beirut
29 Junio 2009
Iba yo a poner hoy aquí, esta noche de verano, mi crónica de la semana (tengo ya dos publicadas que aún no han visto la luz en este mi blog) pero ahora creo que no voy a hacerlo. Lo primero porque no me apetece inundar esto ahora con Ana Obregón. Lo segundo porque prefiero contaros otras cosas.
Esta tarde he sacado unos billetes de avión para finales de mes. Viajo a Líbano. Por primera vez voy a pasar mi cumple fuera de Europa y por primera vez lo voy a pasar solo. Me gasto prácticamente todos mis ahorros para descubrir una ciudad nueva pero, sobre todo, para poder decir alguna vez lo que uno dice al final de Blade Runner: “he visto cosas que ni tú ni nadie ha visto nunca… Y cuando yo muera, desaparecerán como una lágrima en la lluvia”. Sí, es muy bonito. Lo recordaban Gonzalo García Pino y Nanye Blázquez en un libro (muy recomendable) sobre la movida madrileña que me estoy leyendo. Unas páginas antes, Borja Casani (que fue fundador y director de La Luna de Madrid, esa revista de los 80 que ya no existe ni existirá) decía que lo más interesante que él había aprendido en su vida es que “todo esfuerzo no tiene otro sentido que el mero hecho de realizarlo, las cinco cosas de las que no te hubieras enterado de otra manera que haciéndolo. Todo lo demás son sinsabores”
A mí me obsesiona muchísimo el tema del consumismo, la omnipresencia del dinero y la falta de activismo (cultural, periodístico, etc.) de estos años que ahora vivimos. Me entristece profundamente, de verdad. Sobre todo porque soy perfectamente consciente de que yo soy el primero que forma parte de la rueda y, además, cuando trato de romperme la cabeza buscando soluciones raramente se me ocurre alguna y, cuando alguna se me ocurre, me siento frustrado cuando no consigo llevarla a cabo. Porque no, no lo consigo. Y, claro, termino tratando de olvidar y de engañarme a mí mismo haciéndome creer que todo va bien y que todo es perfecto porque me invitan a un viaje a Sevilla con Bibiana Fernández y Manuel Bandera, que al fin y al cabo a mí me va bien (gano para vivir en tiempos de crisis, cualquiera se queja) y me lo paso mejor y que bueno, que qué se le va hacer, que mi trabajo se supone que me gusta y que me tiene que gustar. Y sí, me gusta, por supuesto, pero al rato (o a los días) me vuelve la misma idea a la cabeza y es cuando me pongo a leer como loco buscando respuestas y cuando me entran ganas de salir a la calle a conocer a otra gente nueva, gente a la que le obsesionen las mismas cosas que a mí, gente a la que comprender comprendiéndome a mí al mismo tiempo.