la crónica de esta semana
6 Julio 2009
(inciso: ¡me han regalado un BlackBerry! Ahora sólo falta que aprenda a utilizarlo, claro…)
Por Sevilla con Bibiana Fernández
Sucedió la semana pasada en los impresionantes Jardines de Cecilio Rodríguez. Después de que Lorenzo Silva y Gallardón presentaran La reina en el palacio de las corrientes de aire, la esperadísima tercera parte de Millennium, del infortunado Stieg Larsson, la editorial Destino tiró la casa por la ventana con sus invitados y, entonces, casi al final, justo cuando Lorenzo Silva me explicaba por qué defiende tanto esta trilogía, apareció Ella, una mujer risueña y divertida, muy alegre y simpática. “Hola, ¿no te acuerdas de mí?”, me dijo. Y sí, me acordaba, pero lo que no sabía era que esta chica llamada Silvia Sesé a la que había conocido dos años atrás era, ni más ni menos que… ¡la descubridora de Larsson y, por extensión, la causa de las alegrías económicas de Destino! Me contó que el libro llegó a sus manos en una feria literaria francesa y que lo leyó en francés con fruición y avidez: se dio cuenta de cuánto enganchaba la historia y comprendió que, sí o sí, la editorial en la que trabajaba debía hacerse con los derechos (otras no lo habían querido). “Pues ya tenéis las cuentas saneadas para un montón de años… ¡Os habéis hecho ricos! Enhorabuena”, le dije, y ella se reía, feliz y satisfecha, como también lo está Emili Rosales, el afable director de la editorial. Por allí también nos encontramos a Espido Freire, Marta Sanz, Silvia Grijalba, Eugenia Rico, Lola Beccaria… todas ellas escritoras.
en las fotos: primero con mi adorada Silvia Grijalba y luego con Espido. (perdonad la calidad de las fotos)


La que no ha leído a Larsson es Bibiana Fernández. Ella, Manuel Bandera y una interesante multitud (periodistas, empresarios…) cambiamos el cielo de Madrid por el de Sevilla durante 24 horas en las que, estiradas como un chicle, dio tiempo todo. En el Ave de ida Bibiana ya entretenía a parte del vagón con sus ocurrencias: “La última vez que fui a Sevilla estuvimos tres días de juerga y acabamos en un after de Huelva, así que imagínate… Pero no, esta noche no puedo acostarme tarde, que mañana he de regresar en el tren de las seis… ¡me espera Ana Rosa en Telecinco! Y a ver con qué cara llego yo si no duermo. Aunque no sería la primera vez. Algunos días he aparecido por el plató sin dormir, como después del estreno de Pedro. Nos quedamos en la fiesta prácticamente toda la noche y al día siguiente tenía programa. Pero yo no mentí. Se lo dije a Ana Rosa: ‘No he dormido ná’. Y es que lo mejor es llamar a las cosas por su nombre. Lo mejor siempre es la verdad”, contaba Bibiana al tiempo que su compañero de viaje, el actor Manuel Bandera, tecleaba en su teléfono sin demasiado entusiasmo. Bibiana le observó fijamente y luego siguió hablando: “Yo tengo otra BlackBerry, mirad, mirad, ahora tiene una aplicación nueva que me asesora estilísticamente, o sea, me dice qué ropa resulta más apropiada para cada momento, ¿no es total? Pero no, no soy muy de tecnologías. Por ejemplo, yo no tengo facebook ni quiero, a mí me gusta mucho más el face to face, o sea, el contacto real con las personas”.

Llegamos al hotel de Sevilla y, tras picar algo, Bibiana se fue a descansar a su habitación. Luego vinieron las fotos en la calle y ella, con la entrega propia de las personas más amables y generosas, besaba y sonreía a todos los sevillanos que la paraban, que eran muchos. Después, de compras por las tiendas más glamourosas del centro, donde, observando a Bibiana con diferentes modelitos, se confirmó lo que ya sabíamos: que tiene un tipazo de escándalo. “¿Cómo haces para estar tan delgada?”, le pregunté. “No como, así de simple”, respondió, medio en broma medio en serio. Después vendría un paseo nocturno en coche de caballos que concluiría en Manolo León, casa señorial en pleno caso histórico en el que cenaríamos. Fue donde nos enteramos que Michael Jackson había muerto (ay…) y donde, más tarde, Bibiana nos confesó que allí, en Sevilla, no se había enamorado nunca pero que, sin embargo, era una ciudad en la que había amado mucho a dos hombres, Asdrúbal y Javier Serrano.
¿Que qué opino de Bibiana después de este viaje? Pues poco más o menos lo que ya dejó escrito en los ochenta Manuel Vázquez Montalbán en Mis almuerzos con gente inquietante (el mejor libro de entrevistas que se haya escrito jamás): que fue un símbolo escandaloso de la transición y que hoy es una persona espléndida y fascinante que, cuando lleva tacones, resulta casi tan alta como la Estatua de la Libertad y que, además, es una mujer a perpetuidad que, definitivamente, quemó hace mucho tiempo las naves de regreso a puertos que, de haber existido, no quiere ni mencionar. Y hace bien porque, ¿a quién puede interesarle saber quién fue esta increíble mujer antes de ser lo que hoy es?