotos y eso, que paséis buen fin de semana.

 

 

 

 

en la foto, Ana García-Siñeriz, un hombre muy importante cuyo nombre no consigo recordar y Lola Beccaria, antes de echarse a llorar

 

 

 

 

ana-garcia-sineriz-lola-becaria-y

 

 

El que mira se llama Luisgé Martín, es escritor y alguno ya le conocéis. Yo le idolatro porque escribe maravillosamente pero es que, además, me cae muy bien. mirad la cara de pillo que pone. Siempre me hace reír, desde el primer día que le conocí. Y como el martes que viene presenta su novela pues ya os hablo más de él la semana que viene. Por cierto, la chica es la escritora Marta Sanz (también muy buena, por cierto y por si no lo sabéis). Dice que el otro día me vio asomado al balcón (así me he enterado que somos vecinos)

 

 

 

 

luisge-y-marta-sanz

 

 

ahí vemos a espido, lucía buscando algo en el bolso, noséquién, axier, luisgé, marta sanz (era la mesa de los autores)

 

 

 

 

 

mesa-escritores

 

 

 

Javier de Montini (de él os hablé más arriba), periodista de toda la vida de la revista Lecturas. Qué hombre más agradable, por dios. Y sigue cogiendo notas.

 

 

suero